El cisne negro

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Fotografía: Marcin Ryczek (CC).

1.

Siempre he querido comenzar un artículo hablando de ornitorrincos.

2.

La película Dogma, del director Kevin Smith, fue duramente criticada cuando se estrenó en los cines en el año 1999 por, supuestamente, ofender gravemente a los católicos. Cuando proyectaron la película en el Festival de Cannes, Miramax, la productora de la película, se vio obligada a contratar un equipo de guardaespaldas y miembros de seguridad tras recibir más de trescientas mil cartas de odio y hasta tres amenazas de muerte. 

Una de ellas decía:

Judíos, más os vale invertir el dinero que nos estáis robando en chalecos antibalas porque vamos a ir a por vosotros con escopetas.

Lo que no deja de ser paradójico es que el propio Kevin Smith sea católico. Y Jesús de Nazaret, judío.

Ante semejante tesitura, Kevin Smith se vio obligado a introducir en Dogma un disclaimer al inicio de la película en el que se avisaba a los espectadores de que no se tomaran su comedia demasiado en serio:

Por favor. Antes de herir a alguien por esta nimiedad de película, recuerden: incluso Dios tiene sentido del humor. No hay más que ver a los ornitorrincos. 

Gracias y disfruten del espectáculo.

P. D.: Nos disculpamos ante todos los entusiastas de los ornitorrincos ofendidos por este comentario gratuito. Nosotros tenemos en gran estima a tan noble animal y nunca fue nuestra intención despreciar a esta estúpida criatura. 

3.

Siempre me ha fascinado el hecho de que en Australia existan animales tan raros, extraños y únicos. Canguros, wombats, equindnas, dingos, koalas u ornitorrincos. Con nombres de rimbombante sonoridad y aspecto inverosímil, parecen los experimentos de un doctor Moreau exiliado en las antípodas. Uno ve a un ornitorrinco y, como Kevin Smith, no puede evitar pensar que es un boceto que salió mal a Dios y que decidió apartar de su vista. Y que me perdone el colectivo «Amigos del Ornitorrinco».

Un día tomando un café, me fijé en una de esas curiosidades o «píldoras de conocimiento» con las que las empresas empaquetedoras de sobrecitos de azúcar intentan amenizar tu café. Resulta que el nombre de «canguro» tiene su origen en una divertida confusión: un colono británico se acercó a un aborigen y le preguntó por el nombre de esa extraña y majestuosa criatura marsupial que se movía ante ellos mediante acrobáticos brincos. El aborigen le contestó: «Kang-a-roo», que en el dialecto del aborigen significaba: «No te entiendo». Y aquel animal se quedó con kangaroo

Me parece una historia tan fabulosa que nunca me he preocupado en contrastar su veracidad. Prefiero aferrarme a aquel sobrecito de azúcar como si fuera la Enciclopedia Británica.

Pero de todos los animales extraños que pululan por Australia, mi favorito siempre fue, es y será el cisne negro.

4.

Antiguamente se creía que solo existían cisnes blancos. De hecho, la expresión «Antes verás un cisne negro que [introducir aquí cualquier fenómeno altamente improbable]» era una frase recurrente en la Edad Media para expresar algo muy raro. Una especie de precursora del famoso «Antes veréis un cerdo volando sobre el Bernabeú que a mí dimitiendo» con el que nos deleitó hace años el por entonces entrenador del Real Madrid John Benjamin Toshack (frase, por cierto, que a los pocos días le costaría el puesto). 

Nunca se había visto un ejemplar de cisne negro, luego se podía deducir que no existían. Era un animal mitológico. Como el cerdo volador del Bernabéu.

Hasta que en el siglo XVII, concretamente en 1697, un capitán de barco holandés llamado Willem Hesselsz de Vlamingh avista el primer ejemplar de cisne negro. 

¿Dónde? Sí, en Australia. 

Oh. Un bicho raro en Australia. Qué sorpresa.

5.

La aparición del cisne negro en el ahora conocido como río Swan, en Australia, causó verdadera impresión en la época. Cuando uno da por sentado que el sol va a salir al día siguiente y luego no lo hace, todo lo que cree saber con certeza se tambalea. 

De ahí que más tarde el filósofo Hume escribiera: «Ningún número de observaciones de cisnes blancos nos permite inferir que todos los cisnes son blancos, pero la observación de un único cisne negro basta para refutar dicha conclusión».

6.

Nassim Nicholas Taleb (NNT) es un ensayista de origen libanés. Tras abandonar su Líbano natal al estallar la guerra civil, estudió matemáticas en Francia y se especializó en finanzas en Estados Unidos. Al salir de la universidad, estuvo trabajando varios años como trader bursátil, acumulando una gran riqueza operando con derivados. En 2007, ya retirado del mundo financiero, publicó un libro llamado El cisne negro: El impacto de lo altamente improbable, en el que desarrollaba su ya célebre teoría del cisne negro. Su libro se convirtió rápidamente en un best seller. Desde entonces Taleb es uno de esos autores que cuando dice algo, los demás escuchan.

Harry Potter, Google, el 11S, YouTube, el atentado que desencadenó la I Guerra Mundial o la crisis subprime, tienen todos algo en común. Todos son, según la teoría de Taleb, cisnes negros. Hechos fortuitos que han ido marcando el rumbo de nuestra existencia.

¿Y qué es un cisne negro? Según Taleb, todo cisne negro tiene las siguientes tres características:

-Es un suceso raro o altamente improbable.

-Su impacto es tremendo.

-Pese a su condición de rareza, la naturaleza humana hace que inventemos explicaciones de su existencia después del hecho (o lo que yo he denominado el fenómeno «Cómo-no-se-me-ocurrió-a-mí-Facebook-antes»).

La teoría del cisne negro parte de la idea de Hume: el hecho de que hayamos observado muchos cisnes blancos no debería hacernos descartar la existencia de un cisne negro.

Y es la repentina irrupción de alguno de estos cisnes negros lo que realmente hace de palanca en el mundo. Porque aquello que conocemos no puede afectarnos. Lo que desconocemos, sí. Y en gran medida.

¿Cómo luchar contra lo que no conocemos? ¿Cómo predecir el éxito de lo que aún no sabemos? ¿Cómo saber que se cierne sobre nosotros un atentado como el 11S? ¿Cómo estar preparado para la irrupción de Google? 

¿Pero quién está detrás de esta teoría del cisne negro? ¿Quién es realmente Nassim Nicholas Taleb? 

7.

NNT es un tipo curioso. Tras preguntar por él a cuarenta y siete personas distintas que han estudiado en profundidad su obra, todos me han respondido invariablemente lo mismo:

1. Es un genio.

2. Es un cretino.

3. Ambas.  

NNT es conflictivo, irreverente, políticamente incorrecto y muy vehemente en su forma de expresarse. Es un tipo temido en los debates de televisión (o, por lo menos, en los que aún se atreven a contar con él en su plató) pues no tiene el menor problema en despedazar y ridiculizar a cualquier oponente delante de millones de telespectadores si considera que su exposición es impropia de un debate de cierta enjundia intelectual. Muchos le califican como un ser arrogante que tiende a menospreciar a todos los que no piensan como él. Los periodistas le temen por sus enfurecidos ataques cuando lee publicado algún perfil suyo que considera inexacto o inapropiado. De hecho, Malcom Gladwell, ensayista y sociólogo canadiense, autor de libros célebres como The Tipping Point o Outliers, y colaborador estrella del New Yorker, escribió un perfil sobre NNT que molestó profundamente a Taleb por no considerarlo fiel a la realidad. También ha tenido roces con Steve Pinker, uno de los pensadores mejor considerados en la actualidad, al que no dudó en calificar de falaz, charlatán y pseudocientífico por su incorrecto uso de los modelos estadísticos en sus publicaciones (el rigor en la aplicación de los modelos matemáticos y estadísticos es uno de los caballos de batalla del autor del cisne negro).

Taleb siempre va sin corbata, lleva perilla y puede levantar el peso de un búfalo en press de banca. Él mismo se vanagloria de ser un «intelectual con pinta de guardaespaldas».

Hay dos ejemplos ilustrativos que pueden arrojar algo de luz sobre la difusa personalidad de NNT:

-En una ocasión le rompieron la nariz (apostaría que por algún comentario impertinente) y preguntó al doctor que le estaba aplicando una bolsa de hielo si realmente tenía «alguna evidencia estadística demostrable de los beneficios de aplicar una bolsa de hielo en una nariz rota». 

-Cuando publicó su libro, unos jóvenes bodegueros, impresionados con la obra, le hicieron llegar unas cajas de un vino que bautizaron como Black Swan en su honor. En todas sus ponencias y posteriores ediciones del libro, NNT no tenía reparo alguno en calificar este vino como «imbebible».

NNT es esa clase de persona.

8.

A Taleb le gustan muy pocas cosas: el vino, estudiar lo improbable y Ron Paul

Y odia muchas otras. Odia las reuniones, el Financial Times, los modelos financieros y la burocracia. Odia a los economistas, a los editores de libros, a los banqueros de Wall Street, a los periodistas, a los académicos, a escuelas de negocio como Harvard, a Bush, a Obama, a Bernanke, a todos y cada uno de los miembros de la Reserva Federal, a Goldman Sachs y, sobre todo y por encima de todo lo demás, odia las corbatas. Realmente las odia.   

Cuando era joven y trabajaba como trader, por las mañanas acostumbraba a dar como propina un billete de cien dólares al taxista que le hubiera acercado. No por caridad, sino por su obsesión por estudiar la reacción que produce en las personas el impacto de lo improbable. Improbable como ser un taxista hindú y recibir cien dólares como propina de buena mañana de manos de un jovenzuelo airado y algo impertinente. 

No ocultaré, sin embargo, que Taleb me cae bien. Por alguna razón misteriosa siempre he sentido mucho más simpatía por las personas que se esfuerzan en caer mal que por aquellos que lo hacen en caer bien.

Pero hay algo más detrás. No son sus formas por lo que me cae bien o mal. Desde mi punto de vista, eso no deja de ser una pose. Admito que, de vez en cuando, veo algún vídeo suyo en YouTube y me descoyunto de risa en mi silla viendo sus impertinencias o sus reacciones iracundas por cualquier nimiedad. 

Pero hay algo más.

Me cae bien porque, tras esa fachada de enfant terrible que busca epatar a la burguesía intelectual y a los yuppies de Wall Street, como un niño que se baja los pantalones delante del colegio, yacen ciertas ideas muy potentes que transmite de forma cruda, sin paños calientes y sin aplicarle ese almibarado barniz de falsa intelectualidad.

Me cae bien porque dice algo tan sencillo y obvio como que, realmente, no sabemos nada. Que hay muchas más cosas que desconocemos de las que conocemos. Y que realmente nuestro objetivo más ambicioso al final del día es evitar ser unos imbéciles.

Es un Sócrates contemporáneo.

Como escribía Salvador Paniker de Camilo José Cela: «lo que se trae entre manos es, entre otras cosas, la desolada convicción de que nadie sabe lo que se trae entre manos, y de que, ante tamaña incertidumbre, toda cautela es poca: solo cabe que cada cual se ponga a hacer lo que se sepa, si sabe». 

No tiene reparos en proclamar que el rey está desnudo y en señalar que, si somos tan listos, «¿cómo es posible. entonces, que haya una diferencia de casi seis mil años entre la invención de la rueda y la de la maleta con ruedas?».

No. Yo tampoco tengo una respuesta.

9.

Me encantan y me horrorizan los cisnes negros al mismo tiempo.

Creo firmemente que no conocemos todo. O, mejor aún, que no sabemos nada, y que la vida no se rige por un guion preestablecido. Admiro a esa hormiga que se sale de la fila y toma decisiones que marcan el rumbo del mundo. Me gustan las ideas disruptivas, los avances y las revoluciones-revelaciones. No creo en gurús ni en falsos profetas que aseguran saber qué va a ocurrir en los próximos siglos, años, días u horas. Me interesan mucho más los escépticos que los crédulos. 

Y, a la vez, me da pavor la impredecibilidad de lo que no conocemos. Me inquieta pensar que algo, en cualquier momento, va a golpearnos con fuerza y que desconocemos tanto su magnitud como su efecto. Me incomoda no pisar sobre suelo firme. Me mata la incertidumbre. Me entristece ver cómo los periódicos languidecen por no haber sido capaces de adaptarse al impacto de internet. 

Adoro y, al mismo tiempo, temo, como a un dios desconocido, no saber qué es lo que nos está esperando a la vuelta de la esquina.

10.

Nadie podía predecir, ni siquiera Kevin Smith, Miramax o los Amigos del Ornitorrinco, que la película Dogma iba a levantar semejante polvareda y ser objeto de una virulenta campaña incluyendo amenazas de muerte. Máxime cuando realmente aún nadie había visto la película.  

Y esto es algo tan fascinante como inquietante.

Empezar un artículo hablando de ornitorrincos está bien. Pero acabarlo con cisnes negros está mejor.

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1 comentario

  1. Bravo.

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