«Dead End Street» de los Kinks, el himno de los desfavorecidos

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The Kinks : groupe de rock and roll anglais avec Ray Davies, Dave Davies, Mike Avery, Pete Quaife vers 1965 --- rock and roll group The Kinks : Ray Davies, Dave Davies, Mike Avery, Pete Quaife c; 1965 *** Local Caption *** rock and roll group The Kinks : Ray Davies, Dave Davies, Mike Avery, Pete Quaife c; 1965
The Kinks: Ray Davies, Dave Davies, Mike Avery, Pete Quaife, 1965. Fotografía: Cordon Press.

Hay una grieta en el techo y el fregadero pierde agua. Sin trabajo y sin dinero, mi menú del domingo es un trozo de pan con miel. ¿Para qué vivimos? Para un apartamento de dos habitaciones en el segundo piso. No tenemos ingresos, el cobrador del alquiler llama a la puerta e intenta entrar. Somos sin duda ciudadanos de segunda, y no lo entendemos. Vivimos en un callejón sin salida, vamos a morir en un callejón sin salida.

El 18 de noviembre de 1966, los Kinks publicaron su canción «Dead End Street» (callejón sin salida), el siguiente lanzamiento después de alcanzar el éxito el verano de ese mismo año con «Sunny Afterrnoon», número 1 en Inglaterra. La discográfica Pye acababa de editar el innovador Face To Face, el primer intento del grupo de hacer un disco conceptual que les generó respeto y credibilidad entre la crítica. Pero la compañía estaba empeñada en el mercado de singles. Ray Davies, siempre a contracorriente, sorprendió con un tema sombrío y a la vez esperanzador.

En plena explosión del Swinging London, de la exaltación de la juventud, del Londres hedonista y ensimismado de Carnaby Street, Davies giraba su mirada hacia los que nadie da voz, en una oda a las clases más desfavorecidas de la sociedad británica. El líder de los Kinks se había consolidado como un verdadero cronista social en temas como «A Well Respected Man» o «Dedicated Follower of Fashion». Pero ahora iría más allá.

Esa semana, los Beach Boys copaban las listas con su «Good Vibrations», en un contraste tan gráfico como revelador. Parecía una osadía, una ordinariez tal vez, sacar un single diciendo que la gente se estaba muriendo en un callejón sin salida. «Dead End Street», con la dickensiana «Big Black Smoke» sobre las perversiones de la gran ciudad en su cara B, nunca llegó al número 1: en Inglaterra alcanzó un meritorio puesto 5, en Estados Unidos no entró ni en el Top 50. Nadie quería en los sesenta bajarse de la nube.

«Quería escribir una canción sobre la Depresión, una especie de actualización de las canciones de la Gran Depresión americana, porque era lo que me rodeaba. Es una canción jovial en realidad, pero con acordes menores, sobre la gente que no tiene salida y que piensa “¿Qué he hecho mal? Nos prometieron que viviríamos bien, pero vivir para qué”», admitiría Davies. ¿Alguien imagina a los Beatles o a los Rolling Stones escribiendo algo parecido en esa época?

Ray empezó a componer la letra en mayo de ese año, pero la remató en octubre tras la catástrofe del pueblo minero de Aberfan, en Gales, donde murieron ciento cuarenta y cuatro personas, la mayoría niños, sepultadas por una escombrera de carbón. Ray ponía el foco en los de abajo, en los ciudadanos de segunda, en aquellos que, como dice la letra, lo estaban pasando mal porque, hasta arriba de deudas, no podían pagar el alquiler o ni siquiera tenían calefacción en casa. En marzo de 1966 el laborista Harold Wilson había ganado las elecciones y una de sus primeras medidas fue aumentar el gasto social para garantizar el Estado de bienestar, ante la preocupante brecha entre ricos y pobres que experimentaba Reino Unido.

«Cuando los Kinks tuvimos éxito, estábamos en la época del Technicolor y del Swinging London, pero nuestro hogar era aún un documental en blanco y negro. No vi mucho cambio. Y mi familia tampoco lo esperaba. Nunca dejaron de esforzarse», reconocería Ray.

The Kinks, Dec 65
The Kinks, 1965. Fotografía: Cordon Press.

Para su hermano y guitarrista del grupo, Dave Davies, «Dead End Street» suponía la personificación de lo que eran los Kinks. «Una canción llena de carácter y de patetismo, y aun así con una esperanza subyacente que reflejaba una querencia por el pasado, pero al mismo tiempo expresaba una determinación y un anhelo por cambiar. Voces angustiadas clamando en un mundo despiadado. Un mundo donde el esfuerzo de la persona normal importaba poco».

En la grabación, los Kinks quisieron reflejar ese patetismo. Se utilizaron dos bajos, uno en registro grave tocado por John Dalton (que estaba sustituyendo temporalmente al bajista original Pete Quaife, que acababa de sufrir un accidente) y otro en la octava aguda que hizo Dave Davies. Ray tocó el piano y uno de los tour managers del grupo, Bill Collins, se encargó del órgano. Un tipo llamado Albert Hall (nada que ver con el Royal Albert Hall) añadió una trompa. Pero esa versión no convenció del todo a Ray, «no es demasiado sombría», alegó, por lo que pidió al productor Shel Talmy hacer otra toma. Este se negó, cansado de las crecientes sugerencias de Ray en la producción. De hecho, fue una de las últimas sesiones que grabó para los Kinks: a partir de ese momento Ray estaría al mando. Como curiosidad, esta primera grabación se recuperó para la caja recopilatoria Picture Book, editada en 2008.

A escondidas de Talmy, volvieron a grabar otra vez la canción desde el principio en una versión más lenta y desnuda, sin órgano ni trompa. Pero a Ray le seguía faltando algo. No quedaban muchas horas de estudio disponibles, así que el manager del grupo, Grenville Collins, aportó una solución de última hora. Bajó al pub que estaba justo debajo de los estudios Pye y reclutó a un trombonista que acababa de hacer otra sesión. Según Ray, estaba en un «evidente estado de embriaguez, pero me pareció que era la condición perfecta para mi objetivo. El trombonista escuchó el fade-out y dijo “vamos a ello, puedo conseguir otra pinta antes de que cierre el pub”. Y grabó un solo perfecto en una sola toma».

El colofón final, en una mezcla de music-hall y jazz tradicional (influencias evidentes de Ray), parece querer añadir algo de esperanza a los personajes protagonistas. Para apoyar el lanzamiento, los Kinks grabaron un vídeo promocional donde se les ve por las calles del norte de Londres vestidos de enterradores. Con una estética del cine mudo de los años veinte, es uno de los primeros vídeos musicales en los que se cuenta una historia y la banda no se limita a hacer un playback sobre la canción. Ray Davies, que había estudiado cine en la escuela de arte, sugirió mezclar planos del grupo con imágenes de pobreza y exclusión social. La idea no gustó a la BBC, que vetó su emisión. «Se negó a emitirlo por considerarlo de mal gusto, porque se reía de la muerte y mostraba un cadáver que de repente despierta, salta del ataúd y corre sin rumbo fijo por la calle, perseguido por los incrédulos empleados de la funeraria», explicaría Dave.

La historia es cíclica. Paro, deudas, pobreza energética, desahucios… Analizar la letra desde la perspectiva actual resulta sobrecogedor. En 2016 se cumplen cincuenta años de la edición de «Dead End Street», pero su mensaje —por suerte o por desgracia— no ha perdido ni un ápice de vigencia. Sigue siendo el eterno himno a los más desfavorecidos. Y parece que así seguirá siendo durante muchos años.

Letra traducida:

Callejón sin salida

Hay una grieta en el techo
y el fregadero pierde agua.
Sin trabajo y sin dinero,
el menú del domingo es un trozo de pan con miel.

¿Para qué vivimos?
Un apartamento de dos habitaciones en el segundo piso.
No tenemos ingresos,
el que cobra el alquiler llama a la puerta e intenta entrar.

Somos sin duda ciudadanos de segunda,
no lo entendemos.

Sin salida.
¿Por qué tenemos que estar en un callejón sin salida?
Sin salida.
La gente está viviendo en un callejón sin salida.
Sin salida.
Vamos a morir en un callejón sin salida.

Callejón sin salida.
Callejón sin salida.

Una fría y gélida mañana
me froto los ojos y dejo de bostezar.
Tengo los pies casi congelados,
pongo el té a hervir y preparo una tostada.

¿Para qué vivimos?
Un apartamento de dos habitaciones en el segundo piso.
No hay posibilidad de emigrar,
estoy hasta arriba de deudas y ahora ya es demasiado tarde.

Los dos ansiamos tanto trabajar,
pero no nos dan la oportunidad.

Sin salida.
La gente vive en un callejón sin salida.
Sin salida.
La gente está muriendo en un callejón sin salida.
Sin salida.
Vamos a morir en un callejón sin salida.

General view of The Kinks drum kit during the Sunny Afternoon photo call at the Harold Pinter Theatre in London.
Fotografía: Cordon Press.

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23 comentarios

  1. xabigoi

    No conocía el dato del solo final de trombón. Siempre me ha parecido magnífico. A alguien más le parece que «London Calling» de The Clash podría estar basada en ésta?; siendo así, cuándo comenzó el punk…

  2. de ventre

    nunca había visto el parecido con la intro del London Calling, pero es bastante evidente.

    como superfan de los kinks, me ha encantado el artículo, pero la nota optimista no la veo por ninguna parte, ni en la letra, ni en la música.

    j

  3. Carlos A.

    Grandísimos, The Kinks.

  4. Los desviados…lo mejor de lo mejor, gracias por compartir anécdotas no tan conocidas de sus canciones.

    Si fuera posible que pudieras investigar de que va Preservation: Act 1 y 2, ya que tengo entendido que fue denostado en su momento y yo creo que es muy bueno.

    • Manuel Recio

      Muchas gracias José Carlos. Preservation! Gran proyecto. Ray dijo que era su disco más ambicioso. Muy pronto, espero que en Navidad, tendrás la información más amplia y completa sobre esa etapa jamás publicada en España.

  5. Oscar

    Hombre, no es lo mismo pero en 1966 los Beatles publicaron Eleanor Rigby

  6. Parece increible que mis muy admirados Kinks, a la misma altura de los
    Beatles, Rolling Stones, los Who y Led Zeppelin, no tengan mayor rango
    admirativo. Ray Davies al frente de los Kinks es sin duda alguna uno de los
    grandes compositores modernos.

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