Battlestar Galactica, apuntes y reflexiones (I): la frontera interestelar y la guerra absoluta

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Imagen: ABC.
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Esto de la cultura friki está alcanzando tal grado de generalización que, por un lado, se considera especial algo que se ha convertido en cultura de masas y, por otro, nos cargamos de prejuicios ante un determinado tipo de contenidos.

Antes de sentarme a ver del tirón (que es como se ven las series buenas) todas las temporadas de esta epopeya interestelar no sabía que iba a descubrir una de las series más interesantes de la historia de la televisión, que logra mezclar con bastante equilibrio la acción y la reflexión, el entretenimiento y la trascendencia, la aventura y la filosofía.

Para explicar dónde creo que reside el máximo interés de esta serie nada insustancial comienza aquí una colección de cinco artículos. Emprendemos una odisea por el tiempo y por el espacio, una historia circular que empieza en el futuro y acaba en el pasado, un viaje repleto de referencias políticas, religiosas y filosóficas, de Carl von Clausewitz a F. J. Turner; de Alexis de Tocqueville a Carl Schmitt; de Friedrich Nietzsche a Walter Benjamin

Al final de esta primera entrega incluyo una guía para disfrutar la historia en perfecto orden cronológico. Y, por supuesto, lo que viene a continuación CONTIENE SPOILERS.

La serie moderna

La serie Battlestar Galactica (2003-2010) denominada «reimaginada» se basa en la antigua serie homónima de 1978 y en su secuela de 1980. Deseo destacar especialmente la miniserie y las tres primeras temporadas; la cuarta me parece demasiado mística, mucho más inconsistente y desigual; en definitiva, menos interesante. Si uno busca errores científicos o paradojas en el guion, los encontrará; pero, cuando nada tiene sentido si las naves espaciales no viajan a más velocidad que la luz y cuando hay que mantener la trama durante más de setenta y cinco episodios, esas cosas ocurren y las puede descubrir cualquier espectador atento. Conviene quedarse con que su pretensión no es la de ceñirse a la teoría de la relatividad especial.

Caprica (2010) no es la misma serie, aunque es de los mismos creadores y se presenta como precuela de Battlestar Galactica. Narra los acontecimientos que explican el origen de los cylon de las Doce Colonias y su animadversión hacia los humanos.

La Universal parece que quiere llevar a la gran pantalla un largometraje basado en Battlestar Galactica (reimaginada), y se rumorea que se ha encargado el guion a Jack Paglen, el guionista de Trascendence (2014).

La complejidad psicológica de los personajes, la magnitud de la historia, los distintos escenarios y el potencial argumental, entre otros factores, hacen que Battlestar Galactica (reimaginada) reúna características de muchos géneros y subgéneros como la ciencia ficción, el género de aventuras, el bélico, el político, el social, el jurídico, el documental —con momentos que recuerdan a El ala oeste de la Casa Blanca, La guerra de las galaxias, La caza del Octubre Rojo, Yo Robot o Blade Runner— y con complejas interrelaciones en sus guiones: religiosas, filosóficas, mitológicas y literarias… para alguno, esta serie resulta paradigmática de esa «narración transmediática e hibridación de géneros en la ciencia ficción».

Sinopsis

El hombre es originario del planeta Kobol, hogar también de los dioses según la tradición religiosa politeísta mayoritaria. Cuando las condiciones de vida se tornaron insoportables (hace cuatro mil años), los humanos tuvieron que emigrar por el universo y establecerse en otro lugar. Se fundaron así las Doce Colonias de Kobol, aunque la misma tradición cuenta que hay Trece Colonias; pero la decimotercera (la Tierra) se considera un lugar mítico. En una de las Doce Colonias (Caprica) el hombre jugó a ser Dios y construyó unos robots con cierta conciencia humana: los cylon. Estos se rebelaron y, tras una larga guerra, ambas partes firmaron un armisticio. Medio siglo después, los primeros cylon (centuriones) evolucionan hasta producir nuevos diseños: naves espaciales de combate semiorgánicas y androides tan perfectos (e imperfectos) como el ser humano, prácticamente indistinguibles, excepto porque solo hay doce modelos y, de al menos siete de ellos, existen millares de copias, que también se utilizan para traspasar la conciencia de un cylon humanoide muerto a otro cuerpo idéntico. Tras cuarenta años de paz, los cylon atacan las Doce Colonias y aniquilan a casi todos los humanos con armas nucleares. Solo quedan con vida unos cincuenta mil, que huyen de los cylon en busca de otro planeta en el que asentarse y reproducirse para salvar a la raza humana de la extinción. Todos los supervivientes viajan en una flota de naves espaciales protegidas por una única estrella de combate: Galactica, comandada por William Adama. Sus armas y sus pilotos son lo único que los humanos tienen para protegerse de los feroces ataques de los cylon, que continúan la persecución hasta los confines del universo. Como si hombres y cylon estuvieran predestinados a cruzar sus caminos, cuando una serie de señales y profecías religiosas guía a los humanos hacia la Tierra, también los cylon (monoteístas radicales) creen estar cumpliendo los designios de Dios dirigiéndose al mismo lugar.

Los protagonistas de Battlestar Galactica (reimaginada). Imagen: ABC.
Los protagonistas de Battlestar Galactica (reimaginada). Imagen: ABC.

Personajes principales

Tras la destrucción de Caprica, sede del Gobierno de las Doce Colonias, la presidencia recae automáticamente en la número 43 de la sucesión, una maestra con el cargo de secretaria de Educación en el Gobierno: Laura Roslin (Mary McDonnell). La única nave militar a cargo de la seguridad de la flota de supervivientes es la estrella de combate Galactica, cuyo comandante, y a la sazón máxima figura militar, es William Adama (Edward James Olmos), aunque luego aparecerá otra estrella de combate con una opinión distinta de las prioridades en tiempo de guerra, la Pegasus, cuya comandante y superior de Adama es la almirante Helena Cain (Michelle Forbes). Bajo las órdenes de Adama sirven, entre otros, su hijo, el capitán Lee «Apolo» Adama (Jamie Barber), que debe solucionar varias diferencias con su padre; el subcomandante Saul Tigh (Michael Hogan), que tiene problemas con la bebida y una relación tempestuosa con su esposa Ellen (Kate Vernon); y la teniente Kara «Starbuck» Thrace (Katee Sackhoff), una excelente aunque rebelde piloto que iba a casarse con el otro hijo del comandante Adama, que falleció dos años antes. Por otro lado, destaca el personaje de Tom Zarek (encarnado por Richard Hatch, uno de los protagonistas de la serie original), un terrorista convicto que quiere hacerse con el poder mediante un discurso populista. Otro de los protagonistas absolutos es el doctor Gaius Baltar (James Callis), un genio científico egoísta, con una personalidad escéptica y dual, que facilitó a los cylon (sin saber lo que eran y sin conocer sus intenciones) los secretos del sistema de defensa que provocaron el holocausto y que llegará a ser profeta y presidente. Entre los cylon, destacan el modelo número Seis (Tricia Helfer), más vulnerable emocionalmente de lo que parece (y una de las cuales, Caprica Seis, entabló una relación con Gaius Baltar, tras la cual, ambos conversan con el alter del otro: dos fantasías subconscientes que se revelarán ángeles); el modelo número Ocho (Grace Park), a la que se le han programado sentimientos más humanos; el modelo número Dos, Leoben (Callum Keith Rennie), que tiene la capacidad de ver el destino; y el modelo número Uno (Dean Stockwell), que es el mayor opositor de los humanos porque, precisamente, posee sus peores cualidades.

La frontera interestelar

Aunque no se trata de algo explícito, el concepto de frontera se revela en esta serie como algo implícito en el concepto de confín, de viaje hacia ninguna parte. Prevalece en toda la serie la frontera como un espacio abierto (nunca mejor dicho). Se trata de lo que se entiende en inglés como frontier, una línea territorial provisional en el avance expansivo de un pueblo o que separa lo conocido de lo desconocido y cuyo significado se ve influido por una serie de categorías mentales. Y dicho espacio, en este caso, no es una franja fronteriza, es todo el universo.

Además, es habitual que en las representaciones cinematográficas de la frontera aparezcan una serie de características, como la sublimación heroica de algunos personajes, la narración de una historia épica y, en ciertos contextos, como el de Battlestar Galactica, también mística. Es normal, asimismo, que emerjan interrelaciones sociales y culturales entre distintos pueblos, mediante las cuales se revela el concepto de alteridad. En este caso, bastante particular, tanto el uno (los humanos) como el otro (los cylon) comparten la misma situación en una misma frontera que se puede considerar infinita. Porque además, en este caso, la frontera tiene más que ver con el viaje, no tanto con el destino. Por si fuera poco, durante el viaje, el mestizaje entre cylon y humanos provoca otra alteridad que desemboca en un «tercero» representado por la pequeña Hera, «la primera de la nueva generación de Dios».

Como ocurre con el cine de frontera nacionalcatólico de las décadas de 1940 y 1950, y pongo este ejemplo porque lo conozco más y porque me interesan sus implicaciones religiosas —aunque se podrían poner otros muchos— (por ejemplo, Alba de América, de 1951; Amaya, de 1952; Correo de Indias, de 1942; La nao capitana, de 1947), que eligió mayoritariamente los territorios peninsulares medievales o el descubrimiento de América para desarrollar los mitos de la construcción nacional, de la reconstrucción imperial y de la unidad de destino en lo universal, la serie Battlestar Galactica utiliza la excepcionalidad de la frontera para lanzar un mensaje propagandístico sobre la construcción nacional de los Estados Unidos en un nuevo mundo, sobre la conformación de sus valores democráticos y de justicia, rompedores con la degeneración política y social de la vieja Europa, y en el que se filtra el contenido calvinista de su moral religiosa. El mundo de frontera, y en esta serie se ve muy claramente, está gobernado por la provisionalidad, la inestabilidad, la marginalidad, el peligro constante, la guerra continua y la laxitud de las normas morales y legales, lo que ofrece la posibilidad de la construcción o de la destrucción: «No es fácil mantener la superioridad moral cuando todos estamos en el barro», indica el mayor traficante de la flota.

La nave Pegasus, último refugio humano hacia la frontera interestelar. Imagen: ABC.
La nave Pegasus, último refugio humano hacia la frontera interestelar. Imagen: ABC.

Los humanos de esta flota son fugitivos, pero también exploradores y colonizadores potenciales. El mero hecho de vivir permanentemente en la frontera conlleva una serie de implicaciones sociales, culturales, religiosas, económicas, institucionales o psicológicas que dan forma a una mentalidad fronteriza. En Battlestar Galactica se aprecia claramente el enfrentamiento psicológico de los protagonistas con el entorno, con ese momento de excepción más o menos prolongado en el tiempo que afecta irremediablemente a la organización sociopolítica y a la personalidad de los hombres y las mujeres de frontera: «Ya no somos una civilización dice el capitán Lee Adama somos una banda, y estamos luchando por sobrevivir. Tenemos que forzar normas, violar leyes, para sobrevivir». En el capítulo sobre el mercado negro, Tom Zarek le dice a Apolo que la presidenta «está actuando como si el mercado negro fuese una aberración. Pensé que usted era más listo, capitán. ¿Esperaba de verdad que una utópica fantasía surgiera de las cenizas?». Y, como ocurre en el cine nacionalcatólico, aparecen unos héroes de frontera que alcanzan su destino manifiesto con valor, audacia y la ayuda de Dios.

Entre las implicaciones psicológicas, destaca la necesidad de enfrentarse no solo a un enemigo desconocido y a un entorno hostil, sino a sus propios compañeros de viaje que, con el paso del tiempo y el empeoramiento de las condiciones de vida, se verán abocados al límite de la supervivencia. Los humanos deberán enfrentarse a sus propios límites.

El holocausto de la raza humana es una tragedia sin precedentes, pero la salvación de los que quedan y el viaje hacia un destino mítico en el que empezar otra vez ofrece nuevas esperanzas. Los mitos que se creían una quimera se convierten en una utopía. Se rompe la barrera entre historia y ficción. La oportunidad de establecerse en una nueva tierra (la Tierra) supone también la oportunidad de realizar ideas utópicas para establecer una sociedad mejor.

Sin embargo, las esperanzas se pueden ver truncadas por la reproducción de las mismas estructuras sociopolíticas. La inercia, la costumbre, provocará que, ante tan singulares circunstancias, permanezcan las diferencias sociales, económicas y políticas heredadas de la antigua sociedad de las Doce Colonias.

Las condiciones de libertad y de impunidad sirven de estímulo para la iniciativa, la disciplina, la construcción, el inicio de una nueva vida y de una nueva sociedad, la superación y la esperanza. Es el camino de los héroes. Por otra parte, si dichas condiciones se suman a las dificultades del entorno, a las debilidades humanas, al sentimiento de abandono y a la asunción de la diferencia, se desarrollan la violencia, la desesperanza y el miedo, que desembocan en la proyección de esa violencia, en la destrucción, en la delincuencia y en la marginalidad. Esta es la dicotomía de la frontera y de los hombres de la frontera.

La guerra total y la guerra absoluta

Como se ha mencionado, no es solo una frontera, es una frontera en guerra, una guerra continua. Y la magnitud de la guerra y sus especiales circunstancias invitan a profundizar en los conceptos de «guerra total» y «guerra absoluta».

La guerra total es aquella en la que las naciones (pueblos) implicadas movilizan todos sus recursos disponibles para destruir por completo la capacidad bélica de otra nación. La guerra absoluta fue enunciada por Clausewitz como una guerra libre de cualquier restricción política, temporal, espacial o debida a la naturaleza humana, algo que este consideraba imposible, una ficción lógica, una abstracción filosófica.

Definidas en estos términos, en Battlestar Galactica están presentes las dos. Por una parte, la guerra que emprende la nación cylon no busca destruir la capacidad bélica de los humanos, sino destruirlos por completo, extinguir a la raza humana, matar a su padre, literalmente, a su creador, a su enemigo acérrimo, y no es una guerra cualquiera, es una guerra santa en la que los cylon, fundamentalistas religiosos monoteístas, empuñan la espada de Dios contra quienes lo han abandonado, contra la humanidad, «una creación fallida [que] sigue matándose mutuamente por codicia, rencor y celos» y que quizá no merezca sobrevivir, una guerra justa con tintes veterotestamentarios que los cylon entablan en nombre de Dios (el único Dios) contra los humanos herejes politeístas e idólatras. Los cylon emprenden una acción de destrucción total casi instantánea; pero, aunque se prolongue, y al no ser humanos sino máquinas, no están constreñidos por la naturaleza humana; como sus mentes se reencarnan en un nuevo cuerpo (son, de alguna forma, inmortales), carecen de restricción temporal; y la fantasía esencial de la serie, la posesión de una fuente de energía casi ilimitada (el tilio) que permite viajar muy por encima de la velocidad de la luz a cualquier parte de un universo aparentemente infinito, también elimina las restricciones espaciales de la ecuación. Por lo tanto, Battlestar Galactica ofrece, quizás, el único ejemplo conocido de materialización ficticia de la abstracción de guerra absoluta enunciada por Clausewitz.

La destrucción total de Caprica las demás colonias por parte de los cylon da lugar a una guerra absoluta. Imagen: ABC.
La destrucción total de Caprica las demás colonias por parte de los cylon da lugar a una guerra absoluta. Imagen: ABC.

A medida que los cylon descubren más sobre su naturaleza humana, a medida que emergen los sentimientos y la individualidad (dejan de ser clones), esa guerra absoluta se empieza a ver limitada, restringida, por la naturaleza humana de los cylon, y esa naturaleza humana es lo que provoca también la aparición de la política en la nación cylon: estos dejan de comportarse como un único cuerpo de androides regidos por un ordenador central y comienzan a confrontar sus opiniones personales, lo que genera grupos ideológicos que deben discutir la toma de decisiones para conseguir sus objetivos comunes. A partir de ese momento la guerra absoluta también empieza a tener restricciones políticas. Por último, el descubrimiento de las naves resurrección de los cylon por parte de los humanos y su destrucción añade las restricciones temporales a unos cylon que ya no pueden reencarnarse y que tienen, como los humanos, un tiempo de vida limitado que algunos incluso eligen por sí mismos.

Así es como la guerra absoluta de los cylon pasa a ser una guerra total, porque, eso sí, todos sus recursos están a disposición de dicha guerra, no existe una sociedad cylon al margen de lo militar.

Los humanos enfocan la guerra de manera distinta. A los líderes militares se les ofrecen dos posibilidades, habida cuenta de su desventajosa situación (los humanos casi aniquilados, con pocos recursos y efectivos muy inferiores a los del enemigo): supeditar todos los recursos a la guerra (una guerra total) o supeditar la guerra a la política. Esta dicotomía se produce dentro de la flota de Galactica y, aunque no está exenta de conflictos, el comandante Adama decide supeditar (casi siempre) la guerra a las necesidades políticas de salvaguardar a los últimos supervivientes de la raza humana, protegerlos y conducirlos a un nuevo asentamiento en el que puedan rehacer su vida y reproducirse, lo que supone optar, principalmente, por una estrategia defensiva. Sin embargo, en el transcurso de la serie se pueden ver las consecuencias de la otra opción, representada por otra estrella de combate superviviente que aparece en la segunda temporada, la Pegasus, que optó por la guerra total (veremos más adelante que es más que una guerra total), por hacer frente a los cylon con todos los recursos disponibles civiles y militares, que se decidió por una estrategia ofensiva y que, para ello, su comandante tomó la decisión de abandonar a todos los civiles que no fueran útiles a los objetivos militares y de militarizar al resto.

La almirante de la nave Pegasus, Helena Cain, emprende una guerra total en el sentido de una acción hostil completamente desenfrenada, según la describe Clausewitz; pero, aunque no alcanza el estado de guerra absoluta anteriormente descrito, se trata de una guerra total que sí «constituye una cosa independiente en sí misma», a pesar de que este autor lo considere imposible porque incluso «la guerra total es solo una parte del intercambio político». La excepción de la guerra emprendida por la nave Pegasus, y que se puede definir, y me atrevo a hacerlo, como «guerra entregada», no es una guerra absoluta porque tiene restricciones temporales y de naturaleza humana, pero no es una guerra total porque no tiene restricciones políticas (ni espaciales, como hemos visto); y no tiene restricciones políticas porque cuando la almirante Cain toma las riendas de la guerra y se deshace de la flota civil a su cargo, piensa que es la única nave superviviente; y no hay más política que la que ella dicta como máximo rango militar. Ha desaparecido la sociedad civil, han desaparecido los asuntos públicos y ha desaparecido cualquier objetivo que no sea militar: ha desaparecido la política. Y además, la nave se enfrenta a un enemigo que también carece, como ya se ha visto, de política y de cualquier otra restricción, un enemigo que ha emprendido una guerra absoluta. Por eso la guerra de la almirante de Pegasus es una guerra «entregada», porque se entrega a una guerra restringida solo por la naturaleza humana (en la que se incluye la restricción temporal que supone la duración de la propia vida de sus tripulantes), y es una guerra tan entregada que arriesga la supervivencia de su propia especie al anteponer la venganza o la ofensiva militar, la propia guerra, a cualquier otro elemento humano o sociopolítico. Pero esta posibilidad de la desaparición completa de la política, sin embargo, la contempló Clausewitz en sus escritos como algo solo «concebible si las guerras fueran luchas de vida o muerte, originadas en el odio puro». Está claro que este es el caso; pero que sea concebible no significa que sea razonable, porque «la política ha creado la guerra; la política es la facultad inteligente, la guerra es solo el instrumento y no a la inversa. La subordinación del punto de vista militar al político es, en consecuencia, el único posible».

La presidenta Laura Roslin y el comandante William Adama representan el punto de vista del gobernante y del soldado, respectivamente. Imagen: ABC.
La presidenta Laura Roslin y el comandante William Adama representan el punto de vista del gobernante y del soldado, respectivamente. Imagen: ABC.

Dejando a un lado estos dos casos extremos de guerra absoluta y entregada que representan los cylon y la Pegasus, respectivamente, resulta interesante analizar «ese estado de antagonismo en que se halla la naturaleza de la guerra según Clausewitz con relación a los otros intereses de los hombres […] fundado en nuestra propia naturaleza». Este autor, como se ha visto, consideraba un tremendo error la supeditación de la política a los intereses de la guerra, porque la política es «la representación de todos los intereses de la comunidad entera». Pero, habiendo quedado esto claro para los militares de Galactica, la cuestión estriba para este autor en si al proyectar los planes de guerra, el punto de vista militar tiene más o menos presencia, o incluso desaparece. La serie nos ofrece alternativamente, como sugería Clausewitz que se debe hacer en estos casos, el punto de vista del soldado y el del gobernante, que pugnan o colaboran para dilucidar, en cada momento, el grado correcto de subordinación de lo militar a lo político, aunque partiendo de un punto discreto que a Clausewitz le habría parecido mal en circunstancias normales (pero hay que recordar que es una lucha por la supervivencia): el comandante Adama es, en principio, el que toma las decisiones militares (como si estas no fueran políticas), pero solo cuando el papel militar ya ha abandonado la opción de la guerra total a favor de una actitud general protectora de la sociedad civil, de la democracia y, en principio, defensiva. Y, aunque existen conflictos que salpimentan esta relación entre la político y el soldado (hasta se produce un breve golpe de Estado militar, aunque motivado por un comprensible choque entre razón y pasión mística), en realidad son pocos porque Adama y la presidenta Roslin parecen haber aceptado las máximas clausewitzianas de que la guerra es «un todo orgánico del cual no pueden separarse los miembros individuales» y de que «no existe conflicto natural entre los intereses militares y políticos», porque si no son los mismos, alguien está haciendo algo mal.

Se ha escrito bastante sobre la relación de esta serie con los atentados del 11S. Es probable que exista una relación tangencial. La destrucción de las colonias por los cylon y el holocausto nuclear también es el argumento de partida de la serie de 1978, relacionado, quizás, con el ambiente de guerra fría de la década de 1970. También es posible que el público estadounidense interprete cualquier ataque en clave 11S con posterioridad al año 2001. Centrar el contenido político y militar de la serie en la posible relación con dicho acontecimiento parece más fruto de una obsesión. Pero la serie invita a reflexionar sobre muchos otros temas relacionados con la democracia, la soberanía y el poder que veremos en la próxima entrega.

(Continúa aquí)

Guía para ver de forma ordenada la serie Battlestar Galactica (reimaginada) y su precuela

  • Caprica (2010): dieciocho episodios.
  • Battlestar Galactica: Blood & Chrome (2012): diez webisodios (luego estrenados como telefilm en 2013).
  • Battlestar Galactica, miniserie TV (2003): dos episodios.
  • Battlestar Galactica 1.ª Temporada (2004-2005): trece episodios.
  • Battlestar Galactica 2.ª Temporada (2005-2006): veinte episodios.
  • The Resistence (2006): diez webisodios.
  • Battlestar Galactica 3.ª Temporada (2006-2007): veinte episodios.
  • Razor flashbacks (2007): siete webisodios.
  • Battlestar Galactica: Razor (2007): telefilm.
  • Battlestar Galactica 4.ª Temporada, 1.ª parte (2008): diez episodios.
  • The Face of the Enemy (2008): diez webisodios.
  • Battlestar Galactica 4.ª Temporada, 2.ª parte (2008-2009): once episodios.
  • Battlestar Galactica: The Plan (2009): telefilm.

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