Rafael Martín Vázquez: «Nunca tendría que haber salido del Real Madrid, pero no me arrepiento»

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Fotografía: Lupe de la Vallina

Para los entendidos era el jugador más completo de la Quinta del Buitre. Su último año en el Real Madrid de Toshack fue atómico, pero ocurrió lo nunca visto. Una estrella del Madrid, de la casa, de la cantera, se fue en su mejor momento a otro club; club que venía de segunda. El Real cayó en barrena al año siguiente y Rafael Martín Vázquez (Madrid, 1965) nunca recuperó el nivel exhibido en los ochenta en sus sucesivos clubes. La mala suerte hizo el resto. Pero, en la memoria del aficionado, si un papel tiene Martín Vázquez es el del what if ¿Qué hubiera pasado en los noventa si no se hubiese marchado? ¿Hasta dónde habría llegado España en Italia 90 si el jugadón que le hizo a Yugoslavia no se hubiese ido lamiendo el palo? Las certezas que dejó convirtiéndose en uno de los cinco mejores jugadores de Europa solo arrojaron preguntas. Nos vemos en una cafetería de su barrio antes de que se vaya a una reunión de veteranos a Valdebebas.

¿Cómo fue tu infancia en Pozuelo?

Nací en Carabanchel y al poco tiempo nos mudamos a Pozuelo, estábamos entre la estación y Aravaca. Había una fábrica de ladrillos y lo demás era todo campo. Y también había un campo de fútbol con unos postes de madera oscura como los de las vías del tren. Eran tan grandes que era difícil no darles. Éramos una pandilla enorme, no sabes cuánto aprendí de los mayores. Y al lado de la fábrica había una montaña enorme de arcilla, que se iba consumiendo, y nosotros nos colábamos para subirnos y jugar. Era increíble. También jugábamos en la vía del tren, con su peligrosidad, poniendo monedas, esas cosas. Estábamos todo el día en la calle. También teníamos escopetas de perdigones y nos íbamos a matar pajarillos. Lo recuerdo todo como algo maravilloso.

Decía Clemente algo así como que en las escuelas de fútbol se enseña a jugar a la pelota, que a jugar al fútbol se aprende en la calle.

Yo jugaba en el patio del colegio, de tierra, por supuesto, donde había montones de gente. Estaba todo el mundo en medio jugando a otras cosas, todo el colegio. Tenías que jugar distinguiendo quién estaba jugando y quién no, corriendo con ojo para no chocarte. No había ni petos ni nada. Eso creo que a mí me dio una visión del espacio muy útil. Ahora, en las escuelas actuales, los chicos se encuentran con entrenadores más que con educadores. Los jugadores que vienen de países pobres o zonas marginales tienen recursos que, en la actualidad, a los chavales se los quitan en las escuelas. Les cohíben, les dicen que no hagan esto, no hagan lo otro, y les coartan su libertad, les quitan el juego innato, el instinto. Siempre digo que un futbolista tiene que aprender a equivocarse.

Empezaste en los Escolapios.

Empecé en la calle. Tengo recuerdos ya de jugar en Aluche, en una explanada que había al lado de los pisos donde vivíamos. En los Escolapios empecé con diez años en equipos federados. Recuerdo cómo me cogieron. Un día estaba viendo un partido en el patio, y el cura, el hermano Irineo, se me acercó y me preguntó si sabía jugar. Dije: «Un poco». Entré, me vio y años después me confesó que se quedó alucinado, que se fue al comedor y les dijo a los demás curas: «¡Tenéis que ver a este chaval, cómo juega con las dos piernas!».

Me metieron en futbito. Nos llevaban a jugar los partidos por Madrid en una furgoneta, nos lo pasábamos de cine. Y por la tarde nos íbamos a Vallehermoso a hacer atletismo, saltar vallas. Hacía muchísimo deporte.

Durante toda esa época, fui un quebradero de cabeza para mi padre. Solo le veía por las noches, cuando venía de trabajar, y le pedía que me llevase a hacer la prueba en el Real Madrid. Le traía loco con el tema. Un amigo de clase nos había vendido la moto de que pasó por las categorías inferiores del Madrid y para mí se convirtió en una obsesión. Al final, me tuvo que llevar. Detrás de un mostrador estaba Miguel Malvo, responsable de la cantera, y me dijeron que era muy joven todavía. Entré años después y tuve mucha suerte, porque me tocó con Laborda, un entrenador con mucha paciencia que me enseñó mucho.

Jugaste un Mundialito con quince años en Buenos Aires.

En la 80-81, mi primer año en el Madrid. Gracias a ese viaje salí por primera vez de debajo de las faldas de mi madre. Estuve un mes en Argentina, mucho tiempo. Quedamos terceros y a mí se me dio muy bien. Me marcó. Piensa lo que era para un chaval de esa edad jugar en el Monumental de River…

Tuviste un ascenso meteórico.

Subí directamente al juvenil con dieciséis años, un cambio bastante brusco. Me encontré ahí con Sanchís. El entrenador se llamaba Alonso y tenía un carácter muy fuerte, se excitaba mucho en el banquillo. Yo venía, con Laborda, de todo lo contrario. Y eso me hizo espabilar. Luego estuve con Toni Grande, que durante muchos años ha sido el segundo de Del Bosque, y que también tenía un carácter más pausado. Al cabo de un año hice la pretemporada con el Castilla de Amancio. Fue muy dura, recuerdo. En Cabeza de Manzaneda teníamos un preparador físico yugoslavo, Miroslav Vorgic, que venía del voleibol y era durísimo. No te lo puedes ni imaginar. Tres entrenamientos al día…

En esa época, con el Castilla, eliminamos al Valencia y al Betis en Copa del Rey. Un hito. De ese equipo subieron a Pardeza y Butragueño y, aun así, fuimos campeones de liga en segunda división, algo que no ha vuelto a pasar.

Se decía que iba más gente a ver al Castilla que al Real Madrid al Bernabéu.

Efectivamente. Fíjate hasta qué grado sentía complicidad con ese equipo que, cuando me llamaron para entrenar con el primer equipo, que llegué a debutar en primera, en Murcia, me dio pena no jugar contra el Bilbao Athletic en segunda el partido que teníamos pendiente.

¿Cómo fue incorporarse al vestuario del primer equipo?

Estaban Juanito, Santillana, Stielike, Gallego… Te sentías como el hijo que llega, les mirabas con respeto, sin abrir la boca. Escuchando. Ellos nos ayudaron a sentirnos a gusto, pero en esa época había que guardar las distancias. Casi les tratábamos de usted. Recuerdo que Juanito era una persona que te lo daba todo, te daba la vida. Aunque tuviese ese pronto en los partidos, por lo que lo podía echar todo a perder. Sobre todo con los jóvenes era muy cercano. Fue una pena su pérdida.

Se mató volviendo del partido que jugué yo contra el Madrid en el Torino. De hecho, ese día, nada más acabar el partido, bajó al vestuario y pasó a verme, estuvimos hablando. Fue muy cariñoso. Yo regresé en un chárter con mi equipo a Italia y cuando escuché en la radio al día siguiente que se había matado en un accidente esa noche no me lo podía creer.

Luego, cuando hice el curso de entrenador, conocí a una persona que iba en el coche con él. Me dijo que Juanito había ido ese día a Madrid a entrevistarse con alguien que le ofrecía una oportunidad profesional, estaba entrenando al Mérida por aquel entonces, y le estaban saliendo cosas. Como entrenador, estoy seguro de que hubiese dado mucho de sí y habría llegado al Real Madrid seguro.

Di Stefano apostó por ti.

En mi vida resultó ser alguien fundamental. Era también un hombre cercano a los jugadores jóvenes, nos dio muy buenos consejos. Si no hubiera estado Alfredo, quizá la Quinta del Buitre no hubiera jugado en el Real Madrid. Su apuesta no era fácil en un club como este.

Tardaste en consolidarte.

Tuve que irme a la mili. También me perdí el Mundial juvenil que se jugó en la URSS, con Rafa Paz, Marcelino, Losada y Fernando, el del Valencia… una generación muy buena, fueron subcampeones. Pero a mí el Madrid no quiso dejarme ir. Ese año fue muy complicado, porque debuté con el Madrid, jugué con la sub-18 y la sub-21, y me bajaron a jugar la Copa del Rey con el Juvenil A. Llegó un momento en el que estuve un poco desorientado y encima me fui a la mili voluntario.

El Madrid tenía sus contactos para facilitarnos ir a entrenar durante el servicio militar. Me fui a hacer el campamento a Móstoles y me asignaron en el Cuartel General, en Cibeles, pero cambiaron al coronel. Cortó por lo sano y perdimos los pequeños privilegios que teníamos para entrenar. No sé si estuve un mes o dos meses sin ir hasta que todo se fue arreglando y pude compaginar la mili con el Madrid. Pero cuando hice las maniobras en Tarancón, el equipo estaba jugando la UEFA y yo estaba haciendo una guardia en una tienda de campaña, escuchando el partido por la radio, mientras me caía una chupa de agua encima que alucinas.

Además, tampoco me llevaron al Mundial de México. Sanchís pudo ir porque pidió prórrogas por los estudios y Butragueño ya había hecho la mili porque era mayor. Me dio mucha rabia, porque en el Mundial del 82 el club nos puso a trabajar a los niños, o a colaborar, y nos ocupábamos de darles las alineaciones a los periodistas en el Bernabéu. Siendo niño, al vivir un Mundial desde dentro, sueñas con jugarlo. Fue una pena perdérmelo.

Mi primera experiencia fue la Eurocopa del 88; nos echaron de primeras, nos había tocado con Italia y Alemania. Contra Alemania, con Matthäus, recuerdo que nos pasaban como aviones. Se me quedó grabado.

Con Luis Suárez se decía que había que «dejar atrás la furia», y Míchel elogiaba al seleccionador porque decía que por fin se jugaba con el balón por el césped.

Creo que en el fútbol todo es necesario. No vale solo toque, o tiquitaca como está ahora en boca de todo el mundo. Hace falta también mordiente, corazón.

¿Qué recuerdas del par de Copas de la UEFA que ganó la Quinta?

El Videoton húngaro, al que le ganamos la primera, era muy bueno, había eliminado al Manchester United. Pero lo mejor de esos torneos fueron nuestras remontadas en el Bernabéu, como la del Borussia Mönchengladbach. Si ves una imagen que sacan mucho de Juanito, que le cambian y sale del campo dando saltos de alegría, yo soy el que entra en el cambio por él. Faltaban diez minutos, íbamos 4-0 y habíamos remontado el 5-1 de la ida, y él ya lo estaba celebrando dando brincos mientras se retiraba.

Esos partidos eran maravillosos. La final contra el Colonia la jugué de titular en la ida, que quedamos 5-1, con Schumacher de portero y Klaus Allofs, que era espectacular; un zurdito con una clase… Luego en Berlín, que se jugó allí en lugar de en Colonia, casi nos remontan ellos; perdimos 2-0. Estas cosas pasaban con Luis Molowny, que era de la casa y tenía ángel. Se proponía esas hazañas y las conseguíamos. Nos sacaba la bestia de competir, y eso que no era un hombre de muchas palabras.

De ahí en adelante, se ganaron cinco ligas consecutivas.

El equipo de la Quinta conectó mucho con el público. Hubo una conjunción de veteranos con jóvenes que llegábamos con mentalidad de comernos el mundo. Me acuerdo de que me decía la gente: «Joder, como llegue al estadio diez minutos tarde ya vais 2-0». Y era verdad. Teníamos una forma de jugar que se ha perdido, eso ha cambiado en el fútbol. Nosotros íbamos con la mentalidad de hacerle ver al rival desde el primer minuto que se le iba a hacer muy largo el partido. Eso ahora, salvo momentos puntuales en alguna eliminatoria, ya no pasa.

No creo que ahora el fútbol sea más previsible, pero se parece más al ajedrez. Está todo muy estudiado. Entonces no es que no hubiera un plan, pero si querías ganar el partido ibas a por él desde el primer minuto. Un poco como la selección de Luis Enrique contra Croacia. Habría que mirar muchos partidos actuales para encontrar uno de ida y vuelta como ese. En los ochenta el fútbol era así, como más alocado. En ese sentido ha cambiado bastante.

Tampoco se ve ya el juego por bandas que hacíamos, siempre buscando el centro y el remate en el área. No se ha perdido, obviamente, pero no se ve tanto. El fútbol inglés, con centros al área y que se lanzasen ahí los delanteros con todo, ya ha pasado; ha evolucionado. Fíjate la noticia que salió el otro día, que el Liverpool ha fichado a un especialista en saque de banda…

Sin embargo, el público no os aplaudía todo. Había críticas, muchas veces os quejabais de que no os sentíais queridos.

Es que el público del Bernabéu era muy exigente. Eso también ha cambiado. Había partidos que íbamos ganando 4-0, faltaban diez minutos, y nos pitaban por no ir a por el quinto. Querían el quinto y después el sexto. Solo con que dieras un pase para atrás la gente se ponía a murmurar.

¿Cómo era jugar con las plantillas de aquel Real Madrid?

Tuvimos suerte de ser buenos compañeros unos de otros en lo personal y en lo deportivo. Manolo Sanchís era un jugador con el que estuve desde los catorce años. Tenía unas condiciones… Empezó como delantero porque le gustaba mucho chupar. Le llamábamos «Chupetín». Luego pasó al medio campo, en el Castilla jugó de medio centro defensivo hasta que le pusieron de central y ahí se quedó. Sacaba bien el balón, era muy fuerte, gran marcador, se anticipaba bien, buen remate de cabeza. Era muy completo. Pero, además, para mantenerte en la élite tantos años como hizo él, solo puedes lograrlo con la cabeza muy bien amueblada, y él la tenía.

Decía Quique Sánchez Flores, que era su compañero de habitación en la selección, que mientras todos los futbolistas estaban con el Marca o con la radio deportiva, a Sanchís le daba igual todo eso: él se leía el ABC entero todas las mañanas.

Sí, estaban siempre juntos en la selección. Menuda parejita eran, llegaban siempre tarde a todo. Se quedaban dormidos… Sanchís ha sido siempre muy dado a tener otras inquietudes. No obstante, cuando pasan los años, te das cuenta de que has tenido muchas horas muertas como futbolista y no las has aprovechado bien. A algunos les da por la lectura, pero a la mayoría, con veinte años, se nos escapa la posibilidad de aprovechar el tiempo.

Míchel.

De los mejores centrocampistas que ha dado este país, no solo por su calidad, también por cómo manejaba el balón con las dos piernas. Además, tenía un desplazamiento de balón extraordinario, un centro con rosca del que se beneficiaron mucho Butragueño, Hugo Sánchez y Santillana. Tenía gran visión de juego. Mucha personalidad, liderazgo.

Pero estuvo cuestionado, recuerde lo que pasó en el Mundial con el «Me lo merezco».

Sí, es verdad, aunque lo del Mundial tenía más que ver con los periodistas. La época que viví en la selección era… Se nos criticaba mucho y nos afectó. Parece una tontería, pero si no hay una conjunción buena entre periodismo y un grupo crea malestar. Quieras o no, eso se refleja en el campo. En la selección viví momentos de enfrentamientos de jugadores con periodistas que fueron muy perjudiciales.

Butragueño.

Es el jugador más diferente que había, por eso tuvo tanto éxito. Por su juego y por su imagen, con esa cara de niño. Nadie hacía lo que hacía él. Cuando se paraba dentro del área, desequilibraba al portero o al defensa y definía al hueco sin chutar fuerte, lo hacía como si estuviera jugando al golf, o le metía un pase a un compañero que nadie esperaba. Las paredes que te devolvía eran extraordinarias. Con Hugo Sánchez se complementó muy bien, siendo los dos muy diferentes.

Era la época de la beautiful people y fuisteis celebrities.

Pero no había tanta conexión como hay ahora. Nuestras parejas no eran artistas o iconos del mundo de la moda.

Salían los juegos de ordenador: el Butragueño, el Míchel

En eso sí que fueron los primeros. Emilio también sacó un futbolín. Pero me acuerdo de que le regalaron un Fiat y se quedó con él, en una época en la que estábamos la mayoría deseando comprarnos un coche bueno. Nos reíamos de él y todo, le decíamos: «Nene, que no te gastas el dinero». Pero cada uno se lo gasta en lo que le gusta.

¿Y Hugo?

Vino después de Santillana y Valdano. Como rematador, creo que Hugo habrá sido de los mejores del mundo, si no el mejor. Treinta y ocho goles de primer golpeo no lo ha hecho nadie. Además, era muy listo, conocía sus virtudes y sus limitaciones. Sacaba provecho de todo, minimizaba a sus marcadores. Pero, fundamentalmente, lo que tenía era algo solo al alcance de los números uno, que era capacidad de abstracción. Cuando llegaba el momento clave, se concentraba y solo estaba a muerte en lo que tenía que estar, no le afectaba nada. A mí eso me cuesta, me afectan los sentimientos.

Compartí con él habitación muchos años. Él era su mejor representante. Llevaba siempre una carterita con fotografías suyas, en las que por detrás ponía sus logros, «máximo goleador», tal… Cuando le pedían un autógrafo, no firmaba un papel, sacaba su foto del taco que llevaba encima. En aquella época los jugadores no teníamos ni fotos oficiales, los retratos individuales de cada jugador llegaron bastante después.

También recuerdo que tenía dos secretarios jovencitos. Eran detalles a los que no estábamos acostumbrados. Me acuerdo de que en cada entrevista que daba él ponía su propia grabadora para que no tergiversaran lo que había dicho. Además, en la habitación recuerdo que llevaba un diario. Cada día registraba en cintas con una grabadora lo que había hecho, lo que le había pasado. Creo que hubiera sido muy interesante para mí haber hecho lo mismo, porque no me acuerdo de nada. Sobre todo, de los detalles.

Cuando nos juntamos antiguos compañeros, Sanchís tampoco se acuerda, pero Butragueño y Míchel es de locos todo lo que recuerdan. Yo no me acuerdo ni de mis goles. El otro día zapeando caí en Real Madrid TV y estaban echando un partido contra el Atlético en el que metí dos goles. Al verlos, me acordé de que los había metido, pero ya los tenía completamente olvidados. Y eso que uno era de cabeza, que yo de cabeza iba… [risas] he metido pocos.

Beenhakker y Toshack fueron los entrenadores de ese equipo. Tú brillaste más con el galés.

La diferencia de mi rendimiento con ambos está solo en un aspecto: el gol. Con Toshack metí catorce goles, y en las anteriores igual hacía cinco o media docena. Toshack me pidió que, si veía oportunidad, me fuera más directo a puerta. Yo tenía un gran sentido de equipo, no fui un jugador egoísta dentro del campo. Hay jugadores que meten dos goles, su equipo pierde, pero se van muy contentos porque han sido protagonistas. Yo nunca he pensado así.

Te pidió ambición.

Sí, más presencia en los metros finales. Esa fue la única diferencia. También me afectó que tenía más confianza en esa época, mi estado anímico era mejor. Soy una persona que necesita estar bien anímicamente. En mi relación con las personas es muy importante estar bien. Si me iba al colegio y había discutido con mi madre, me pasaba todo el día jodido. Necesitaba la liberación de no tener ninguna cuenta pendiente con nadie y la tuve ese año.

Pero cuanta más polémica hubo ese año con tu renovación, mejor jugaste. No sé si hasta se llegó a decir que estabas provocando con esos golazos.

Nunca tendría que haber salido del Real Madrid, pero no me arrepiento. Tomé mi decisión con todas las consecuencias, pero en condiciones normales, siendo un jugador de la casa, en el momento de juego en el que me encontraba, no tenía que haber salido.

¿Qué tuvo Toshack para batir el récord de goles?

Tenía otra mentalidad. Con él, si todo iba bien, vivíamos muy bien. Daba mucha libertad. Ganabas y te daba tres días de descanso. Eso sí, si las cosas no iban bien, cambiaba: te ponía a entrenar según aterrizase el avión en Madrid.

Toshack experimentó también, hizo sus pruebas con el equipo. Por ejemplo, puso a Chendo de medio centro, por delante de la defensa, y a Schuster lo metió de líbero atrás. Yo, cuando tenía a Schuster por detrás, sabía que iba a recibir un pase preciso a cualquier desmarque que hiciera. Me compenetraba muy bien con él. Y tenía un sentido del humor… no parece alemán, tiene ese punto de retranca…

Las Copas de Europa fueron la asignatura pendiente de ese equipo. La eliminación con el Bayern fue inmisericorde, la del PSV fue muy igualada aunque se perdiera, pero luego lo del Milan…

El año que más la merecimos y que estuvimos a un paso fue el del PSV Eindhoven. Pero hay que ver qué equipo era; estaba Koeman, Van Breukelen, Soren Lerby, Gerald Vanenburg… Encima, ficharon a Romario. El problema, lo doloroso, es que, si tú juegas contra un equipo que te pasa por encima, como el 5-0 del Milan, te quitas el sombrero. Pero con el PSV fue amargo, porque en la ida quedamos 1-1 metiéndonos el gol que nos metieron, y en Holanda, jugándonoslo todo, hicimos un partidazo, que el mejor de ellos fue el portero y… nada. Hablo por mí, pero para mí fue la derrota más dura. Estuve deprimido una semana entera o más. Nos dejó muy tocados.

En la actualidad, con los cambios que se hicieron en la Champions, creo que se favorece a los grandes, pueden tener algún fallito. En nuestra época era sorteo libre, te podía tocar cualquiera en cualquier ronda. Así nos pasó, que después del 5-0 del Milan, al año siguiente nos volvieron a tocar en segunda ronda. Y fue una pena, porque Toshack estaba probando cosas con el equipo que le dieron resultado en primavera, cuando mejor jugamos. En noviembre, cuando nos cruzamos con el Milan, todavía estábamos un poco verdes y probando. Aun así, perdimos 2-0 en Milan y ganamos 1-0 en Madrid. Sin embargo, luego jugamos un amistoso, el homenaje a Camacho, y les ganamos 2-1 haciendo un partidazo. Nos quedamos con la duda de que, si ese Milan nos hubiese tocado en marzo, otro gallo habría cantado.

¿Cómo fue lo del 5-0? Os habíais cargado al PSV en el segundo año, con gol tuyo, llegó el Milan, empate 1-1 en Madrid y, en la vuelta, el desastre bíblico.

Fue un accidente, no había tanta diferencia entre los dos equipos, no era normal ese resultado. Igual que en el España-Croacia tampoco ha habido diferencia como para un 6-0. Lo que sí es cierto es que Rijkaard, Gullit y Van Basten tenían un poderío físico impresionante, eran muy fuertes… Y ahora todo el mundo habla de los holandeses, pero ¿y los italianos? Los que estaban alrededor de los extranjeros eran espectaculares. Donadoni, Baresi, Maldini, Costacurta, Tassotti, Ancelotti… La forma de jugar como bloque también era increíble, cómo presionaban, cómo robaban…

El año siguiente fue el de la polémica de la renovación y tu última temporada en tu primera etapa en el Madrid. ¿Por qué renovabas por periodos tan cortos?

Contaba con superarme a mí mismo y ganar más dinero. Lo hice durante toda mi carrera, no solo con el Madrid. En el 87 tuve que renovar y coincidió que no era titular en el equipo. Me querían el FC Barcelona y el Atlético, yo no me quería ir, pero quería jugar, porque tenía veintidós años. Y mira lo que es el fútbol. Jorge Valdano, después del Mundial 86 era el titular, pero le detectaron una hepatitis y de la noche a la mañana dejó de jugar al fútbol. El entrenador optó por meter a Juanito. Pero coincidió que jugamos en Alemania y, en una acción en la que Matthäus pisó a Chendo, Juanito, con ese pronto que tenía, le pisó la cabeza. Le expulsaron y le metieron una sanción de un año. A raíz de esas dos coincidencias, pasé yo a jugar. Eso fue clave para que me renovasen, me asenté como titular y llegaron mis mejores años.

En el 90, las circunstancias hicieron que no pudiera quedarme, porque el club no valoró el jugador que yo era en un aspecto afectivo, algo más allá de lo económico. Esa decisión para mí fue dura, pero me fui al fútbol italiano, que en aquel momento era el fútbol por excelencia.

¿Qué fue ese aspecto afectivo?

Fue una cosa muy rara que a día de hoy todavía no me la explico. Estábamos mi padre y yo reunidos con Mendoza, mes de octubre o noviembre, lo teníamos todo acordado; duración del contrato de tres años y unas cantidades económicas. De repente, le llamaron para que saliese de la reunión.

A los cinco minutos volvió, entró en el despacho y era como si le hubieran cambiado el chip. Cambió de opinión completamente. Dijo que de lo que habíamos hablado, nada, y puso otras condiciones.

Mi padre no se lo podía creer, intenté apaciguar un poco, le dije que hacía un momento estábamos de acuerdo y ahora estaba diciendo todo lo contrario, pero no atendía a razones y me contestó con unas palabras que se me quedaron grabadas: «Esto es lo que hay; si lo quieres, bien, si no, ahí tienes la puerta y ya te puedes ir».

No tenía sentido ninguno, no me lo creía, cinco minutos antes lo teníamos y de repente no. Dejé de contestar preguntas de los periodistas sobre la renovación y, en todo ese tiempo, no hubo ni un acercamiento del club para cambiar la situación. Tomé la decisión de que no iba a jugar en el Real Madrid bastante antes del final de temporada. Fue una decisión complicada, porque dejar el Madrid es muy difícil por todo lo que te da, pero al final tomé esa decisión y, como te decía, no me arrepiento. En Italia fueron dos años muy buenos, en un fútbol más duro y defensivo, pero muy competitivo.

Maurizio Casasco dijo que tenían un infiltrado en el Madrid y que por eso pudieron ficharte. «Nos informaba a diario por teléfono, por eso estaba todo controlado». Lo dijo él y lo publicaron los medios en 1991.

Este era el director deportivo, la mano derecha del presidente, Gian Mauro Borsano. No tenía ni idea de esto, pero podría ser.

En el Mundial del 90 eras la estrella de la selección y, cuando nos echó Yugoslavia, tuviste una ocasión que se fue por poco.

Hice una jugada muy buena, me metí hacia dentro, chuté y se fue por nada. Ese partido fue una decepción enorme, porque íbamos de menos a más. El primer gol de Stojkovic, el del amago, me lo hizo a mí. Soy yo el que se va al suelo. Nos quedamos fuera del Mundial cuando mejor estábamos. Hizo además un calor esa tarde en Verona… Nos pesábamos siempre antes del partido y yo ese día perdí cuatro kilos. Es una pena cuando te eliminan y ves que no son mejores que tú, que se lo han llevado por pequeños detalles. Se te queda una cara. Como en el último Mundial ante Rusia.

¿Por qué fuiste al Torino, un equipo que venía de segunda?

A lo largo de mi vida, para bien o para mal, me he guiado por la afinidad con las personas. El Madrid jamás pensó que me iba a marchar, creyeron que iba a dar mi brazo a torcer y pasar por el aro. Por este motivo, determinados equipos no se plantearon ficharme. Mendoza era muy amigo de Berlusconi y Agnelli, hablarían, y él tendría claro que no me iba a ir porque estos no me iban a fichar. Pero el Torino mostró verdadero interés, era un equipo histórico y tomé la decisión con todas las consecuencias.

Tenía más socios que la Juventus.

Es un club muy querido en Italia por la tragedia de Superga, cuando en 1949 se estrelló contra una colina el avión que llevaba al equipo y murieron dieciocho jugadores. En Torino hay más aficionados del Toro que de la Juve, que es el equipo más apoyado en toda Italia. Todo esto lo viví en los derbis, que fueron como pocos habrá.

¿Se hizo un buen proyecto?

Sí, estaban Lentini, Cravero, Marchegiani… sigo teniendo contacto con todos ellos. El año pasado, en abril, fui al 25 aniversario de la final de la Copa de la UEFA que perdimos con el Ajax. Estuvimos en una velada en un auditorio con muchos aficionados. El campeonato italiano de entonces era la élite, estaba el Milan de los holandeses, el Inter de los alemanes, la Sampdoria, el Parma tenía a Brolin y a Asprilla, el Nápoles a Careca, Maradona y Alemão. Era el campeonato por excelencia. Y en mi primera temporada en el Torino quedamos cuartos. Éramos un gran equipo. Cuando llegué yo estaba Skoro, un delantero bosnio, y Müller, el brasileño. Al segundo año, vinieron Scifo y Casagrande, quedamos terceros y jugamos la final de la UEFA.

UEFA en la que os cargáis al Madrid.

Sí, cuando vine a jugar al Bernabéu casi me confundo de vestuario.

Te cantaron de todo.

Fue impresionante. Me acuerdo de que nos quedamos en el Ritz, la llegada con el autobús al estadio fue… nos rompieron varias lunas. Y al salir al campo, Pasquale Bruno, que venía de la Juventus y era un tipo muy particular y con mucho carácter, le hizo un gesto al público y provocó a los aficionados. El partido para mí fue duro por estar enfrente de mis excompañeros y por la tensión.

Vi hace poco la vuelta y la verdad es que al menos ahí se te ve con ganas de ganar.

Sí, sí. Yo nunca he visto esos partidos, ni la ida ni la vuelta, pero tenía ganas de ganar como profesional, aunque el Madrid para mí fuese lo más grande y lo siga siendo, porque es un club que te marca en todos los aspectos. Pero en ese partido de vuelta tenía cierta rabia, aunque yo no soy rencoroso. También quería llegar a la final, cosa que conseguimos y que desgraciadamente perdimos contra un Ajax que era un equipazo.

Con Bergkamp y Van Gaal de entrenador.

Sí, pero si ves los dos partidos… en la ida empatamos 2-2, pero el primer gol nos lo metió Wim Jonk desde el medio campo por un extraño que hizo el balón, porque Luca Marchegiani es de los mejores porteros que he tenido de compañero. Luego en Ámsterdam hicimos un partido increíble, quedamos 0-0, con dos tiros al palo y un penalti que pudo ser. Fue una pena. Esa fue otra de las amarguras de mi carrera.

Y, al finalizar este año, el club fichó a Aguilera del Génova, otro extranjero, éramos cuatro y sobraba uno. Yo había tenido problemas con el entrenador, en un partido en Cagliari me dejó en el banquillo. Había salido en prensa la posibilidad de que el Torino fichase a Aldair y yo irme a la Roma, pero apareció el Olympique de Marsella y fiché.

En la prensa italiana se dijo que estabas acostumbrado al fútbol español y que en Italia había que defender más.

Yo me adapté, éramos un equipo con un perfil defensivo, pero como todos los equipos italianos.

Tenías de compañero a un Vieri de diecinueve años.

Estaba él y Dino Baggio. Entrenaban de vez en cuando con nosotros. Veías que Vieri era un chico joven, con poderío físico, pero no te imaginabas que iba a llegar a ser lo que fue. Por cierto, he leído hace poco que se ha arruinado.

Te ibas a cazar con Roberto Baggio.

Coincidí una vez. Le gustaba mucho la caza y por medio de amigos comunes, no sé si fue Cravero, fuimos un día juntos. Comprobé que era un tipo muy particular, era muy reservado.

La del Olympique es de las mejores plantillas en las que has estado. Con Alen Boksic, Rudi Völler, Deschamps, Desailly…

También estaban Barthez, Angloma, Abédi Pelé… tan buena plantilla era que fuimos campeones de Europa, aunque yo solo jugué la primera eliminatoria, y marqué, al Glentoran norirlandés.

Estuviste solo unos pocos meses, ¿qué pasó?

El Olympique ya me quiso fichar tras mi primer año en Turín. Tuve una reunión en el aeropuerto de Pisa, en la propia pista, con la mano derecha de Tapie, que vino en un avión privado a ficharme, y les dije que no. Al año siguiente lo lograron y firmé por tres temporadas. Pero, inexplicablemente —me llevaré la duda a la tumba—, prescindieron de mí y me vendieron rápidamente.

Tuve un debut extraordinario, el mejor posible, toda la prensa hablaba de mí y empecé como titular. Era una gozada, ganábamos fácil, el equipo iba sobrado. Con el entrenador tenía trato, hablaba conmigo cada día. Pero al mes y algo me dejó de hablar y me llamó un directivo para decirme que existía la posibilidad de irme al Madrid y que el club quería que me fuera.

Había estado un mes en un hotel viviendo, ya había cogido una casa con mi mujer, estaba en el periodo de instalación y me dijeron eso. Contesté que no, que además había dicho que nunca volvería al Real Madrid.

Empezaron a empeorar las cosas, me dijo otro directivo que se habían dado cuenta de que no era el jugador que pensaban. Era una excusa, milongas, para pedirme que aceptara la oferta y me marchara.

Me dejaron en el banquillo y me acuerdo de que un día íbamos al hotel en el autocar, se subió Tapie y se sentó a mi lado. Medio en italiano, me dijo que le habían contado que no me quería ir. Le expliqué que yo quería seguir, que estaba aprendiendo francés, que me quería quedar muchos años en Marsella y me soltó: «Mira, piénsatelo bien, te tienes que marchar porque, si no te marchas, te puedo hundir la carrera». Mafia total.

Benito Floro había pedido mi fichaje a toda costa y coincidió que una persona muy cercana a mi mujer y a mí tenía una enfermedad terminal. Estaba claro que la solución entonces solo era volver al Madrid, que era mi casa, y poder estar cerca de esa persona en sus últimos momentos. Eso me llevó a tomar la decisión de regresar, pero fue difícil para mí, mucho, porque un sector del público radical no vio con buenos ojos mi vuelta.

Marca tituló: «Vuelve el salvador».

El reencuentro con mis compañeros fue extraordinario. Además, el Madrid llevaba meses sin ganar fuera de casa, algo muy extraño. Fuimos a jugar a Logroño, marqué el primer gol. El segundo partido fue en casa, ganamos y me acuerdo de un pase que le di a Zamorano con el exterior, que se la puse en la cabeza y fue gol. Deportivamente fue muy bueno mi inicio, pero con la afición tuve problemas.

Había gente que no me quería y tuve algún encontronazo con aficionados a la salida de algún entrenamiento. Después de los partidos, con Floro, entrenábamos en el campo. El entrenador pensaba que así recuperaríamos mejor. Cuando el estadio se había vaciado, nos poníamos a dar vueltas. Algún día tuve mis más y mis menos con algunos que se habían quedado solo para increparme. Recibí llamadas telefónicas a mi casa. Fueron unos meses muy jodidos en ese aspecto, aparte, con el problema familiar que te he dicho, estando de hospitales… Mira lo que le ha pasado a Sergio Ramos con lo de Salah, que ha recibido amenazas de muerte. Hay gente que con el fútbol…

Esa temporada se volvió a perder la liga en Tenerife.

Hay datos que a la gente se le escapan. Veníamos de jugar la semifinal de Copa del Rey contra el Barcelona, con prórroga, y los eliminamos. Eso fue un miércoles, el domingo tuvimos que ir a Tenerife. Solo tres días después. No se ha hablado mucho de esto, pero para ir con mayor comodidad, Mendoza alquiló un par de aviones privados con la mejor intención del mundo. Pero a uno de esos aviones se le estropeó el aire acondicionado.

Casi se mueren de calor. Tuvieron que dar la vuelta en pleno vuelo y volver a Madrid. Se arregló el avión y al final llegaron de madrugada. Al día siguiente jugamos, a las cinco de la tarde, también con un calor increíble. Todo eso nos afectó.

Al poco de empezar el partido, en un saque de banda, recibí el balón por detrás y no sé quién vino, pero me dio un rodillazo justo en la rabadilla, en la espalda, como el que le hicieron a Neymar, que casi le retiran del fútbol, y me destrozó.

Luego jugamos la final de Copa en Valencia, que yo no pude jugar porque arrastraba problemas en el recto, pero ganamos. Fue una pena; solo ganamos la Copa del Rey, pero esa fue una gran temporada.

Hombre, no convencía mucho ese juego.

Floro fue un entrenador adelantado a su tiempo. Nos puso un psicólogo, que entonces era una novedad; ni siquiera ahora está plenamente asentado. Cuidaba mucho la estrategia, que le había dado muy buen rendimiento en Albacete. Era un equipo que no era muy vistoso, pero estaba bien estructurado. Nos marcó esa derrota en Tenerife.

Prosinecki.

Tenía unas condiciones extraordinarias, lo que pasa es que no tuvo suerte con esas lesiones. Le operaron, me acuerdo de que tenía una cicatriz enorme en la pierna. Lo que pasó, al margen de eso, era que su estilo no se adaptaba mucho al del Madrid. Robert retenía mucho el balón. Si hacíamos una jugada, por ejemplo, en banda, le llegaba el balón y, en lugar de meter el centro, hacía un amago. A veces el equipo pedía otra cosa, más rapidez, soltar más rápido el balón. Quizá el problema fue que en el Estrella Roja comandaba las pausas del juego y todos jugaban para él, y en el Madrid es otra historia. Pero algo nos fuimos entendiendo con el tiempo y poco a poco estaba más acoplado.

Clemente te dejó de llamar para la selección.

Cuando cogió el equipo yo estaba en Marsella, hablé por teléfono con él alguna vez y contaba conmigo. Jugamos en Santander, ganamos 1-0 a Inglaterra. Me acuerdo de que tuve que ir en un avión privado. Pero luego coincidió que en mi regreso al Madrid me lesioné, me fracturé el quinto metatarsiano, y dejó de contar conmigo.

Con la llegada de Valdano y Cappa te adelantaron en el once Amavisca y Raúl.

Con Amavisca no contaban mucho, pero tenías que ver qué pretemporada hizo. Al final se quedó y jugó muchos minutos, fue titular. En mi caso, perdí la titularidad porque estaba Laudrup, luego apareció Raúl y yo fui el desplazado. Son cosas que ocurren. Pero jugábamos muy bien al fútbol ese año.

El 5-0 al Barcelona.

Estuve lesionado el año anterior, cuando ellos nos metieron un 5-0. Además, creo que se lesionó Alfonso, nos salió todo mal. Pero al año siguiente yo entré por Raúl en el 65 e hice la jugada, un autopase, metí el balón hacia atrás, la tocó Luis Enrique y fue el cuarto. Luego el quinto lo metió Amavisca y la verdad es que estábamos como para meter también el sexto. Un resultado así con el Barcelona es difícil que te salga, es cosa de una vez en la vida, pero fue muy satisfactorio porque el año pasado había habido mucho cachondeíto con la manita. Ese año también ganamos en casa un partido muy importante al Deportivo, un 2-1, que nos sirvió para ser campeones, aunque, al año siguiente, era yo el que estaba en el Dépor.

Fue curioso, el Real Madrid logró levantar el vuelo después de un inicio de la década lamentable, pero, cuando la cosa funcionaba, resultó que el club estaba en la ruina.

De hecho, durante esa temporada la prensa nos preguntaba si estábamos dispuestos a rebajarnos la ficha. Nunca en el Madrid había habido retrasos de pagos y ese año hubo.

Te ofrecieron un 25 % de tu ficha para seguir.

Mi representante entonces era Zoran Vekic. Le dije que estaba dispuesto a bajarme un 50 %, y él me contó, porque no tuve contacto con el club, que me iban a pagar por debajo de mi pretensión. Estaba dispuesto a cobrar la mitad y no me dieron opción, ni siquiera negociaron. Feo. Esos detalles, además, solo se hacen con la gente de la casa. Para los de fuera siempre hay dinero. Y no pasa solo en el Madrid, es en todos los clubes. De los jugadores de la casa intentan aprovecharse siempre. Así que me fui al Deportivo, entre otras cosas, porque estaba Toshack.

Llegaste al Deportivo diciendo que habías tenido mala suerte en el Madrid y el primer día te hiciste la triada.

Llevaba cinco días en el club. Fue un amistoso contra el Oporto. Se me cayó el alma a los pies. Nueve meses para volver a jugar. Pasé una noche… estaba en la habitación con Adolfo Aldana y le di una nochecita al pobre… estuvimos toda la noche hablando, yo con la rodilla metida en hielo. Al día siguiente me llevaron en coche de Oporto hasta A Coruña. Tumbado en la parte de atrás del coche, con la pierna estirada, cinco o seis horas de viaje, con los baches… le di muchas vueltas a la cabeza. Tenía veintinueve años y a ver cómo me quedaba de una operación tan grave. Luego en silla de ruedas. Fue mucha comedura de coco, un calvario hasta que volví a jugar.

La temporada siguiente Toshack apostaba mucho por mí, me metía siempre que podía en el equipo, pero tuve muchas lesiones musculares. Sobre todo, en el bíceps femoral. Fue horrible. Estaba un mes parado, salía, jugaba un partido, otro, y me volvía a lesionar. Era un sufrimiento, sobre todo, mental. Tampoco tuve opciones de continuar, no me ofrecieron la renovación. Me vine a Madrid sin equipo, se cerró el mercado y mi representante no me había buscado ningún club, no se portó nada bien conmigo. Durante la lesión no fue capaz ni de llamarme. Y me quedé en paro. Eso sí que fue una situación muy jodida. Me tuve que ir a entrenar con el Leganés, que estaba en segunda B, y curiosamente estaba allí Eto’o cedido por el Madrid, que tenía dieciséis años.

Acabaste en México.

Entonces me llamó Michel, que venía de estar en México con Butragueño, y me convenció para irme al Celaya. Jugué el torneo de clausura. Estuvo bien y recibí una oferta del Karlsruhe, que acababa de bajar a la segunda división alemana. Firmé solo un año, cuando podía haber firmado tres, pero no pensé en mí, no tuve egoísmo, y un año duré. Echaron al entrenador al poco tiempo de empezar la temporada, pusieron al que estaba de segundo, que solo había entrenado a nivel amateur, y lo primero que dijo es que no contaba conmigo.

Volví a Madrid, me puse a entrenar con el Getafe, que estaba también en segunda B. Intenté irme a jugar a Estados Unidos, pero no salió. Me llegaron ofertas del fútbol árabe, de Brasil y Argentina, pero estaba mi mujer embarazada y tomé la decisión de dejarlo. Por una parte, sentía necesidad de seguir jugando, pero, por otra, no me convencía.

¿Truncó tu carrera salir del Madrid en el 90?

No sé lo que hubiera pasado. Cuando echas la mirada atrás, con la cabeza fría, lo que ves es que la vida son circunstancias y las decisiones se toman en función de esas circunstancias. Las que yo tomé, en función de lo que había y de las personas que te encuentras por el camino, creo que fueron las correctas.

Dijo Paco Jémez en la entrevista que le hicimos que lo que recuerda de ti es que cuando le dabas al balón sonaba bonito, «era agradable hasta el sonido del chut».

Somos muy amigos. Eso que dice a mí me pasó con Maradona. En la temporada 83-84, antes de que Goikoetxea le partiera el tobillo, le vi dando toques en el Bernabéu calentando con Schuster, otro que tal, y me llamó muchísimo la atención. Cómo la tocaba, cómo salía el balón de sus pies, suave… Era impresionante.

¿Quiénes más te han sorprendido?

Van Basten era espectacular. Romario. Schuster. Laudrup, que era exquisito, cómo conducía el balón, qué visión tenía para ver al compañero desmarcado. Aunque valoramos más lo de fuera que lo de dentro, no creo que Míchel o Butragueño tuvieran nada que envidiar a nadie de su época. Fran, por ejemplo, también me llamó mucho la atención. Lo sufrí como rival, pero cuando le vi entrenar en el día a día, tenía un cambio de ritmo y una zurda espectaculares. Por su carácter, quizás no llegó a lo que pudo ser.

Estuvo a puntito de fichar por el Madrid.

Sí, lo sé, lo sé. Pero no lo hizo, y con la selección tampoco tuvo la implicación que yo creo que debería haber tenido.

Este año has tenido tu primera experiencia como entrenador profesional con el Extremadura en segunda B.

Ha sido una experiencia muy enriquecedora, aunque no haya ido acompañada de los resultados. Me encontré un equipo muy estresado. La categoría está muy igualada y perdí a jugadores titulares por lesiones y sanciones, sobre todo en defensa. Un entrenador siempre tiene que modificar sobre la marcha, pero yo no pude. Llevaba a los jugadores que tenía disponibles para ir convocados, no tenía ni para dejar a alguno fuera. Tenía ya hechas las listas por las circunstancias. Hice debutar a un chaval, que luego fue uno de los mejores, y hubo tramos en los que jugamos muy bien. Dominamos partidos en segunda B, que se juega un fútbol mucho más directo.

¿Cuál es tu filosofía?

Dominar al rival y tener el balón, supongo que como todos los entrenadores. Mi idea es tener preponderancia sobre tu rival, mandar. Aunque luego todo eso depende de lo que tengas.

Ahora, los veteranos de la Quinta hacéis vinos y jamones.

Lo de los jamones lo tuvimos que cerrar. Por algunas personas, que delegas y al final hay cosas que no salen bien. En el vino participamos Míchel, Butragueño, Sanchís y yo, pero también están Alfonso Pérez y Karanka. Antonio Martín del baloncesto y Pato Clavet, tenista. Elaboramos un vino, Casalobos se llama, en la denominación de origen Montes de Toledo, en un pueblo que se llama Picón. Yo la verdad es que no soy entendido, pero una comida o una cena sin vino no la contemplo.

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23 comentarios

  1. J Le Tissier

    Yo en los 80 iba mucho al Bernabeu. A RMV le he visto jugar innumerables veces. No es que fuera el más completo, simplemente era el mejor jugador de los cinco. Lo que pasa es que el mejor jugador no es siempre el que mejor rinde o el que mejor juega. En el fútbol teoría y potencial no van de la mano de la práctica y los logros. Supongo, porque lo cuenta él mismo, que mentalmente le afectaban demasiadas cosas que a los jugadores de la súper élite que se mantienen años no les pasa, o simplemente les afectan menos. Otra cosa que ese desliza en la entrevista es que parece que le importa mucho la familia (no es que a otros no, pero este tipo parece muy sentido) y seguramente era otra cosa que le afectaba mucho, como las críticas. Ya que se le menciona, Fran el de Depor es un buena comparación, aunque yo creo que RMV era incluso mejor, pero sin embargo Fran tuvo mejor carrera a mi juicio. No creo que le faltara algo por caracter, simplemente prefirió jugar siempre en el Depor (era el Super Depor) y en la selección estuvo en una época complicada. Pero para mi Fran es el mejor jugador español de los 90 con diferencia, y de los mejores de Europa. No es una leyenda porque se recuerda más a Bebeto y Mauro Silva.

    • ORSONWELLES

      A mi también me ha dado siempre la impresión de ser una buena persona quizás demasiado sensible a elementos externos (afición, circunstancias familiares etc). Realmente tenía unas condiciones técnicas y físicas como para ser el líder del Real Madrid y la selección. Probablente no hay ningún jugador español de los 80 con mejores condiciones que Martín Vázquez, recuerdo q menotti ya había quedado impresionado con 15 años en el torneo de Buenos Aires diciendo q era el mejor del mundo a su edad.
      En cuanto a Gran, más de lo mismo, un jugador muy infravalorado. Baste decir que tanto Irureta como Arsenio dijeron en entrevistas que el mejor jugador q entrenaron y el de más calidad fue Fran. También Guardiola dijo que fue la mejor zurda española de los últimos 15 años. Desde luego le faltó ambición y creérselo para llegar más lejos.
      A los 2 (Martín vazquez y Fran) tuve el privilegio de verlos jugar en fútbol indoor y ahí te dabas cuenta lo muy por encima que estaban del resto de futbolistas.

  2. Gondisalvo

    Si dice queno deberia haberse ido del madri, pero no se arrepiente, no es una contradicción ? No leo la entrevista, solo me llama la atencion el titular.

    • Si lees la entrevista lo entenderás, dice que las decisiones que tomó quizá no fueron las acertadas mirando desde el presente, pero que en el momento se lo parecieron y que por eso no se arrepiente.

  3. Manuel Vega

    Qué buenas son todas las entrevistas que hace Álvaro Corazón Rural.

    Sólo un pero. Martín Vázquez dice sobre el Mundial de México que «Sanchís pudo ir porque pidió prórrogas por los estudios». Sin embargo, Sanchís no fue convocado para México 86.

    • Chambers87

      La razón por la que Sanchís no fue al mundial de México fue por una lesión(fractura de no sé que, en la pierna?) que se produjo en el partido de vuelta de semifinales de la Copa de la UEFA Real Madrid-Inter de Milán.

  4. robroy

    Va a ser verdad que tiene muy mala memoria, al menos en lo que al Mundial de México 86 se refiere.
    Sanchís no fue convocado para México 86 y en cuanto a su ausencia, Martín Vázquez, parece culpar a la mili, cuando lo cierto es que en las dos temporadas precedentes (84-85 y 85-86) su participación con el Real Madrid fue más bien testimonial (802 y 809 minutos en Liga respectivamente)…no creo que se chupase una mili de 2 años full time, más bien debía de estar muy verde todavía

    Un placer leer sobre fútbol ochentero

    *Creo que el director de la cantera era Malbo, con b

  5. Rafael Martín Vázquez fue un jugador cuyo rendimiento quizá no estuvo a la altura de su fabuloso talento. Sin duda las lesiones, la decisión de irse al Torino en el apogeo de su juego, cierta falta de confianza en sí mismo y otros factores que explica en la entrevista dan una idea del porqué. Pero en aquella milagrosa temporada 89/90 daba gusto verlo jugar: le pegaba de maravilla con ambas piernas, tenía cambio de ritmo, gran visión de la jugada, llegada al área rival, capacidad goleadora… Un repertorio enorme, aparte de que era elegantísimo. Todos sus compañeros coincidieron siempre en señalarlo como el más dotado, el de más calidad. Y sí, fue una maravilla de jugador, de los futbolistas españoles con más talento que uno ha podido ver.

  6. Maestro Ciruela

    En esta vida, antes que el talento, la perseverancia infinita, la inteligencia y todas las cosas que puedan ustedes imaginar para llegar a lo más alto, lo primordial es «ENCAJAR». Vocablo que puede llegar a tener implicaciones siniestras en muchas ocasiones cuando lo que se espera de nosotros al mencionar a esta bicha, es que pasemos por el aro o traguemos con lo intragable. Negarse al «encaje» cuando éste conlleva una pérdida parcial o total de la dignidad a la que todos tenemos derecho, es como llevar un yunque atado a los pies cuando intentamos subir a la superficie para tomar aire y algo de ello me ha parecido intuir en las prudentes -aún a día de hoy- respuestas de Martín Vázquez; supongo que querrá seguir vinculado al mundo del fútbol porque de lo contrario, al menos yo, no hubiera sido nada diplomático y habría ajustado cuentas mandando a tomar por donde amargan los pepinos, a todo aquél que se lo hubiese ganado a pulso. Siempre bajo mi punto de vista, claro…

    ,

    • Schelling

      Estoy de acuerdo contigo, y me parece un magnífico comentario. Efectivamente, muchos de quienes tienen éxito no son más talentosos que otros: simplemente saben «encajar».

      Por eso me revienta oír a la gente decir que quien no triunfa es porque no era tan bueno… Como si la vida fuese solo un asunto de talento… Y se lo oigo a personas espabiladas y de mundo…

      • Maestro Ciruela

        Las personas que han tenido éxito (o al menos eso creen ellas, que esa sería otra cuestión) tienden a arrogarse todo el mérito pasando de puntillas sobre todo lo demás, en lo que podrían estar incluidas cosillas como recomendaciones contundentes en el momento oportuno, traiciones, olvidos y falta de escrúpulos, mezquindades propias de urracas codiciosas, etc, etc.
        Los otros, los que se niegan a dar un palo al agua, lo achacan todo a causas ajenas a ellos mismos, nunca es culpa de su molicie, inadaptación al medio y en definitiva, a su visión negativa de todo este baile en el que estamos todos metidos sin haberlo pedido.
        Cuesta mucho encontrar a alguien que declare de forma honesta y sin complejos sus limitaciones; entre otras cosas, porque incomodan de forma casi insoportable a sus interlocutores, que seguramente están mucho peor que ellos pero no andan diciéndolo a troche y moche, ¡para eso están los psiquiatras, faltaría más!

        Saludos.

        • Schelling

          Sí, lo creen, y suele ser cierto: el éxito es fácil de definir en nuestras sociedades. Bueno, es fácil de definir en cualquier sociedad. Y, efectivamente, suelen arrogarse todo el mérito.

          También estoy completamente de acuerdo en lo segundo, en lo de la molicie.

          Pero la visión negativa no me parece ni mucho menos exclusiva de los perezosos. Además, diría que es necesaria para intentar cambiar un poco las cosas. Centrarse en lo malo puede ser tan sesgado como centrarse en lo bueno; pero, como somos especialistas en contentarnos para apaciguar nuestro espíritu, yo diría que hasta los esclavos de la antigüedad verían cosas buenas a sus circunstancias. La visión negativa siempre ha sido el motor del progreso ético; el motor del progreso económico ha sido la ambición, por desgracia.

          En cuanto a la adaptación al medio.. No, en esto discrepo: cuantísimo genio nos habríamos perdido si hubiésemos exigido que los diferentes (artistas, científicos teóricos, etcétera) se hubiesen «adaptado». Aunque, bueno, de hecho siempre se ha exigido tal cosa: la adaptación, la asimilación, el pasar por el aro: la genialdiad es inadaptación, y pocos son capaces de apreciarla, porque pocos son realmente geniales. Además, los genios suelen desacreditar con sus conclusiones a muchos profesionales que alardean de «experiencia»: alguien debería estudiar este caso, el de el modo en que la experiencia como autoridad ha impedido o aplazado el progreso ético, artístico, científico… La adaptación es cosa de mercachifles, de quienes quieren forrarse. O de políticos populistas, sean de izquierdas o de derechas.

          Saludos.

          • Maestro Ciruela

            ¡Pero por supuesto, Schelling! Estoy totalmente a favor de la inadaptación al medio y siento enorme simpatía por las «visiones negativas» Quizá mi escrito se prestaba a confusión sobre el particular, pero era una observación irónica acerca de lo que gran parte de la humanidad opina sobre estos temas. Ahora me doy cuenta de que debí entrecomillar ambos conceptos para que mi postura quedara diáfana. Por lo demás, estoy en absoluto acuerdo con sus opiniones.
            Saludos de nuevo.

  7. Yo también le vi jugar en alguna ocasión en el Bernabeu e incluso al comienzo de su carrera coincidí un verano con el y su familia de Gandía en el toldo alquilado inmediatamente a la izquierda del que teníamos nosotros. Y vaya planta tenía !!!

    Siempre he oído que fue el jugador mas talentoso de aquella generación pero lo cierto es que si fue así, a un talento de 9 le correspondió un resultado de 6 mientras que a los otros con un talento de 8 obtuvieron un rendimiento de 9. No se si fue carácter, decisiones, ambición .. pero se quedó en el camino

    • Schelling

      Hombre, decir que se quedó en el camino un futbolista que fue casi cuarenta veces internacional y jugó en un club de semejante relevancia es faltar un poco a la verdad. Digámoslo así: fue grande, pero podría haberlo sido aún más.

  8. Kilgore

    Era una gozada verlo desplazarse por el campo. En su apogeo daba suma sensación de dominio y superioridad que era la hostia. Para mí el mejor de la Quinta. Y de repente, se perdió la magia. Y él mismo reconoce que irse al Torino (que no se fue a la Juve o al Ínter) fue el gran error. En fin que fue un placer verlo jugar.

  9. Además de otras características, técnicamente tenía 2 virtudes realmente asombrosas y difícil de ver: ser completamente ambidiestro y un golpeo con el exterior del pie formidable.
    Se le ve gran persona sin duda.

  10. ¡Qué recuerdos con Martín Vázquez! Uno de los jugadores más técnicos que he visto en mi vida. Una pena que no supiese llevar bien su carrera, seguramente en estos días valdría muchísimo dinero.

  11. Sanchís se lesionó y no pudo jugar Mexico 86. Eso recuerdo

  12. Pues el bueno de Martín Vázquez elude cualquier tipo de chicha o polémica. Le ha quedado una entrevista muy políticamente correcta (por lo que tendrá también un punto de deshonesta).

    Imagino que el pobre entrevistador tardó cinco minutos en darse cuenta y le resultaría frustrante…

    Qué diferencia con las maravillosas entrevistas a, por ejemplo, Joe Arlauckas o Mostovoi…

    • Políticamente correcto? Igual te has perdido escanenado en vez de leyendo los palos a Mendoza, Tudei, su representante…

      Cuando habla bien habla maravillas y cuando ha soltado algún palo lo ha hecho con mucho estilo.

      Todo un señor

  13. Cachopo

    Beh, otro más de ese monumental bluff hinchado por la prensa deportiva de Madrid que fue la quinta del buitre. Sí, cinco ligas en una competición muy por debajo de lo que entonces mandaba en Europa. Las humillaciones sufridas en competición europea así lo testimonian. Y a nivel de selección, pues más de lo mismo, cuando todo lo que te rodea es mediocridad ser un poquito mejor no te convierte en estrella. Fracaso en Italia 90, fracaso en la Euro 92. La quinta del buitre, un triste consuelo para una época vulgar e inane del fútbol español.

    • Chambers87

      Tu comentario sí que es mediocre.¿Humillaciones en competiciones europeas?¿Dónde están las humillaciones fuera del 5-0 contra el Milan? Se nota que sabes muy poco de esto.

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