La bacteria que ayudó a la resistencia checa contra los nazis

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Este artículo ha sido distinguido con un accésit en el concurso de divulgación científica de Ciencia Jot Down Magazine 2014.

El mercedes negro descapotable circula a gran velocidad, el director de la Oficina Central de Seguridad del Reich grita a su chofer «Schneller! Schneller!» («¡Más rápido, más rápido!»). Es 27 de mayo de 1942 y Reinhard Heydrich, apodado «el Carnicero de Praga», «la bestia rubia» llega tarde. Él es el cerebro tras la idea de los guetos; también presidente y artífice de la conferencia Wannsee, lugar donde se decidió la «Solución Final» que más tarde se conocería como el Holocausto, y probablemente el hombre más temido de todo el Reich incluso por sus propios compañeros.

Su descapotable, un Mercedes con lo último en tecnología, comodidad y lujos, a la altura de uno de los miembros más poderosos del partido Nazi. Un coche sin blindaje, un coche sin escolta. Heydrich, segundo al mando de las SS, virtuoso del violín, grande de la esgrima y prácticamente señor de Praga, no la necesita.

El Carnicero de Praga pasa siempre por el mismo lugar. Los sargentos checos de la resistencia Jozef Gabčík y Jan Kubiš lo saben. Llevan meses preparando la operación Antropoide. Saben que es su última oportunidad, ya que Hitler ha decidido enviar a Heydrich a Francia. Pero todo está listo, el coche tendrá que aminorar al pasar por la curva de Holešovice. Allí Gabčík espera con un subfusil Sten inglés y Kubiš con una granada antitanque modificada. Valčík, tercer miembro del equipo, hace señales desde la lejanía con un pequeño espejo para avisar de la llegada del nazi. Nadie sospecha de Gabčík, aunque lleva una gabardina bajo el brazo en un caluroso día de primavera, nadie sospecha hasta que se gira y se planta en medio de la carretera. El coche frena, la gabardina cae, Heydrich ve un arma apuntándole. Gabčík aprieta el gatillo: no ocurre nada, el tiempo se detiene. Los nazis aún están en shock y Gabčík encasquillado como su propio subfusil.

Pero Kubiš camina tranquilo, nadie se ha percatado de su presencia. Se acerca desde atrás, saca de su bolsillo la granada y la lanza apuntando a los asientos del descapotable: también falla. La granada cae junto a la rueda trasera, detonando y haciendo volar un metro al Mercedes. Sin embargo, Heydrich solo sufre heridas por metralla amortiguadas por el asiento y la carrocería del vehículo. Se inicia una persecución que termina con una de las batallas más increíbles de la historia.

Gabčík y Kubiš morirán sin saber que lograron su objetivo, eso sí… con la ayuda más que probable de un microscópico aliado. Heydrich llega al hospital de Praga donde es tratado de sus heridas. Los rayos X muestran que tiene esquirlas alojadas en algunas partes de su cuerpo pero ninguna mortal, o al menos aparentemente. Y es que en su bazo tiene incrustado un minúsculo trozo del lujoso asiento de su Mercedes, un asiento de cuero relleno con crin de caballo. Aunque se le trata con sulfamidas, un bacteriostático que impide la proliferación bacteriana sin llegar a matarlas, pocos días después la fiebre y una septicemia acabarán con su vida.

Imagen a microscopía electrónica de la bacteria del Antrax: This image is a work of a U.S. military or Department of Defense employee, taken or made as part of that person's official duties. As a work of the U.S. federal government, the image is in the public domain.
Imagen a microscopía electrónica de la bacteria del Antrax. Iamgen: Departamento de Defensa de los Estados Unidos (DP).

La crin de caballo suele contener esporas de una bacteria llamada Bacillus anthracis. La bacteria sobrevive durante años en un estado de dormición formando esporas en el pelo del animal, hasta que logra entrar dentro del organismo de alguna víctima. Una vez dentro produce dos factores de virulencia. El primero es una cápsula antifagocítica que, como a los checos, permitirá a la bacteria evitar ser detectada por las defensas, actuará como un camuflaje perfecto para la infiltración. El segundo es la exotoxina tripartita o antrácica; esta tiene tres subunidades, como nuestro equipo. La primera se encarga de introducir a las otras dos en las células y es conocida como (PA), protector de antígenos. Las otras dos, casi imitando al dúo checoslovaco, serán las que eliminen al nazi, reciben el nombre de (EF) factor de edema y (LF) factor letal. Unidas se conocen como (LT) toxina letal. Una vez las bacterias detecten la humedad y la temperatura de la herida, despertarán reactivando su metabolismo. Luego, como la resistencia checa, se infiltrarán camufladas en el organismo del Carnicero, y tras unos días se lanzarán al ataque liberando en la sangre sus terribles exotoxinas; en pocas horas los delirios y la fiebre se adueñarán de Heydrich, después todos sus órganos fallarán.

Lo único que lo hubiera salvado sería la penicilina, pero afortunadamente el único que la poseía en aquellos días… era Winston Churchill.

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Mercedes de Reinhard Heydrich. Imagen: Deutsches Bundesarchiv. (DP)

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7 comentarios

  1. Pingback: La bacteria que ayudó a la resistencia checa contra los nazis

  2. Hola,

    Simplemente corregir la afirmación ya que no es correcta

    «Gabčík y Kubiš morirán sin saber que lograron su objetivo, …. »

    Gabčík y Kubiš sí que supieron antes de morir a manos de los nazis que su misión había sido completada con éxito, murieron un par de semanas mas tarde del fallecimiento de HH cuando estaban escondidos en la basílica de San Cirilo y San Metodio al ser delatados por uno de sus compañeros.

    Un saludo,
    Jacobo.

    • Hola, pues prometo que tenía entendido que no llegaron a enterarse… : / Ahora me pone en duda..

      • Jacobo

        Hola, he caido aqui de nuevo de casualidad googleando mi nombre, y veo esta respueseta. Asi que 2 anos mas tarde, simplemente decir que:
        4 de Junio, murio Heydrich,
        18 de Junio fue el asalto donde murieron Gabcik y Kubis.
        Ellos estaban escondidos en la cripta pero estaban informados a diario de lo uqe pasaba, sabian perfectamente que Heydrich murio.

        Un saludo

  3. Admiración eterna hacia Gabčík, Kubiš y Valčík. Al que esté interesado en saber más sobre la Operación Antropoide, le recomiendo el magnífico libro «HHhH» de Laurent Binet.

    • Loly Vallejo

      Yo leí ese libro, es buenísimo, tanto por la narración del hecho histórico, como por el relato paralelo de cómo un autor escribe una novela histórica

  4. Al que quiera saber más sobre la víctima, le recomiendo el escalofriante film de la HBO «La solución final» (Busquen, busquen…)

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