La explotación silenciosa

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Foto: Pixabay (CC)
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De un tiempo a esta parte tenemos a unos nuevos invitados en el mundo de los servicios personales. La sharing economy pero en su lado más pecuniaro: the gig economy. Uber, AirBnB, Lyft y todos los demás que, se supone, abren un espacio que los mercados regulados o controlados por unas pocas empresas que ponen barreras de entrada mantenían vedado. Espacio que utilizan personas que de otra manera no podrían ganar ese dinero extra, rentabilizando capital (una habitación, una casa vacía, un asiento de coche, su tiempo) que de otra manera estaría desaprovechado. Para que así otras personas puedan consumir a un precio más bajo. La tecnología hace que nos encontremos más fácilmente. Parece que ganamos todos, pero no es así.

De primeras, vamos a dejar algo claro: si estas plataformas existen y florecen es porque había y hay acuerdos entre oferentes y demandantes que no quedan resueltos sin ellas. Una demanda no cubierta junto a una oferta no desarrollada implica siempre una pérdida de bienestar. Siempre es una buena idea permitir que se encuentren en el mercado quienes querían pero no podían por problemas de información que la tecnología resuelve, o por límites impuestos por empresarios organizados que no quieren bajar los precios. Y aquí es donde suelen quedarse los argumentos a favor de DogVacay, de Postmates y compañía. Por desgracia, la economía de segundo de bachillerato no es suficiente para explicar todas las implicaciones que una liberalización total tendría sobre todos nosotros.

La consecuencia no deseada más clara, y también la más citada por los escépticos de estas plataformas, son los nuevos perdedores. Para aquellos que ya están en el mercado con unas reglas de juego determinadas, permitir la entrada de nuevos oferentes tiene un coste obvio. Ahora, por ejemplo, el taxista madrileño que pagó un riñón por su licencia y esperaba recuperar la inversión en mil carreras más, qué hace con el crédito que pidió al banco. Desde un punto de vista normativo resulta discutible si cambiar las reglas a mitad de partido es justo o no sin ofrecer una compensación a cambio. Pero desde un punto de vista estratégico es evidente que la compensación es necesaria para facilitar el desbloqueo de la reforma. Un periodo de transición, amortiguación del golpe, como se le quiera llamar. Puede que muchos piensen que madre mía, que qué desastrosa paradoja, dedicarnos ahora a ayudar a quienes mantenían los precios artificialmente altos y la oferta intencionadamente baja para asegurarse su cuota de mercado e ingresos. Así es: discutible. Pero ineludible si queremos lograr mayorías a favor del cambio.

No hace falta posicionarse del lado del empresario para observar los problemas de la liberalización. Es suficiente con darnos una vuelta por, no sé, una zona urbana de alta densidad turística cualquiera. Una hipotética proliferación de apartamentos para turistas fuera de la regulación habitual causaría bastantes molestias a los vecinos. Ruidos a deshoras, fiestas, contaminación y deshechos, sobreconsumo de recursos y espacios públicos, o en su defecto el coste impositivo de solucionar todos estos problemas… Cosas conocidas en jerga de economistas como «externalidades negativas», efectos inesperados de nuevos acuerdos producidos por el mercado. Eso por no hablar de que las regulaciones no solo sirven para proteger mercados cautivos: también existen para asegurar a los clientes. Un taxi o un apartamento para estancias cortas cuenta con seguros especiales, con una serie de garantías e instalaciones mínimas requeridas. Dejar en la sombra o en la liberalización total a las opciones ofrecidas por las plataformas online permiten al oferente recortar en gastos a costa de nuestra seguridad. Cualquiera que haya hecho uso habitual de AirBnB, por ejemplo, se habrá encontrado con algún caso, digamos, extraño. Yo, sin ir más lejos, recuerdo haber reservado con unos amigos una habitación en un «bonito apartamento compartido en casa de una planta» en Donosti que resultó ser un hostal encubierto con veintidós camas distribuidas en once literas, puertas sin pomo que se bloqueaban solas, cuartos de baño insalubres y cocina de gas con alegres velas hippies preocupantemente cerca. Por todo ello tal vez es una buena idea liberalizar, sí, pero sin destrozar los derechos de los consumidores.

Hay un tercer aspecto que, sin embargo, ha pasado más bien desapercibido en el debate sobre la conveniencia de dejar que estas plataformas campen a sus anchas. Hemos hablado de empresarios y hemos hablado de clientes, pero apenas lo hemos hecho de trabajadores. Sitios como Uber o AirBnB se anuncian como meros «intermediarios» entre algo parecido a autónomos ocasionales que disponen de un capital (tiempo, conocimiento, espacio, un vehículo, una serie de habilidades sencillas) que pueden poner en el mercado, y aquellos que desean pagar un precio moderado por dicho capital. Pisos compartidos ocasionalmente, personas que dedican una parte de su tiempo libre a ofrecer sus capacidades, alguien que hace de taxista momentáneo en su propio coche… Esa es la imagen (habitualmente con personas sanas, jóvenes, sonrientes, casi radiantes) que se nos planta en la cabeza. Pero muchas veces la realidad es bien distinta. Sobre todo en Estados Unidos, donde más y más personas viven del trabajo que proviene de estas plataformas en una explotación (cada vez menos) silenciosa. O, mejor dicho, sobreviven. Algunos ni tan siquiera eso.

Pensémoslo bien: se trata de oferentes que no disponen apenas de poder de mercado para marcar sus precios pero que, sin embargo, dependen casi enteramente de una plataforma para ser visibles de cara a sus clientes. El poder real reside en quienes solo se pretenden intermediarios, y aquellos que se supone son meros autónomos se saben, en realidad, empleados. Sin unión, sin capacidad de negociación, sin herramientas para mejorar la productividad de manera coordinada, y por tanto obligados a competir «a la baja» por salarios (precios) con sus cotrabajadores (competidores).

¿Por qué este fenómeno es particularmente intenso en EE. UU.? Las razones son varias, y todas nos ayudan a mirar un poco hacia lo que podría ser nuestro futuro, o una parte del mismo. Para empezar, es el lugar de nacimiento de la mayoría de estas plataformas, y el uso de las mismas (así como de las soluciones telemáticas en general) está bastante más avanzado que en otros países. Sin embargo, hay otros factores bastante menos superficiales. Por un lado, se trata del país occidental donde los trabajadores tienen menos poder, menor capacidad de organización, y los empresarios disponen de una mayor capacidad para disponer de sus empleos. Por otro, es allá donde la tecnología está generando una mayor segmentación entre tipos de trabajadores: aquellos cuyas habilidades y conocimiento se complementan bien con los avances técnicos centrados en la mayor capacidad de computación, aquellos que hasta ahora realizaban tareas repetitivas fácilmente sustituibles por una máquina que tienden simplemente a desaparecer, y aquellos que tienen trabajos no rutinarios (y por tanto no convertibles en un algoritmo) pero tampoco particularmente cualificados, sobre todo en el ámbito de los servicios personales. El fenómeno de crecimiento del primer y tercer tipo de trabajos a costa del segundo se conoce como polarización, y es el economista David Autor quien más y mejor ha trabajado sobre el tema. Parece que se da más en Estados Unidos que en otros lugares, en tanto que se trata de un mercado laboral más liberalizado y con mayor presencia de innovaciones tecnológicas. Es en este espacio donde las plataformas «intermediarias» de servicios personales vienen a triunfar.

Pensemos por un momento en un modelo simple y caricaturizado de sociedad occidental, pero que sirve para ilustrar la idea. Por un lado tenemos a un grupo de gente que dispone de habilidades ampliamente demandadas por el mercado laboral. Una hora de su tiempo, por tanto, vale mucho dinero porque hay bastante gente dispuesta a pagar por ello. Por el otro nos encontramos a otro grupo que tiene habilidades menos apetecibles para los empleadores. Pero sin embargo disponen de capital que poner a disposición de aquellas personas que están en lo alto de la escala laboral. Pueden llevar y traer, alojar, cortar el pelo o cuidar a los niños de quienes disponen de los mejores puestos de trabajo. Estos se permiten pagar por dichos servicios en tanto que una hora de su tiempo es más valiosa que su precio. Nada nuevo bajo el sol de la especialización de la economía: lo único que cambia es la intensidad de la polarización y la atomización de quien se encuentra en el extremo pobre del continuo.

Ni lo uno ni lo otro elimina el potencial de conflicto inherente a cualquier relación de explotación (permítanme el ramalazo). Por mucho que las plataformas se empeñen en autocalificarse como meros lugares de encuentro, puros marketplaces, en realidad quienes para ellas trabajan ya se han dado cuenta que son mucho más que ello. La atomización y la polarización retrasan y dificultan la organización de los trabajadores, pero no la eliminan. Ya tenemos huelgas y manifestaciones llevadas a cabo por conductores de Uber, por ejemplo. No estamos ante una revolución en el mercado laboral, ni de servicios. Se trata, si acaso, de otra vuelta de tuerca a una tendencia general de liberalización segmentada (llamémoslo así) en las economías occidentales, donde unos salen ganando mucho más en poder de negociación, en capital humano, en salarios, que otros.

En resumen, sí: es una excelente noticia que ahora podamos dar más espacio al mercado, facilitar encuentros que antes no tenían lugar. Bienvenidas sean, pues, estas plataformas. Cualquier intento de prohibirlas completamente es una ilusión al mismo tiempo reaccionaria y tecnocrática. Pero no nos dejemos engañar por el espejismo de interfaces limpias y agradables, llenas de luminosas fotografías de stock, envueltas en música de ukelele de fondo. Aparte de los costes de transición, además de las externalidades negativas, el viejo dilema entre libertad y seguridad económica se repite como lo hacía hace décadas, siglos. Como siempre, la elección es tan necesaria como política.

Si asumimos que prohibir el progreso no es lógico, nos quedan tres opciones. La primera es la ruta liberal. Favorecer que todo aquel que pueda ofrecer la parte que desee de su capital y su tiempo lo haga como considere. Dejar que se compita por precios (un salario no es sino un precio por hora de trabajo) y ya está. Tendremos que aceptar a cambio la desigualdad, para algunos un pequeño precio a pagar a cambio de más crecimiento, más mercado. La segunda opción es mantener la situación comparativamente privilegiada de quienes ya estaban en el mercado mientras se permite a los nuevos actores operar en un marco legal distinto o, al menos, difuminado. Esto es lo que pasa hoy en día en España, y se trata a todas luces de una alternativa poco sostenible en el largo plazo. Por último, podemos cambiar la regulación existente facilitando la entrada de nuevos actores pero pidiendo como contrapartida una mínima norma homogénea que asegure la posibilidad de negociar, de canalizar conflictos en plano de igualdad para todos los participantes del mercado. Además de la existencia de una red de seguridad con cobertura universal que (financiada, de nuevo, por todos: plataformas, oferentes y de manera indirecta clientes). Sí, efectivamente: hablamos de regulación laboral y de estado de bienestar. O es que creíamos que los clicks nos iban a librar de la política.

Yo sé cuál es la que deseo para mi país. Pero es una elección meramente normativa, que solo puede explicarse por mis preferencias a favor de la igualdad. El debate queda abierto, y eso es lo que cuenta.

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36 comentarios

  1. Pingback: La explotación silenciosa

  2. «Ahora, por ejemplo, el taxista madrileño que pagó un riñón por su licencia y esperaba recuperar la inversión en mil carreras más, qué hace con el crédito que pidió al banco. Desde un punto de vista normativo resulta discutible si cambiar las reglas a mitad de partido es justo o no sin ofrecer una compensación a cambio.»

    Bueno, yo me pregunto quién impone los precios a pagar por una licencia de taxi y entre quienes se lleva a cabo la transacción económica.

    ¿Es el Ayuntamiento de Madrid el que vende dichas licencias a precios de 100 o 300 mil euros cada una o dicha cuantía es producto de la ESPECULACIÓN pura y dura que se da entre actores privados y particulares?

    ¿Porqué hay que garantizar con dinero público el producto de una especulación puramente privada?

    ¿Por que los taxistas son trabajadores no cualificados y dan penita?

    ¿O es que el Estado devuelve el coste de las carreras universitarias a aquellos licenciados que no encuentran trabajo de lo suyo o ganan menos de lo esperado?

    • javier

      Creo que el autor debe estar de broma defendiendo que hay que compensar a los taxistas…

      Este tipo de tecnologias son un salto adelante. Una disrupción en el mercado. Todo lo que sea legislar contra el desarrollo de la tecnología es una medida retrograda.

      No creo que se pagará a los dueños de la infraestructura del telegrafo cuando se invento el telefono o a los dueños de los teatros y cines cuando llego la televisión.

      • Maiks

        estoy de acuerdo en pensar que es un disparate tener que compensar a quién ha creado una burbuja especulativa, sin embargo al sector del taxi es dificil plantearle cambios sin ceder. Te paralizan la M30 el día de la comunión de la Princesa Leonor o en el Mobile Wold Congress. gestiona eso si puedes

  3. ¿Habría sido razonable que los fabricantes de ábacos protestaran por la invención de la calculadora?

  4. No estoy a favor de compensar a los taxistas, lo que me pregunto en el texto es si es viable llevar delante una liberalización sin hacerlo. No es preferencia normativa, es realismo político.

      • Oscar Puerto

        Es curioso como en este tercer intento de liberalización del sector del taxi se esgrime la economía colaborativa como motor de cambio y beneficio para la sociedad.
        Por partes.
        Uno, Uber NO ES CONSUMO COLABORATIVO.
        Según el dictamen de la UE sobre el consumo colaborativo uno de los puntos claves y mas benficioso para la sociedad de este tipo de economía es la disolución de las graves asimetrias que provoca la relación entre consumidores y empresas que crean bienes de consumo.
        Me pueden decir que uber no es un centro de gravedad que impone tarifas, planeamiento del transporte urbano y formas de relacionarse con asociados y consumidores. Porque uber no es solo una plataforma que pone en contacto a viajeros y particulares. Esa es la mentira que nos quieren hacer creer cuando en realidad el transporte esta siempre planificado por ellos e imponen el ecosistema a la hora de viajar. Ya no hablamos de condiciones de los asociados. Hablamos de que el usuario al instalar su aplicación renuncias a entablar disputas con ellos. Es decir cuando subes a un Uber, literalmente estas es sus manos. No hay organismo público que te pueda defender de sus arbitrariadades.
        Adalides de la economia colaborativa ya se estan desmarcando de esta manera de proceder porque manchan el concepto de colaboración entre particulares. El portal Ouishare, uno de los mas señeros en la economía colaborativa reconoce que Uber no es economía colaborativa:

        http://magazine.ouishare.net/2014/10/the-quest-for-new-values-1/

        Por otro lado, liberalización, ok. Demos mas licencias vtc, no me voy a rasgar las vestiduras. Todo según la ley y cumpliendo con ella.

  5. Teresa

    Hola profesor, un gusto leerte. Me has hecho reflexionar, pero también me has hecho acordarme de los miles y miles de compañeros profesionales del audiovisual (cine, tele, documentales) o de la industria musical que se formaron, estudiaron una carrera universitaria,,Comunicación Audiovisual la mayoría, otros Escuelas de Cine o estudios de interpretación o de música, se profesionalizaron gracias al empleo y disponible y la oferta cultural que se apoyaba, y un buen día y de un plumazo todo ese capital humano se va a tomar viento porque se «cambian las reglas a mitad de partido» y resulta que el sector ya no interesa a nadie o cuesta un dinero que no se tiene (cierre de televisiones, IVA cultural al 21%, falta de incentivos y ayudas suficientes a estos ámbitos culturales, etc) sin ninguna compensación a cambio. Entonces ahí es donde pienso por qué si hablamos de los miles de empleos que pierden los hoteles y taxistas, porque ahora hay ofertas más baratas que tienen demanda ante una sociedad ahogada y que necesita reducir sus gastos, nos estamos preocupando, que me parece bien, pero sin embargo con otros sectores que se destruyen o desaparecen, no hay la misma preocupación ni un mínimo gesto de apoyo a su «reconversión», que tiene que salir de sus propios bolsillos, y como bien sabes invertir en estudiar más para tener nuevas vías. Un saludo profesor. Una exalumna tuya.

  6. Buenos días. Soy taxista y quiero exponer otro punto de vista en los comentarios, voy a ver si mi intelecto da lo suficiente y hago una exposición clara.

    Primero, el taxi. El taxi es un servicio público realizado por actores privados mediante una concesión administrativa. Esa concesión administrativa la realiza el ayuntamiento de cada ciudad. Hay algunos ayuntamientos que realizan un sorteo y otros como el de Barcelona que simplemente hace una subasta, quien mas dinero tiene se lleva esa concesión. Este permiso se puede traspasar a otros actores cuando la persona titular se jubila. Aquí viene uno de los puntos que mas polémica suscita entre la opinión pública, la compra venta de licencias. Algunos dicen que esto es una mafia entre taxistas y que se ponen de acuerdo para que nadie pueda entrar en su monopolio.
    Les explico, si ustedes quieren se van a la IMT (institut Metropolitano del Taxi) se encontrarán nada mas entrar un tablón de anuncios donde hay personas que venden su licencia. Si a ustedes le parece bien el precio, acuerdan un día y delante de un funcionario del Ente se hace le traspaso. Hay una persona que quiere vender y otra que quiere comprar. Uno obtiene una ganancia y otro se hipoteca para pagar la licencia. Se puede aducir con toda la razón que hay una ganancia por parte del vendedor de la venta de una concesión administrativa. Pero es que es el ayuntamiento el que ha montado el sistema así. Pero no hay mafia, no hay monopolio en ese sentido y todo está controlado por Hacienda. Si te toca pagar a hacienda lo vas a tener que hacer. Y un detalle, el que ha vendido previamente ha tenido que comprar. A nadie le regalan las licencias en los paquetes de cereales (excepto según cuentan las leyendas aquellos a los que les regalaron las licencias por colaborar con la brigada político social). Ahora por ejemplo, el que ha comprado la licencia hace 5 años si la vende ahora aparte del estacazo que le mete Hacienda va a perder mucho dinero porque el precio está bajando por la ley de oferta y demanda.
    Los precios no los marca el taxista a su libre albedrío, sino una comisión municipal en la que si están los taxistas pero con una decisión consensuada entre todos.
    Se podrá aducir que los precios son caros, vale. La presión de nuevos actores hará que bajen los precios al existir mas competencia. Es una falsedad que no haya mas competencia al taxi. Hay muchas empresas VTC (vehículos de alquiler con conductor) que funcionan y que nos quitan mucha clientela. Y empresas como cabify ,startup española, que están haciendo muy bien las cosas, más baratos que el taxi y con las mismas funcionalidades de ubre y taxis. Porque otra de las falsedades es que el taxi no se moderniza. Es de esas mentiras que a fuerza de repetirlas quien convertirlas en verdad. Hace ya mucho tiempo que funcionan aplicaciones muy potentes como Hailo o MyTaxi que funcionan igual que uber, es decir, pedir un vehículo, ver el tiempo de espera, pagar a través de App, valorar al taxista etc. Lo MISMO que uber. Y otras aplicaciones como Joinup otra startup española para compartir taxi.

    Vayamos ahora al tema Uber. Como funciona en España. Aquí solo tienen disponible un servicio UberPop. Este servicio emplea a conductores particulares que hacen lo mismo que un taxi pero sin licencia, sin pagar impuestos de ningún tipo y sin un seguro adecuado. Desde Uber se aduce que estos conductores sólo comparten gastos con los usuarios que les llaman. Hay que ser tremendamente cínico para decir eso. Máxime cuando desde portales tan emblemáticos como Ouishare se desmarcan de ellos.

    http://magazine.ouishare.net/2014/10/the-quest-for-new-values-1/

    Estos “asociados” como les gusta llamar a Uber ganan dinero con sus viaje, es decir, no son solo los gastos del viaje los que te cobra Uber sino que hay una ganancia para el conductor que evidentemente no declara. Desde Uber se dice que las transacciones son claramente trazables, es cierto, como todo va con visa Hacienda puede meter mano rápidamente. Esto nos lleva a unos de los puntos más negros de Ubre respecto a sus asociados. Y es que para Uber, los asociados son “expendables”. Uber sabe perfectamente que es una actividad ilega, sabe que manda a sus trabajadores a la calle con la posibilidad de que sean multados con más de 4000€, que hacienda les meta un palo de órdago cuando empiece a investigar….y le da igual. Ellos solo quieren el 20% de sus viajes. Ya vendrán otros a cubrir el hueco del pobre que pensando que estaba haciendo una actividad legal se encuentre con una multa de 8000€. Que si, que dice Uber va a recurrir todas las multas…si claro.
    En cuanto a los precios, otra mentira que si se repite muchas veces quieren que se convierta en verdad. En Barcelona dicen que son un 20% más baratos que el taxi. Menos mal! sin pagar impuestos para que fuera más caro que un taxi……pero es que puede ser más caro, mucho más caro gracias al surgue price.
    Este sistema es la joya de la corona y por la que inversores como Goldman Sachs ha invertido tanto en la compañía. Cuando hay mucha demanda Uber para incentivar a que haya más coches aplica a sus tarifas un multiplicador que puede llegar a x8. Esto hace que un viaje de 20€ se convierta en una pesada broma de 100€ o más. Ellos dicen que cuando contratas el coche te dicen el coste estimado pero como mucha gente no lo mira luego llegan las sorpresas. Y según reciente estudios muchos conductores se esperan a activar el servicio cuando hay aviso de surgue price (para los conductores ya que no avisan a clientes) y salen a ver si cazan un servicio de estos.
    Por cierto que Cabify es también un 20% más barato que el taxi, pero mira, lo hace de forma legal.

    En cuanto a la liberalización del servicio, ok hablemos. Es muy bonito cuando a uno no le tocan el bolsillo poder hablar de liberalización de otros sectores. Porque no olvidemos que el sistema lo monta el Estado, Ayuntamiento y Comunidades Autónomas que fijan las normas para que una persona pueda prestar el servicio.
    Por ejemplo, la privatización de Renfe. El gobierno va a convertir a Renfe en 4 empresas. Una de ellas va admitir a operadores privados en sus vías. Estas empresas van a tener que pagar por poder operar en las infraestructuras viarias (curioso como el taxi) mantener unas características de servicios (curioso como el taxi) y mantener unos precios más o menos racionales. Entonces llega el uber de los trenes y dice, mira no, que estais muy anticuados y que pongo yo mis trenes en las infraestructuras que vosotros estáis pagando y saco un montón de beneficios ya que solo soy una intermediaria entre el cliente y el operador al que estrujo hasta la muerte. Y yo tan campante, claro porque no pago la concesión ni nada por el estilo. Esa es la liberalización que pretende uber con el transporte.

    Y ya por último, una reflexión. Vaya sociedad que nos va quedando donde todos los colectivos están buscando aquellos sectores donde todavía no se ha precarizado el trabajo y claman a los cuatro vientos para que se hundan el barro. Ahora son los taxistas, mañana?….los profesores, los médicos, etc. Curiosamente los sectores donde los adalides del consumo colaborativo de pega han puesto sus ojos.
    Estamos en un circo romano por donde van pasando las personas a enfrentarse a las multinacionales de turno y donde los espectadores sedientos de sangre vociferan para que sean los siguientes sacrificados en aras de una modernidad “no se le puede poner puertas al campo” que solo esconde precariedad, miseria y un yate fabuloso para el creador de la siguiente app que se pueda saltar la poca legislación que quede.
    Que os aproveche.

    • Francesc

      Gracias Sr. Puerto por unas explicaciones tan claras y concisas. Nos ha ayudado mucho a entender como tras una cierta papanatería de modernidad se nos están volviendo a colar los métodos de explotación de toda la vida. Mucho listo comisionista anda suelto, también.

      • La parte Colaborativa no la veo muy clara (comisión del 20%). Y las posibilidades de aprovechando el efecto red convertirte en un operador muy muy dominante me parece que deberían poder despertar algún recelo a quien se preocupe por la Competencia.

    • DOMINGO

      Muy ilustrativo. Ha dejado muy claro lo que es Uber:bajos sueldos y sin regulación

    • Blacky

      …¿y alguien se ha parado a pensar en los conductores explotados por los mismos taxistas propietarios de licencias y por las flotas?, ¡Vaya!, parece que no.

      Aunque estando de acuerdo sobre Über, le voy a dar mi opinión al respecto

      ¿Que el sistema de licencias lo ha montado el Ayuntamiento en cuestión?, nos ha fastidiado, no lo he montado yo, eso está claro. Seguramente sea deficiente cuando permite la especulación existente en el mercado de las licencias de taxi y de ahí que unos pocos con «pasta» puedan dedicarse a especular, comprar barato y vender caro para enriquecerse de alguna manera. Nada nuevo bajo el sol, la especulación no se ha inventado antes de ayer. A parte de que sería ya desternillante que por esas operaciones no se tuviesen que pagar impuestos, como sí solo ellxs lo hiciesen. Si quieren especular, que paguen, así de claro, ya sean taxistas, inmobiliarias, apps, o San Pedro.

      Que el taxi es un monopilio es un hecho. Y cuando a un monopolio le salen competidores, por su propio ser, intenta deshacerse de ellos. Así pues y, criticando mucho y sin estar de acuerdo con las maneras de introducirse en el mercado, bienvenidas sean las apps, los nuevos actores y los nuevos usuarios. Quiero decir que debería regularse como es debido y no dejarlo en manos de liberales sin corazón que lo único que harán precarizar todavía más el sector

      Pero volviendo al principio, ¿alguien se ha parado a pensar en los conductores explotados?, es más, yo me pregunto ¿por qué se permite tener conductores asalariados (en muy precarias condiciones)?, ¿por qué se permite el alquiler de licencias a precios abusivos que hacen que taxistas tengan que trabajar más de las horas permitidas para poder pagar la licencia y sacarse un sueldo?, ¿por qué permiten esto los mismos taxistas?, ¿por qué no se manifiestan en el ministerio de fomento y cargan contra los precios de los carburantes?, ¿por qué al final y como siempre se criminaliza al usuario?, realmente ¿es el taxi un servicio público?, ¿para qué tipo de público?, ¿por qué se le debe pegar una vuelta por Madrid a un turista?, ¿por qué los suplementos, qué sentido tienen?… Creo que el sector del taxi debe responder también muchas preguntas y mirarse un poco al ombligo, aunque eso no quita que vuestra lucha sea legítima, pero por favor, sed realistas y no vengáis de mártires.

  7. Manuel

    Algunas valoraciones desde el punto de vista del Derecho de Competencia-CNMC http://cnmcblog.es/2014/07/16/economia-colaborativa-y-regulacion/

    • Oscar Puerto

      Es curioso como las grandes multinacionales siempre esgrimen la libre competencia. Claro, campo libre para imponer sus formas de entender la libre competencia. Arrasando todo el tejido productivo de pequeño comercio y imponiendo sus condiciones. Ha pasado con las superficies comerciales, ahora los taxis, ety. Pero hoy no he venido a hablar de mi libro sino de una palabra mágica, «desintermediación»
      Uber va a ser un ejemplo de libro estudiado en las principales escuelas de negocio a las que yo no podré llevar a mis hijas, de como sustituir a las instituciones públicas en lo concerniente a legislación sobre el sector, responsabilidad sobre el ámbito local y derechos de los trabajadores. Te va a contratar una app, vas a trabajar a las órdenes de una app, los usuarios de esta app van a tener tanto poder sobre ti que si quieren con ponerte una estrella de valoración te ponen en riesgo de ser despedido. Despido sin ningún tipo de garantía ya que solo basta con ser «desactivado». Y con nulas garantías de proteger tus derechos ya que aquel que ose tuitear alguna crítica contra la empresa recibirá una desactivación de 24 a modo de advertencia (es la versión moderna de los matones que iban a ver a los lideres sindicales) y si persistes desactivación total. Pero ey! todo muy colaborativo.

  8. Buen artículo y muy interesantes los enlaces. En principio, estoy a favor de la liberalización. Pero cuando tras darle al click te enteras de que Uber despide a un conductor por tuitear que un cliente le ha atracado, que conductores que se han quejado a Uber por enviarles a recoger borrachos Uber luego los deja sin servicios, que les rebajan las tarifas y aumentan las comisiones sin previo aviso, que se niega a toda negociación colectiva, etc… Pues me dá como un déjà vu tipo S XIX y ganas de gritar Germinal ! Germinal !
    Esta empresa parece más una foma novedosa y despiadada de explotación que otra cosa.
    Y de acuerdo con que a largo plazo, es imposible ponerle puertas al campo. Lo que nos lleva a que de alguna forma, habrá que establecer un sistema de regulación de estos servicios. Por lo menos, para garantizar unos derechos laborales básicos a sus trabajadores.

  9. Araban

    Creo que se ha pasado por alto el tema de la competicion. Si Uber tiene exito, no puede explotar a los conductores indiscriminadamente. De hecho, ya hay otras apps que le hacen la competencia a Uber, y los taxistas que quieren pueden elegir entre varias apps, y asi me lo explico un conductor de Uber en Londres.
    Al final, esta es la belleza de los mercados que funcionan, que limita las posibilidades de explotacion de los actores. E insisto, cuando los mercados funcionan.

    Respecto a los que han comprado la licencia, pues igual que quien compro un piso en 2007, han perdido una barbaridad de dinero. Si montas un bar y te va mal, pierdes dinero. Si compras una licencia y surgen apps del estilo Uber, pierdes dinero. Oferta y demanda.
    Entiendo que la gente se queje si se rescata a unos y no se compensa a otros, pero por lo demas… poco que objetar.

  10. Srta Blaine

    Muy útil lo explicado, Oscar Puerto. A ver si nos damos cuenta de que tenemos que recuperar nuestras instituciones y luchar contra las multinacionales que sólo traen precariedad laboral, miseria y desigualdad.

  11. Srta Blaine

    Poca belleza veo yo en que sí o sí tengan que sufrir o vivir mal personas durante años para que las grandes empresas no exploten a sus trabajadores. Debemos luchar por una sociedad justa, el mercado seguirá existiendo, no puede ser de otra manera, pero no por encima de la justicia y del bienestar. Cualquier paso en contra de esto, es un paso atrás en la evolución social. La injusticia no se puede permitir, que Über trabaje con los taxistas que pagan sus impuestos (que disfrutamos en forma de colegios,hospitales, carreteras. ..)y dan trabajo a personas que cotizan y pagan su seguridad social, y si no consigue suficiente beneficio o ellos no precisan de sus servicios porque hay otras Apps será que no es necesaria

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  13. rptgomez

    No se está entendiendo nada: estamos ante un nuevo paradigma económico cuya punta de lanza mediática es Airbnb, blablacar, etc., pero esa es la punta del iceberg. Recomiendo al autor del post la lectura del libro de Albert Cañigueral (http://amzn.to/1KjcQ3H). En ese libro se pueden encontrar multitud de ejemplos en donde se ve que nos dirigimos a un modo de supervivencia en el que un empleo seguro para toda la vida ya no existe: necesitamos varias fuentes de ingresos y la economía colaborativa es una consecuencia de ello. ¿Qué pasa, que porque me gane 100 eurillos a través de Etsy.com gracias a MI TRABAJO le estoy haciendo la competencia desleal a Zara, si además declaro esos ingresos? ¿Está mal si comparto mis herramientas con el vecino porque así Leroy Merlin vende menos? O peor aún, ¿que una familia india no me puede enviar su trabajo directamente pero sí puedo hacer donaciones a ONGs? Todo este discurso en contra de Uber, etc. me suena a la misma cantinela cuando comenzaron a venderse billetes de avión o de tren por Internet, ¿competencia desleal a las agencias de viajes super-hiper-reguladas u optimización de costes y mejor servicio al ciudadano? Esto no es simple pero los beneficios para la gente son evidentes.

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