In memoriam: Kobe Bryant

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Fotografía: Cordon Press.

Si tuviera el poder de volver atrás en el tiempo, no lo usaría. Porque, en ese caso, cada momento que has vivido no significaría absolutamente nada. Puedes regresar y vivirlo de nuevo, así que ese momento perdería su esencia, perdería su belleza. Todo tiene un final. Los momentos nunca volverán. El ir hacia atrás y experimentarlo todo de nuevo me parece una idea tonta. (Kobe Bryant, 1978-2020)

Palabras de un hombre inteligente. Y, aun así, qué aficionado no quisiera hoy volver unas horas atrás en el tiempo para evitar el maldito accidente de helicóptero. Porque, cuando un icono desaparece antes de tiempo, es como si se abriese una herida en la memoria colectiva, una hemorragia de sensaciones cálidas y recientes que se derraman en un charco y se transforman repentinamente en recuerdos en blanco y negro, cenizas de una época que se nos ha empezado a escapar entre los dedos por sorpresa. Si ese icono es todavía joven, cuarenta y un años, su pérdida es como un desagradable pliegue en el tiempo. Su marcha nos envejece a todos.

Kobe Bryant ha muerto y una de sus hijas, Gianna, de trece años de edad, ha muerto junto a él. Esto sobrepasa cualquier intento de comentario. Si es duro perder a un padre, marido, hermano e hijo como Kobe, no puedo imaginar lo que será perder también a una hija, una hermana, una sobrina y una nieta, una niña de trece años como Gianna. Qué más puede decirse. Una tragedia familiar de ese calibre escapa al modesto poder de nuestras palabras, así que solamente queda expresar nuestras condolencias para los allegados de Kobe y Gianna, y de las otras personas que viajaban en el mismo helicóptero.

En la distancia, sabemos que no llegamos a abarcar la tragedia familiar. Es imposible. Solo podemos hablar sobre lo que sentimos quienes no formábamos parte de la familia Bryant, quienes no lo conocíamos en persona, no éramos amigos o compañeros suyos y que, aun así, hemos notado que Kobe era una pequeña parte de nuestra vida. Porque no existimos solamente para comer y respirar; hay muchas cosas que enriquecen nuestro paso por el mundo. El espectáculo deportivo es una de esas cosas. A veces lo banalizamos y es sano banalizarlo cuando ciertas tonterías son tomadas demasiado en serio, pero no es menos cierto que en días como hoy nos damos cuenta de cuánto nos ayuda ese espectáculo deportivo a quienes le dedicamos un vistazo de vez en cuando. La NBA, en concreto, es una perfecta forma de evasión. Sus jugadores nos amenizan muchos ratos que de otro modo hubiesen sido monopolizados por las preocupaciones y problemas cotidianos de cada cual. Y por eso llegamos a sentir que estas personas desconocidas nos importan. Magic hace un pase sin mirar, Bird acierta una canasta mientras se cae al suelo, Jordan flota en el aire para anotar en el último segundo. Y nuestra vida, la de los espectadores y aficionados, es mejor y más llevadera aunque sea por unos minutos. A esos jugadores llegamos a quererlos un poco, al menos todo lo que se puede querer a un desconocido. No es algo raro; ellos mismos también fueron y son aficionados.

Kobe Bryant fue uno de esos jugadores que, a ratos, nos hizo mejor y más llevadera la vida. Así que también aprendimos a quererlo. Y su repentina ausencia produce una extraña sensación de irrealidad. Michael Jordan está vivo. Magic Johnson está vivo. Larry Bird está vivo. Kareem Abdul Jabbar está vivo. Bill Russell, Jerry West y Julius Erving están vivos. Una parte nada desdeñable de varias generaciones de la realeza de la NBA sigue con nosotros, por suerte, y que duren muchos años. Pero Kobe Bryant ya no está y eso, para los aficionados, es un anacronismo difícil de digerir. No experimenté la noticia de la muerte de Pete Maravich, pero ahora puedo entender a toda una generación de antiguos aficionados. Esta ya no es una amargura romántica, es una amargura verdadera. Kobe Bryant era un hombre joven; estaba retirado, pero seguía siendo parte integrante del espectáculo. Seguíamos en estrecho «contacto» con él. Hacía apenas unas horas, LeBron James le había arrebatado el tercer puesto en la lista histórica de los mayores anotadores de todos los tiempos. El relevo no pareció oficial hasta que Kobe lo rubricó felicitándolo: —«Continúa haciendo que el juego avance. Todo mi respeto, hermano»— y animándolo a pelear por arrebatar también la segunda plaza. Kobe ya no estaba sobre las canchas, pero a su manera seguía siendo una parte integrante de la liga y continuaba, por lo tanto, muy presente en las mentes de todos quienes se asoman de vez en cuando a esa ventana hacia un mundo de fantasía que es la NBA.

Fotografía: Cordon Press.

¿Quién era Kobe Bryant? En la historiografía de la NBA se usa una palabra, «dinastía», para expresar un concepto cuyo significado no es el mismo que recoge el diccionario. Una palabra mal empleada, dirían los filólogos. Pero también una palabra insustituible, dirían los aficionados. Una dinastía de la NBA es una dinastía porque ya no se la puede llamar de otra manera. En ocasiones, el matrimonio entre una palabra y un concepto hasta entonces huérfano de nombre es más emocionante que la verdad etimológica del diccionario. Y una dinastía de la NBA es un equipo que domina la competición durante un periodo de tiempo, pero no solamente es eso. Es mucho más. Es una conjunción de paladines cuyas hazañas sabemos que van a ser recordadas. Esos paladines combaten a la sombra de un rey. Y ha habido pocas dinastías porque ha habido pocos reyes. Kobe Bryant fue uno de los más grandes reyes. Estuvo no en una, sino en dos dinastías.

En España vivimos a Kobe de cerca —no tanto como en Italia, donde imagino que estarán casi en estado de luto nacional— porque nuestro mayor paladín en el baloncesto, Pau Gasol, formó parte de aquella segunda dinastía de los Lakers de Kobe. La dinastía anterior junto a Shaquille O’Neal había terminado hacía tiempo y Bryant necesitaba a un caballero andante de lujo para construir una segunda. Gasol necesitaba salir de Memphis para dar la auténtica medida de su estatura, cosa que solo podía suceder junto a un gigante. Todo esto lo vimos con inigualable regocijo desde España. Aún más cercano se nos hacía Kobe porque pasó parte de su infancia en Italia y no solo hablaba una lengua hermana de la nuestra, si no que, inteligente y autodidacta, hablaba también la nuestra. Era muy aficionado a eso con lo que aquí crecemos todos, los que queríamos crecer con ello y los que no, que se llama fútbol. Seguidor del Milan, admirador de Marco van Basten —«mi jugador favorito»— y de Diego Armando Maradona —en su simpático español: «ídolo mío»—, sabía tocar el balón también con los pies y con la cabeza. Cómo decirlo: Michael Jordan, con quien tanto se lo ha comparado, era un dios lejano, extranjero, enigmático e incomprensible. Kobe era un dios cercano, medio europeo, casi uno de los nuestros. Los españoles hasta le perdonamos que nos hiciera perder una medalla de oro porque cómo no íbamos a perder contra Kobe. Queríamos ganar, pero, en cualquier caso, contra quién mejor perder que contra Kobe.

Fue también un ídolo para el resto del mundo porque la NBA lo necesitó en un momento clave en que los antiguos colosos se desvanecían y él estuvo ahí, cumpliendo su papel de nuevo coloso. Jugadores buenos hay muchos, pero apenas un puñado de ellos son capaces de encarnar esa clase de fantasía que Johnson y Bird encarnaron en su día, que Jordan encarnó cuando los otros dos declinaban, y que Kobe encarnó cuando Jordan ya no jugaba. El público necesita un jugador de videojuego, uno que consiga algo más que números, que haga fácil lo difícil y que haga posible lo imposible, y que además gane. Los números hacen felices a los matemáticos, y bien por ellos, pero la magia del baloncesto, esto lo he visto varias veces, hace felices incluso a quienes nunca ven baloncesto y un día tienen la oportunidad de mirar algunas recopilaciones de jugadas. Por eso hay dos historias de la NBA; la que cuentan las cifras y la que recuerdan los corazones. A algunos jugadores se los entiende en las tablas de estadísticas; a otros, como a Kobe, se los entiende mejor en los highlights de YouTube. Y estos últimos son los que quedarán en los corazones. Porque es la fantasía lo que nos hace felices a los espectadores. Puede ser una canción, una novela, una película, o una entrada a canasta.

Pocas cosas hay tan humanas como sentir la pérdida de un completo extraño cuyas obras sentimos como nuestras. Cuando has visto muchas veces ciertas jugadas de Kobe Bryant, se convierten en una parte más de tu acervo cultural y el propio Kobe se convierte en una figura de tu entorno psicológico de manera no muy distinta a como lo hace cualquier músico, escritor o pintor. Es el hilo invisible y mágico de la admiración y el agradecimiento. Así que gracias por hacernos felices, Kobe.

Descansa en paz junto a tu pequeña. A veces uno se queda sin palabras.

Fotografía: Vanessa Carvalho/ Cordon Press.

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51 Comentarios

  1. De estas cosas que cuesta creerselas… no pude evitar quedarme viendo jugadas suyas en Youtube, buscando estadísticas…
    Y lei dos cosas curiosas (me imagino que sean ciertas, pero no he podido constrastarlas por mi mismo):
    – Kobe Bryant es el jugador que más tiros ha fallado en la historia de la NBA
    – Kobe Bryant es el jugador que mas canastas ganadoras ha metido en la historia de la NBA.

    Si no lo intentas, no lo consigues.

  2. He llorado lágrimas amargas por un completo desconocido.
    Pero para mí no lo era, pasé muchas madrugadas pendiente de sus tiros en suspensión.
    Casi nunca iba con él, era el rival a batir, el imitador de Jordan al principio, el egoísta que rompió la dinastía LA al inicio del milenio, el de los problemas con la justicia…pero después, el renacido junto a Gasol al inicio de la primera década.
    El competidor inagotable, el que nos ganó dos oros, el primero que vino a presentar respetos a Pau, el que contestaba a los entrevistadores en español.
    El mentor de otros jugadores en sus últimos años,el reinventado a sí mismo al retirarse con un óscar, el padre que enseñaba en los partidos a su hija Gigi.
    Kobe, para nuestra memoria no vas a morir jamás.
    #BlackMamba4Ever

  3. Se rompió el Aquiles en 2013, ya con 34 años. Pero se negó a retirarse en el quirófano. Hubiera sido injusto. Y a pesar de que en su regreso tras esa terrible lesión ya no fue el que era, esos 3 años agonísticos hasta su retirada en 2016 le hicieron más grande aún. Su capacidad de lucha, liderazgo, actitud… a pesar de que esos Lakers era ya una banda; todas esas cualidades para mí valían tanto como sus 82 puntos a los Raptors
    Gasol te llama “hermano mayor”. También lo eres para mí y para todos los seguidores del baloncesto, da igual nuestra edad.
    Walter Sobchak se equivocó. Tú nunca pisaste la línea, Kobe. Fue triple. Claramente lo fue. El triple de nuestras vidas. Gracias por todo, Kobe Bryant.

  4. Independientemente del nulo valor cultural que tiene meter una pelota en una canasta, la realidad es que como jugador de baloncesto no sería malo, pero como persona no era precisamente de lo mejorcito: engañó a su mujer sistemáticamente y asaltó sexualmente a una empleada de hotel de 19 años (juicio que al final no se celebró porque la chica no testificó por presiones obvias).

    • Menos mal que estás tú para puntualizar estas cosas. Los demás somos tontos y no lo vimos.
      Hace falta tener una vida muy triste para decidir que quieres gastar tiempo diciendo obviedades sobre álguien que acaba de morir simplemente para poder sentir que miras por encima del hombro a los demás.

    • Tenga cuidado con las varas de medir que utiliza, podrían dejarnos sin algunos referentes culturales, para nada relacionados con una pelota: Liszt, Puccini, Tchaikovsky, Wagner, Vivaldi, Schubert, Caravaggio, Klimt, Juan Pedro Godoy, Diego Rivera, Modigliani, Chaplin, Woody Allen, Fatty Arbuckle, Picasso, Byron, Tolstoi, Sartre…
      Todos ellos tuvieron sus «deslices» por no decir que no se comportaron bien.
      Y estoy hablando sólo de, a falta de mejor termino, «honradez sexual con sus parejas estables»

    • Para Leslie Nielsen (que no Nilsen): si usted considera que los demás son tontos, no es mi problema. Pero si no acepta que yo no le dé valos a alguien que mete pelotas en cestos, hágaselo mirar, porque su vida es más triste que la mía (y eso que mi vida, triste no lo es precisamente – por algo digo lo que pienso sin florituras ni corrección política, porque puedo hablar con libertad). Y en efecto, no tengo absolutamente ningún problema en mirar por encima del hombro a un tipo que asaltó sexualmente a una chica de 19 años. Si usted quiere defender a un agresor sexual, asunto suyo.

      A danni: porque no creo que el deporte sea habilidad cultural. Cuando fallecen escritores, científicos o artistas no hay ni un 10% de la atención que merecerían en comparación con estos deportistas. Y esos escritores, científicos o artistas dejan un legado.

      A pedro: prefiero ser payaso a asaltar sexualmente a chicas de 19 años. Ya veo que usted prefiere lo contrario.

      A perzolaga: ya, pero al menos esas personas que usted cita dejaron un legado cultural. No sé que legado cultural dejaría el kobe este.

      • Qué obsesión por comparar cultura y deporte… ¿Cultura buena, deporte malo? Jajaja
        En fin, creo que eres el típico hater de 13 añitos. A hacer los deberes, pequeño granuja! Jajaj

      • ¿Tiene usted pruebas Sr. González? Ardo en deseos de verlas. Tal vez los adalides de la alta cultura os olvidéis que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario.

        Por otro lado eso de demonizar a un adúltero como si fuera un asesino… ni lo voy a debatir. Habla más de usted que de él.

        • Imperialista: Kobe era un jugador excepcional, pero lo de su agresión sexual quedó claramente demostrado en su momento y perdió el contrato con varias firmas publicitarias durante un tiempo. No hace falta volver a demostrar algo claramente demostrado, algo de lo que el propio Kobe se disculpó y que está hasta detalladamente explicado en la Wikipedia, por cierto. Por otro lado, no sé si cultura y deporte son comparables o no, pero no creo que venga a cuento ni nada tiene que ver con esa agresión o con las infidelidades. Además las infidelidades con su mujer son asunto de ellos. Lo único que me sorprende es que algunos/as se casen sabiendo que son como abejorros saltando de flor en flor, de lo cual al final siempre salen beneficiados los abogados. También es cierto que hay parejas más abiertas que otras que toleran infidelidades y seguramente la mujer de Kobe ya sabía lo que había antes de casarse con él… y al parecer se divorciaron y más tarde se reconciliaron. Digo yo que sería porque la cuenta corriente de Kobe no estaba precisamente en números rojos.

        • Demonizar, no: describir. Y no sólo adúltero, sino agresor sexual. Pero claro, como es estrella de la NBA no pasa nada si asalta sexualmente a una chica, ¿verdad? Eso sí que habla más de usted que de nadie.

          • Es usted un soberano ignorante. No hay la más mínima de que Kobe violase a nadie. Infórmase antes de escribir gilipolleces.

          • Ya he respondido abajo al respecto, de modo que infórmese usted. Y ojo, no he hablado de violación, sino de agresión sexual. El único que ha hablado de violación es usted, de modo que hágaselo mirar.

      • Es inútil, Mario González… Casi todos los que te atacan no hacen más que defenderse a ellos mismos porque también asaltarían a quien pudieran cuando notaran picores ahí abajo. Y tienes razón sobre lo de dar demasiada importancia a los deportes sobre otras materias “más complejas”. Es mucho más fácil para un primate batir palmas cuando ve que un congénere mete una pelota a través de un aro o bien a dos pegando raquetazos a unas bolas que van y vienen. Ellos se identifican más con eso, ¡qué se le va a hacer!

        • Meter una pelota es un aro es un entretenimiento, como ir a beber cerveza, a patear por el monte, a hacer acrobacias con la bicicleta o a nadar a la playa, por pensar en 4 cosas al azar. Todo eso es muy entretenido y ni tiene nada de malo, pero no tiene que ver con la cultura simplemente porque no lo es: es algo completamente diferente con otro nombre (entretenimiento, lo llamaría). Pero ahora como hay una tropa creciente de ofendiditos que se sienten menospreciados si su creciente ego se ve alterado, pues no llamar cultura al deporte es sacrilegio. Sólo hay que ver cómo saltan a la primera de cambio.

          • Es cierto. Son los ofendiditos. Dices algo que no cuadra con el pensamiento lineal actual y salen hasta de debajo de las piedras.

        • Bueno, es problema de ellos. Se defienden de opiniones atacando. Bien porque la culpa no les deja vivir o porque con mis comentarios les rompo los esquemas mentales. El deporte está hecho para usar mayoritariamente aquellas áreas del cuerpo que no contienen neuronas.

            • Me parece un entretenimiento que requiere razonamiento analítico serio y que ha tenido un impacto cultural muy digno. Ejemplos: en el desarrollo informático, análisis matemàtico, en la literatura de muy diferentes géneros (desde la novela histórica a la ciencia ficción), en la psicología humana y capacidad de concentración y memoria. He jugado algunas veces, pero tampoco es uno de mis entretenimientos favoritos.

    • Vayan por delante mis codolencias a la familia y amigos de los finados y a todos los aficionados del baloncesto. La verdad es que esto no fue peor que lo de Petrovic o Fernando Martín. Al menos este se fue cuando nos dijo en la cancha todo lo que tenía que decir.
      A Mario González: supongo que no vino a comentar para congregar simpatías sino para dar su opinión sobre un hecho que a usted, como a mí, se le está dando mucho bombo. Luego a la vista de las réplicas pues se ha dedicado a contestar con más o menos fortuna, he notado que a un contertulo le ha dicho como se tenía que llamar.
      A ver, a grandes rasgos son dos temas los que usted pone sobre la mesa. 1. Que el baloncesto no tiene valor cultural. 2. Que la obra dejada por alguien en vida debe de contemplarse a la luz de su actuar en la esfera privada. Comento sobre cada uno de estos dos asuntos.
      1. Que el deporte es cultura, es algo que para mí es evidente. Que en alguna de las acepciones que ofrece el diccionario de esta palabra encaja el deporte parece claro cuando incluso le dedica un apartado denominado cultura física. Que el baloncesto es un deporte no creo que suscite demasiadas controversias. Otra cosa es indicar, como usted lo ha hecho, que el baloncesto consiste en meter una pelota en una canasta. Supongo que esto es lo único que ve cuando se encuentra con una retransmisión baloncestística y cambia de canal. Yo le explico lo que veo: la lucha de dos equipos por perseguir el objetivo de la victoria conforme a unas reglas, el desarrollo físico e intelectual para conseguir el objetivo, la conjunción de diferentes intereses y habilidades distintas para conseguirlo, la estética de un espectáculo incomparable interpretado por superhombres (no se hace a la idea de lo que supone intentar impedir que un tipo de 120 kilos que corre como un gamo y alcanza alturas que no se imagina no meta canasta). Mire, meter una canasta, un balón en una portería o impedir que una torre amenace a mi rey son manifestaciones humanas. Esta del baloncesto seguida por cientos de millones de personas en el globo. Una cultura que se desarrolla desde las escuelas y enseña la cooperación, la coordinación motora, la toma de decisiones en situaciones de estrés y el desarrollo de la esfera social e individual de la persona. ¿Quería decir que el baloncesto no es una manifestación artística? ¿No merecen la pena manifestaciones de desarrollo humano que no sean concebidas como arte? ¿De verdad tiene sentido califcar de este modo el baloncesto en este momento y en estas circunstancias?
      2. Sobre el comportamiento de la persona al margen de su conducta profesional, no puedo ser muy concluyente. En primer lugar no me parece mal hacer recordatorio de su conducta con la empleada de hotel que usted menciona. Son las luces y sombras de la persona y nadie en este foro aceptaría otra cosa para un criminal que su correspondiente condena en la cárcel si es culpable por muy estrellita de la NBA que seas. Mencionar este hecho junto con su conducta matrimonial pues, qué quiere que le diga, no sé si le pone muy bien a usted, pues para descalificar a una persona en su conducta, entre una cosa y otra hay un buen trecho. En cualquier caso creo que es factible admirar al profesional y a su obra (que para usted es meter pelotas en una cesta) y no a la persona en su conducta personal. A mí eso me sucede, por ejemplo, cuando me planto delante de un Caravaggio y me olvido del tipejo que lo pintó. ¿Le parece procedente calificar a la persona solo por los actos que ha indicado, desdeñando su faceta profesional en estas circunstancias? ¿Sabía, por ejemplo, que Kobe Bryant ha sido el promotor de una fundación para mejorar la vida de los jóvenes y familias necesitadas? ¿Sabía que era poseedor de un Óscar por un cortometraje?
      Espero que no se haya tomado mi réplica demasiado en serio. Un saludo y a vivir que son dos días.

      • Gracias por su comentario. En pocas palabras:

        – Eso de “cultura física” es como “ciencias políticas”: un absurdo. ¿Desde cuando la cultura se centra en lo físico? ¿Desde cuando la política es una ciencia?

        – Lo que explica del baloncesto no es más que una especie de guerra sin pistolas y una pseudopelea para meter una pelota en un cesto (o en otro). Eso no es cultura. Compararlo con el ajedrez es como comparar la comida basura con la dieta mediterránea.

        – El baloncesto lo siguen cientos de millones de personas:¿Y? ¿Cuánta gente sigue a Gran Hermano, los tweets del Trump o a memeces similares?

        – Entiendo que la persona y su conducta personal (agresiones sexuales, infidelidades) sea una cosa y lo que hace sea otra. Pero en este caso lo que hace/hizo Kobe tiene nulo valor cultural. Compararlo –como se hizo más arriba– con Beethoven o con Mozart es como comparar a los protagonistas de Gran Hermano con Alejandro Dumas. Kobe es un tipo que ganó mucho dinero metiendo pelotas en cestos. Lo demás son adornos. No me parece en absoluto mal que gane dinero de esa manera (mejor así que siendo narco o traficando con armas o robando). Se puede ganar dinero haciendo cosas incluso más absurdas (ejemplo: Facebook, influencers varios…). Lo que he dicho más arriba es que este señor no ha aportado realmente nada salvo entretenimiento simple. Noticia en portada durante 2 días, pero si fallece Steven Weinberg, Freeman Dyson, Shinya Yamanaka o Elizabeth Blackburn… noticia en una esquina, irrelevante.

        – Lo de los Oscar no me dice nada. Esos premios están tan politizados como los Goya. No digo que algunos no lo reciban películas/actores/directores buenos, pero estoy seguro que hay mil personas que han hecho mejores películas (o lo que sea que haya hecho que Kobe).

        – Lo de las fundaciones me parece mal asunto. Una fundación es algo creado en la mayor parte de las veces para lavar la imagen y hacer negocio. También hay una Clinton Foundation una Fundación Franco…

        • Por alusiones: en ningún momento he comparado o aprobado si lo que hizo en su vida privada Kobe Bryant se justifica por lo que hizo en su vida profesional: he nombrado a otras personas de comportamientos similares en su vida privada y profesional.
          Y he mencionado que, aplicando esa vara de medir, esas mismas personas, consideradas alta cultura, tampoco cumplen con la, repetidamente citada, vara.
          Únicamente hablaba de que los criterios para medir la moral y la ética han de ser los mismos para todas las personas, independientemente de la profesión que ejerzan.
          Decir «al menos esas personas que usted cita dejaron un legado cultural» es, siempre hablando de conductas humanas, en el mejor de los casos, apresurado y, en el peor, una justificación de que a un icono cultural como Picasso se le permitan ciertas cosas que, a un icono deportivo, no.
          No creo que esta segunda interpretación sea, ni de lejos, lo que usted defiende, sólo que hemos de tener cuidado con qué y cómo decimos lo que pensamos
          Un saludo

          • Coincido en lo que habla de Picasso. Ni siquiera creo que fuese un genio digno, pero como persona no era precisamente de lo mejorcito. Pero no justifico lo que cualquier personaje del mundo de la cultura haya hecho a otras personas. Lo que digo es que dentro de lo malo, al menos crearon cultura. Pero el Kobe… ¿qué cultura creó? Le pongo un ejemplo: Philip K. Dick o Julio Verne tomaron drogas (el segundo sin ser plenamente consciente de sus efectos tal y como se conocen hoy en día). También las tomó Maradona. Ahora compare el legado de los dos primeros con el tercero. Con todo esto y lo de más arriba no hablo de justificar o no a personajes de la cultura en sus acciones personales. Hablo de que al menos, el legado es valioso. Kobe no deja ningún legado: fue un tipo que se le daba bien meter la pelota en un cesto y que tuvo la suerte de que había gente dispuesta a pagarle por ello. Las justificaciones que se hacen diciendo “es que tuvo un Oscar”, “es que creó una fundación”… (y similares) me parecen absurdas y me recuerdan a algunos alumnos que he tenido que para inflar la respuestas en un examen dicen cualquier cosa que no tiene nada que ver esperando que les suba puntos por llenar hojas…

            • Usted pregunta/comenta y yo respondo. Es lo que suele ocurrir en las conversaciones o en los foros de discusión: que se conversa y se discute. Pero hay algo que nunca falla: cuando se acaban los argumentos, la respuesta ideal es “váyase”, “cállese” o “déjelo”. Por otro lado, ¿quién le ha elegido a usted para hablar de nombre de algunos? ¿Por qué me habría de importar lo que nadie piense de mi?

        • Nada que decir a su réplica. Son las lecciones de vida que nos ha ido impartiendo a todos desde su primera intervención en esta página de Jot Down. Fíjese que yo estaba a punto de crear una fundación para ayudar a jugadores de baloncesto retirados. A tiempo me he dado cuenta de mi tremendo error.
          Le espero en el próximo obituario dedicado a algún jugador de fútbol. Ahí usted y yo tenemos que repartir estopa a diestro y siniestro.
          Un saludo.

          • Disculpe, me he confundido al pulsar la réplica, la respuesta era a Mario González ya que citaba «Compararlo –como se hizo más arriba– con Beethoven o con Mozart»
            De hecho, estoy totalmente de acuerdo con su opinión. Lo cual no quiere decir que estemos en lo cierto :-)
            Un saludo, blunsburibarton

          • No, no hay lecciones de vida, usuario blunsburibarton. Simplemente mi punto de vista. Pero nada, si quiere crear su fundación para ayudar a jugadores retirados que seguramemte estarán en la indigencia, asunto suyo. A mi la única Fundación que me gusta es la de Isaac Asimov.

    • @Mario González

      Al Troll Mario González, que se ha escapado de la sección de comentarios de eldiario.es, hay que explicarle qué es una “Gold digger”, seguramente no sepa ni inglés y tenga que buscarlo en Google…

      Mario González es el típico frustrado calzonazos que nuca sabrá entender que significa que una mujer se te acerque y tontee contigo con segundas intenciones debido a tu estatus de celebridad o simplemente a la cantidad de dinero que ostentes.

      Mario González se conforma con ser un aliadE que se come el mismo rosco a diario (si se porta bien, como un buen hombre emasculado); es un hombre que nunca sabrá lo que es tener éxito en la vida, un hombre que se conformará con difamar un deporte y a una persona por el simple hecho de tener su minuto de gloria en una sección de comentarios de una revista digital;
      ese es Mario González;
      alguien que se atreve a dar lecciones en un obituario del Segundo Mejor jugador de la historia de un deporte que ni siquiera conoce, ya no digamos la personalidad de Kobe Bryant (para Mario González no es una persona, es alguien moreno que mete pelotas en un aro circular…).

      Pobre Mario González, no es consciente de lo que se ha perdido.

      En otras circunstancias, este Troll anodino hubiese tenido más suerte y entendería lo que ha significado la figura de Bryant.

      No me voy a extender en que significa haber podido disfrutar de la sincronía de los fadeaways de Kobe, de como su perfecta mecánica de tiro en suspensión desprendía suave, pero, letalmente el balón de sus manos hacia la canasta.

      No merece que perdamos más el tiempo, Mario González se congratula con ello, sabe que ha conseguido su objetivo.
      Seguramente, se pase los próximos días leyendo esta sección de comentarios vanagloriándose en su superioridad moral (diciéndose a sí mismo: “si, pero, yo no agredí sexualmente a una chica de 19 años, por eso soy mejor persona”…);
      pobrecillo, Mario González no se da cuenta de que en su misma situación el hubiera hecho lo mismo, sino esa misma noche, hubiera sido otra…

      Las relaciones de poder mueven el mundo, pero, Mario González no es nadie, es un ser prescindible, es una caca de perro al lado, no de Kobe, sino de la chica agredida; ella ni le hubiese dirigido una mirada a este Troll de poca monta.

      Para todos aquellos que sabemos lo que ha significado Kobe para el deporte que amamos os deseo lo mejor, deseo que algún día rememoremos juntos los tiempos en los que reinaba la Mamba Negra, aquellos tiempos amarillos de suspensiones infinitas y sonidos de redes siendo atravesadas por balones sin tocar el aro, aquellas inolvidables madrugas en vigilia dedicadas a un Dios que se ha ido antes de tiempo.

      • Cuando usted realiza ataques ad hominem empleando insultos y descalificaciones lo que hace es descalificarse a si mismo. En el fondo lo que sucede es que resulta ser usted un ofendidito que no soporta que los demás tengan opiniones y puntos de vista diferentes a los suyos, algo que con el tiempo se convertirá en un problema serio. La mayor parte de los que hemos escrito aquí nos hemos comportado con cierto decoro dentro de la discrepancia, pero usted viene a dar la nota y a soltar sus cacas de perro. Está en su derecho, pero un psiquiatra tampoco estaría de más, al menos para indicarle como ocultar sus frustraciones personales o materiales. Por otro lado, le diré una cosa relativa al éxito en la vida: fíjese lo satisfecho que estoy con mi propia vida, que yo no cambiaría lo que ha sido mi vida por la de nadie, ni por todo el dinero del mundo ni nada. Para mi eso es el mayor éxito y el mayor motivo de felicidad del que uno puede disfrutar. Puede ser que Kobe pensase igual: si así fue, independientemente de otras cosas que hizo no muy dignas, fue feliz mientras vivió.

      • ¿Cómo explicarle el color verde a un ciego? ¿Cómo explicarle el sonido de una flauta a un sordo? ¿Cómo explicarle la belleza del deporte al Sr. Mario González?

        • 1. Depende de si los ciegos o sordos son de nacimiento o no.
          2. Si son de nacimiento, explicar el color verde a un ciego se hace generalmente a través del tacto. Por ejemplo, el rojo se explica haciéndole tocar una patata caliente, el marrón haciéndole tocar tierra, el gris haciéndole tocar el asfalto de una carretera, el verde haciéndole acariciar hierba.
          3. La música a un sordo se puede hacer a través del tacto, empleando el ritmo y la presión para simular la altura tonal. En el caso de la flauta se puede soplar suave e intermitentemente en el dorso de la mano.
          4. Yo no he hablado de la belleza del deporte, sino del valor cultural del baloncesto, que no lo tiene porque es un entretenimiento competitvo basado en la actividad y fuerza física, no un producto o subproducto cultural. Por tanto, explicar esa supuesta belleza del deporte es irracional.

  5. Vale recordar que Kobe Bryant jamás fue condenado en un tribunal. Por lo tanto, en razón de la presunción inocencia, pilar básico de la civilización y principio respetado por cualquier persona con un mínimo de ética, es inocente. Los hechos son hechos porque pueden probarse, sin pruebas son sólo rumores, opiniones, desvaríos, fantasías. De más está añadir que todo aquel que va por la vida condenando gente sin ninguna prueba, soló por delirio moral, es un fascista; y la opinión de un fascista vale menos que la de un pedazo de estiércol. Así que dejen en paz a Mario Gonzalez, ¡ya bastante tiene con no poder disfrutar absolutamente de nada en esta vida desde su inexistente pedestal moral!. Imaginen: no puede escuchar a Wagner ni a los Beatles; ni leer obras de Burroughs, Hemingway, Tolstoi, Faulkner, Neruda o Wilde; tampoco ver películas de Chaplin, Polanski o Woody Allen; ni gritar un gol de Cristiano Ronaldo, ni ver las maravillosas jugadas de Maradona…un pobre despojo de ser humano.

    El resto nos dimos el gusto de alcanzar momentos de genuina felicidad con este genio. Y eso es lo único que importa.

    • Le convendría echar un vistazo alguna vez al diccionario de la Real Academia de la Lengua española. Si mira la palabra “fascista” verá que hay tres acepciones, dos de ellas muy similares “Partidario / perteneciente o relativo al fascismo” y “Excesivamente autoritario”. Como imagino que usted se refiere al primer caso, le recuerdo que con según el mismo diccionario, el fascismo se define como “Movimiento político y social de carácter totalitario que se desarrolló en Italia en la primera mitad del siglo XX, y que se caracterizaba por el corporativismo y la exaltación nacionalista” o bien como “Actitud autoritaria y antidemocrática que socialmente se considera relacionada con el fascismo.” Creo que eso poco o nada tiene que ver con lo que usted dice de condenar a gente sin ninguna prueba: primero porque no he condenado a nadie, dado que no soy juez. Segundo, porque existen hechos demostrados, entre ellos la disculpa oficial que Kobe realizó a través de su abogado indicando: 1) su intención de disculparse; 2) que no había pagado dinero a la víctima de la agresión; 3) que inicialmente pensó que el encuentro con ella fue de mutuo acuerdo; 4) que reconocía que ella no tenía la misma visión de los hechos que él; 5) que era consciente tras su testimonio que la no hubo consentimiento por parte de la víctima. No sólo eso: la víctima le demandó por lo civil posteriormente y finamente las dos partes llegaron a un acuerdo económico en la que la víctima fue compensada con más de dos millones de dólares.
      Eso son los hechos bien conocidos a día de hoy. Su actitud es el perfecto ejemplo de cómo los hechos demostrados hacen perder la compostura a los fanáticos de ciertos ídolos, pues prefiere emplear (incorrectamente) el término de “fascista” y recurrir a acusaciones falsas, a ejemplos sacados de contexto y otras bilis infantiles para intentar limpiar la imagen de un tipo que no jugaría mal al baloncesto, pero que cometió una agresión sexual por la que no le quedó más remedio que disculparse y compensar a la víctima con más de dos millones de dólares.

      Por lo demás, leo buena parte de los autores que usted cita (y muchos otros), escucho música como la que indica (no a los Beatles, porque me aburren) y he visto películas de los directores que menciona (entre otros). Menciona usted a Polanski y es perfecto ejemplo: en efecto, creo que es buen director, pero también creo que debería de estar en prisión por usar drogas y violar de todas las maneras posibles a una joven de 13 años. La diferencia con Kobe es clara y sencilla: ambos cometieron agresiones sexuales y mi opinión es que merecen pagar por esos actos tal como dictamine la justicia, pero mientras Polanski ha creado cultura (cuya calidad o interés puede ser sin duda objeto de debate), Kobe sólo ha producido entretenimiento simple metiendo pelotas dentro de un cesto. Sin embargo, eso no quita a usted derecho a ser feliz viendo a alguien meter pelotas dentro de un cesto, sea un agresor sexual o un santo glorificado. Cada uno se desahoga como puede.

  6. Nos reunimos en el funeral de un ser querido y, con la tierra aún húmeda, aparece ese desconocido a (intentar) defecar en la tumba.
    Por muchas cosas que este desconocido nunca entenderá, este hombre fue especial. No habrá otro igual y eso duele.
    Un poco de respeto, por favor. Váyase, señor González.

    • Primero: llega tarde al funeral y al entierro. Segundo: ni intentar, ni defecar. Tercero: lo hechos son los hechos, le gusten a usted/yo o no.

      • ¿Todavía por aquí Sr. González? Fíjese si será usted obsesivo, que no se ha ido aún a pesar de que no le interesa el tema del artículo, y a pesar de que desprecia al homenajeado. No me puedo imaginar el interés que le pondría a la cosa si se tratara de algo que a usted le pareciera de valor cultural. Es usted más denso que una estrella de neutrones. Al leer sus comentarios comprendo lo que se siente al aproximarse al horizonte de sucesos de un agujero negro, mire lo que le digo. Dicho en forma más coloquial: es usted más pesado que vaca en brazos.

        • ¿Todavía por aquí, rafa? ¿No será usted el obsesivo, obsesionado con mi persona, que entra a ver si respondo o no? Para colmo, ni siquiera las respuestas dirigidas a usted, sino a los demás. Porque usted –y algún otro ofendidito– han salido en tromba al poner yo sobre la mesa el pasado de un jugador de pelotacesto que fue el responsable de una agresiòn sexual demostrada. El problema REAL es la incapacidad manifiesta de asumir la verdad: lo que hace es justificar y perdonar al agresor por ser su ídolo, pero a quien vaya contra la corriente de pensamiento políticamente correcta le caerán ataques ad hominem. No me dejo amedrentar por valoraciones de ningún tipo (ni buenas, ni malas). Sin embargo, descarta sin más usted una cosa sencilla: si alguien me habla, yo suelo responder. Por otro lado, el que yo me pase por esta página (con muchos más artículos que también leo y a veces comento) no sólo responde a mi interés en leer (lo cual posiblemente sea mi única obsesión), sino a las notificaciones de actualización web. Y a que tengo tiempo para ello. A veces. Por cierto, en vez de buscar algo en la wikipedia o sacar ideas de alguna película para ver cómo hablar de estrellas de neutrones y singularidades, podría haber hecho alusión al plasma de quarks-gluones para hablar de la densidad. Y de hecho debería de revisar sus ideas sobre los agujeros negros. Lea con detalle a Kip Thorne. De nada.

          • Estimado Mario, como veo que recibe usted notificaciones de actualización web, aquí le dejo mi aportación al fantástico debate que ha conseguido organizar aquí con su insistente e ignorante desprecio al deporte que practicaba el señor Bryant, que ya le digo ahora que ni me despertaba mucha simpatía a pesar de que valore su legado ni comparto la conmoción generalizada que ha provocado su muerte aunque reconozco que algo me chocó enterarme de su muerte al tener solo 41 años.
            – Si para usted la actividad del señor Bryant se reducía a meter balones en un cesto, supongo que también se podría decir que los escritores que usted cita se limitaban a empalmar palabras sobre un trozo de papel, los pintores a manchar trozos de tela o los matemáticos a elucubrar con numeritos. Absurdas reducciones al absurdo de este tipo se pueden hacer con cualquier cosa si nos ponemos. Que a usted le interesen más los artistas o los científicos que los deportistas es muy respetable, pero no por ello tiene porque despreciar el deporte. Sobre algunas de las implicaciones y valiosas aplicaciones que tiene el baloncesto en la vida de las personas ya le ha hablado blunsburibarton más arriba. A esto yo añadiría que tal vez le iría bien visionar algunos partidos de baloncesto de alto nivel acompañado de algún experto en la materia para que le fuese explicando todo lo que puede llegar a ocurrir en una pista de baloncesto a cada segundo por cuestiones de estrategia, táctica y demás con tal de que pudiese usted apreciar el valor intelectual que tiene ese deporte más allá del físico, que de por sí ya va también bastante más allá de meter balones en un cesto. Tal vez le explotaría la cabeza antes de terminar el primer cuarto ante la avalancha de información que se le vendría encima, aunque viendo como habla del baloncesto no sé si tendrá usted alguna oportunidad en la vida de que algún entendido en la materia pueda tener mucho interés en relacionarse demasiado con usted.
            – Como veo que le gustan mucho las definiciones, la lingüística y el academicismo, aquí le dejo algunas acepciones de la palabra “cultura” sacadas del diccionario de la RAE:
            2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.(aplicable a todo lo que le he comentado en el punto anterior)
            3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.(nótese la parte dónde pone “etc”)
            Espero que le sea de provecho y siga usted disfrutando al máximo de su privilegiada existencia.

            • Usted no ha entendido nada. Y la verdad es que tampoco me importa lo que deje o no deje de entender. Me remito a mis comentarios anteriores.

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