El cielo sobre Berlín: un recorrido por escenarios que ya no existen

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El cielo sobre Berlín
El cielo sobre Berlín (1987) Imagen: Road Movies Filmproduktion / Argos Films / Westdeutscher Rundfunk (WDR) / Wim Wenders Stiftung

El cielo sobre Berlín nos recibe engalanado con una densa armadura de nubes que hace tambalearse a nuestra nave. Si conseguimos atravesarla, habremos llegado a la ciudad prometida. Berlín refleja como pocos lugares los devenires de su historia. Cada vez que el ojo se vuelve a mirarla ya parece otra, más maltratada, más mimada, más sexy. Cuando Wim Wenders quiso retratarla hace veintiocho años, esta ciudad no solo era otra, sino que eran dos. Dos ciudades grises salpicadas de descampados donde antes se irguieron los edificios más suntuosos de Europa.

En la visión de Wenders, Berlín está custodiada por ángeles con gabardina que hacen lo que pueden por consolar a los habitantes de este particular purgatorio de espacios desiertos y muros infranqueables. Los ángeles son los únicos que pueden traspasarlos a su antojo, y gracias a ellos disfrutamos de una visión omnisciente y meditativa de la ciudad. La cámara de Henri Alekan los sigue por los aires y a pie de calle para mostrarnos lugares emblemáticos de la ciudad, hitos de tiempo conservados para recordar, y otros a punto de desaparecer. Apenas dos años después de la filmación caía el muro y Berlín volvía a ostentar su estatus de capital de la Alemania reunificada, entregándose a un faraónico proceso de reconstrucción urbanística que dura hasta nuestros días. Quizá intuyendo lo que se avecinaba, Wenders tuvo la voluntad de documentar la ciudad de entonces, enmarcada en una reflexión sobre el tiempo, sobre la aceptación del pasado y la dicha del cambio.

Se podría acusar a su película de tener un argumento laxo, un guion a ratos forzado y un ritmo lento. Pero, ¿acaso importa? ¿Acaso se ha de juzgar El cielo sobre Berlín con estos parámetros? La película nos ofrece la ciudad tal y como era entonces, el destello de belleza de lo que va a desaparecer. Hoy apenas queda rastro de las barreras que la encorsetaban. Paseando por los sitios que Wenders filmó en ocasiones resulta difícil conciliar sus imágenes con lo que vemos.

Potsdamer Platz

Fotografía: Violeta Leiva
Fotografía: Violeta Leiva

«Ich kann den Potsdamer Platz nicht finden. (…) Das kann er doch nicht sein (…) ich gebe so lange nicht auf bis ich den Potsdamer Platz gefunden habe!». «No puedo encontrar la Potsdamer Platz. (…) Esto de aquí no puede ser (…) ¡No me rendiré hasta que la encuentre!». Así habla un Homero octogenario encarnado por el actor Curt Bois mientras camina trabajosamente por un inmenso descampado. ¿Dónde está el café donde solía sentarse? ¿Y los tranvías, y la gente? Ni siquiera hay alguien a quien preguntar. Si la buscara hoy seguiría sin encontrar su Potsdamer Platz, ni tampoco hallaría rastro de ese inmenso descampado. El punto cero de Berlín es hoy un complejo que alberga diecinueve edificios, entre ellos un centro comercial, un casino, varios cines, hoteles y rascacielos.

Al desaparecer el muro que había convertido este centro neurálgico de la ciudad en tierra de nadie, las propuestas para su reconstrucción empezaron a bullir hasta concretarse en el plan de los arquitectos Hilmer & Sattler. En 1998 era inaugurada a bombo y platillo la nueva Potsdamer Platz. Atracción turística de visita obligada, sigue siendo a pesar de ello uno de los sitios más inhóspitos de la ciudad, donde el viento campa a sus anchas, como si siguiese siendo un descampado. La escala humana parece haber sido dejada a un lado en favor de la gigantomanía. Pero esto no achanta a los turistas ni a los cinéfilos, que duermen guardando cola para sacar las entradas de la Berlinale. El festoval se celebra cada mes de febrero en los diversos cines que alberga el complejo.

Hotel Esplanade

Fotografía: Violeta Leiva
Fotografía: Violeta Leiva

Marion (Solveig Dommartin) «baila» en una sala abarrotada al ritmo de Crime & the City Solution mientras el ángel Damiel la contempla sin ser visto. La sala de estilo Belle Époque, que volveremos a ver hacia el final de la película —esta vez con Nick Cave en el escenario—, forma parte del Hotel Esplanade, sito en la Bellevue Strasse y construido en 1908. Durante su época dorada se hospedaron allí actores como Charles Chaplin y Greta Garbo. El enorme edificio fue destruido casi completamente durante la II Guerra Mundial, pero aún en la época de posguerra las dos salas del ala que permaneció en pie siguieron en uso como restaurante y salón de baile. Con la división de la ciudad el edificio quedó en el perímetro de seguridad, haciéndolo inaccesible al público. Durante esta época sirvió de escenario para películas como Cabaret y, más tarde, El cielo sobre Berlín. Tras la caída del muro fue declarado monumento protegido, detalle obviado inicialmente en el plan de construcción de la Potsdamer Platz, que se resolvió finalmente moviendo el edificio setenta y cinco metros de su situación original para integrarlo en el nuevo Sony Center. El resultado es, cuanto menos, chocante: un gigante posmoderno digiriendo un salón neorrococó entre acero y cristales. En la foto vemos un fragmento de la Frühstückssaal, protegido por un cristal.

Mehringplatz

Fotografía: Violeta Leiva
Fotografía: Violeta Leiva

Aparece al principio de la película, mientras la cámara sigue a una mujer en bicicleta. Las viviendas sociales que rodean la plaza son las mismas que vemos hoy, y fueron construidas a finales de los sesenta sobre las ruinas de los edificios arrasados durante la II Guerra Mundial. Situada al final de la Friedrichstrasse en Kreuzberg, su cercanía al muro la convertía entonces en un lugar deprimido, y aún lo sigue siendo. Foco de problemas sociales desde hace décadas, el Senado intenta ahora paliar esta situación con una serie de iniciativas, entre ellas, el saneamiento de la plaza.

Theodor-Wolff-Park

Fotografía: Violeta Leiva
Fotografía: Violeta Leiva

A escasos pasos de la Mehringplatz nos encontramos con este modesto parque en el cruce de Friedrichstrasse con Franz-Kühl Strasse. En 1987 este espacio lo ocupaba un descampado, y fue aquí mismo donde Wenders plantó la carpa del Circo Alekan, en la que Solveig Dommartin jugaba a ser un ángel sobre el trapecio.

El parque, que ya se ve algo envejecido, cuenta con una fuente llamada Nichtgeburtstagsbrunnen («fuente del no cumpleaños»), compuesta por una tetera que lanza un chorro de agua sobre la cabeza de los paseantes hasta una taza. Desafortunadamente, está fuera de servicio.

Anhalter Bahnhof

Fotografía: Violeta Leiva
Fotografía: Violeta Leiva

En otra escena, Peter Falk camina absorto en sus pensamientos y se topa con la Anhalter Bahnhof. La ruina de una gran portada se recorta sobre el cielo. «This must be the station they told me about, with the funny name. Not the station where the train stops, but the station, where the station stops». Efectivamente, la estación de ferrocarril que fue durante una época la más grande de Europa, terminaba o empezaba, según se mire, en esta portada. Hoy es todo lo que queda de ella.

Si atravesamos una de sus puertas y caminamos en línea recta, sorteando un campo de fútbol, nos adentraremos en un parque donde aún, disimulados entre la vegetación, podemos encontrar numerosos carriles de vías.

Lohmühlenbrücke

Fotografía: Violeta Leiva
Fotografía: Violeta Leiva

Los ángeles Damiel y Cassiel caminan por un puente sobre el canal, el puente termina abruptamente en un muro. Una pintada sobre este dice: «Iss rotes Apfelmus!» ((«¡Come puré de manzana rojo!»). Los dos ángeles conversan y atraviesan el muro como si tal cosa.

Si cruzamos hoy el Lohmülenbrücke nada nos hace sospechar su pasado. El puente, situado en la intersección de tres barrios —Kreuzberg, Neukölln y Treptow— se enclava en una zona muy revalorizada en los últimos años, en la que el proceso de gentrificación de la ciudad es más palpable. A un lado y otro del canal se suceden los cafés y las terrazas. Entre la clientela nadie parece tener más de treinta años. Se respira una atmósfera lúdica muy alejada de la pausada y melancólica visión de la película. Si los ángeles siguen paseándose por Berlín, es posible que se sientan importunados por tanto hipster.

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6 comentarios

  1. Santiago

    Ay, me ha sabido a poquísimo.

    Por favor, que alguien encargue a Violeta Leiva una segunda parte.

    Muchas gracias. Por el texto y los recuerdos asociados a mi ciudad favorita de Europa.

  2. lazarus

    Fantásico. Me encantó, como en los libros «El Nueva York de las películas de Woody Allen» o el «Truffaut/París». Visitar una ciudad a través de lo que vemos en una película que amamos es una curiosa experiencia. Me encantaría saber cómo es la Roma de «Ladrón de bicicletas», mi película favorita.

  3. Milú el Bárbaro

    Parece que el autor sólo conoce Kreuzberg y alrededores. Será un hipster más, tal vez.

  4. Una pintada sobre este dice: «Iss rotes Apfelmus!» ((«¡Come puré de manzana rojo!»
    La traducción corrrecta es ligeramente otra. :-)
    «¡Come puré de manzanas rojas!» (el pure de compota es siempre de un tono amarillo caramelo, más oscuro cuanto más se oxide)
    De nada

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