Tangencias y enlaces: una conversación con Ibán Ramón e Ignacio Carbó

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Fotografía: Ángel L. Fernández Recuero

Comenzamos una nueva serie de conversaciones con el objetivo de explorar los puntos de encuentro de diferentes profesiones y lo hacemos con Ibán Ramón (Valencia, 1969) e Ignacio Carbó (Castellón, 1975). Ramón se dedica desde hace unos veinte años al diseño gráfico, actividad que le ha llevado a participar en numerosas exposiciones y por la que ha recibido premios prestigiosos de ámbito nacional e internacional. También ha colaborado como jurado, ha dado conferencias y actualmente imparte clases en la universidad. Carbó es arquitecto y está interesado en los nuevos modelos arquitectónicos que, inspirados en la naturaleza, generan espacios responsables. También desarrolla microarquitecturas, piezas que hilan conceptos arquitectónicos con las artes plásticas, y que le están llevando a exponer dentro y fuera del territorio nacional.

La entrevista transcurre durante una mañana soleada en el estudio de Carbó, situado en el casco antiguo de Valencia. Con ambos conversamos sobre diseño e ilustración, arquitectura y microarquitectura, arte y artesanía, abordando cómo estas actividades se desarrollan en la ecología cultural de una ciudad como Valencia.

¿Cómo conecta el desarrollo de vuestro trabajo con el mundo del arte? ¿Os consideráis artistas?

Ibán: Creo que el diseño es una actividad radicalmente opuesta al arte. No trabajamos por una motivación personal sino que trabajamos para cumplir el objetivo de comunicación de otro. Sí que es verdad que en algunos aspectos técnicos puede haber momentos en los que tenemos conexiones con el mundo artístico, porque el diseño es una actividad que tiene un componente plástico importante, pero en esencia no tiene que ver con el mundo del arte. La relación suele deberse más a vínculos profesionales que al tipo de actividad.

Nacho: Es algo que no me planteo. Creo que, seas artista o no, al final lo importante es tener la necesidad de crear cosas, de comunicar, de ser una persona curiosa. Luego, ya le corresponderá a otro decir si eres artista o no. Parece que hay una necesidad de etiquetar a la gente: diseñador, artista, arquitecto… a mí lo que me interesa son los trasvases entre las distintas disciplinas en las que los límites no están tan claros.

Un trabajo que sea un encargo, ¿nunca puede ser una obra de arte?

Ibán: Puedes llegar a desarrollar la actividad profesional con tanto empeño, tanto mimo y tanta calidad que puede llegar a tener una consideración parecida a la del arte. Pero el arte, por definición, tiene que responder a una actitud personal y no a un encargo. Habría que ver, hay mucho debate.

Nacho: Las obras de Rafael en el Vaticano son un encargo. No veo que importe tanto si hay un encargo o no, sino si lo que tú estás produciendo tiene una intencionalidad y responde a una satisfacción personal como creador que va más allá del encargo. Si simplemente cumples con el encargo y listo, entonces es posible que no haya arte ahí. Sin embargo, puedes aprovechar ese encargo para crear algo más, una obra de arte.

¿Qué opináis de la visión tradicional que tenemos del artista?

Nacho: Depende. Posiblemente, si preguntas a cuatro personas, cada una te va a dar una definición distinta de lo que entienden por artista. A priori intentaría eliminar las etiquetas. Parece que hoy un artista es el que monta un estudio, pasa hambre y es poco menos que un héroe. Pero las nuevas tecnologías también influyen en la definición de un artista. Antes el que era pintor era solo pintor, o escultor. El artista tradicional era alguien que creaba en solitario. Ahora hay mucha gente que trabaja en equipo o que trabaja las artes de forma transversal.

Ibán: La realidad del mundo del arte está asociada a esta idea bohemia de acciones en solitario. Las técnicas actuales permiten a los artistas introducirse en otros ámbitos profesionales y, por lo tanto, las fronteras entre las diferentes actividades están cada vez más difuminadas. En algunos momentos podemos actuar como artistas y en otros no, y a veces no sabemos bien en qué punto estamos. Supongo que a los que tienen la vocación de artista desde el principio también les acaba pasando lo mismo, llega un momento que tienen que introducirse en ámbitos profesionales aprovechando los conocimientos técnicos adquiridos en su actividad y empiezan a participar de otro modo, a lo mejor no tan artístico.

Nacho: Imagino que la gente piensa que artista es alguien que trabaja con las manos, por ejemplo, un escultor que pica el mármol hasta que obtiene algo. Hoy en día hay artistas que no hacen absolutamente nada con las manos. Ellos tienen la idea, la desarrollan, por decir algo, en Japón, y se la monta un equipo interdisciplinar.

Ibán: Quizás ahora el arte está más en el pensamiento que en la técnica y en los conocimientos artesanales.

Ambos habéis trabajado con el IVAM, ¿hay un antes y un después para los creadores valencianos tras pasar por este centro de arte moderno?

Nacho: En mi caso es difícil de evaluar porque mi participación en el proyecto de Malas Calles consistió únicamente en crear la escenografía y el espacio.

Ibán: Yo expuse recientemente, fue una cosa un poco excepcional en el IVAM porque no se trataba de mostrar una obra artística sino un trabajo de diseño. El trabajo presentado no era una obra personal sino que más bien se trataba de una recopilación, en cierta manera, de trabajos que el IVAM consideraba importantes en relación con el mundo de las fallas.

¿Cualquier artista de la terreta tiene opción de exponer allí?

Ibán: No, cualquier persona no, pero sí que es verdad que casi cualquier disciplina creativa puede llegar a estar representada en el museo y llegar hasta el IVAM; en moda, en arquitectura, etc.

¿Hay un lobby de artistas valencianos alrededor del IVAM?

Ibán: Que yo sepa, no. En mi caso fui invitado y expuse. No creo que dependa de las personas que quieran exponer, depende de las intenciones de quien dirige el proyecto.

¿Hay un antes y un después?

Ibán: No sabría valorarlo. Pienso que hay un antes y un después en cuanto a visibilidad general, porque el diseño es un gran desconocido para la gente de la calle. Después de la exposición, el trabajo que hago seguramente es algo más conocido. Hay ciertos hitos en la trayectoria profesional, en mi caso la última campaña de imagen de las fallas. Esto ha hecho que me conozca, de repente, muchísima más gente que antes, gente sin relación con el mundo del diseño. Creo que la realización de la exposición favorece, pero no sé si va a tener una repercusión directa en lo profesional. También estamos en una ciudad complicada cuando se trata de repercusiones, sobre todo si comparamos con otros sitios. Hace muchos años, después de recibir un premio del TDC de Nueva York, en una entrevista que me hicieron para una revista alemana, me sacaron el tema. Si un diseñador alemán recibía este galardón, las empresas estaban muy atentas a ver qué pasaba con ese diseñador, y si lo recibía dos años de modo consecutivo, se confirmaba que aquello ya era una realidad y recibía muchísimos encargos. A mí en la entrevista que me hicieron me preguntaron que si al recibirlo dos años consecutivos me iba bien en España. Y les dije que «en España nada, en España recibes este premio y se enteran solo los colegas si se lo haces saber y si no, ni siquiera». No es habitual recibir muchísimos encargos, por lo menos en este momento. A lo mejor hace veinte años sí que la gente trabajaba con los mejores profesionales, pero hoy en día hay factores como los presupuestos, por ejemplo, que son cruciales, y en esta ciudad más. Tampoco hay una cultura que haya calado mucho; parecía que sí, pero con la crisis se ha demostrado que no hay una gran cultura tampoco en materia de diseño. El diseño es considerado casi como algo accesorio que está muy bien si uno se lo puede permitir, pero no como inversión o factor de competitividad.

Nacho: Funciona así, desgraciadamente. Al final muchas veces son reconocimientos que te sirven a ti mismo para tirar para adelante y que veas que vale la pena lo que estás haciendo. Cuando tienes la posibilidad y la suerte de crear una exposición en el IVAM, de repente lo pones en el currículum y se supone que te van a encargar un montón de escenografías, un montón de espacios, pero desafortunadamente no funciona así.

Ibán: Sí, los premios son indicadores que favorecen muy poco el desarrollo de la actividad. Sí que es verdad que te sirve de algún modo, como por ejemplo, para que la gente con la que ya trabajas confíe más en ti. Algo seguro que favorece, pero tampoco hay una repercusión inmediata y directa.

Nacho: Yo tampoco lo he vivido así, ni con alguna exposición ni con algún premio.

¿Cómo os gustaría que el espectador se acerque a vuestra obra?

Nacho: En mi caso, me gustaría que se acercara con curiosidad, de una forma bastante sencilla y sin ideas preconcebidas, por lo que hablábamos antes, para ver si descubre algo nuevo. No sé si al final le va a transmitir algo de lo que yo intento transmitir con la obra, con todas las piezas.

Ibán: Sí, a mí además de eso me gustaría que de mi trabajo, como cualquier trabajo de diseño, no se valorara únicamente el aspecto formal. La gente tiene una tendencia, lógica también por otra parte, a valorar el trabajo del diseñador como pieza visual, artesanal, casi artística. Cuando ven una marca lo que ven es un dibujo, cuando ven un cartel también, por una falta de conocimiento de la actividad. Un logotipo, una maqueta… se piensa que está resuelto en el tiempo que cuesta de producir, pero realmente el valor es el del pensamiento, el de las ideas. A mí me gustaría que trataran de entender qué pensamientos o qué cosas y qué ideas ha habido previamente a la solución de ese trabajo. Al final, el dibujo, la concreción final de todo diseño, es como la guinda a un proceso muy laborioso de reflexión y de desarrollo.

Nacho: Que al final la gente se pregunte o se interrogue acerca de qué es lo que le quieres contar, qué quieres transmitir con ese objeto, con esa acción.

Ibán: Que se entendiera que el trabajo que hacemos y que están viendo no es un trabajo caprichoso, sino un trabajo muy medido para responder a un enunciado muy concreto y además, cuanto más concreto, mejor. Si no tenemos condiciones, no sabemos muchas veces trabajar, precisamente porque no respondemos a actitudes personales sino a objetivos y necesidades de otros; esto no quiere decir que no aportemos cierta personalidad, cierta singularidad en lo que hacemos, por supuesto que sí que lo hacemos.

Nacho: Hoy en día tenemos información que nos llega de todos lados, vamos tan acelerados, por ejemplo con las redes sociales que, muchas veces, la aproximación al proceso creativo es insatisfactoria. Hay cantidad de veces que simplemente pararte a mirar un poquito qué hay detrás y observar al mismo creador es muy revelador, porque al final lo que a mí me interesa es captar esa curiosidad del espectador, que se acerque a mi obra con curiosidad, más allá de que le guste o no inicialmente, porque posiblemente si se acerca va a encontrar muchas cosas que incluso puede que yo no sepa pero que están ahí.

Ibán, en tu estudio desarrollas proyectos de identidad corporativa, marcas, tipografías, libros y carteles. ¿Con qué trabajos te sientes más realizado? ¿Se puede vivir de la cartelería?

Ibán: ¿Cartelería como actividad? No creo que hoy en día sea una actividad en sí misma, es una parte de la actividad del diseño gráfico. Sí que es verdad que yo hago muchos carteles y probablemente es donde más a gusto estoy porque te permite una conexión directa con la gente de la calle, y porque en cierto modo también tiene un componente plástico visual que me interesa. Vivir exclusivamente de hacer carteles probablemente se podría, pero tampoco tiene sentido.  

¿Haces ilustración?

Ibán: Cuando recibo un encargo, nunca tengo claro si voy a hacer una ilustración o no. Tengo muchísimos trabajos, muchísimos carteles tipográficos. De los más de doscientos cincuenta carteles que tengo editados creo que los hay más tipográficos que ilustrados, depende del público al que van dirigidos. Hay veces que para unas fiestas populares la ilustración te facilita la conexión con el público. Para un público de otro tipo, a lo mejor todo lo contrario, porque utilizas un lenguaje más austero o más refinado y conecta mejor con él, es verdad que yo he hecho mucho cartel para eventos populares y ahí la ilustración puede ser una herramienta válida para conectar con la gente. En los carteles de Bioparc, por ejemplo, las ilustraciones fueron una excusa para crear un lenguaje que lo identificara como marca. Hubo un proceso riguroso de investigación. Al final, de lo que se trataba era de construir una marca que fuera reconocible.

Hace poco Vicent Marzá y José Miguel G. Cortés presentaron en el IVAM tu libro Posicionament gràfic, que documenta tus trabajos en el ámbito de las fallas. ¿Cómo recibió el mundo fallero los carteles de las últimas? ¿Y las dos fallas experimentales que realizaste junto a Dídac Ballester?

Ibán: Bueno, las fallas que hice junto a Dídac están en el marco de las fallas experimentales, por tanto tienen un público que es más receptivo y otro público que es muchísimo más crítico. Aun así, yo creo que, incluso dentro de las fallas experimentales, las fallas que hicimos tampoco eran las típicas dentro de ese ámbito, porque quisimos que formalmente fueran propuestas novedosas, pero también intentamos que conceptualmente no hubiera ninguna duda de que lo que estábamos haciendo eran fallas, que no se confundiera con otro tipo de ejercicio creativo.

También creo que aquellos trabajos de fallas sirvieron para que muchas personas en Valencia, entre ellos creativos, diseñadores, ilustradores, artistas, arquitectos… que miraban el mundo de las fallas con rechazo, vieran que en cierto modo también suponía una oportunidad de trabajo para ellos, ahora puede haber más gente interesada en esta actividad. Luego, en el tema de los carteles ha habido mucha política también. Por ser el momento de cambio de Gobierno ha habido manipulación mediática, y mucha. Creo que en el mundo fallero cada vez hay más gente que te va diciendo con el tiempo: «Aquellos carteles que hiciste cada vez los entiendo mejor y me gustan más». La gente necesita educarse en materia de diseño; nadie nace sabiendo y la verdad es que hasta ahora, en Valencia, no sabíamos mucho de buena cartelería, por eso es normal que la gente no lo entendiera a la primera con facilidad. La gente entiende aquello que reconoce y en el diseño uno de los valores es avanzar y proponer ideas que no sean tan reconocibles; mucha gente que no está interesada en el mundo del diseño muestra cierto rechazo a aquellas cosas que no conoce y que no reconoce.

Nacho: Su exposición en el museo explica que el diseño forma parte de la cultura. Como comentábamos antes, las etiquetas no deben quedar ancladas y las líneas no tienen que ser tampoco tan estancas. Hay que reconocer todo el valor cultural, tanto de la falla como de la manifestación cultural, del diseño, de la parte más interesante o de la parte más creativa, etc.

En tus propias palabras, tú haces una biyección entre el nivel de diseño de un país y la cultura de ese país, ¿no?

Ibán: Sí, por el nivel de diseño producido. Puede haber diseñadores interesantes, pero si la Administración pública y las empresas no cuentan con ellos, al final no es visible para el público en general. Es muy importante que el trabajo de cierto nivel de diseño salga a la calle para que la gente lo acabe entendiendo.

¿Cómo creéis ambos que influye la designación de Vicent Marzà como conseller de Educación, Investigación, Cultura y Deporte en el ámbito cultural de la Comunidad Valenciana?

Nacho: Creo que el cambio político ha sido algo fundamental, veremos en qué se concreta. Es un revulsivo después de muchos años de unas determinadas políticas, con la gente muy desanimada, con un tejido en cierta descomposición por falta de apoyo de la Administración. Simplemente el cambio ha sido muy positivo.

¿Había falta de apoyo de la Administración antes?

Nacho: Bueno, quizá no tanto falta de apoyo como falta de criterio. En el tema de los carteles y en el tema de la arquitectura pública. Por ejemplo, los espacios públicos que se han hecho en la ciudad se han hecho con muy poco criterio y, en muchos casos, con un criterio nefasto. El hecho de la llegada de nuevos políticos, desde mi punto de vista, es una bocanada de aire fresco, que veremos en qué queda también —acaban de llegar y están pidiendo mucho tiempo al sector, al mundo de la cultura—. Todavía estamos esperando más resultados, pero sí que de entrada pienso que hay que ser optimista. Es decir, a ver si tenemos aquí un apoyo, un viento nuevo o algo distinto. Lo que pasa es que van muy lentos, pero confiamos en que sí, en que sean capaces.

Ibán: Sí, yo tampoco soy un gran entendido ni un gran seguidor de la política y no sé si puedo hacer una valoración, pero sí que parece que al menos ahora hay un plan de intenciones. Estoy de acuerdo con él, por lo menos en lo que afecta a mi actividad la gestión era nefasta, y en otros ámbitos también… En la gestión de los museos y en muchos aspectos que tienen que ver con la cultura, la Conselleria de Cultura lo hacía mal. Da la sensación de que la cosa ahora por lo menos es esperanzadora y, desde luego, creo que así lo percibe el sector creativo en Valencia.

No hace mucho, la reconocida crítica de arte Rosa Olivares nos decía que la derecha siempre ha sido mejor que la izquierda para el arte moderno. ¿Cuál es vuestra percepción al respecto?

Nacho: Bueno, habría que preguntarle primero a Rosa qué es lo que quiere decir con esto.

Ibán: No dudo que pueda haber cosas que pueda valorar como positivas, pero se han hecho cosas muy mal. Es complicadísimo. Yo creo que Rosa había hecho previamente esa reflexión, pero en materia por ejemplo de programación cultural en la ciudad de Valencia, que es donde nosotros vivimos, durante el periodo que ha gobernado la derecha, pues la verdad es que ha habido cosas muy malas.

Nacho: A mí me resulta un poco complicado valorar una frase de una persona que no está aquí, pero a priori no estoy muy de acuerdo con esa frase, porque al final no es un tema de contentar o no, no es un tema de invertir o no, es un tema de criterio y de que, si haces algo, con qué criterio lo haces. Apostar por Tàpies es muy fácil.

Ibán: También la derecha llevó a Ágatha Ruiz de la Prada al IVAM [risas]. No podemos coger una cosa de manera aislada y hacer una valoración a partir de ahí, no es razonable y se han hecho muchas barbaridades.

Nacho, tú combinas proyectos tradicionales como viviendas unifamiliares con el diseño de espacios. Háblanos del arquitecto como hacedor de espacios.

Nacho: La definición de arquitecto como hacedor de espacios la verdad es que me encanta, me parece una definición preciosa. El arquitecto trabaja con el espacio y al final más que un creador es un posibilitador. La palabra hacedor también habla de proceso creativo desde la humildad.

Ibán: El arquitecto no es que haga paredes como algo escultórico, sino que lo que crea son espacios en los que vivir, espacios que usar.

¿En qué consisten tus microarquitecturas?

Nacho: Las microarquitecturas son la materialización de mis preocupaciones como arquitecto, de aquello que me apasiona de la arquitectura, y transmitirlo a partir de otra escala. Lo entiendo un poco así, como pequeñas arquitecturas. Se trata de pequeños objetos que están a medio camino entre la escultura y la arquitectura, que se nutren de la naturaleza y de lo arquitectónico. Alguno de ellos está más en el ámbito de la arquitectura, otros más en el ámbito de la escultura, pero incluso esto también depende del espectador; al final hay gente que, según la pieza concreta, la entiende más de una manera u otra. No me gusta definirlas ni como esculturas ni como arquitecturas. Yo prefiero llamarlas piezas, que es un concepto que permite más permeabilidad de significado. En estas piezas puedo desarrollar el carácter más plástico, «más artístico», de mi trabajo.

Ibán, has realizado el catálogo de la obra personal y artística de Nacho. ¿Cómo os conocisteis? ¿Hay círculos de artistas en Valencia?

Ibán: Nos conocimos en un círculo más de arquitectos que de artistas. Fue casual, coincidimos hace seis o siete años en un encuentro organizado por unas arquitectas que son amigas comunes, donde Nacho participó en una charla. Esa fue la primera vez que nos vimos. Había escuchado hablar antes de él. Nuestro encuentro no tiene nada que ver con el mundo del arte.

Nacho, las tapas del catálogo están realizadas en madera, un elemento clave en el proyecto de Casa Turia. ¿En qué consiste este proyecto? ¿Por qué ese interés en vincular naturaleza y arquitectura?

Nacho: Casa Turia es una reforma integral de una vivienda. Consiste en un espacio fluido. La vivienda está muy próxima al jardín botánico de Valencia y eso fue uno de los detonantes del proyecto. Está formada por curvas de madera en los diferentes espacios de la vivienda, lo que le da un aspecto muy fluido y natural. Casa Turia evidencia ese mayor interés por la vinculación de la arquitectura con la naturaleza que hay actualmente. Y, ¿por qué ese interés? Porque son fascinantes todos los puntos de unión y de encuentro entre arquitectura y naturaleza. Las mejores universidades del mundo están fijándose en los procesos de generación natural, en cómo la naturaleza genera arquitectura en sí misma. Se trata de observar los procesos de generación de la forma en lugar de la propia forma. Por ejemplo, un bambú. ¿Que hace que el bambú sea flexible? ¿Qué hace que el bambú aguante bien el viento y que luego sea al mismo tiempo suave? La naturaleza está siendo una pieza clave de todo el proceso creativo.

Nacho, el proyecto Casa Turia lo has realizado junto a Verena Velázquez y tú, Ibán, has trabajado junto a Dídac Ballester en el diseño de dos fallas experimentales. ¿Qué sinergias os ha aportado trabajar en proyectos con otros creadores?

Ibán: Estuve trabajando con Dídac durante tres años y todo lo que hemos hecho durante ese periodo lo hemos hecho de manera conjunta. Esta forma de trabajar de manera consensuada tiene aspectos negativos y positivos. Es difícil encontrar la colaboración adecuada en cada momento para cada proyecto, pero si se consigue la experiencia de trabajar en equipo es positiva.

Nacho: En mi caso, como arquitecto considero que lo mejor es un trabajo en equipo. Tener a alguien en el origen con quien discutir y debatir es muy interesante. Otra cosa es cuando trabajo la parte más creativa, más plástica, con las microarquitecturas, entonces es más complicado consensuar [risas]. En arquitectura es necesario debatir muchos aspectos técnicos con equipos multidisciplinares y no solo colaborar con otros arquitectos o diseñadores. Enriquece muchísimo.

¿Se puede hablar de arquitectura eliminando la funcionalidad?

Nacho: Es la gran pregunta y al menos para mí de difícil respuesta. Plantear la arquitectura sin funcionalidad nos llevaría a remontarnos a lo que es arquitectura y lo que no es arquitectura. Entraríamos en un terreno de lo que es arte y lo que no es arte. Muchos técnicos dirán que sin funcionalidad no puede haber arquitectura; sin embargo, hay edificios icónicos que todo el mundo reconoce y que no funcionan. Un caso paradigmático de la historia de la arquitectura y que todos conocemos, es por ejemplo, la Casa Farnsworth, una casa mítica que nunca funcionó como casa, tuvo problemas de condensaciones, entre el arquitecto y la cliente, etc., y han corrido ríos de tinta criticando la casa. En cambio, es una casa clave del siglo XX. También puede haber arquitectura en un proyecto no construido pero que haya servido para transformar ideas dando otra visión a la arquitectura. Para mí eso es arquitectura.

¿Cómo se conecta la arquitectura con el contexto? ¿Qué arquitectos han logrado bien esto?

Nacho: Creo que con mucha humildad. Como arquitecto, cuando te enfrentas a un contexto con actitud arrogante difícilmente vas a conseguir que tu pieza encaje en ese contexto. Es necesaria mucha sensibilidad para mirar, para escuchar e incluso para oler. Necesitas tener curiosidad para entender ese lugar, desde el punto de vista de la memoria, de la historia, de los habitantes, etc., y al final, cuando unes esa sensibilidad, esa curiosidad, esa humildad, es cuando los grandes arquitectos conectan su trabajo con el contexto. Pienso en grandes como David Chipperfield, Alvar Aalto o Álvaro Siza, que son referentes fundamentales. Fui hace poco a las piscinas de Oporto por segunda vez y me volví a emocionar.

¿Se suele contar con diseñadores en la arquitectura o los arquitectos suelen pensar que ellos son capaces de hacer el diseño?

Ibán: Hay de todo. Sí que hay arquitectos, y supongo que diseñadores también, que pensamos que somos capaces de hacer más cosas de las que en realidad sabemos. Yo he visto edificios maravillosos acabados rematadamente mal, con una señalética nefasta diseñada por los propios arquitectos, o casos de todo lo contrario.

Nacho: Se debería de hacer más, al final la multidisciplinariedad de los equipos te aporta mucho desde muy diferentes ámbitos. Tienes la posibilidad de trabajar con diseñadores, con artistas plásticos, con biólogos… un biólogo en un proyecto de arquitectura, por ejemplo, puede ser muy enriquecedor.

¿Cuál es vuestra opinión de Calatrava como arquitecto y como artista? ¿Qué significa para la ciudad de Valencia? ¿Y para la marca España?

Ibán: Yo la primera vez que oí hablar de Calatrava me pareció interesante. Vi el primer puente que hizo en Valencia y la estación de Stuttgart y pensé que era un gran arquitecto. Con el tiempo, y a medida que ha virado de la arquitectura a la escultura, he perdido más interés. Es muy difícil entender el porqué de ciertos edificios que a veces se repiten aquí y allá una y otra vez, y es difícil de entender por qué está en cada sitio y qué objetivos cumple. No me parece una obra interesante más allá de lo grandioso, de la cuestión técnica y ciertas cosas visualmente atractivas. Lo que tenemos en Valencia se ha convertido en una atracción turística, hay que reconocerlo, es una especie de nueva catedral para reportajes de boda o para hacer películas de ciencia ficción. Pero, como arquitectura en sí misma, para mí no tiene mucho interés. Y además está el despilfarro económico, los sobrecostes y esas cosas. Es complicado.

Nacho: Con respecto a la marca España, no sabía yo que estaba en la lista Calatrava. ¿Quién ha hecho la lista? ¿Quién ha decidido que ese arquitecto esté ahí? ¿Con qué criterio?

Ibán: La lista de marca España es cuestionable. En este país hay una gran falta de respeto por todas las actividades en general, siempre hay gente que decide qué está bien y qué está mal. Deberían enviarlo a las asociaciones sectoriales y que sean estas quienes elijan a sus profesionales, como la academia de cine, la academia de diseñadores, etc. No que vengan miembros de la política a decidirlo.

Nacho: Hay que saber diferenciar entre popularidad y calidad, entre el blockbuster o el taquillazo y entre la calidad de crítica y público. Calatrava es muy popular, pero en cuanto a calidad… Los primeros edificios eran interesantes, y los edificios de la Ciudad de las Artes y las Ciencias dejan epatada a la gente por la magnitud, por la escala, por esa espectacularidad, pero a mí no me parece una obra interesante. Y además Calatrava ha montado una fórmula de éxito que repite sin fin.

Ibán: Hay muchos arquitectos conocidos que no repiten, como Chipperfield, o Moneo, o muchos otros aunque hay dejes o ciertas cosas que se repiten, porque cuando un arquitecto o un diseñador se encuentra con una solución con la que conecta y que funciona, pues es posible, casi seguro, que va a repetir algunas cosas, pero no copia el modelo en su totalidad una y otra vez.

Nacho: Yo soy fan, por ejemplo, de David Chipperfield, Alvar Aalto o Álvaro Siza, me parece un arquitecto fundamental en el siglo XX. Para mí es un artista, arquitecto, creador… llámalo lo que quieras, porque todo me parece que encaja con él, que ha transformado la arquitectura y por eso me parece muy interesante. Pero Gehry, desde el momento que empieza a hacer el mismo edificio aquí y allá, para mí está perdiendo valor como creador. Es una lástima y yo creo que él mismo se debe de dar cuenta, pero no le compensa cambiar. Una cosa es ser reconocible y otra cosa es repetir. Cuando un artista pasa de tener un estilo y un lenguaje a repetirse a sí mismo es su muerte como creador.

Nacho, ¿cuáles son tus referencias como arquitecto?

Nacho: Alvar Aalto es fundamental en mi carrera, también Jacobsen. Me gustan los grandes maestros del movimiento moderno, pero sobre todo me interesan arquitectos que se han interesado por una mirada más tangencial. Por ejemplo, Aalto introdujo la naturaleza, la curva, la sensualidad. O Niemeyer. Ambos son arquitectos que vienen de las periferias, y esto me interesa mucho. Schindler, por ejemplo, otro de mis referentes fundamentales, tiene una casa en Los Ángeles, donde trabaja la madera, la luz, la sombra, que son conceptos totalmente alejados de lo que era el paradigma del funcionalismo. Me gusta mucho también la manera en que Kiesler trabaja el espacio Su proyecto de La casa sin fin es para mí una constante referencia. Dos de mis arquitectos actuales favoritos son Zaha Hadid y Frank Gehry. De España me quedo por ejemplo con Miguel Fisac.

Tenemos ilustradores de prestigio internacional como la valenciana Ana Juan, ¿qué os parece su trabajo? ¿Qué otros ilustradores españoles os resultan remarcables?

Ibán: A Ana Juan la sigo desde hace muchísimos años, cuando compraba Madriz, que es una revista mítica de tebeos. Ana Juan era una de sus dibujantes y estuve a punto de dedicarme a la ilustración entre otras cosas por gente como ella. Me parece maravillosa y me parece increíble que no se la conozca muchísimo más en Valencia. Creo que estamos en un buen momento para la ilustración y en un maravilloso momento para las mujeres ilustradoras. Me gustan María Herreros o Carla Fuentes. Hay ilustradores que creo que no han sido justamente reconocidos, como Paco Giménez en Valencia, que es un ilustrador maravilloso y que también ha tenido varios premios nacionales. La calidad de la ilustración en Valencia y en España es significativa.

¿Tus referencias como diseñador?

Ibán: No tengo [risas]. Tener que improvisar esto es francamente difícil. No soy incondicional de ningún diseñador y hay muchísimos diseñadores que han marcado mi trabajo; yo no haría lo mismo si no hubiese conocido sus trabajos. Me viene a la cabeza Isidro Ferrer o gente muy cercana de Valencia como Daniel Nebot o Antonio Ballesteros. Me encanta el diseño que se hace en Suiza, en Holanda o el trabajo que hace Spin, que es un estudio inglés. Hay muchísimos nombres, pero no me caso con nadie, no hay ninguno que me parezca impecable y hay trabajos concretos de cada uno de ellos que me parecen muy valiosos.

Nacho, ¿qué tendencias arquitectónicas nos esperan los próximos diez años?

Nacho: Es complicado hablar de tendencias de futuro y creo que hoy en día más, porque históricamente podíamos englobar fácilmente las cosas con algún «-ismo», el romanticismo, el realismo, etc. Hoy en día es un poco más complejo, estamos en un mundo cada vez más globalizado, cada vez más complejo y en definitiva no creo que nos vayamos a encontrar en breve con paradigmas nuevos. Habrá un mundo donde van a coexistir múltiples  sensibilidades, desde la arquitectura más vinculada al movimiento moderno a gente heredera de la arquitectura liviana de Frei Otto, que son los que me interesan más, que nos van a sorprender en el futuro con interesantes creaciones arquitectónicas basadas en procesos naturales. En cualquier caso, no pienso que ese vaya a ser el nuevo paradigma, no pienso que todos vayamos a empezar a trabajar de esa determinada manera. Me parece que el mundo es más complejo, más difícil de entender, más difícil de asir, más fascinante por lo tanto. No va a existir un nuevo paradigma arquitectónico.

Y en el diseño gráfico, ¿hay también modas y tendencias? Ibán, ¿cuál es tu tipografía favorita?

Ibán: Tipografía favorita no tengo. En cada momento sí que es verdad que hay algunas con las que trabajas más porque has aprendido a trabajar con ellas y funcionan bien para determinados temas. En cuanto a tendencias en diseño, yo creo que sí que es algo diferente al mundo de la arquitectura. En el diseño la novedad es un recurso fundamental para llamar la atención. Por ejemplo, en los muebles hay temporadas de lacas, luego temporadas de maderas, luego otra vez vuelven las lacas y otra vez las maderas, hay ciclos que se repiten aunque no exactamente del mismo modo. Hace unos años, las lacas eran todas negras, después vinieron las maderas de haya, después las lacas blancas y después las maderas rubias naturales. En diseño gráfico lo mismo, a lo mejor no de una manera tan visible, pero ahora se ha superado el momento de la deconstrucción, de lo orgánico, de lo gestual, y estamos en un momento más riguroso, de un trabajo más discreto. Es posible que dentro de unos años aparezca alguien haciendo cosas que en estos momentos me parecen espantosas y nos dejemos contagiar. En diseño nunca se puede decir «de esta agua no beberé» y lo que ahora está bien, desde luego, no te garantizo que esté bien dentro de pocos meses.

Nacho: Al final es el contexto, el diseño es hijo de su contexto. Lo que dices es que «no te puedo garantizar que esté bien», claro, lo que está bien ahora no tiene por qué estar bien después. En los paradigmas de la arquitectura pasa lo mismo, algo construido en los sesenta hoy no tiene por qué gustar y se debe a que el contexto es otro. Mies hablaba de que la arquitectura es el reflejo del espíritu de su tiempo y lo creo absolutamente. Para entender a Mies hay que entender eso, que tú no puedes replicar su obra porque hoy no es el tiempo de la arquitectura de Mies, y la gente que lo imita está de alguna manera «traicionando» a Mies, porque no lo ha entendido.

Behance.net es una plataforma creativa donde los artistas exponéis vuestros porfolios. Ibán, ¿te genera negocio? ¿Es el sitio donde primero aparecen las nuevas vanguardias?

Ibán: Negocio, relativamente poco. A mí no me genera negocio, quizás llevo poco tiempo, sin embargo, sí sé que hay gente a la que le va bien. Creo que si haces ilustración Behance es una plataforma estupenda para dar a conocer tu trabajo, si haces diseño gráfico yo creo que es más difícil. También es verdad que en el diseño gráfico es muy difícil trabajar a distancia y Behance es una plataforma estupenda para que te conozcan desde lejos. He hecho algunos trabajos para otros países, pero lo ideal es estar cerca de tus clientes porque requiere de un feedback continuo muy cercano; pero sí se puede hacer un trabajo de ilustración a distancia. En el diseño hay gente que lo hace. Pero en mi caso, que dialogo mucho y trato de implicar mucho al cliente, trabajar a distancia es complicado. Aun así, creo que hoy en día hay que estar en cuantas más plataformas de este tipo, mejor.

¿Tenéis problemas para dar visibilidad y alcance a vuestro trabajo?

Ibán: Yo creo que no. La visibilidad de tu trabajo significa llegar a aquellos sitios a los que conviene. A mí me da igual que mi trabajo sea muy visible a nivel popular, ya que no es un objetivo para mí. Lo importante es que te conozcan aquellos gestores que pueden necesitar profesionales de un nivel adecuado para sus trabajos de diseño y esto sí que es difícil, y tenemos que hacer uso de elementos de promoción para conseguir ser visibles. En el ámbito de la actividad profesional no creo que sea difícil, pero tampoco creo que sea lo más necesario.

Nacho: En mi caso sí que pienso que hay cierta dificultad para conseguir visibilidad, para ser capaces de llegar a la gente a la que le vaya a interesar tu trabajo. Creo que hacemos cosas que le pueden interesar a determinada gente y no llegamos bien a ellos.

Ibán, tú tienes tres cuentas de Facebook, Twitter, Instagram; ¿cuánto tiempo dedicas a redes sociales?

Ibán: Pues dedico el que tengo. Es una herramienta de promoción, y además es una herramienta de ocio y diversión, o sea que no me planteo tampoco una obligatoriedad de estar ahí, no pienso en cuándo estoy y cuándo no estoy. Tengo cuentas de Facebook separadas porque mi actividad personal en el mundo de la fotografía no tiene nada que ver con mi actividad profesional en el mundo del diseño. La de Instagram, por ejemplo, es una cuestión más de ocio y ahí lo mezclo todo, pero no me siento obligado a mantener superactivas las cuentas de las redes sociales.

¿En qué ciudad del mundo os gustaría exponer?

Nacho: París o Nueva York, pero esto es como decir: «¿A quién quieres más, a papá o a mamá?». Es complicado. En general soy poco mitómano, pero con las ciudades es diferente, y estas son mis dos grandes mitos. Me voy a mojar, te diría que… [risas] Nueva York.

Ibán: Si yo tuviera que exponer fotografía, diría Nueva York. Y si tuviera que exponer carteles, me iría a París, donde hay una gran tradición de cartelismo y conocimiento del diseño gráfico, y es muy respetado.

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1 comentario

  1. Artista

    Compruebo con sorpresa que dos profesionales (un diseñador y un arquitecto) son capaces de verter lugares comunes absolutamente erróneos, con un conocimiento lamentable de la historia de sus profesiones.
    Ejemplos:

    «Pero el arte, por definición, tiene que responder a una actitud personal y no a un encargo»
    Pues la inmensa mayoría del Arte a lo largo de la Historia ha sido encargado, desde las catedrales hasta la música de Bach, al Capilla Sixtina o los cuadros de Velázquez.

    «Antes el que era pintor era solo pintor, o escultor. El artista tradicional era alguien que creaba en solitario.»
    Falso. La mayoría de artistas hasta el siglo XIX no creaban ni mucho menos en solitario. Lo hacían en talleres, como parte de equipos que les auxiliaban.

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