No estará en los Óscar, pero denle una oportunidad a The Sisters Brothers

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The Sisters Brothers (2018). Imagen: Annapurna Pictures / Why Not Productions / Michael De Luca Productions / Page 114 / Mobra Films Productions / KNM / Top Drawer Entertainment / France 2 Cinema / France 3 Cinéma / UGC Images / Apache Films / Les Films Du Fleuve.

Las nominaciones de los premios Óscar 2019 ya son públicas y, como era de esperar dado el nivel de histeria de los organizadores ante la pérdida de espectadores durante la gala del año pasado, la lista de agraciados es de una irregularidad pasmosa. Ya tendremos tiempo de hablar de la escabechina de nominaciones con más detalle, pero la Academia estadounidense está en una delicada encrucijada entre el gusto del espectador palomitero, el consabido subtexto sociopolítico de la temporada otoño-invierno y el verdadero reconocimiento a la calidad. Baste mencionar la categoría de «película más popular», una ocurrencia que ha quedado abortada (de momento), pero que, mejor que ninguna otra cosa, ilustra el estado mental de quienes dirigen el cotarro oscarcircense.

No estoy queriendo decir que The Sisters Brothers debiera haber sido una de las siete nominadas a mejor película. Ha habido películas mejores esta temporada. Sí pienso que lo merecía más que Black Panther o Bohemian Rhapsody, pero ha habido unos cuantos títulos de los que podría decir lo mismo y que han sido dados de lado porque, ¡oh!, no han sido «populares». Más sorprendente es que The Sisters Brothers no haya sido nominada a la mejor fotografía conteniendo el despliegue de iluminación que contiene; según parece, los académicos pensaron que la fotografía de A Star is Born lo merecía más porque tiene más colorines o porque sale Lady Gaga, quién sabe. Pero bueno, da igual: The Sisters Brothers no ha sido la mejor película del 2018, pero merece una mención especial porque hay mucha gente que no la ha visto y disfrutaría si la viese, sobre todo los fans de los hermanos Coen y del wéstern en general. Y porque el tiempo la colocará en su lugar entre lo más apreciable del 2018.

No, no es una película de los hermanos Coen, pero si la hubiese visto sin saber nada sobre ella y me hubiesen dicho que era obra suya, hubiese podido llegar a creérmelo. Entiendan que decir esto es solo una manera sencilla de resumir el estilo de la película y que no pretendo desmerecer la novela que le sirvió de base ni el más que probado talento del director y guionista francés Jacques Audiard, que es él, y no los Coen, el verdadero autor del largometraje. Tampoco pretendo decir que Audiard haya imitado de manera consciente a los dos cineastas estadounidenses. Seguramente no haría esta comparación si los Coen no hubiesen estrenado también en 2018 su propia antología wéstern, The Ballad of Buster Scruggs. Ya saben, esa que contiene seis minihistorias. Una de las seis, titulada «The Gal Who Got Rattled», es muy parecida en tono y ritmo narrativo a The Sisters Brothers, que es la película «no de los Coen» más Coen que recuerdo haber visto en mucho tiempo. Es un paralelismo imperfecto, pero también la mejor manera de presentársela a quien no la haya visto.

He de decir que The Ballad of Buster Scruggs me gustó, cómo no, pero me parece una obra menor en la filmografía de los Coen. Muestra parte de lo mejor de su pulso narrativo y de su instinto visual, además de diálogos realmente fantásticos brillantemente ejecutados por actores y actrices muy inspirados. Yo hubiese preferido un largometraje convencional y no una colección de cortos que, salvo un par, no tienen mucho argumento y en general contienen más estilo que sustancia. El estilo, eso sí, es exquisito; los Coen han sabido elaborar una especie de celebración de su propio folclore audiovisual y The Ballad of Buster Scruggs es un gran divertimento. Pero son los dos hermanos imitándose a sí mismos, más que contando historias bien desarrolladas. No es Fargo, Sangre fácil o No es país para viejos. Tampoco es que esperase otra cosa porque las historias cortas son eso: historias cortas. He escrito bastante sobre cortometrajes y es un género que me gusta; los Coen, como ha quedado claro, los hacen mejor que casi todo el resto del planeta, pero yo los prefiero en largometraje, contando historias y no sketches. En fin, no estamos aquí para extendernos con los Coen, de quienes seguiré viendo cada cosa que estrenen con la misma ilusión infantil de siempre.

Hablemos de The Sisters Brothers. ¿Qué es? Pues es un wéstern a fuego lento, repleto de un humor sarcástico basado en los extravagantes caracteres de los personajes protagonistas, aunque hay que entrecerrar los ojos para captar los ribetes de comedia. Apuesta por el realismo en la ambientación y en otros elementos típicos del género como los tiroteos, que están entre los más verosímiles que he visto en pantalla, al menos si hacemos caso a lo que se describe en textos de cronistas de la época del salvaje Oeste. Miren que es raro que un tiroteo no parezca un artificio peliculero, pues bien: el director Jacques Audiard evita ese problema con enormes arrebatos de inspiración visual. Por otra parte, la acción bascula entre lo terrenal y lo fantasioso, que está presente en pequeñas dosis de realismo mágico. La narración es cínica y existencialista casi todo el tiempo y, al mismo tiempo, extrañamente moralista. Cuenta una historia de violencia y avaricia, pero, como muchos buenos wésterns, sirve como vehículo para explorar el interior de los personajes y su viaje hacia una nueva comprensión de la vida. La película, por cierto, es multinacional. Una coproducción franco-estadounidense, escrita y dirigida por franceses, basada en una novela canadiense, y que cuenta con intérpretes estadounidenses y británicos. Ah, y ha sido rodada en España, aunque no esperen ustedes que se limite a un típico festival de desiertos almerienses, porque las localizaciones son variadas y a veces sorprendentes. Sí, hay escenas filmadas en Almería, pero también en Aragón y Navarra.

Cuenta la historia de dos hermanos, Eli Sisters (John C. Reilly) y Charlie Sisters (Joaquin Phoenix), que trabajan como pistoleros encargados de dar caza a un individuo llamado Warm (Riz Ahmed, el protagonista de The Night Of), para lo que se valen de la ayuda de un cazador de recompensas llamado Morris (Jake Gyllenhaal). Esta persecución de tres contra uno da un vuelco cuando Gylenhaal empieza a trabar amistad con Riz Ahmed y decide que quizá le conviene no cumplir su misión, mientras los hermanos Sisters continúan obcecados con la captura. Hasta aquí, como verán, un planteamiento típico de wéstern, sostenido por un cuarteto protagonista de alto nivel al que hay que unir nombres como Rutger Hauer o Allison Tolman (la policía de la serie Fargo, otra remota conexión con el universo Coen, aunque aquí por desgracia hace un papel pequeño).

Los cuatro hombres recorren el salvaje Oeste para cumplir cada cual con su objetivo particular, pero en realidad el camino sirve para que vayamos descubriendo quién es cada uno de ellos y por qué lleva la vida que lleva. Los hermanos Sisters están traumatizados por una infancia de mierda; son como uña y carne, pero también están condenados a una existencia turbulenta. El hermano mayor ha de bregar con el carácter temerario y violento del pequeño, un Joaquin Phoenix en estado de gracia que prácticamente se transforma en su personaje ante nuestros ojos hasta hacernos olvidar que es el actor al que hemos visto tantas veces (tampoco hubiese pasado nada si lo hubiesen nominado a un Óscar). Sin desvelar las vicisitudes que aguardan a los dos hermanos, puedo decir que The Sisters Brothers es una reflexión sobre lo absurdo que puede llegar a ser un estilo de vida basado en el cumplimiento de metas cortoplacistas como la inmediata satisfacción de deseos, la persecución de fantasías o la eterna búsqueda de compensación por las cargas de nuestro pasado. Esas metas a corto plazo quedan dislocadas porque el destino reserva sus propias sorpresas a cada personaje, amén de las estupideces que cometen por propia voluntad. Este mensaje, resumido en que una vida simple podría ser la ambición más inteligente, recuerda una vez más al universo de los Coen, en especial al de la película Fargo. Curiosamente, reflexiones de este calado son las que eché de menos en The Ballad of Buster Scruggs.

El elaborado trasfondo existencial de The Sisters Brothers viene empaquetado en un formato impecable. Ya desde las primeras secuencias nos queda claro que Jacques Audiard es capaz de salirse de lo trillado, con un tiroteo inicial a oscuras que nos anuncia que, al menos en lo visual, no estamos ante una película cualquiera. Por descontado, la lentitud de la historia horrorizará a quien espere un festival de acción o un desenlace catártico al estilo Tarantino. De hecho, ha habido un sector de espectadores que no la entendido, como sucedió con películas de terror como Hereditary o Annihilation: muchos espectadores esperaban otra cosa (terror palomitero al estilo Blumhouse) y quedaron decepcionados en vez de haber intentado apreciarlas por lo que eran.

Así que cabe advertir que The Sisters Brothers no es un wéstern trepidante ni una comedia de pistoleros al uso. Es una combinación entre comedia negra y drama, con interludios de acción que emanan del argumento y que no son los objetivos del mismo. La trama es un análisis de las relaciones entre varios hombres y, en ese sentido, es una película de temática masculina; como las de Jeff Nichols, para entendernos. La diferencia es que, mientras Nichols reflexiona sobre la dificultad que tenemos los varones para movernos con soltura en el ámbito emocional (en Shotgun Blues y Take Shelter, sobre todo), The Sisters Brothers da por hecho que existe esa dificultad, pero no la convierte en el centro del análisis ni en el motor del drama. Por ejemplo: los dos hermanos Sisters tienen una manera pueril de relacionarse entre ellos, obviando todo aquel gesto convencional de cariño que no encaje en su particular concepto de hombría. Sin embargo, el amor que sienten el uno por el otro y la fidelidad que se profesan nunca son puestos en duda y el espectador los percibe con claridad. Mientras en las películas de Nichols el bloqueo emocional masculino conduce a situaciones tóxicas que se convierten en el centro de la trama, en The Sisters Brothers ese bloqueo es como una parte más del paisaje, no el motor de la historia.

La ausencia de protagonistas femeninas no es casual. Puesto que buena parte del argumento descansa en el retrato —pintado con sarcasmo, pero también con simpatía— de una visión masculina y primitiva del mundo, la preponderancia de un personaje femenino hubiese introducido mecanismos que probablemente hubiesen alterado la historia. Por una parte es una lástima, porque los pocos personajes femeninos que intervienen de manera visible en la acción, por más que aparezcan de manera muy breve, son descritos con muchísima agudeza y sus reacciones se salen del estereotipo. El personaje de Allison Tolman —increíble actriz capaz de brillar con breves minutos de pantalla, pero sin forzar lo más mínimo— podría haber dado muchísimo más de sí (ya entenderán lo que digo cuando vean la secuencia del paño en el prostíbulo), pero una mayor presencia hubiese distorsionado las relaciones entre el cuarteto masculino principal. No se puede tener todo.

Esto, por descontado, no significa que una espectadora no pueda disfrutar de esta película, ¡para nada! Significa solamente que es una película acerca de la masculinidad, además de sobre la avaricia, la violencia y otros males diversos. Cuando hablo de una «visión masculina del mundo» me refiero a la visión del mundo que tienen los propios personajes, no a la visión con la que la película ha sido escrita o rodada. Como decía más arriba, esto no es un festival de acción destinada a elevar los niveles de testosterona. Tampoco es exactamente una película contemplativa, pero tiene bastantes momentos de reposo y su intención es más reflexiva que de entretenimiento fácil. Puede llegar a ser muy divertida si se capta su sutil sentido del humor, pero no es un humor hecho para cualquiera (no puedo evitar mencionar de nuevo a los Coen y la comicidad subrepticia y oscura de títulos como Un tipo serio).

Por lo demás, salvo los mencionados instantes que rozan el realismo mágico, los cánones del wéstern son escrupulosamente respetados y las pocas novedades que Audiard introduce en el estilo visual o narrativo son hallazgos inspirados que, lejos de desentonar como ocurrencias, enriquecen el conjunto. Hay gente que la ha visto y la ha odiado, pero también ha habido quien ha odiado Hereditary o Annihilation. Si le aburren a usted las películas lentas con metáforas y moralejas sutiles, bueno, ahí tiene el Universo Marvel, que permite reservar las neuronas para la masticación de palomitas (eh, no lo critico, todo tiene su momento). The Sisters Brothers ofrece otro tipo de universo en el que sumergirse y que mucha gente, por desgracia, no ha llegado a visitar.

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5 comentarios

  1. Juancho Talarga

    Buena película y buenas actuaciones, pero no creo que la vaya a recordar de aquí a pocos años.

  2. excelente pelicula, creo que se va a valorar con los años

  3. Hola. Gracias por el artículo.
    Autor del libro: Patrick deWitt (el origen de la comparación con los Coen y de exactamente todos los temas que comentas y a los que Jacques Audiard les puso una muy bonita ropa).

  4. Diego

    Tengo ganas de verla y esta critica ha hecho que tenga aún más ganas.En cuanto a los Oscars aún estoy fripando con la inclusión de la «Black panter» dentro de las favoritas.Huele a cubrir el cupo racial obligatorio de todos los años para mantener contentos a la comunidad afroamericana.

  5. Con todas estas ilustres y bien fundadas recomendaciones, habrá que verla.

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