De por qué es Ray Davies el mejor compositor pop de los sesenta

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The Kinks en 1967 (DP)
The Kinks en 1967 (DP)

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¿Qué es ser el mejor? Rambo, por ejemplo, era el mejor. Lo decía el coronel Trautman y él sabía de soldados de élite, ¿no? Rambo era el mejor. En lo suyo, claro. La Real Academia Española define «mejor» como adjetivo que indica que se es «superior a otra cosa y que la excede en una cualidad natural o moral». Pero esa definición no nos vale aquí. Se puede ser el mejor haciendo el imbécil (cualidad natural, además), ¿verdad? Necesitamos buscar otros elementos de baremación. Definir «lo mejor» como una cuestión lo más objetiva y menos tramposa posible. Pero claro ¿se es mejor por el mero hecho de «ser más», de «tener más», que otro? ¿Es mejor la Gran Pirámide de Guiza que el Taj Mahal por el mero de hecho de haberse construido antes, de ser más antiguo? ¿Son mejores los Boston Celtics porque tienen más títulos que Los Angeles Lakers? ¿Es Nueva York mejor ciudad que Sevilla porque es más grande, allí vive más gente y se mueve más dinero (y pasan más cosas)? Bueno, a esta última pregunta tengo yo clara la respuesta, pero no viene al caso… Centrémonos.

La cuestión de fondo, lo que nos trae hoy aquí, es que desde tiempo inmemorial vengo defendiendo —porque lo tengo prístino y cristalino— que Raymond Douglas Davies, el líder de los Kinks, el legendario grupo británico, es el mejor compositor pop de los años sesenta y, parafraseando a Steve Earle, esto lo afirmaría poniendo mis botas de cowboy sobre la mesa ante el mismísimo Paul McCartney. Consciente de la boutade, siempre me he visto obligado a tener que argumentar lo anterior, amparándome para ello en una serie de premisas «objetivas» (ya os aviso que el entrecomillado va a ser marca de la casa a lo largo de este artículo) que he considerado hasta ahora perfectamente válidas. A saber, Ray Davies posee un cancionero tan sólido como el de, digamos, los Beatles o los Rolling Stones, tanto en extensión como en calidad musical como en perdurabilidad. Ray Davies ha contado con la admiración de sus propios contemporáneos (Pete Townshend, de los Who, siempre ha comentado que a Davies deberían otorgarle el título de Poeta Laureado del Reino Unido). Por otro lado, Ray Davies ha visto cómo su repertorio no solo se perpetúa sino que gana enteros con el paso del tiempo, como así demuestra la acogida que entre las nuevas generaciones ha tenido un álbum tan olvidado en su día como The Kinks Are The Village Green Preservation Society (1968) o, incluso, el recientemente reeditado en formato «deluxe» Muswell Hillbillies (1971). El portfolio de Ray Davies sigue vivo. Sigue cotizando al alza. Sigue generando regalías. Se encuentra perfectamente consolidado. Los Kinks fueron uno de los grupos más emblemáticos del Swinging London hasta el punto de que sobrevivieron a aquella eclosión tan efímera, del mismo modo que sobrevivieron a los setenta y a los ochenta con bastante soltura, todo sea dicho. Son ya toda una institución dentro de la música popular británica. El vehículo a través del cual Ray Davies desarrolló una carrera musical impecable. Inteligente, cínico, observador, costumbrista, arrogante, ecléctico, independiente, diferente, ingobernable, cómico. ¿El mejor? Así lo creo. Pero ¿y cómo lo demuestro?

Asignar la categoría de «mejor» a algo o a alguien ha de hacerse, desgraciadamente, a costa de otros. Pero para asignar la categoría de «mejor» a algo o a alguien ha de hacerse, desgraciadamente, a costa de otros. El método comparativo, como vía de acceso al entendimiento, es más viejo que los bosques así que no voy a inventar yo ahora la pólvora. Para determinar por qué Ray Davies es el mejor compositor pop de la década de los sesenta se hace, por tanto, necesario realizar un ejercicio exhaustivo de comparación entre su obra y aquello que se venga aceptando comúnmente como el pináculo de la época, con el objetivo de valorar en firme la importancia de su aportación. Y lo primero que tenemos que concretar es con quién o qué vamos a comparar a Ray Davies. Bueno, no creo que haya que ser Einstein para averiguarlo. De hecho, ya lo hemos apuntado antes. Si los Kinks han de medirse con los Beatles y los Rolling Stones, los dos grandes buques insignias del pop/rock británico de los sesenta, a Ray Davies habrá que ponerlo a pelear con John Lennon, Paul McCartney, Mick Jagger y Keith Richards. Más alto no se puede aspirar. Me imagino que hasta aquí estamos todos de acuerdo. No obstante, llegados a este punto, creo que se hace necesario dejar claro —aunque no lo parezca— cuáles son los motivos de esta elección, quizás más desde un punto de vista negativo que positivo. ¿Por qué no Pete Townshend de los Who? ¿por qué no Brian Wilson de los Beach Boys? O casi más flagrante: ¿por qué no Dylan?

Sin duda son los Who el grupo que más similitud estética y sonora presenta con los Kinks. Surgieron casi al mismo tiempo. En Londres. Bebieron de las mismas fuentes. Construyeron sus primeros éxitos basándose prácticamente en el mismo formato compositivo (rhythm and blues con potentes y pegadizos riffs de entrada). Las dos formaciones eran cuartetos. Ambas contaban con un compositor principal (Townshend, en el caso de los Who, aunque John Entwistle hacía sus intromisiones de vez en cuando) y, curiosamente, ambos terminaron facturando rock operas a finales de los sesenta. Siempre fueron considerados los máximos exponentes de esa honrosa segunda fila dentro del pop británico. ¿Por qué no plantear el debate entre Ray Davies y Pete Townshend? Me van a perdonar los fans de los Who —que conste que soy un gran amante de su música— pero es que no hay color. Para empezar, el volumen de material facturado a lo largo de los años sesenta —téngase siempre presente el período que estamos analizando— por los Who es considerablemente inferior al de los Kinks. Los Who lanzaron en los años sesenta cuatro álbumes, un EP con material autónomo y solo seis singles con canciones no incluidas en ningún larga duración, frente a los ocho álbumes, dos EPs y diez singles con material autónomo que los Kinks publicaron en la misma década. Y más allá de la cuestión numérica —fundamental, a mi juicio, al margen de la calidad intrínseca del material— tenemos el más que curioso «paralelismo» entre las obras de uno y otro. Nunca ha escondido Pete Townshend su devoción por el talento de Ray Davies. Y los rumores sobre si un tema como «I Can’t Explain» es un homenaje o, directamente, una copia de los primeros éxitos de los Kinks («You Really Got Me» y «All Day And All Of The Night», sobre todo) siempre han estado ahí. Los Who contaron con el mismo productor que los Kinks (Shel Talmy) en sus primeras grabaciones y hasta compartieron músicos de sesión (Jimmy Page, Nicky Hopkins). ¿No es posible plantear que estuvieran simplemente tratando de fabricar otro éxito en la estela del de los Kinks? De Roger Daltrey, el vocalista de los Who, son estas palabras: «(Los Kinks) fueron probablemente nuestra principal influencia. Sin duda lo fueron para Pete que escribió «I Can’t Explain» quizás no como una copia directa pero sí que tenía un tufo importante a la música de los Kinks». Sin ánimo de entrar en polémica y más allá de la solvencia y originalidad que los Who demostraron con el paso tiempo, sinceramente no me parece correcto comparar a Ray Davies con alguien que en sus inicios musicales tanto bebió de él con independencia de que, y estoy convencido de ello, la influencia fuera mutua a medida que la década avanzaba. La comparación entre Ray Davies y Pete Townshend decantaría la balanza, claramente, hacía el lado del de Muswell Hill. No se trataría de una comparación equitativa. No hace falta, entonces, entrar en detalles.

Dejando a los Who fuera de la ecuación, nos quedan dos pesos pesados por su significación histórica y porque aquí el volumen de material compuesto no parece que nos vaya a sacar de ninguna duda. ¿O sí? A ver. Los Beach Boys facturaron en los años sesenta la friolera de quince álbumes, una cifra prácticamente imposible de batir. Es más, para cuando los Kinks fueron capaces de publicar su primer single (febrero de 1964), los Beach Boys habían sacado ya cuatro LP y Brian Wilson había compuesto más de cuarenta temas, por no hablar del éxito comercial acumulado hasta entonces. Si aplicáramos el mismo criterio que se ha utilizado antes para descartar a Pete Townshend como oponente válido al título de mejor compositor pop de los sesenta, ocurriría que Ray Davies no sería rival para Brian Wilson en ningún campo posible. Pero, a mi juicio, hay un elemento crucial que saca a Brian Wilson de toda quiniela imaginable. Y es que, con independencia de la exuberancia musical que mostró Wilson en los años sesenta —nadie tan dotado, tan capacitado como él, para llevar el pop hasta las más altas cotas compositivas imaginables—, siempre presentó un hándicap insalvable: Brian Wilson fue incapaz de escribir un texto a la altura de sus elucubraciones musicales. Brian Wilson es todo música. Brian Wilson es «solo» música. Porque Brian Wilson estuvo toda su carrera necesitado de un letrista. Ya fuera Gary Usher, Roger Christian, Tony Asher, Van Dyke Parks o su primo Mike Love. ¿Os parecería justo desdeñar las habilidades como letrista de Ray Davies en pos de la genialidad musical de Brian Wilson? Reconozcámoslo: Ray Davies es, en el campo de la composición pop, un hacedor más completo que Brian Wilson. Musicalmente hablando, inferior. Ok. Pero en lo literario, infinitamente superior. Y así, en conjunto, Ray Davies ofrece una experiencia, como creador musical en toda su extensión, mucho más satisfactoria y equilibrada que Brian Wilson.

Muchas más complicaciones nos ofrece Bob Dylan a la hora de exponer los motivos por los que no debe ser considerado como contender de Ray Davies al título de mejor compositor pop de los sesenta. Dylan no presenta problemas de volumetría (nueve LP editó en los sesenta) ni de autoría (salvo en su primer disco —mayormente formado por versiones—, Dylan es responsable de todas las letras y melodías que compuso en aquella década). Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué no debemos comparar a Dylan con Davies? Dylan no es solo uno de los compositores más completos, serios, consistentes e influyentes del período, sino que además tuvo un enorme éxito comercial. Eso sí. A cuenta de otros. El cancionero de Dylan se paseó durante los sesenta por las listas de los más vendidos, cierto, pero siempre pasado por el tamiz del pop/rock. Peter, Paul & Mary, los Byrds, los Turtles, Manfred Mann, los Hollies, etc. Que Ray Davies tuviera, como compositor, más éxito que Dylan es algo difícilmente justificable. Ni siquiera los Kinks, como formación, tuvieron más impacto comercial que Dylan. Sobre todo si tenemos en cuenta que los discos de Dylan tuvieron siempre mejor acogida en el Reino Unido que en los Estados Unidos. A lo mejor Dylan, como artista en solitario, no sonó tanto en la radio como los Kinks. Pero ese dato no me parece relevante. Dylan parece ser digno de comparativa con Davies y sin embargo no lo es. No lo es por una mera cuestión semántica. Pues a pesar del innegable impacto mediático y cultural que Dylan tuvo en la década de los sesenta, sus composiciones distan mucho de ser consideradas canciones pop stricto sensu con independencia de su adaptabilidad al formato estrofa-estribillo-puente con duración de tres minutos. Bob Dylan juega a otra cosa distinta a la de Ray Davies. Diríamos que juega casi a otro deporte. No se trata tanto de establecer departamentos estancos entre el folk y el pop —odiaría hacer eso— como de constatar que las estructuras compositivas de ambos creadores son tan dispares entre sí que hacer una comparativa entre ellas podría llevar al ridículo de tratar de discernir entre una canción de la hondura y la dimensión del «Sad Eyed Lady Of The Lowlands» (1966) de Dylan y la aparente liviandad de un tema del mismo año como «Dandy» (1966) de Ray Davies. Ni siquiera la pretensión de ambos compositores es la misma. Ray Davies compone pop de forma consciente. Su tradición es el music hall, el Tin Pan Alley. A Dylan solo le preocupan las formas puras: el folk, el blues, el country. Son dimensiones paralelas que pueden perfectamente converger. De hecho, temáticamente lo hacen. Pues tanto Dylan como Davies ofrecen ácidos retratos de la sociedad contemporánea. Dylan desde una perspectiva más social, más generacional, más idealista. Davies desde el costumbrismo, desde el individuo, desde la cotidianidad. Y aún así, las estructuras de sus canciones no confluyen. Comparar el cancionero de uno y otro daría lugar a un galimatías del que apenas extraeríamos conclusiones operativas. Dylan no hace pop. Dylan no puede ser el mejor compositor pop de los sesenta por mucho que sí pueda ser considerado el mejor compositor de su generación. Pero esa reflexión se tendrá que hacer en otro artículo y no seré yo el que lo redacte.

No sé si os he convencido. O, al menos, si me admitís «pulpo como animal de compañía». De lo que no creo que haya dudas es de que los tándems Lennon/McCartney y Jagger/Richards tienen la entidad necesaria para erigirlos como los rivales más fuertes. Todos ellos contemporáneos de Ray Davies y los Kinks, mucho más exitosos (comercialmente hablando) y con un repertorio a prueba de bombas. Nadie ha marcado tanto la década de los sesenta en el campo del pop/rock como los Beatles y los Rolling Stones. Es más, en comparación, Ray Davies debería palidecer. Sentirse pequeño. Insignificante. Pero los datos «objetivos» parecen decir lo contrario cuando se analizan con detalle. Vamos a ello.

Antes de entrar en materia, hay que aclarar unas cuantas directrices que he tenido en cuenta a la hora de establecer los criterios de comparación entre la obra de Ray Davies y la de Lennon/McCartney y Jagger/Richards. Se trata de pequeño ajustes, necesarios para homogeneizar los resultados:

— El marco temporal tomado en consideración abarca desde 1964 (año en el que los Kinks editaron su primer single) hasta 1970 (cuando se publicó el último de los Beatles). Este hecho implica que lo publicado por los Beatles y los Rolling Stones con anterioridad a 1964 no se ha tenido en cuenta a efectos del estudio comparativo. No puede ser de otra forma, por otro lado, pues si no se estaría dando «ventaja» a un grupo sobre el otro únicamente por el hecho de haber publicado antes. Imaginad que el arco temporal fuera, en lugar de la década de los sesenta, desde 1964 a 1990, por ejemplo. ¿Cómo podría comparar a Ray Davies con John Lennon que murió en 1980? Injusto, ¿no? Ray Davies tendría diez años más de ventaja. Diez años más de canciones. Pues eso.

De todas formas, ha de tenerse en cuenta que el primer single de los Beatles, «Love Me Do», surgió en octubre de 1962 y lo primero de los Rolling Stones, «Come On», vio la luz en junio de 1963. El tiempo transcurrido entre esas fechas y 1964 no es muy relevante en términos de impacto mediático o éxito plausible.

Así, el primer single de los Beatles que computaremos a estos efectos será «Can’t Buy Me Love» y el primer LP A Hard Day’s Night. Por su parte, el primer single de los Rolling Stones será «Not Fade Away» entrando, sin problemas, su primer LP en el cómputo.

Por último, para 1970, el último single publicado de los Rolling Stones sería «Honky Tonk Women» (1969) y su último LP Let It Bleed (1969). Los Kinks habían publicado «Apeman» como single en noviembre de 1970, siendo el álbum Lola Versus Powerman And The Moneygoroundround, Part One (1970) el último que se ha tenido en cuenta a los efectos del estudio comparativo realizado. Los Beatles, por su parte, incluirán todo lo grabado desde 1964 hasta su separación. El último disco será, cómo no, Let It Be (1970).

— Las referencias a las discografías se han hecho siempre a las publicadas en el Reino Unido. Los tres grupos son ingleses y, con independencia de su éxito en los Estados Unidos (sobre todo durante el boom de la llamada «Invasión Británica»), resulta evidente que su público originario fue el británico o, en su defecto, el europeo. A nadie escapa que los Beatles, tras la publicación de «I Want To Hold Your Hand» en EE. UU., en diciembre de 1963, y su aparición en el show de Ed Sullivan en febrero de 1964, se convirtieron en un fenómeno planetario y que el número de ventas fue muy superior en Norteamérica que en Europa. Pero igualmente se haría, entonces, necesario apuntar que los Kinks sufrieron un veto por la American Federation of Musicians en EE. UU. y su música estuvo prácticamente proscrita desde 1965 hasta 1969. Una cosa por otra, motivo suficiente para desdeñar las discografías americanas.

De todas formas, la decisión de computar exclusivamente la discografía editada en el Reino Unido no impide que cualquier canción compuesta por Ray Davies, John Lennon, Paul McCartney, Mick Jagger o Keith Richards y publicada oficialmente durante el período de referencia (1964-1970) haya sido tenida en cuenta a los efectos del estudio comparativo, incluso aquellas no firmadas por los Kinks, los Beatles o los Rolling Stones. En este sentido, al margen de los LP, EP y singles editados en el Reino Unido se han tomado en consideración las canciones compuestas por ellos pero que terminaron grabando otros artistas. En el caso de Jagger y Richards, se da la circunstancia de que en ocasiones firmaron sus composiciones bajo el pseudónimo Nanker Phelge y, por supuestos, esas canciones se han incluido como composiciones propias. A Paul McCartney también le gustaba eso de esconderse en los créditos de las canciones y compuso «Woman», grabada por Peter & Gordon, como Bernard Webb. Todos estos subterfugios han sido desenmascarados y tenidos en cuenta debidamente.

Por último, señalar que no se han tenido en cuenta las grabaciones en directo publicadas oficialmente en la época. Ningún directo oficial de los Beatles vio la luz en los años sesenta. Pero sí de los Rolling Stones, en concreto el EP Got Live If You Want It (1965) y el álbum Get Yer Ya-Ya’s Out! (1970). Y, de los Kinks, Live At Kelvin Hall (1967). Ninguna de estas referencias ofrece aportaciones de relevancia al cancionero original de los compositores y por ello se han desechado.

— La mayor de mis preocupaciones, a medida que iba organizando las distintas discografías que quería comparar, era la de ser capaz de asignar la autoría de cada tema a un único autor. Me explico. Las canciones compuestas por Ray Davies son fácilmente identificables pues, como ya hemos visto, él es responsable de letra y música. Y salvo en algunos casos muy aislados, en los que co-firma una canción (ya sea con su hermano Dave Davies o con Shel Talmy), todo está compuesto bajo su nombre.

Pero por todos es sabido que las canciones que John Lennon y Paul McCartney escribieron para los Beatles venían firmadas, siempre, como Lennon/McCartney cuando era público y notorio que la co-autoría era ficticia en la mayoría de los casos. O eran de Lennon o eran de McCartney. Y la excepción era la verdadera fusión de talentos. Discernir qué canción está compuesta por Lennon y cual por McCartney es ligeramente sencillo. Solo hay que consultar Revolución en la mente (1997) de Ian MacDonald.

Pero ¿qué ocurre con el tándem Jagger/Richards? Aquí sí existe una verdadera colaboración siempre bajo la presunción de que Keith Richards era el músico y Mick Jagger el letrista. De entender esto así, estaría claro que la comparación de Ray Davies con Jagger/Richards llevaría a un desequilibrio notable. Sería un claro dos contra uno. Y, de hacerlo por separado, quedaría claramente vencedor a los puntos el bueno de Ray Davies. No obstante, esa forma de colaboración entre Jagger y Richards se produjo únicamente a principios de los sesenta. Durante la época de eclosión creativa, cada uno escribía sus propias canciones si bien, a diferencia de lo que ocurría con los Beatles, no se sabe a ciencia cierta quién compuso qué. La solución práctica parecía ser acreditar a Jagger y a Richards con el 50 % de cada canción.

Reconozco que este asunto me quebraba la cabeza. Estaba seguro de que iba a tirar por tierra toda mi argumentación. Básicamente porque no iba a ser capaz de ponerla en pie. Pero una vez planteadas en firme las discografías me di cuenta de que no hacía falta saber quién había compuesto cada canción. Volveré a este punto más adelante.

Una vez establecidos los criterios temporales y de contenido se hace necesario aplicar un último filtro a las discografías seleccionadas. Hay que separar el grano de la paja. Esto es, descartar todas aquellas canciones incluidas en las discografías seleccionadas no compuestas por Ray Davies ni por John Lennon ni por Paul McCartney ni por Mick Jagger ni por Keith Richards. Fuera versiones, fuera composiciones de Dave Davies, de George Harrison, de Ringo Starr, de Bill Wyman.

Vale, ya lo tenemos todo limpito. ¿Y ahora qué? Ahora me encuentro en disposición de afirmar lo siguiente: entre 1964 y 1970 vieron la luz ciento treinta y cinco canciones escritas por Ray Davies. El tándem Jagger/Richards solo noventa y cinco. Esto es, Ray Davies, él solo, compuso cuarenta canciones más que Jagger y Richards ¡juntos! No es mal dato. Pero sigamos. Lennon y McCartney, en el mismo período, compusieron y publicaron ciento sesenta y siete temas. Sí, vale treinta y dos canciones más que Ray Davies. ¡Pero es que ellos eran dos! Es decir, si comparásemos a Ray Davies con John Lennon o con Paul McCartney, cada uno por su cuenta, claramente tendría el líder de los Kinks mucho más cancionero que los dos beatles. Por eso decía antes que me da igual saber de quién es cada canción. Es que las cifras de Ray Davies dan miedo, en comparación. Se los come a todos. Pero seamos honestos. Antes hemos afirmado que uno no es el mejor por tener «más» que otro. Hay que contextualizar un poco esas cantidades. Vamos, entonces, un poco más allá.

Las composiciones de Ray Davies suponen el 86 % del cancionero de los Kinks mientras que Jagger y Richards únicamente aportaron el 68 % de los temas de los Rolling Stones. Esto es lógico. Los Stones hicieron muchas versiones, sobre todo en sus comienzos. Pero ¿y Lennon y McCartney? ¿Cuánto aportaron a los Beatles? Pues ¡menos que Ray Davies! Solo un 80 %. E insisto: ¡ellos eran dos! Y ahora miremos estos porcentajes únicamente teniendo en cuenta el material original grabado por cada grupo (es decir, fuera versiones). Ray Davies es responsable del 94 % de los temas originales de los Kinks. El 6 % restante se lo podemos asignar a su hermano, Dave Davies. Por su parte, el tándem Jagger/Richards está detrás del 99 % del cancionero original de los Rolling Stones pues solo hay una canción no compuesta por ellos: «In Another Land» de Bill Wyman. ¿Queréis saber cuál es la impronta de Lennon y McCartney en el material original de los Beatles? ¡Solo el 86 %! Y aquí tiene mucho que ver el hecho de que George Harrison, el gran olvidado, colaborara de forma muy activa en labores de composición. Mucho deben los Beatles a Harrison.

Vistas las anteriores estadísticas, no queda más remedio que afirmar que Ray Davies no solo compuso, en el mismo período, más que Lennon, más que McCartney, más que Jagger y más que Richards sino que su aportación al grupo que le dio la fama fue mayor y más relevante que la de sus contemporáneos. Y ya no solo es una cuestión numérica. A excepción de sus primeras grabaciones, Ray Davies terminó siendo compositor, letrista, arreglista y productor de su propia obra. Los Rolling Stones siempre tuvieron a Andrew Loog Oldham escondido en la consola de producción. Y a finales de la década a Jimmy Miller. Los Beatles siempre vivieron bajo la batuta de George Martin. Pero Ray Davies se lo guisó todo el solito: veintidós singles. Dos EP. Ocho LP. Tres de ellos, discos conceptuales. Ambicioso, ¿no? Tres #1 en las listas británicas más doce Top 20. Ciento cuarenta y cuatro canciones grabadas, todas, en un estudio cochambroso situado en la ATV House, cerca del Marble Arch londinense, que obligaba a los Kinks a regrabar las cintas porque no había espacio para almacenamiento. Todo muy lejos del esplendor de las cuatro pistas que usaban los Beatles en los estudios de Abbey Road, por ejemplo. Así que por cada uno de vosotros que me venga con «Please, Please Me» tendré preparado un «You Really Got Me». Frente a «Get Off Of My Cloud» opondré «Sunny Afternoon». Rubber Soul y Revolver son discos impecables, revolucionarios, pero ¿y Face To Face? ¿Y Something Else? Si me hablas de «Paint It, Black» yo te diré «See My Friends». «Eleanor Rigby», vale, pero ¿qué tal «Village Green»? «A Day In The Life» es una cumbre pop, sin duda, pero ¿acaso no lo es también «Shangri-La»? Si eres de los que crees que «Yesterday» o «Ruby Tuesday» es de lo mejor que se ha compuesto nunca, por favor escucha «Waterloo Sunset» o «Days». ¿Seguís sin saber por qué es Ray Davies el mejor compositor pop de los sesenta? Dejémonos de tonterías. Porque lo digo yo.

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