María Martinón: «Las ideas de las personas racistas no se sustentan en la biología. Somos un crisol de humanidades extinguidas»

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María Martinón Torres (Orense, 1974) creció rodeada de libros que dieron alas a su curiosidad. Para cumplir su deseo de ser antropóloga decidió estudiar Medicina y Cirugía en la Universidad de Santiago de Compostela, haciendo su tesis sobre la dentición de hominínidos. Luego se especializó en Antropología Forense por la Universidad Autónoma de Madrid y en Evolución Humana por la Universidad de Brístol para acabar aterrizando Atapuerca en el año 1998.

Tras la construcción de un paso para un ferrocarril minero a finales del siglo XIX, se encuentran los yacimientos de la sierra de Atapuerca. En uno de ellos, la Sima del Elefante, María encontró un fragmento de mandíbula humana que resultó ser del homínido más antiguo de Europa: el homo antecesor. María Martinón es ahora la directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana —CNIEH— y, tras acompañarnos en una maravillosa visita al Museo de la Evolución Humana y a los yacimientos de Atapuerca, nos sentamos con ella para hablar sobre un pasado fascinante que aún estamos reconstruyendo.

Creciste fascinada por las aventuras de Sherlock Holmes y los libros de Julio Verne, ¿alguno de los libros que leíste te hizo interesarte por la paleoantropología?

Sí. Creo que leer es fundamental, no me canso de decirlo. El kit de ganas de saber, aprender y la lectura está al alcance de todo el mundo, y precisamente una característica del Homo sapiens es que puede viajar y puede vivir otras vidas sin tener que vivirlas realmente, a través de su capacidad de abstracción y de la lectura. ¿Por qué me gustaban esos libros? Porque precisamente esos libros lo que te plantean son preguntas, misterios, inquietudes. Yo creo que lo que unifica, lo que agrupa a todos los científicos de todas las disciplinas, es la curiosidad.  A fin de cuentas, un científico es una persona que quiere hacer de la necesidad de satisfacer la curiosidad su profesión. A los científicos les gustan las preguntas más que las respuestas. 

Estudiaste Medicina y Cirugía en la Universidad de Santiago de Compostela. ¿Llegaste a operar a alguien? 

Durante mis prácticas en el rotatorio, como todos, he metido mano y participado en alguna operación, realicé mis visitas tuteladas a enfermos y todo lo que me correspondía como estudiante de Medicina, pero no llegué a hacer ninguna especialidad médica. En cuanto acabé la carrera me fui a Inglaterra a hacer un máster en evolución humana, en paleoantropología, y a mi regreso empecé la tesis doctoral e hice un máster de antropología forense. La tesis doctoral la desarrollé en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, con José María Bermúdez de Castro, codirigida por él y por Ángel Carracedo, director del Instituto de Medicina Legal, a quien conocía porque antes de lanzarme a los fósiles estuve dos años en su departamento trabajando con ADN antiguo. Ángel es una persona muy generosa y ofreció lo más cercano a lo que yo quería hacer, que era aprender de ADN antiguo. Me ayudó mucho a buscarme el camino. He tenido buenos maestros con mayúsculas y en todos los sentidos. Gente generosa, que tutela, que quieren que crezcas, que se emocionan con lo tuyo. Son personas que tienen muchísima vocación y entusiasmo. José María se sigue emocionando en un congreso con una presentación. «Vamos a prepararlo bien, a discutir qué contamos». Eso no tiene precio.

¿Cómo ha acumulado tu familia tanto interés por la ciencia?

He tenido la suerte de crecer en una familia donde se nos animó mucho a ello, y además el ser muchos hermanos (somos siete), es el mayor estímulo que puedes tener al crecer. Siempre se fomentó la lectura, es el germen de lo que viene después. A nivel específico de disciplinas, yo soy antropóloga de formación médica, tengo un hermano arqueólogo, un hermano periodista, otro empresario y varios médicos. Ha habido un poco de todo, pero todos tenemos interés por indagar. Haber nacido en una saga de médicos también me dio la base para hacer antropología. Tuve la suerte de tener una niñez muy viva, muy llena de vida, con mucha interacción, con gustos muy diferentes, los hermanos somos muy diferentes en personalidades, nos hemos dedicado a disciplinas diferentes, pero es verdad que la medicina tiene la voz cantante en nuestra formación. Cualquier persona que viva en casa de médicos sabe que la medicina está hasta en la mesa, te contagia las ganas, el interés y la vocación, y eso me lo he llevado conmigo. 

¿Te ha servido mucho para tu carrera profesional?

Muchísimo. La medicina la escogí como base, como punto de partida. Cuando decidí hacer antropología no existía esa carrera. La mayoría de la gente iba por arqueología, biología o historia. Yo me dije: ¿medicina, por qué no? Si mi interés es comprender al ser humano, la medicina me da una perspectiva más completa del ser humano, cómo funciona y, cuando no funciona, por qué no funciona. Con esa base es más fácil desplazarse al pasado. Estos últimos años la medicina ha vuelto a mí. El estudio de las enfermedades da una perspectiva completísima de la naturaleza de una especie porque es la que pone sobre la mesa su vulnerabilidad y su fortaleza. Para el ser humano pocas experiencias hay más trascendentales que estar enfermo. A través del estudio de las enfermedades queda al descubierto qué nos preocupa, la temporalidad, cómo nos enfrentamos a las dificultades. Es donde lo bueno y lo malo salen a la superficie. La medicina me está aportando una perspectiva diferente de la reconstrucción de los homínidos.

Hay un campo precioso que es la medicina evolutiva, que precisamente se pregunta por qué enfermamos, no solo la causa próxima, por qué nos ataca un virus, por qué esta hormona se ha disparado, por qué este receptor no funciona, sino el porqué en el origen: si somos un homínido tan bien adaptado, ¿por qué la selección natural no ha eliminado las enfermedades, por qué hay alzhéimer, por qué hay cáncer, por qué hay diabetes? ¿Es la selección natural una chapuza que no ha conseguido eliminar todas esas irregularidades? Algunas enfermedades como el cáncer o las de carácter neurodegenerativo aumentan como precio a pagar por vivir tantos años, muchos más que la mayoría de los primates; otras enfermedades son resultado del desajuste entre nuestra anatomía y nuestra fisiología, y el estilo de vida sedentario que hemos desarrollado. 

La forma en que los homínidos se han enfrentado a la enfermedad y la muerte pone de manifiesto todo su repertorio de armas para sobrevivir. Al final la historia de la vida es la de la lucha por supervivencia, algunas de manera más instintiva y otras de forma más deliberada. La medicina es la manera más intencional y premeditada de intentar controlar los factores que limitan nuestra existencia en el tiempo. Fue la coyuntura familiar la que me puso la medicina delante de los ojos y me enamoré de ella como disciplina, es muy completa, muy amplia, muy dinámica. Pero ahora en estos últimos años me ha dado otra visión de los homínidos no solo como ancestros, sino como personas que también padecieron, que también tuvieron dificultades, tuvieron que agudizar su ingenio para deliberadamente sobrevivir. Me acuerdo de esa frase clásica de Pessoa: «El ser humano es un animal que quiere existir». Ya no solo es el instinto, sino que se organiza para controlar los factores que dificultan su supervivencia. Es el animal que mayores esfuerzos dedica a querer domesticar la muerte. Sé que me voy a morir y lo quiero controlar. 

¿Qué diferencia hay entre la paleontología y la arqueología? 

La paleontología estudia los restos esqueléticos, los fósiles, los huesos, los tejidos, y la arqueología estudia la cultura material, las herramientas, el arte, los vestigios que hayan quedado de su comportamiento y forma de vivir. Es muy difícil separar esas líneas, porque el ser humano es biología y cultura, sobre todo en la especie actual, en la que la tecnología es casi parte de la anatomía del ser humano.

La arqueología aparece en el momento en el que queda registro visible de esa evidencia cultural, pero nuestra visión puede ser parcial, hay materiales perecederos que no nos llegan o cultura sin que haya prueba material, la música, por ejemplo, salvo que haya un instrumento, o el canto. La evidencia más clásica de la arqueología son las herramientas como prueba de esa tecnología. Ahora nos planteamos que quizá la pregunta clave no es cuándo un homínido fue capaz de usar herramientas por primera vez, sino cuándo esas herramientas se convierten en una parte sustancial del comportamiento de la subsistencia, de la estructura de esa población. Nuestra especie, nuestro estilo de vida, nuestra sociedad, no se sustentaría sin tecnología. Con tecnología no me refiero solo a las herramientas; me refiero a la calefacción, la ropa, las casas, las carreteras, las comunicaciones. Todo nuestro sistema colapsaría si eso desaparece. Esa es la diferencia cualitativa. Richard Dawkins habla de que la tecnología se ha convertido en el fenotipo extendido, es decir, parte de nuestro cuerpo, parte de nuestra biología. El momento en el que la tecnología empieza a ser parte sustancial del modo de vida es el verdadero momento que marca la diferencia entre unos homínidos y otros. 

Paelomagnetismo, paleoneurología, paleoecología o paleofisiología son profesiones relativamente nuevas. ¿Cómo se forman los especialistas en estas disciplinas? 

El estudio de la evolución humana multidisciplinar. Las personas que sobre todo se dedican a temas de dataciones suelen ser geólogos o químicos. Los que nos dedicamos a la parte de los huesos solemos ser biólogos o en algunos casos como el mío, médicos. Luego está la arqueología. En Atapuerca en verano estamos juntos biólogos, químicos, físicos, geólogos, geoquímicos, y arqueólogos. Después vienen las hiperespecializaciones. Creo que el actual sistema educativo que nos obliga a especializarnos tan pronto nos empobrece, nos obliga a ir al grano desde el principio, y se pierde información general que es fundamental para poder conectar campos. A mí la medicina me dio un campo muy amplio. Para mí fue una ventaja que no hubiera grado de paleontología. La hiperespecialización en nuestro campo viene con los estudios de posgrado. Yo me fui ir al Reino Unido a estudiar paleoantropología, luego hice estudios de antropología forense, progresivamente vas cubriendo tu curiosidad y necesidad de formación.

A los estudiantes les digo que cuanto más amplio, mejor. Si quieres ir al grano y lo que te preocupa, que lo comprendo, es una opción vital, un empleo, una estabilidad inmediata, sí. Si lo que priorizas es el conocimiento no hay esa prisa ni esa direccionalidad. Se trata de darte la opción a ti mismo de que aparezcan otras cosas, darte la posibilidad, como investigador, de encontrar lo que no esperabas encontrar. Y un consejo: no leáis solo de lo vuestro. Leed de otros campos. ¿Tenéis aficiones? ¿Os gusta la literatura, el arte, la divulgación? Cultivadlas. Porque precisamente la ciencia es un acto creativo, son conexiones neuronales diferentes ante la visión de un mismo paisaje. Yo digo «perded el tiempo, leed otras cosas que no sean siempre sobre lo vuestro». Darwin dijo en su autobiografía que si hubiera podido volver atrás le habría dedicado más tiempo a la música, a la poesía y al arte porque sentía que se le habían atrofiado partes de su cerebro que eran importantes para la felicidad y para el intelecto. A mí me encanta la literatura, me encanta la ficción. Me ayudan a componer relatos coherentes con los que tratar de explicar el mundo natural. Yo les digo a los estudiantes: no os especialicéis tanto, tan pronto. No estrechéis la mirada. . 

¿La aparición de restos arqueológicos como herramientas coincide en el tiempo con la aparición de restos artísticos?

No, realmente el arte es una expresión cultural muy tardía, de Homo sapiens, aunque ahora se está debatiendo si también los neandertales la tenían. Es verdad que la expresión artística en todo su florecimiento es característica de los humanos modernos. Pero también hay que tener cuidado para no cometer trampas históricas, no podemos comparar la cultura o la evidencia artística de un neandertal con la que tenemos nosotros ahora. Siempre invocamos, por ejemplo, a las figurinas, las Venus, como expresiones artísticas más características y típicas de Homo sapiens, pero estas aparecen cuando los neandertales ya se habían extinguido. Habría que comparar el arte de los neandertales con el arte del Homo sapiens de la  misma época.

Además, estamos acostumbrados a medir las capacidades de otra especie en función de lo que nosotros consideramos que es lo más importante: tener artes, pintar cuevas, ornamentarse, enterrar a los muertos… Si no haces eso, entonces eres inferior. Pero hay muchas cosas que nosotros no somos capaces de medir. Igual otras especies tenían otras manifestaciones culturales complejas menos expresivas o evidentes, pero no significa que no tuvieran comunicación sofisticada. No lo sabemos. No tenemos esa evidencia, no siempre la ausencia de evidencia es evidencia de ausencia. Estamos muy sesgados en identificar las cosas que nosotros consideramos que se deben tener en el kit de la modernidad, pero realmente los neandertales eran una especie compleja. Sí enterraron a sus muertos aunque con menos ajuar, pero a lo mejor es que eran más sobrios. Hay a quien le gusta más Picasso y a quien le gusta más Velázquez. Puede haber muchas maneras de ser una especie inteligente y compleja.

En los últimos años estáis aportando trabajos sobre los fósiles en Asia que cuestionan algunas teorías clásicas. ¿Cuáles son esas? 

Toda la vida parece que la historia de lo que sucedía en Asia era una historia secundaria, Asia era el gran cementerio de los elefantes, todas las especies salían de África y llegaban a Asia para morir sin tener nada que aportar al argumento principal. Ahora sabemos que Asia ha sido el escenario principal de la interacción de nuestra especie con otros homínidos con los que hemos hibridado, como neandertales y denisovanos. En cuanto al origen de nuestra propia especie, Homo sapiens, hemos probado que abandonamos África hace entre ochenta y ciento veinte mil años, lo que supone entre treinta y cincuentamil años antes de lo que la teoría del Out of Africa proponía. Ha sido una revolución. 

En los últimos años, el epicentro en los estudios sobre evolución humana se está desplazando a Oriente. Lo apasionante en la ciencia es que no trabajamos con verdades, el que quiera certezas, el que se quiera ir a la cama tranquilo diciendo que ya sabe lo que pasó, aquí que no se meta. Porque cuanto más sepas, más preguntas te surgen, lo que es maravilloso. Me da mucha rabia cuando las noticias dicen que un descubrimiento lo echa todo abajo, que todos estábamos equivocados. Lo que sucede es que tenemos es un paisaje que solo podemos ver a través de una ventana pequeña, y con lo que vemos a través de esa ventana tenemos que hacer un relato coherente. Si veo un homínido no puedo decir que son tres, podría ser, pero no sería honesto afirmarlo. Cuando aparecen más evidencias se abre el ancho de la ventana, la visión se hace más panorámica y el relato se modifica.  

Cuando empecé a hacer la tesis doctoral quería comparar todos los dientes de todas las especies que pudiera. Dejé para el final el estudio de H. erectus de Asia y cuando los vi, con los ojos limpios, me parecieron más similares a los europeos que a los africanos. Recuerdo que José María se sorprendió. Le dije: mira. Y fue con los datos y la evidencia que se convenció. Cuantas más evidencias tengamos mejor, pero uno tiene que estar siempre con la humildad de que hacemos lo que podemos con lo que hay, y se hace bastante. Sabemos lo que hay, pero no lo que no hay. Trabajamos con hipótesis parsimoniosas, tienes que avanzar con la explicación que requiere menos cambios o explicaciones adicionales con los datos de los que dispones. Nos tiene que preocupar cambiar de opinión. Si puedo escoger, prefiero ser yo mi propio abogado del diablo. Tuve la suerte de que José María también es así. 

Has estado en el momento más importante de reescribir la historia, desde el principio, desde Emiliano Aguirre.

Yo no llegué a coincidir con Emiliano en el proyecto, aunque sí en el Museo de Ciencias Naturales.  Él estuvo hasta el 92, cuando toman el relevo los tres codirectores, José María, Juan Luis y Eudald, y yo entré en el 98. Pero sí he sido testigo de grandes descubrimientos, de varios cráneos de la Sima de los huesos, el esplendor de la especie H. antecessor, que se publica en el 97. He tenido la suerte de ver esa reconstrucción de la historia desde primera línea y de estar con quienes la reescribieron y luego reescribirla con ellos. Atapuerca es una verdadera universidad al aire libre. El mérito de Atapuerca, más allá de la riqueza en sí que tiene un yacimiento, es que se ha creado un proyecto docente y cultural de divulgación y transmisión con su propio relevo generacional. Yo ya he tenido dos doctorandos aquí, vas creando una escuela. Yo soy hija de Atapuerca y ya tengo hijos en Atapuerca. A veces cuando viajo me preguntan: ¿Real Madrid, Barcelona? Y yo digo: Atapuerca, con todo el orgullo. La tribu de Atapuerca es enorme, asóciame a ella, es una seña de identidad. Yo, de apellido, Atapuerca. 

Es sorprendente que en un sitio tan pequeño como Atapuerca haya habido tanta acumulación de homínidos desde hace más de un millón de años. ¿Qué explicación hay? 

Hay muchos factores. En primer lugar, la península ibérica es un refugio. Hablábamos antes de que los homínidos se ven condicionados por las variaciones climáticas. Cuando las condiciones son muy inhóspitas, como fueron en la Europa de las edades de hielo, los homínidos se extinguían o se desplazaban a estos refugios, generalmente en latitudes inferiores o en la costa. Por lo tanto hay más probabilidades de encontrar homínidos en zonas del sur y de que haya un registro durante más tiempo. 

Además, Atapuerca es un sistema kárstico, las cuevas son verdaderos cofres del tiempo. La probabilidad de que se conserve una evidencia es mayor que en un yacimiento al aire libre, donde están mucho más expuestas al deterioro. Por otra parte, en cuanto a geografía y paisaje es un corredor natural, un lugar de conexión entre la cordillera cantábrica y la meseta, por ahí pasan animales, migraciones, tiene una influencia climática del Atlántico y Mediterráneo, existe una gran biodiversidad, una abundancia de frutos, de recursos, de agua, es una zona muy rica, que es lo que requieren los homínidos para poder sobrevivir. 

Teniendo en cuenta que España es un refugio en la Europa del sur, ¿es probable que haya más atapuercas?

Tiene que haberlas. Siempre hay algo de suerte en el hallazgo, pero en Atapuerca hubo algo más que suerte, hubo dedicación. Es un proyecto que lleva cuarenta años. Se ha invertido mucho tiempo, mucho esfuerzo, en explorar, en prospectar. Al principio era la Sima, pero ahora es la Gran Dolina, la Galería, la Sima del elefante y ahora la Cueva del fantasma, en la que se encontraron neandertales cuando era la única especie que nos faltaba. Sí, creo que hay más atapuercas, tiene que haberlas. Pero para que haya más atapuercas tiene que haber algo más que fósiles, un proyecto de investigación, cultural, de divulgación y docente del calibre del de Atapuerca. Aquí la musa nos encontró a todos muy ocupados. 

¿Puede haber problemas de corrección política para difundir estudios de ADN antiguo, que alguien pueda utilizar mal los descubrimientos de los paleontólogos? Por ejemplo, descubrimientos que podrían ser manipulados o tergiversados como hizo Hitler para ensalzar la raza aria. ¿Hay riesgo de que la sociedad interprete equivocadamente, por ejemplo, que haya un grupo de humanos superior a otros?

La paleoantropología y la paleontología precisamente está ayudando a todo lo contrario. Todo el mundo puede tergiversar los descubrimientos, pero el que esté bien informado verá que es todo lo contrario. El tema de las razas se diluye cuando analizamos el ADN. Gracias a la paleogenética estamos viendo que especies diferentes, como sapiens y neandertales, hibridaban, tuvieron descendencia y alguien cuidó de esa descendencia, por lo que parte de esa herencia genética la tenemos nosotros en nuestro ADN. Las ideas de las personas racistas no se sustentan en la biología. Nosotros somos un crisol de humanidades extinguidas. Parte de nuestro éxito probablemente haya sido habernos mezclado con otras especies que nos han proporcionado ventajas genéticas y mayor versatilidad para adaptarnos a nuevos territorios. Si parte del éxito ha sido esa mezcla, esa hibridación, no sé cómo alguien puede sustentar que dentro de la misma especie existen grupos diferentes y que los hay superiores e inferiores. El éxito de nuestra especie es la diversidad. 

La gente muchas veces habla sin leer, o como mucho lee solo los titulares. Es muy de nuestra generación, viene todo masticado en ciento cuarenta caracteres, como en Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, te bombardean con datos y crees que estás informado, pero nadie va a la fuente.  

Lo que sí puede haber son temas sensibles, hay temas que pueden ser tergiversados más fácilmente y encima ahora estamos en la era de los ofendidos. Es complicado hablar de algunas cosas y algunos prefieren no tocar ciertos temas, porque saben que se pueden utilizar. Pero la mejor manera de estar bien defendido y protegido de la manipulación es con el conocimiento y la educación. Vete a la fuente. 

También es verdad que los periodistas y los divulgadores científicos deben tener mucho cuidado para que las cosas no se interpreten mal.

Hay cierto compromiso en el ejercicio la ciencia, que tiene que ser valiente, hacer los descubrimientos y explicarlos. Con la ciencia la gente se enriquece, es menos vulnerable. Yo creo que no se acaba todo con la publicación de un artículo: responsabilízate un poco de cómo llega esa información a la sociedad.

Recientemente se han hecho descubrimientos sobre especies de homínidos extinguidas, la última en este mismo año (Homo luzonensis). ¿Es probable o posible que tecnologías avanzadas descubran algo que pueda suponer un cambio de paradigma sobre la evolución de los homínidos? ¿Es posible que se encuentre, por ejemplo, alguna especie que siga teniendo una presencia importante en el genoma actual de algunas tribus o un impacto en la evolución por ahora desconocido?

Estamos expuestos, y eso es maravilloso, a que haya grandes descubrimientos. En su día los análisis de genética supusieron una revolución en el campo de la paleontología. Supuso aplicar técnicas, conceptos que no eran habituales en nuestro campo. Con estos análisis cambiaron muchas cosas, como saber que sapiens y neandertales se habían cruzado, y que existía un tercer grupo homínido al que todavía no le hemos puesto cara con el que también hemos intercambiado genes, que son los denisovanos, y cuya huella genética se encuentra en parte de la población actual, sobre todo en el sudeste asiático, pero apenas tenemos fósiles para identificarlos.

Va a haber grandes revoluciones sobre las interacciones que ha tenido nuestra especie con otras especies extinguidas. Me parece maravilloso que los grandes interrogantes están apareciendo con nuestra propia especie. Tenemos licencia para soñar. Los análisis de proteínas serán la siguiente gran revolución, nos permiten ir más allá en el tiempo e indagar en territorios en los que es muy difícil encontrar ADN, como en sitios de climas tropicales. En el sudeste asiático no se conserva nada de ADN, están muy degradados por el tipo de clima, la humedad y la acidez. Ahí se abre la posibilidad de tener evidencia donde había un vacío grande. Creo que sí, que es una época maravillosa. Estamos preparados para tener grandes sorpresas. Cada vez tenemos métodos que nos permiten ver más, tenemos la vista más graduada. Ahora investigamos el pasado con técnicas del futuro, es una mezcla de tiempos. 

La dentición es clave en estos estudios.

Es lo que mejor se conserva, la caja negra, que aquí es la caja blanca. Tiene toda la información sobre el individuo, sobre la especie a la que pertenece, grupo, sexo, e incluso edad. Quedan registradas enfermedades. Con estudios de isótopos estables, los cambios de la dieta. Hay hasta marcas culturales por uso. Es un repertorio de muchísimos aspectos, tanto en la paleontología como en el ámbito forense, es la identificación de un individuo. En estos momentos colaboramos con el Instituto de Medicina Legal de la Complutense en Madrid porque métodos que nosotros utilizamos para distinguir a sapiens y neandertales por el estudio de los tejidos dentales pude servir para identificar el sexo de dientes aislados en ámbitos forenses.

Con respecto a la definición de especie, ya no se ajusta a lo que estudiamos: que no se podían cruzar y que no podían tener descendencia fértil.

El concepto de especie biológica es que las especies son unos grupos con cierta homogeneidad, que tienden a ocupar un territorio, y en teoría lo suficientemente diferentes de otros grupos como para solo poder cruzarse entre ellos. Ahora sabemos que grupos o especies diferentes se pueden cruzar. ¿Es la norma? ¿Es lo habitual? No, pero son lo suficientemente próximos genéticamente para que en determinadas circunstancias puedan cruzarse y tener descendencia, aunque hay un mayor grado de incompatibilidad. Ese concepto estanco de que si se cruzan no son especies diferentes, ya no es así. Se sigue manteniendo el concepto de especie biológica, pero dejando un margen porque sabemos que se puede producir hibridación entre especies diferentes, aunque no sea lo habitual. Si esas especies se hubieran cruzado de manera sistemática no seguirían siendo especies diferentes, acabarían siendo un híbrido, y no es el caso. El sapiens siguió siéndolo y el neandertal fue neandertal hasta el final. 

A pesar de haber tenido descendencia, se dice que existían algunos problemas de fertilidad entre ambas especies. ¿Cómo se sabe? 

Hay estudios que indican que existen problemas de histocompatibilidad entre la madre sapiens y el cromosoma Y neandertal, de forma que si el feto es varón con frecuencia se habría producido un aborto. A la larga los híbridos se van reduciendo, el linaje genético neandertal se va perdiendo. Está claro que no podemos considerarnos una mezcla 50/50. Es probable que haya habido selección, eliminando de nuestro genoma lo que era perjudicial de esa mezcla y favoreciendo la conservación de los genes que nos proporcionaban ventajas. Lo que intentamos en nuestro ámbito es aplicar el concepto de especie paleontológica, tratar de buscar grupos lo suficientemente similares, coherentes, homogéneos morfológicamente y a ser posible con distribución geográfica y comportamiento similar que te permita distinguirlos de los demás. Hemos de ser conscientes de nuestras limitaciones metodológicas. Entrar en peleas sobre si esto merece un nombre diferente, si es una especie o una subespecie, creo que son discusiones pobres que no enriquecen nada.

¿Se sabe si los homínidos hablaban como nosotros?

El lenguaje es un tema apasionante que sigue siendo muy debatido. Evidentemente nuestra especie lo tiene y como siempre al pobre al que se le cuestiona es al neandertal. El problema para estudiar el lenguaje es que los órganos de la fonación no fosilizan, tenemos que buscar otras maneras de averiguar si tenían el lenguaje o no. Yo sí creo que los neandertales tenían su lenguaje. ¿Lenguaje articulado como nosotros? Yo creo que probablemente sí, pero si no un lenguaje articulado como el nuestro, desde luego un sistema de comunicación compleja, fina, precisa y con matices, necesaria para el tipo de vida social y compleja que tenían. Tenían todo el hardware necesario para poder hablar, anatómicamente las mismas estructuras, aunque pudiera cambiar la fonación, como estudios que les atribuyen una voz mucho más aguda o dificultades para pronunciar algunas vocales.

¿De qué otra manera podemos intentar averiguar si tenían el lenguaje o no? Hay estudios que se hicieron en el equipo de Atapuerca, que son una preciosidad, muy originales y creativos, en los que se intenta explorar la existencia de lenguaje estudiando los huesos de oído. Los huesecillos del oído son diferentes entre las especies, y se sabe que están mejor adaptados a escuchar el tipo de frecuencias que esas especies producen. En el caso de los humanos está entre 3 y 5 KHz y es diferente de la de los chimpancés. El estudio de los homínidos de la Sima de los huesos revela que sus huesos del oído también estaban más adaptados para oír mejor el mismo tipo de frecuencias que nosotros, diferentes de las de los chimpancés, por ejemplo. Es una evidencia muy bonita que apunta a que, al menos en este rango de sonidos con los que nosotros no nos comunicamos habitualmente, ellos también estaban mejor adaptados. Así que tenían el hardware, tenían el software, ¿lo utilizaron? Pues no lo podemos saber sin oírlos hablar, pero una especie compleja que vivía en grupo, que tenía rituales, que tenía grandes cazadores, organizados, exitosos en unas condiciones muy adversas, no me la puedo imaginar sin un tipo de comunicación compleja y fina y con matices, no de generalidades. Ahora, ¿se ha articulado como el nuestro, exactamente igual? No lo sabemos.

¿Crees que un aborigen de una tribu aislada, si nace en un país desarrollado, sería igual que un ciudadano de ese país?

Perfectamente, las mismas características y capacidades. Otra cosa diferente es el debate que se plantea sobre si los primeros Homo sapiens, los de hace doscientos o trescientos mil años tenían el despliegue completo de capacidades de modernidad y sofisticación que tenemos ahora. Pero en los sapiens de ahora, completamente. 

¿Habrá algún loco que esté intentando generar un neandertal?

¡Habrá de todo! No sé si lo veremos, pero que se intentará, seguro. Yo creo que somos un animal que lo prueba todo ¿Existe una base científica para poder planteártelo? Sí, la hay. ¿Tecnológicamente hemos llegado a que sea viable, factible o que compense invertir en eso? No lo sé. Y luego, sobre todo, ¿hemos alcanzado la madurez ética e intelectual para afrontar algo así…? El problema es que los debates éticos van mucho más lentos de lo que va el avance tecnológico. 

Y siempre hay personas que van al margen de los debates.

Y siempre las va a haber, es como el científico chino (He Jiankui) que ha editado los genes de dos bebés. ¿No podemos utilizar estas herramientas de una manera más productiva, más necesaria, resolver incluso las necesidades más perentorias de la humanidad en este momento? Bueno, hay de todo. Eso es lo bueno y lo malo de Homo sapiens, que cabe de todo. 

¿Qué opinas de las empresas que están generando millones de datos genéticos de toda la población humana? ¿Eso os puede ayudar a los paleontólogos?

Tener datos y conocimientos siempre es positivo. El conocimiento no hace daño, lo importante es para qué lo utilizas. A esas empresas les das tu genoma y se supone que te ofrecen un resumen de quién eres y las enfermedades a las que eres propenso, pero hay cierto peligro porque se hipersimplifica información que puede ser malinterpretada. 

Volvemos a Atapuerca. Es un ejemplo de la importancia de la divulgación científica y una evidencia de que a la sociedad le interesa la ciencia más de lo que creemos. 

Tú vas a dar una charla sobre evolución humana y la gente te pone en aprietos. Te preguntan lo que acaba de salir ayer, que tú no has tenido aún ni tiempo de leerlo. La gente está informada y a la gente le interesa. Ese es el principal motor de lo que hacemos. El mejor elemento de presión a los políticos. ¡Eh, esto nos interesa a todos! Generalmente los políticos buscan una inversión que sea popular. Si la gente demuestra interés en la ciencia tenemos un elemento de presión fundamental para que se siga invirtiendo en ella, que se vea como bien de interés general. 

Parece que es una cosa que viene desde el principio, desde Emiliano Aguirre.

Sí. Emiliano es un hombre del Renacimiento. Para él no hay diferencia entre las ciencias y las letras, un humanista. Sabía de homínidos, de fauna, de industria. Estaba en España, estaba en China, estaba en África. Había que estar un poco loco en la España de los sesenta y setenta para atreverte a dedicarte a este tipo de cosas. Fue un visionario, un hombre con la visión suficientemente amplia como para decir: esto se merece un proyecto multidisciplinar con especialistas de cada uno de los campos para poder reconstruir una historia que tiene muchísimas vertientes. Pero además un proyecto que se podía desarrollar en España. Esa fue la gran diferencia. Durante mucho tiempo nosotros encontrábamos las cosas y venían a buscarlas los investigadores de otros países, con sus maletines, para ser ellos los que los estudiasen. Aquí hubo un antes y un después. En Atapuerca se apostó por nuestros científicos, por la capacidad que teníamos de formar a gente y desarrollar nuestras propias investigaciones. Atapuerca no solo es la suerte de los fósiles, es la madurez de la formación del personal específico parejo a esos materiales. Hemos creado ya cultura científica y talento propio. Hay que ser muy valiente para plantearse una cosa así en el año 78. 

¿Qué es la Fundación Atapuerca?

Es una fundación sin ánimo de lucro que es el soporte de todo el equipo de Atapuerca. Estamos hablando ahora de un proyecto multifacético y complejo que necesita coordinar muchos aspectos, la excavación, las visitas a yacimientos, museo y centro de interpretación, la relación con la prensa y algo fundamental: la búsqueda de un soporte económico. La fundación se preocupa de atraer fondos y patronos que quieran colaborar con Atapuerca posibilitando, entre otros, las becas de la Fundación Atapuerca, que son fundamentales para el desarrollo de tesis doctorales. 

¿De qué habla tu ensayo sobre evolución y religión?

Hay quien cree que es incompatible ser científico y creer, pero opino que obedece a naturalezas diferentes. ¡El propio Emiliano Aguirre fue jesuita! La preocupación en el ser humano por saber de dónde viene, a dónde va, si tiene un sentido la vida, es universal, no es patrimonio solo de los científicos. Se puede explorar y buscar tu lugar en el planeta desde todos los ángulos, no solo desde el científico, también está la introspección, la filosofía o el arte. En ese ensayo proponía que son naturalezas diferentes, el problema son las injerencias. La ciencia tiene un mundo de exploración que es el natural y un método de exploración que es el método científico. No tendría sentido invocar a Dios para resolver un problema de matemáticas. La ciencia explica el cómo y la religión para algunos explica el porqué. El verdadero problema surge cuando, como en Estados Unidos, se institucionaliza esa injerencia y surge el creacionismo, un intento de vestir de ciencia lo que no lo es. 

Vuestro lema familiar es que se debe pedir a cada cual lo que esté a su alcance realizar. ¿Qué más puede pedir a la ciencia María Martinón?

Licencia para soñar. Pedir siempre podemos pedir, me gustaría conseguir más fósiles, más ADN y más proteínas de especies anteriores, que podamos completar un poco lo que ya conocemos. Tendría una lista de los reyes magos muy… ¡lo que ellos quieran! Me he portado bien, traedme lo que queráis.

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18 comentarios

  1. Pedazo entrevista!

    En cada respuesta se ve claramente una persona muy inteligente

  2. Pere C

    Pues según este artículo de David Reich, uno de los más destacados genetecistas, la genética está demostrando cada vez con mayor claridad que sí que existen diferencias biológicas entre razas y poblaciones humanas en general. El racismo no es afirmar que las razas existen sino discriminar en función de la raza. Como dice el autor, es evidente que hay diferencias biológicas entre hombres y mujeres, lo que no impide que ambos tengan los mismos derechos y oportunidades. Lo mismo con las razas. Negar la realidad no solo es anti científico, sino que deja a los racistas el campo libre para utilizar la ciencia para sus fines.

    https://www.nytimes.com/2018/03/23/opinion/sunday/genetics-race.html?auth=login-email&login=email

    • Jorge

      Precisamente ese artículo de David Reich fue muy polémico pq la mayoría de genetistas, biológos y científicos están en contra de sus afirmaciones. La mayoría opina q como raza, sólo hay una: la raza humana.

    • Máximo

      Desafortunada comparación. No es lo mismo hablar de razas que de las diferencias biológicas entre los sexos.
      Sólo existe la raza humana.

    • Pere C

      Eppur si muove… Como dice David Reich, negar los hechos, aunque sea con buenas intenciones, es anti científico, estúpido y absurdo y favorece el racismo. Dicho esto, cuando hice el comentario solo había leído la parte del racismo; una vez leída la entrevista entera me parece excelente. Gracias.

      • Le agradezco su recomendación. Me ha parecido muy interesante el artículo y estoy deseando hacerme con el libro que publicó en 2018.

  3. El ser humano es un ser vivo lo más evolucionada de los especies vivos, tiene derechos y obligaciones.Tiene que respetarlas según el sitio donde este.no importa su ADN si es homogéneo ,heterogéneo o galáctico.El racismo es un invento de unos para discriminar o explotar a otros!!

  4. chinoski

    OUrense, por favor

    • Máximo

      Si hablamos en español o castellano, Orense.
      Seguro que en gallego usted dice Espanha y Fran¢a, y bien hecho. Pues eso.

      • Jorge

        Creo que debería informarse,hace 20años que el topónimo oficial de esa ciudad es Ourense tal como se publicó en el BOE por el rey Juan Carlos (1998) haciendo referencia al estatuto de 1984 y a escritos del siglo XIII en el que figuraba ese topónimo.

        Por otra parte Espanha en gallego nunca se diría (salvo gallego lusista) pq es España (la ñ también existe en gallego)

        Y, no,no soy nacionalista.

        • Máximo

          Ya estoy informado de eso.
          La ley puede decir misa, en castellano lo que los gallegos llaman Ourense es Orense.
          Si mañana los hablantes llaman «equis» a una silla y persisten en ello, las sillas acabarán llamándose equis.
          Por cierto, a un mexicano o un hondureño que hayan dicho siempre Orense, Lérida y San Sebastián, ¿también se les va a aplicar la ley española? Raro, raro, raro.
          Sobre lo último, gracias, nunca se acuesta uno sin haber aprendido algo

          • Hay varias puntualizaciones que me gustaría indicar:
            -El gallego es un idioma español,tanto como el castellano,el vasco o el catalán. Por lo tanto no es lo mismo que un salvadoreño hable de Orense que un leonés por ejemplo.
            -Las lenguas vivas se pueden modificar con el paso del tiempo adaptándose a los usos de quienes lo hablan por lo que efectivamente si dentro de unos años la mayoría de nosotros llamamos exquis a una silla, ésta pasará a llamarse exquis.
            -El topónimo oficial de La Coruña,orense,Gerona es A Coruña,Ourense y Girona respectivamente y es como debe denominarse en documentos y actos oficiales.
            -Efectivamente,en el lenguaje coloquial,hablando castellano es correcto utilizar orense.
            -Hay pueblos y ciudades de Galicia en los q se castellanizó con calzador nombres que a cualquier gallego nos resulta ridículo en castellano por simple sonoridad: arteijo por Arteixo,samgenjo por sansenxo,puenteareas por ponteareas, mellid por Melide y un largo etcétera

            • Máximo

              Castellano o español.
              Por supuesto que vasco, gallego… son lenguas españolas en la medida en que forman parte de la nación española.
              Claro, en documentos y actos oficiales habrá que cumplir la ley.
              A partir de ahí, la ley pude decir misa y bla bla bla…..
              Sí, el calzador no suele traer nada bueno.

              • Aclarando

                Se aplica la Ley a todo el mundo, de igual manera que también los topónimos de México y Honduras se han corregido para evitar los errores que tenían en su denominación.

                Es divertido que ponga ese ejemplo, pues precisamente es México y no Méjico porque así se adoptó convenientemente, manteniendo la sonoridad original.

                Lo que usted sugiere es tan absurdo que está usted poniendo argumentos para que un gallego diga «Alcaló do Fental» en vez de Alcalá de Henares si habla en gallego.

                Absurdo.

                Lo normal es llamar a los lugares por el nombre que usan los que EN ESE LUGAR habitan. Lo contrario es puro capricho y ganas de no entenderse.

                Lo más gracioso es que gente como usted no duda en decir Carballino en vez de O Carballiño cuando en castellano sería El Roblecito o en decir Sanjenjo por evitar Sanxenxo cuando en castellano, en todo caso sería San Ginés.

                Pero claro, si quiere usted irse a Sanxenxo a tomarse una copa de albariño y lo pide diciendo «indíqueme por donde se va a San Ginés que me quiero tomar un albarito», se va a quedar sin vino y como un necio.

                • Moskova

                  «Lo normal es llamar a los lugares por el nombre que usan los que EN ESE LUGAR habitan. Lo contrario es puro capricho y ganas de no entenderse.»
                  Ha quedado aclarado, los de Ourense van de viaje a London.

      • Aclarando

        Encima confunde usted el gallego con el portugués.

        Es usted una mina.

  5. Mis aplausos por la frescura y conocimientos de esta señora a quien auguro lo mejor. Me viene de decir, y perdón por lo aparentemente oscuro, que una vez éramos nosotros los que investigábamos el producto de la mujer: ahora son ellas. Cambia, todo cambia… decía el poeta.

  6. Pingback: ¿Hemos estado tanto tiempo aquí? Everyday Politics en el Pleistoceno Europeo – Everyday Politics

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