Vulgus veritatis pessimus interpres

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En la mayoría de las críticas y los análisis de Eyes Wide Shut, la última película dirigida por Stanley Kubrick antes de su muerte, se repiten los mismos conceptos: Sigmund Freud y el psicoanálisis, la tortura de los celos, la infidelidad, la seguridad del matrimonio frente a los peligros del sexo furtivo, lo onírico y lo real, el drama psicosexual… También el filósofo Eugenio Trías cayó en los tópicos habituales en esta conferencia.

Todos esos elementos están en Eyes Wide Shut. Pero son solo algunas de las piezas del puzle. Precisamente las piezas que heredó Kubrick de Relato soñado (1925), la novela corta del escritor austríaco Arthur Schnitzler en la que se basa la película.

Pero hay más piezas: las que añadió Kubrick al relato original. Eyes Wide Shut no es (solo) una película psicológica: es también una película política. Habla de fantasías sexuales pero también del poder. Habla de infidelidades pero también de un asesinato. Habla de la corrosión que provocan los celos pero también del dinero. Añadan a la aleación una hebra de esoterismo y ya tienen ustedes una de las películas más complejas y ricas en interpretaciones jamás rodadas. En mi opinión, la obra cumbre de la filmografía de Kubrick y una de las tres mejores de la historia del cine.

Las tres patas del taburete, la psicológica, la política y la esotérica, cuentan con sus análisis y textos de referencia. Relato soñado es allí donde hay que acudir en busca de pistas para la interpretación psicológica. La biblia del enfoque político (o sociológico) de Eyes Wide Shut es este texto de Tim Kreider, del que cogeré todas las ideas que pueda y que considero uno de los mejores análisis de la película. Para la búsqueda de simbolismos ocultos, mejor acudir a los textos de The Vigilant Citizen o The Kentroversy Papers. No los desprecien de plano: entre imbecilidad e imbecilidad se cuelan algunos hallazgos particularmente interesantes cuya presencia en Eyes Wide Shut resulta difícil de entender si no es por su simbolismo esotérico. El que quiera ir un poco más allá lo tiene fácil: Kubrick, de Michael Herr, probablemente el mejor libro jamás escrito sobre Stanley Kubrick. Pero ojo: no es un libro sobre sus películas sino un retrato particularmente perspicaz (y breve) del personaje. Los interesados en el apartado visual de la obra de Kubrick deben acudir sin falta a Los archivos de Stanley Kubrick, de la editorial Taschen.

La obra de Kubrick tiene fama de difícil. Ni siquiera aquellos que han estudiado de forma obsesiva sus doce películas suelen aventurar una interpretación definitiva y cerrada de ellas. Dicen que Kubrick se sorprendía cuando veía con qué frecuencia se malinterpretaba a Franz Kafka, uno de sus escritores favoritos. Es probable que con sus películas esté pasando lo mismo.

Stanley Kubrick era un director metódico hasta el punto de la neurosis. Napoleón Bonaparte le obsesionaba. Del corso admiraba su perfeccionismo, su brillantez, su inteligencia y su detallismo. Es decir aquello en lo que él se veía reflejado. Kubrick controlaba todos los detalles de sus películas, incluido el doblaje a otros idiomas, y era capaz de repetir cincuenta veces una misma toma hasta que el actor le sorprendía con algún matiz que le llamaba la atención. Durante la investigación previa al rodaje de su (finalmente abortada) película sobre Napoleón, Kubrick utilizó un mueble archivador en el que almacenó miles de tarjetas. Cada una de esas tarjetas correspondía a un día en la vida del emperador. De esa forma Kubrick podía saber con total precisión qué había hecho Napoleón un día determinado de su vida, por ejemplo el diecisiete de febrero de 1817, solo con buscar la ficha correspondiente en el archivador. Según Michael Herr, «ningún detalle era demasiado prosaico, ni siquiera los objetos de escritorio y los clips».

Ese detallismo complica la interpretación de las películas de Kubrick por la brutal acumulación de elementos. Pero también las hace más legibles. Porque en las películas de Kubrick no hay ni un solo ingrediente casual. Todo figura ahí por una razón. Cada gesto rebosa significado, cada línea de diálogo aporta peso a la trama, todos los detalles son escrupulosos y pulcros. Desde el vestuario a la iluminación, la banda sonora, la elección de los actores y los más pequeños y aparentemente intrascendentes elementos del decorado. Kubrick ha sido sin duda el director más riguroso de la historia del cine. El cine de Kubrick es preciso.

Y sabiendo que nada es casual en el cine de Kubrick, resulta relativamente fácil encajar las piezas del puzle.

El primer plano de Eyes Wide Shut es el equivalente de esa escena de Salvar al soldado Ryan en la que los soldados que llegan el seis de junio de 1944 a las playas de Normandía mueren acribillados antes incluso de poder salir de las barcazas de desembarco. En Eyes Wide Shut, los soldados ametrallados son los espectadores. No han transcurrido ni dos segundos de la película y Kubrick ya ha presentado a bocajarro los tres elementos antes mencionados: el psicológico, el político y el esotérico.

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El psicológico está presente en el color rojo de las cortinas. En Eyes Wide Shut, el rojo se identifica con el sexo y sus dolencias. El político está simbolizado en las raquetas de tenis. Alice, el personaje interpretado por Nicole Kidman, es un juego para los hombres. Un simple trofeo por el que competir. Si nos ponemos rebuscados, las raquetas remedan el símbolo de lo masculino. El elemento esotérico está presente en las columnas entre las que puede verse a Alice. En la mayoría de las corrientes esotéricas las columnas simbolizan el portal de entrada a lo desconocido y lo sagrado, además del equilibro entre dos fuerzas opuestas. Las dos columnas se mencionan por ejemplo en la Biblia. Flanquean la entrada del templo de Salomón y reciben los nombres de Jakim (la de la derecha) y Boaz (la de la izquierda). Jakim y Boaz son asimismo dos de los elementos centrales de la liturgia francmasona.

A lo largo de Eyes Wide Shut se repiten con frecuencia varios elementos: los colores rojo y azul, el arco iris, las máscaras. El análisis de uno solo de esos detalles por separado bastaría para dar con una interpretación parcialmente correcta de la película. Pero no sería la foto global. Analizados en conjunto, esos elementos convierten Eyes Wide Shut en la película más subversiva de Stanley Kubrick.

Vamos allá. Como es obvio, el texto está plagado de SPOILERS. El que no haya visto Eyes Wide Shut que se haga con ella y la vea antes de leerlo.

1. Los colores rojo y azul

Los colores rojo y azul son centrales en Eyes Wide Shut. El rojo es el símbolo del sexo, la infidelidad y los celos. El azul lo es del hogar, la inocencia y el amor conyugal. Cuando esos dos colores aparecen juntos, expresan una dicotomía.

La puerta del apartamento de Bill y Alice Harford, el matrimonio interpretado por Tom Cruise y Nicole Kidman en Eyes Wide Shut, es azul. También lo es la puerta de la consulta médica de Bill, la bata de Alice y la habitación de su hija Helena. También la luz que se filtra a través de las ventanas es azul. Es el color de Nueva York, la ciudad natal de Kubrick.

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El color rojo es el de la puerta del edificio en el que vive la prostituta Domino. También el del tapete de la mesa de billar de Victor Ziegler, el amigo de Bill interpretado por Sydney Pollack. Rojo es el color de la pared de la tienda de disfraces, el de las alfombras de la mansión de Somerton y el de la túnica del sacerdote que dirige la misa negra.

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Los colores rojo y azul aparecen también juntos en varias ocasiones. Simbolizan las dudas o los dos caminos que se abren ante el personaje. Equivalen al cruce de caminos de la simbología satánica, aquel en el que se vende el alma al diablo a cambio de algún tipo de placer terrenal. El club Sonata Cafe tiene dos rótulos, uno rojo y otro azul. Bill puede entrar en el club, lo que le conducirá a la mansión en la que se celebra la orgía ritual, o no entrar y continuar caminando hasta su casa para reencontrarse con Alice.

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Cuando Bill llega al faraónico lavabo de Victor Ziegler se encuentra con Mandy, una prostituta. Mandy se ha inyectado una sobredosis de speedball y está sentada desnuda e inconsciente en una butaca roja. En la pared puede verse el retrato de una mujer desnuda, quizá también una prostituta, sobre un fondo de color rojo. Tras reanimarla, Bill tapa a Mandy con una manta azul. El color azul es el símbolo de su falta de deseo. Para Bill, Mandy es solo una paciente. Al taparla con la manta azul está negando la naturaleza sexual de la prostituta con un gesto de calidez.

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En la escena de la discusión entre Bill y Alice que desencadena la crisis, Alice aparece recostada sobre las sábanas rojas de la cama de matrimonio. Está fumando marihuana y se prepara para empezar una discusión con Bill. Este, desprevenido, aparece enmarcado en azul. A lo largo de la discusión, las posiciones se intercambian. Cuando Alice se burla de la idea de que los hombres solo están interesados en ella sexualmente, la baña la luz azul: ahora es Alice la ingenua.

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2. El arco iris

El arco iris es otro de los elementos simbólicos destacados de la película y el que da una de las claves más importantes de su interpretación.

El arco iris está presente en las luces de colores que decoran los muchos abetos navideños que pueden verse en Eyes Wide Shut. El arco iris representa la banalidad de la vida cotidiana, las mentiras de neón que ocultan la realidad. Es el día a día postizo de las hipócritas convenciones sociales. Por eso el árbol de Navidad está presente en todas las casas por las que pasa Bill, con la significativa excepción de la mansión de Somerton.

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Lo opuesto del arco iris es lo subterráneo. El otro mundo: lo oculto, lo arcano, lo pagano.

Gayle y Nuala, las dos modelos que coquetean con Bill en la fiesta de Victor Ziegler, le invitan a acompañarlas «allí donde termina el arco iris». Están hablando de un lugar donde no hay abetos navideños, donde acaba la farsa de las convenciones sociales y empieza lo secreto. Es el mundo representado por la mansión de Somerton y lo que sus paredes encierran.

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Pero la frase «allí donde termina el arco iris» tiene también un segundo significado. Al final del arco iris hay un caldero lleno de oro. Kubrick nos está diciendo que ese mundo subterráneo es el del dinero, el de los poderosos. Lo que esas dos modelos están haciendo es invitar a Bill a iniciarse en lo pagano. A formar parte de la secta del dinero.

La tienda en la que Bill alquila su esmoquin, su capa y su máscara se llama Rainbow. Es el último paso antes de entrar en el estrato de lo velado. Bill está a punto de llegar allí donde termina el arco iris.

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Ya en el acto final de la película, y tras la reveladora conversación final con Victor Ziegler, Bill adquiere al fin conciencia de cuál es la realidad oculta tras el telón de la farsa cotidiana. Bill ha despertado, ha sido iniciado. Cuando llega a su apartamento, apaga las luces del abeto navideño. Las luces de colores no tienen ya razón de ser. Persistir en el engaño es pueril.

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Es interesante el hecho de que la novela original de Schnitzler no transcurre en Navidad, sino durante la época del Carnaval. El simbolismo de ambas festividades, sin embargo, es el mismo en la novela y en la película: ambas ocultan la realidad subterránea bajo una festiva capa de hipocresías y mentiras.

3. Las jerarquías sociales

Las jerarquías sociales se plasman en la película a través de las diferentes viviendas que aparecen en ella.

La prostituta Domino y su compañera viven en un piso minúsculo y destartalado del que Bill apenas acierta a decir nada más que una cortesía de compromiso: «Es… acogedor». Domino y su compañera son el nivel más bajo de la escala social. Son prostitutas y probablemente drogadictas.

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El siguiente nivel de la escala social es el del propio Bill. Bill no sufre apreturas económicas. No es rico, pero sí moderadamente acaudalado. Alice, su mujer, es una antigua galerista de arte ahora en paro, y quizá por eso las paredes están abarrotadas de cuadros.

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Pero Bill no es más que el escalón más bajo de la escala social real. Por encima de su envidiable apartamento de Central Park West se encuentra la casa de Victor Ziegler, monumental y palaciega. Ziegler es el verdadero triunfador. Comparado con él, Bill no es más que un modesto aspirante al trono.

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La diferencia entre el nivel social de Bill y Victor Ziegler se refleja en sus lavabos. Los lavabos son un elemento importante en las películas de Kubrick. En los lavabos de El resplandor y La chaqueta metálica los personajes se muestran tal y como son en realidad, quizá por la presencia de espejos en ellos. El lavabo de Bill en Eyes Wide Shut es burgués, funcional y vulgar. El de Victor es gigantesco, aristocrático y barroco. Lo decoran butacas, pomposas lámparas de mesa, pesados cortinajes y varios cuadros.

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Pero el mismo Ziegler no es a su vez más que un elemento de segundo nivel. Por encima de su casa se encuentra la mansión de Somerton, la verdadera cúspide de la pirámide social. Allí donde los realmente ricos y poderosos se dan cita para llevar a cabo sus rituales secretos.

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De hecho, en la ya mencionada conversación alrededor de la mesa de billar, Ziegler le confiesa a Bill haber tenido que dar explicaciones a «esa gente» por haberles recomendado la contratación del pianista chivato Nick Nightingale. El hecho de que Victor Ziegler haya tenido que disculparse indica que no pertenece a los niveles superiores de la jerarquía de la organización secreta.

Bill, en definitiva, no es más que un advenedizo. A lo largo de Eyes Wide Shut se le muestra como alguien acomodado pero desconocedor de los verdaderos mecanismos ocultos del poder y la riqueza. Cuando Bill aparece en la mansión de Somerton es inmediatamente reconocido como un intruso por varios de los presentes a pesar de llevar máscara. Bill huele a pequeña burguesía. La misma Mandy, también enmascarada, le detecta y le suplica que se vaya de la mansión. «No eres uno de los nuestros», le dice. A Bill le terminan de delatar sus maneras de clase media: llega a la fiesta en taxi en vez de limusina y en los bolsillos de su abrigo encuentran el recibo del alquiler de su disfraz.

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Y por cierto. En la imagen anterior puede verse un nuevo ejemplo de ese cruce de caminos demoníaco antes mencionado. La verja de la finca de Somerton es azul y el coche que va a conducir a Bill hasta la puerta de la mansión, rojo.

4. El dinero de Bill

Bill se relaciona de forma sistemática con aquellos que se sitúan por debajo de él en la escala social por medio del dinero. A Bill (billete en español) no se le ve discutir ni una sola vez por el precio de nada. Explica Michael Herr que Kubrick no soportaba a los que derrochan su dinero caprichosamente. De ahí la caracterización del personaje de Tom Cruise.

Kubrick remarca varias veces a lo largo de la película ese rasgo del personaje. Bill le paga a la prostituta Domino los ciento cincuenta dólares acordados a pesar de no haberse acostado con ella (en la novela original ella rechaza su dinero). Más tarde le ofrece a Milich, el propietario de la tienda de disfraces, un pago extra de cien dólares sobre el precio del alquiler de su disfraz a cambio de que acepte atenderlo a medianoche. Milich no tarda en percatarse de que Bill pagará lo que él quiera y le pide el doble, doscientos dólares. Bill acepta la contraoferta sin regatear ni un solo centavo. Unos minutos más tarde, Bill le ofrece cien dólares al taxista que le ha llevado hasta Somerton para que le espere en la puerta hasta que él salga de la mansión.

Esa actitud de nuevo rico es detectada instantáneamente por todas las mujeres que se cruzan con Bill. La rapidez con la que las mujeres se lanzan a coquetear con él no se debe a su atractivo sino a su aroma a dinero fácil. Conocido es que un tonto y su dinero nunca permanecen demasiado tiempo juntos. Las mujeres que se cruzan con Bill se comportan como prostitutas por dos razones: porque lo son y porque él es el tipo de hombre que consigue lo que desea sacando la cartera del bolsillo.

La primera frase que se oye en la película la pronuncia Bill y sirve para definir al personaje. Mientras se prepara para acudir a la fiesta de Ziegler, Bill le pregunta a Alice dónde está su cartera. Alice lo sabe perfectamente: en la mesita de noche. El mensaje es obvio. El matrimonio es para ella una simple convención social de la que el amor (o el cariño) es solo una más de sus motivaciones y ni siquiera la más relevante. La más importante es el dinero. Cuando Alice acaba de explicarle a Bill su fantasía sexual con el oficial de marina, añade: «Y sin embargo, mi amor por ti era tierno y triste». Alice no dice pasional o irresistible. Dice tierno y triste. La pasión de Alice queda reservada para los hombres con los que realmente quiere follar y de los que el oficial de marina es solo un símbolo. Su marido no es más que un proveedor de seguridad financiera, una fachada socialmente hipócrita con la que disimular el hecho de que ella es una prostituta de la misma manera que lo son Domino o las mujeres de la mansión de Somerton.

Bill, en definitiva, está en tierra de nadie. Los verdaderos ricos y poderosos, los machos alfa de la cúspide social, huelen su aroma de quiero y no puedo. Las mujeres de la clase social inferior perciben en él su ridícula fanfarronería. Su mujer se ha casado con él por dinero y por esa misma razón apenas puede reprimir su resentimiento. Un resentimiento que se manifiesta en forma de fantasías sexuales y de pesadillas en las que Alice desencadena toda su crueldad contra su marido sin las cortapisas existentes en la vida real. Las pesadillas de Alice son el equivalente de la mansión de Somerton para Bill: ese rincón secreto en el que todo vale y en el que no operan las reglas de la cotidianeidad.

5. La hipocresía de Alice

Si Bill es un advenedizo que ignora su propia posición en la escala social, Alice es una hipócrita. De ahí que se pase media película frente al espejo. El espejo es el símbolo de su vanidad y coquetería, pero también de su dualidad. Alice está en paro y su única actividad conocida consiste en acicalarse tal y como se esperaría que lo hiciera una mujer florero. Alice no tiene entidad propia: es una muñeca, un mero objeto sexual. Un ama de casa aburrida en el interior del hogar familiar y el trofeo erótico de Bill en el exterior.

Solo hay tres momentos de la película en los que Alice se muestra tal y como es en realidad. 1) En la fiesta en la casa de Victor Ziegler, cuando se emborracha y coquetea con el aristócrata húngaro Sandor Szavost. 2) Cuando discute con Bill tras fumar marihuana. 3) Mientras disfruta de una pesadilla en la que se ve a sí misma follando con decenas de hombres en presencia de su marido.

Alice, en definitiva, solo se manifiesta con sinceridad cuando está borracha, drogada o dormida. Cuando el subconsciente domina sus actos. De nuevo una metáfora del poder de lo subterráneo y lo oculto, y de cómo los personajes luchan inútilmente por mantenerlo bajo control por medio de mentiras hipócritas.

Durante su pesadilla, Alice ríe a carcajadas. Disfruta haciéndole daño a su marido y goza de su propia crueldad. Esa crueldad que Alice reprime en la vida real porque le va su modus vivendi en ello. Preguntada al respecto, Christiane Kubrick, la mujer del director, dio una interpretación extraordinariamente perspicaz de la actitud de Alice: «Las mujeres tienen un poder inmenso, el de ser crueles con los hombres. Pero ese poder solo tiene efecto sobre los hombres que las quieren».

No sobre los hombres que las desean: sobre los que las quieren. Es un detalle importante. Capital en Eyes Wide Shut, de hecho.

Para Kubrick, la institución del matrimonio no es más que una forma socialmente aceptable de prostitución. En Eyes Wide Shut, tan prostituta es la mujer casada que vive con y de su marido como las prostitutas callejeras o las que se mueven por la mansión de Somerton.

Y esto dice Michael Herr en Kubrick: «[A Stanley Kubrick] las mentiras culturales le repugnaban especialmente. La hipocresía no era una insignificante debilidad humana, era la esencia corrupta del conflicto humano, que para Stanley era un conflicto puramente existencial. En términos narrativos, ya que las películas eran historias, la mentira más despreciable era el sentimentalismo, y la más desagradable la beatería».

6. ¿Quiénes son los enmascarados de la mansión de Somerton?

Una de las claves la da la hija de Milich (Leelee Sobieski), el dueño de la tienda de disfraces. Milich descubre a su hija con dos travestidos japoneses y le ordena que se vaya. Pero antes de hacerlo ella le susurra al oído a Bill «you should have a cloak lined with ermine» (deberías llevar una capa forrada de armiño). En la película esa frase es casi inaudible.

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La mención de la capa forrada de armiño no es casual. La hija de Milich, al igual que su padre, ha adivinado sin problemas adónde se dirige Bill esa noche. Y la referencia al armiño es una pista de quién estará allí: la realeza.

Al menos uno de los participantes en la orgía, además de Victor Ziegler, se cita por su nombre en Eyes Wide Shut. En la noticia sobre el ingreso en el hospital por sobredosis de la exreina de la belleza Amanda Curran (Mandy) se menciona a un diseñador de moda londinense, Leon Vitali, con el que ella habría tenido una relación hace tiempo y que la habría introducido en el mundo de la moda. Leon Vitali es el nombre real del actor que interpreta al sacerdote de la misa negra de la mansión de Somerton.

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La interpretación es obvia. El líder de la organización secreta es el diseñador británico Leon Vitali y el mundo de la moda no es más que una tapadera que permite proveer de prostitutas de alto standing, generalmente drogadictas, a las elites sociales.

7. Todas son iguales

En Eyes Wide Shut aparecen dos tipos de mujeres.

Las primeras son las intrascendentes. La canguro de Helena, las enfermeras y ayudantes de Bill, las camareras. Son mujeres sin mayor interés sexual.

Las segundas son las prostitutas. Todas ellas son pelirrojas y sus cuerpos son indistinguibles. El cuerpo de Mandy no se distingue en nada del de Alice y este no se distingue en nada del de una de las clientas de la consulta de Bill (significativamente, pelirroja) y del de las mujeres de la mansión de Somerton. Todas esas mujeres son, a efectos simbólicos, la misma.

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Esa similitud es interpretada frecuentemente de dos maneras distintas. Para los partidarios de la interpretación psicológica de Eyes Wide Shut, ese parecido es la evidencia de que Bill busca en realidad a Alice en todas las mujeres con las que se encuentra a lo largo de su periplo.

Para los partidarios de la interpretación política, Kubrick está diciendo que esas mujeres carecen de entidad propia. Que son meros objetos sexuales intercambiables y fácilmente reemplazables al servicio del sexo masculino. De ahí sus proporciones perfectas, que recuerdan a las de las modelos fotografiadas por Helmut Newton. Amazonas de la prostitución. Carne de cañón clónica.

Es interesante señalar que esa similitud ha sido introducida por Kubrick puesto que no figura en la novela original. Cuando Fridolin, el personaje en el que se basa Bill, llega a la mansión de Relato soñado, Schnitzler escribe: «Los ojos de Fridolin erraban sedientos de las figuras exuberantes a las esbeltas, de las delicadas a las espléndidamente en flor». En la novela original, todas las mujeres de la orgía son diferentes. Todas tienen entidad propia.

Mención aparte merece Helena, la hija de Bill y Alice. Helena es también pelirroja. A lo largo de la película puede verse varias veces a Alice ayudando a su hija a peinarse, a envolver regalos o a hacer los deberes. En una de esas ocasiones, Kubrick se detiene durante varios segundos y de forma aparentemente innecesaria en madre e hija, que están resolviendo un problema de matemáticas banal. El problema explica que Joe tiene 2.5 dólares y Mike 1.75. ¿Cuánto dinero tiene Joe más que Mike?

Alice está enseñando a su hija Helena a seleccionar a los hombres por su dinero. La está adiestrando como prostituta. Quizá con el tiempo Helena se case con un marido que la mantenga o quizá acabe siendo iniciada en una ceremonia similar a la de la mansión de Somerton para deleite de los machos alfa de la pirámide social, pero su destino parece claro desde el primer minuto en el que aparece en la película disfrazada de hada: acabar ejerciendo la prostitución. El color de su cabello simboliza su destino.

8. La redención

En dos ocasiones a lo largo de Eyes Wide Shut se recompensa a Bill por sus decisiones moralmente correctas.

En la primera de ellas, Bill está a punto de acostarse con la prostituta Domino en el piso de esta cuando recibe una llamada de Alice. Tras la llamada, decide irse del piso. Al día siguiente, la compañera de Domino le informa de que un análisis de sangre ha confirmado que su amiga es seropositiva.

La segunda de ellas es la ya mencionada escena en el lavabo de Ziegler. Bill reanima a Mandy, la tapa con una manta azul y le recomienda que busque ayuda contra su adicción a las drogas. Al día siguiente, durante la orgía en la mansión de Somerset, Mandy sacrifica su vida a cambio de la de Bill.

9. Las interrupciones

Bill es interrumpido varias veces durante la película.

  1. Durante su conversación con Nick Nightingale en la mansión de Ziegler, el pianista es reclamado por un sicario.
  2. Cuando Gayle y Nuala invitan a Bill a acompañarlas «allí donde acaba el arco iris», un segundo sicario de Ziegler les interrumpe para pedir su ayuda.
  3. Durante la conversación con Alice en la que esta le confiesa su fantasía sexual con el oficial de marina, Bill recibe una llamada en la que se le comunica que uno de sus clientes ha muerto.
  4. Cuando está a punto de acostarse con Domino, Bill recibe una llamada de Alice.
  5. En el Sonata Cafe, la conversación con Nick Nightingale vuelve a ser interrumpida por una llamada telefónica.
  6. Mientras habla con Milich en la tienda de disfraces, la conversación es interrumpida cuando el primero descubre la juerga de su hija con los dos travestidos japoneses.
  7. Cuando está a punto de aceptar la invitación de una de las mujeres enmascaradas de la mansión de Somerton, Mandy les interrumpe a ambos para poder hablar a solas con Bill.
  8. Ese mismo día, cuando parece que está a punto de acostarse con la compañera de piso de Domino, esta le interrumpe para confesarle que su amiga es seropositiva.

Las interrupciones simbolizan el coitus interruptus que son los deseos de Bill. Pero también insinúan la posibilidad de que todo sea un sueño: una de las peculiaridades de los sueños eróticos es que suelen interrumpirse antes de que el acto sexual llegue a consumarse.

10. Las máscaras

Las máscaras venecianas pretenden ocultar la identidad de los participantes en la orgía de Somerton pero lo que hacen en realidad es mostrar sus verdaderos rostros. Las máscaras se retuercen progresivamente cuando Bill es cazado y sometido al terrorífico proceso inquisitorial del sacerdote negro porque son la manifestación externa de la podredumbre del alma de sus portadores. Y por eso Bill es reconocido por la pareja del piso superior cuando entra en la mansión: porque su verdadero rostro está a la vista de todos a pesar de llevar máscara.

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Las máscaras representan la hipocresía de aquellos que durante el día muestran un rostro respetable pero que al llegar la noche se desprenden de los corsés sociales para llevar a cabo actos de una perversión atroz, incluido el asesinato. La paradoja de Eyes Wide Shut está servida: las caras reales de los participantes en la orgía muestran una faceta falsa de su alma mientras que las máscaras revelan su verdadero rostro.

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También Alice lleva una máscara, aunque de otro tipo. Alice lleva gafas en su casa pero se las quita para asistir a la fiesta en la mansión de Ziegler. Al quitarse las gafas lo que está haciendo Alice es ponerse su máscara de prostituta.

También pueden verse varias máscaras en el piso de Domino. Esas máscaras son la señal de que Domino es una más de las mujeres presentes en la orgía de Somerton. Domino es, de hecho, el nombre de un tipo de máscara veneciana.

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También la compañera de piso de Domino parece formar parte de la secta. Tras informar a Bill de que Domino no está allí y confesarle que es seropositiva, añade «quizá no vuelva nunca». Una prostituta seropositiva es inservible para la organización y ella, de alguna manera, lo sabe. Es probable que Domino vaya a ser también asesinada.

Y un último detalle. Durante la fiesta en la casa de Ziegler, Sandor Szavost parece muy interesado en conocer si a Alice le gusta el Renacimiento. Quizá la pregunta es una invitación a participar en la orgía de Somerton o quizá Sandor pretende averiguar sutilmente si Alice forma o no parte de la secta. Porque el Renacimiento no es solo la época de apogeo del Carnaval de Venecia (llevaba celebrándose extraoficialmente durante al menos un par de siglos) sino también la de la popularización entre la aristocracia de las fiestas de máscaras. Y esa es una de las sutiles maneras que tiene Kubrick de decirle al espectador que el misterioso y seductor aristócrata húngaro es uno de los participantes en la orgía de Somerton. Su conocimiento de El arte de amar del poeta romano Ovidio (de donde Sandor saca la idea de beber de la copa de Alice para expresarle su deseo de intercambiar fluidos con ella) parece reafirmar la idea. El nombre de Sandor Szavost es además una referencia obvia a Anton Szandor LaVey, el fundador de la Iglesia de Satán. Sandor parece hipnotizar a Alice con sus teorías sobre el adulterio considerado como una de las bellas artes. Su postura mientras baila con Alice es similar a la de una serpiente que intenta enroscarse en el cuello de su presa. El simbolismo satánico es evidente. Atención al heptagrama de la pared.

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11. Los símbolos esotéricos

El grupo que tropieza con Bill y le llama maricón en una calle de Nueva York lleva camisetas de Yale. Yale es la sede de la organización secreta Skull & Bones, a la que pertenecieron George W. Bush y su padre, John Kerry y varios jueces de la Corte Suprema de los EE. UU. La elite de las elites sociales, en definitiva. El secretismo que rodea a la organización suele alimentar los rumores conspiranoicos. Según esos rumores, Skull & Bones sería en realidad una secta en la que se reclutaría a los futuros miembros del gobierno mundial en la sombra. Es decir a los aprendices de illuminati. Los candidatos perfectos (junto con los miembros de la realeza y la aristocracia europea) para participar en una orgía como la de Somerton.

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La exactitud de los gestos del ritual de iniciación de las mujeres enmascaradas (la mano derecha en el hombro izquierdo mientras se juntan los labios de las máscaras) parece asimismo una alusión a los ritos masónicos, que cuentan con una amplia gama de gestos secretos y excepcionalmente precisos cuyo significado solo conocen los iniciados.

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El águila bicéfala coronada de la silla del maestro de ceremonias era un símbolo heráldico habitual de los imperios bizantino y romano. Representaba la autoridad del emperador sobre los asuntos religiosos y civiles, aunque también la dualidad Iglesia-Estado. En el contexto de la película, el águila bicéfala parece reforzar la idea de que los participantes en la orgía son miembros destacados de las elites financieras, políticas y religiosas.

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En Eyes Wide Shut abundan también los símbolos paganos como los pentagramas invertidos o los heptagramas. Ambos cuentan con decenas de significados esotéricos asociados a la brujería y lo demoníaco. El pentagrama invertido, por ejemplo, es el símbolo del triunfo de la materia sobre el espíritu y se suele utilizar como imán para las fuerzas del mal. Su presencia en la casa de Victor Ziegler no parece casual.

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Kubrick era, de hecho, un gran aficionado al simbolismo religioso y uno de sus libros de cabecera, que recomendaba a todo aquel con el que se cruzara, era La rama dorada de James Frazer en su versión completa (la que se suele vender en las librerías es la resumida).

12. La máscara de Bill

Kubrick es deliberadamente ambiguo en la escena en la que la máscara que Bill creía haber perdido aparece en su cama de matrimonio. Alice no ve la máscara, lo que parece insinuar tres interpretaciones posibles.

  1. La máscara es una amenaza de la organización secreta. Alice, simplemente, no la ve.
  2. Las vivencias de Bill han sido solo un sueño. La máscara es el símbolo de su sentimiento de culpa.
  3. La máscara la ha dejado la misma Alice. Ella también forma parte del culto o ha participado en orgías similares a las de Somerton. Quizá años antes de conocer a Bill y de pasar de la prostitución ritual a la conyugal.

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14. Tipos de sexo

A lo largo de la película, Bill es tentado con varios tipos de experiencias sexuales. La pederastia (Milich le ofrece a su hija). El amor platónico (la hija de su paciente fallecido). La necrofilia (en la morgue, cuando ve el cuerpo de Mandy). Las orgías (en la mansión de Somerton). La prostitución (con Domino y su compañera de piso). La homosexualidad (el recepcionista del hotel en el que se aloja Nick Nightingale). Y, por supuesto, y sobrevolándolo todo, el adulterio.

Pero el único tipo de sexo que no parece representar ningún riesgo para Bill es el más hipócrita de todos ellos: el conyugal.

15. ¿Está todo orquestado?

Kubrick parece dejar abierta la puerta a la posibilidad de que toda la peripecia nocturna de Bill haya sido orquestada por la secta de Somerton con el objetivo de iniciarlo en la organización. Varios detalles parecen insinuarlo.

En primer lugar, la invitación de las dos modelos a ir «allí donde acaba el arco iris». Las miradas que se dirigen las dos chicas mutuamente parecen indicar premeditación. Quizá ellas mismas forman parte de la secta.

En segundo lugar, la casualidad de que Nick Nightingale, un antiguo amigo de Bill, toque el piano en la fiesta de Ziegler y le revele la dirección de la mansión de Somerton. Nightingale es ruiseñor en español. Un nombre muy apropiado para un chivato.

En tercer lugar, la insistencia de Sandor Szavost con Alice. Es probable que Bill y Alice estén siendo captados por separado.

En cuarto lugar, la rapidez con la que Milich y su hija parecen adivinar el destino de Bill esa noche. Milich parece ser el proveedor habitual de disfraces para los asistentes a la orgía.

En quinto lugar, la contraseña que franquea la entrada a la mansión: Fidelio. ¿Quizá también una alusión a la fidelidad y el silencio que se le exige a los miembros de la secta? En la novela original la contraseña es Dinamarca, que es el lugar en el que Fridolin y su esposa pasan las vacaciones y donde ella fantasea con el adulterio.

En sexto lugar, el hecho de que Bill sea rápidamente detectado en la fiesta a pesar de su máscara.

En séptimo lugar, la aparición de la máscara en su cama de matrimonio. Quizá la secta está únicamente comprobando la discreción de Bill.

En octavo lugar, el paternalismo con el que Victor Ziegler intenta calmar la conciencia de Bill convenciéndole de que todo ha sido una charada y de que nadie ha sido asesinado.

En noveno lugar, la ambigua frase final de Alice.

16. La juguetería

El acto final de Eyes Wide Shut transcurre en una juguetería. Las paredes de la juguetería son rojas y varios de los juguetes que pueden verse en sus estanterías parecen replicar algunas de las experiencias de Bill.

Las cajas Magic Circle hacen referencia al ritual de iniciación ocultista de la mansión de Somerton.

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La muñeca Barbie que escoge Helena parece hacer referencia a la hija de Milich y la pederastia. Es probable que Milich prostituya a su hija como parte del proceso de iniciación que la acabará llevando a las orgías de Somerton y, posteriormente, a casarse con un burgués adinerado que la mantenga, como ha hecho Alice. Esa interpretación reforzaría la idea de que Helena está siendo simbólicamente adiestrada como prostituta.

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El tigre que aparece a la espalda de Alice es exactamente el mismo que puede verse en el apartamento de Domino. En la novela original de Schnitzler, la prostituta cuyo sospechoso suicidio aparece en el periódico se llama Anna Tiger.

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17. Follar

La propuesta de Alice (follar) en la última escena de Eyes Wide Shut ha desencadenado decenas de interpretaciones diferentes de la película.

Los que optan por el análisis psicológico suelen opinar que la epopeya de Bill le ha conducido de vuelta a su mujer y la seguridad del sexo conyugal. Quizá todo haya sido un sueño. Quizá todas las mujeres que Bill ha encontrado en su largo paseo por los peligros del sexo adúltero no son más que un reflejo de Alice. Por eso la pareja guarda la marihuana en la caja de tiritas: la droga ha curado las heridas de su matrimonio haciendo que Alice confiese su infidelidad platónica y desencadenando así el proceso de expiación llevado a cabo por Bill. Cuando Alice pronuncia la palabra follar se está refiriendo, obviamente, a ella y Bill.

Los defensores de la interpretación esotérica suelen opinar que el periplo de Bill ha sido orquestado como parte de su proceso de iniciación en la elite del poder y el dinero. Al final de la película, Bill ha sido iniciado. Cuando Alice, quizá ella misma una exintegrante de la secta, le propone follar, lo que está proponiendo en realidad es follar con otros. Es decir aceptar con todas las consecuencias su membresía en ese Club del Fuego Infernal aristocrático que es la secta de Somerton.

Los partidarios de la interpretación política de Eyes Wide Shut preferimos sin embargo un análisis bastante menos evidente o paranoico de la película. Si Alice le propone follar a Bill es porque no tiene nada más que ofrecerle. Sus únicas opciones vitales son la irrelevancia o la prostitución. Y su hija no es más que un eslabón más de la cadena.

Y ese es el mensaje real de Eyes Wide Shut. La institución social por antonomasia, aquella que cohesiona la sociedad, no es la familia sino la prostitución. En todas sus modalidades, incluida la del matrimonio. No existe ninguna otra relación posible entre hombres y mujeres que no pase por la compraventa de sexo de uno u otro tipo. La fuerza que nos mueve como seres humanos no es el amor sino la que se deriva de la pugna entre dos poderes opuestos: el sexual femenino y el económico masculino. Y el punto de equilibro entre esos dos poderes es la prostitución.

Por supuesto, la pregunta es qué ocurre cuando las mujeres acceden al poder económico… pero siguen acaparando el poder sexual. Porque los poderes sociales (como el de la riqueza) se pueden compartir o conquistar por medio de la política. Pero los que surgen de la propia naturaleza humana (como el sexual) son intransferibles. Y ese desequilibrio es una fuente potencial de conflicto y de hipocresías como aquellas de las que habla Eyes Wide Shut.

Tim Kreider da con la pista clave en el texto citado al principio de este artículo. El único libro cuyo título puede verse claramente en el apartamento de la prostituta Domino es Introducing Sociology. Eyes Wide Shut es una introducción a la sociología de la prostitución. Una crítica visceral a la hipocresía social y los convencionalismos de lo políticamente correcto. A las fantasías pueriles sobre el amor.

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Y, de hecho, Herr describe a Kubrick en su libro como un darwinista social y como un furioso y pragmático partidario del capitalismo. El realismo del director neoyorquino le llevaba a la idea de que quizá el mejor gobierno fuera el de un déspota benévolo. Tampoco despreciaba el dinero. «A Stanley le gustaba citar al compositor de canciones Sammy Cahn, quien, cuando en una entrevista le preguntaron qué era primero, la música o la letra, contestó: el cheque».

«Todas son iguales, pensó con amargura, y Albertine es como todas… la peor de todas» (Fridolin, en Relato soñado).

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