Viaje alucinante al fondo de Love Actually

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Así como hay valientes que se aventuran en las heladas cimas del Himalaya o se sumergen en las más profundas simas del océano, he decidido dejar atrás la confortable seguridad de la rutina para adentrarme en lo desconocido, en lo misterioso, en lo impenetrable. He decidido, por primera vez en mi vida, ponerme a ver Love Actually. Antes de empezar con la película, no sabía nada sobre tan insigne obra, excepto que trata sobre las universales cuitas del amor, y que aparece Rick Grimes comunicándose mediante cartelitos

Después de haberla visto, he podido deducir que la película contiene tres mensajes principales:

1) Si alguien te gusta, tú también le gustas. Siempre.

2) Acosar, marear de manera pasivo-agresiva y organizar numeritos propios de majaras, son todos ellos procedimientos legítimos y deseables para conquistar a alguien.

3) Portugal es un régimen islámico anclado en el siglo XII.

Estas edificantes moralejas no han sido expuestas de manera simple y gratuita en un guion lineal lastrado por esa tumoración innecesaria a la que los listillos llaman «argumento». Las moralejas de Love Actually son el fruto de un delicado artesonado de porcojonismos diversos basados en el principio indiscutible de que el amor triunfa siempre, porque el verdadero amor es una obsesión enfermiza que derriba todas las barreras: las de la vergüenza, las de la dignidad, y las de los aeropuertos. Lo que vuecencias están a punto de leer es una descripción, redactada sobre la marcha y en orden cronológico, de las dulces emociones, inolvidables impresiones y pequeños síndromes de Stendhal que me fue provocando este poema en movimiento. Vamos allá.

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Esto es como una reunión de Fórum Filatélico: acaba de comenzar y ya tengo la sensación de que están intentando venderme algo.

Besos y abrazos: La película empieza con un montaje de besos y abrazos en el aeropuerto de Heathrow. Gente que viene, gente que se va, familiares que se emocionan. El narrador dice que «el amor está en todas partes». Todo esto es muy bonito. Albergo ciertas esperanzas. La película podría gustarme.

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Lo de este señor cantando explica que el estudio de grabación tenga una salida de emergencia.

Benidorm: Aparece un individuo con pinta de viejo rockero retirado en alguna playa española, cantando «Love Is All Around» de Wet Wet Wet, que fue el tema indispensable en toda boda hortera de la segunda mitad de los noventa. La gente cantando embarazosamente constituye un hito ineludible en las modernas comedias románticas. Recuerden aquella escena de pesadilla en La boda de mi mejor amigo, cuyos niveles de producción de vergüenza ajena hicieron que se me saltasen los empastes.

Lenguaje popular: ¡Ah! Compruebo que los personajes dicen palabras malsonantes. Esto es para que veamos que Love Actually no es una película moñas cualquiera, sino una comedia romántica rompedora.

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El primer ministro es tan serio, maduro y profesional que se enamora de una secretaria a los cinco segundos de que se la hayan presentado.

Más lenguaje popular: Vemos al primer ministro del Reino Unido, interpretado (es un decir) por Hugh Grant. Resulta que el primer ministro tiene una secretaria con síndrome de Tourette. La chica es incapaz de reprimirse a la hora de soltar tacos en presencia de su superior, lo cual, deduzco, debe ser interpretado como un detalle encantador que demuestra que una persona de origen proletario también puede ser simpática (eso sí, siempre que no se lo proponga: hay que reírse de, y no con, los proletarios).

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Un momento álgido en la carrera cinematográfica de Martin Freeman.

Fotografía erótica: Primera sorpresa. En Love Actually sale Martin Freeman. Pobre Martin Freeman. Interpreta a un modelo que va a realizar una sesión de fotos eróticas. Sí, Martin Freeman hace de modelo. Sí, es ese Martin Freeman. Y sí, hubo una The Office antes de esa otra The Office.

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La invasión de los ultracuerpos + Midsommar = Love Actually.

La boda: Sale Keira Knighley. En mis oídos resuenan miles de tacitas. Cómo no, Keira Knightley va a casarse, porque eso es lo que hace Keira Knightley: casarse. Su inminente marido es negro; detalle del que deberían ustedes tomar nota, no sea que después, en pasajes posteriores de la película, veamos que tratan al personaje como atrezo. Por cierto, me sobrecojo ante el primer momento de puro terror en la película, una secuencia que me obliga a encender las luces, abrir las persianas y tomarme una pausa para enviar mensajes de alarma a mis allegados. Me explico: resulta que el coro que ameniza la boda empieza a cantar «All You Need is Love», señalando a los presentes como en La invasión de los ultracuerpos. ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando? ¿Son alienígenas? No entiendo nada. Por si fuera poco, empiezan a ponerse en pie músicos —con sus respectivos instrumentos— que estaban de incógnito entre los asistentes que están sentados en los bancos de la iglesia. Como todo el mundo sabe, es facilísimo ocultar instrumentos como si fuesen el teléfono móvil y sacarlos así, de repente, sin dar codazos y sin golpear con el saxofón a la persona que estaba sentada al lado. Pero eh, si el amor está en todas partes, los instrumentos también.

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Liam Neeson emocionándose, toma 125.

El funeral: Ya teníamos boda (check), y ahora tenemos un funeral (check). El personaje de Liam Neeson está en el funeral de su mujer. La verdad es que expresar una honda emoción no es el fuerte de Liam Neeson, y quizá por ello su carrera ha derivado hacia convertirse en una versión moderna de Charles Bronson. Para tan triste y solemne momento ha elegido hacer sonar una canción terriblemente inapropiada. Empiezo a preguntarme si quienes han hecho esta película tienen algún tipo de comprensión de las emociones humanas. Pero bueno, al menos no han elegido esta otra.

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Este señor reúne todas las cualidades que Love Actually detesta: es negro, pobre y fan de grupos de rock para greñudos. Pero bueno, al menos no está gordo… ¿o sí?

Despacito: Banquete de la boda de Keira Knightley. Resulta que Rick Grimes es el mejor amigo del novio —ahora marido— de Keira Knightley, dice que el tipo que está poniendo música en la boda es «el peor de la historia». Ese DJ tan horrible es negro, lo cual, una vez más, constituye un detalle sin importancia en un largometraje donde los pijos blancos apenas abundan. Para demostrarnos que el DJ en efecto no tiene ni idea de música, nos lo muestran luciendo una camiseta de Motörhead. Este simpático detalle del guion apenas guarda relación con el hecho de que los pijos blancos del Reino Unido detesten la música ruidosa hecha por infectos melenudos.

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Alan Rickman, en un ejercicio de amabilidad violenta, comunicando sus muy bienvenidas opiniones sobre la vida sentimental de su empleada. Que para algo es él quien paga.

Jungla de Cristal: En una empresa, Laura Linney está platónicamente enamorada de un compañero de trabajo. El jefe de la empresa es Alan Rickman, cuya carrera como actor estaba atravesando un momento que bien podríamos describir con este enlace. Pobre Alan Rickman. Es tan buen jefe, que aconseja a Laura Linney que invite a salir al compañero de trabajo. Al parecer no le preocupa que el ambiente laboral sea presa de la tirantez en el caso de que la proposición se tuerza. Pero aquí se aplica lo que podríamos llamar las Leyes de Love Actually: en el amor nunca nada sale mal; en el amor nunca nadie te rechaza; el encoñamiento es más importante que cualquier vida laboral .

Punk: El viejo rockero que cantaba «Love Is All Around» profiere exabruptos tabernarios en una entrevista radiofónica, porque es un antiguo adicto a la heroína que, no obstante, tiene el buen criterio de cantar algo tan bonito como «Love Is All Around» y no algo de los horrendos Motörhead, grupo para greñudos, negros y proletarios.

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Otro momento álgido en la carrera cinematográfica de Martin Freeman.

Humor: Durante la sesión de fotos eróticas, Martin Freeman se golpea la cara con una teta de su compañera de trabajo. Empiezo a llorar. Echo de menos las heladas cumbres del Everest, y eso que nunca he estado allí.

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No sé por qué, de repente me apetecen unos cereales. ¿No les apetecen a ustedes unos cereales?

Product Placement: Vemos a Liam Neeson y Emma Thompson en una cocina donde ningún producto tiene etiqueta excepto dos cajas de cereales: las dos de la misma marca. Me recuerda a aquellas viejas películas en las que se empeñaban en arrojar botellas de whisky JB a la cara del espectador. Aquí no anuncian whisky barato, más propio de elementos antisociales que escuchan a Motörhead, sino un alimento saludable, bajo en calorías, orgánico y sostenible. ¿Estoy insinuando que Love Actually parece dirigida a un público pijo? ¡Falacias! El amor es universal, y los cereales también. Todo el mundo desayuna cereales: los ricos, los pobres, los jinetes de la Mongolia interior Por cierto, Liam Neeson vuelve a intentar llorar. Tampoco le sale esta vez.

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Mmmm… cereales.

Niño sabihondo: El hijo de Liam Neeson dice que está enamorado de una compañerita de colegio, pero que ella no se ha percatado. El crío habla como si tuviese cuarenta años y define su amor como «una total agonía». Es el más creíble retrato de la infancia que he visto desde El exorcista.

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¿Ven a esa señorita de figura tan estupenda? Pues Love Actually nos informa, cada diez minutos, sobre lo gorda que se supone que está.

Fitness: La secretaria del primer ministro, la misma que es incapaz de no soltar tacos porque es una proletaria y por lo tanto carece de autocontrol, es, no obstante, una mujer de bonita silueta y buen ver. Pese a ello, dice que acaba de romper con su novio porque este la llamó «gorda». Hasta yo estoy indignado con el novio. Aun así, no queda mucho metraje para comprobar que no es el novio, sino los guionistas, quienes tienen un concepto de gordura tan selectivo como lo es su gusto musical.

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Un personaje de Love Actually, película que EN ABSOLUTO fue escrita por pijos, se queja de vivir ahí. Porque claro, qué pena de choza. Sin helipuerto ni nada.

Literato: Aparece un escritor que vive en una bonita casa de campo en Francia, con una laguna, árboles y pajaritos. Se queja porque está solo. Que se venga a vivir a mi barrio. Estará menos solo.

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El presidente de los Estados Unidos acosando a la secretaria del primer ministro inglés. Esto no le gusta al primer ministro. Ella tendrá que disculparse y todo. Muy edificante.

Americanos: El presidente de los Estados Unidos llega de visita a Downing Street. Es interpretado por Billy Bob Thornton, que resulta casi tan creíble en ese papel como Hugh Grant en el papel de primer ministro. Como presidente estadounidense que es, resulta ser también un garrulo y un pervertido: acosa a la secretaria de la que el primer ministro está enamorado (a la que, por cierto, otra secretaria acaba de llamar «la gordita»). El primer ministro abre la puerta y sorprende al presidente en el acto. En la consiguiente rueda de prensa, el primer ministro arruina la relación diplomática con USA porque el presidente le ha tirado los tejos a la secretaria que le gusta a él. Geopolítica del primer nivel. No obstante, la película considera que la pelusa es justificación suficiente para estropear la relación entre dos aliados estratégicos, y para que veamos que está actuando de manera moralmente correcta, suena una música triunfante que parece compuesta para un anuncio de coches.

Nacional-catolicismo: Emma Thompson dice que «el amor de verdad dura para toda la vida». Que es lo mismo que decían los párrocos en los años cuarenta.

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Hugh Grant bailando. Porque todo, siempre, puede ir a peor.

Nuevas técnicas narrativas: El primer ministro, creyendo que está solo en Downing Street, baila simpáticamente por los pasillos, en plan Tom Cruise pero, gracias a Dios, con ropa. La música se detiene instantáneamente en cuanto descubre que está siendo observado, y así esta película ha descubierto un nuevo tipo de música que no es diegética ni extradiegética, sino todo lo contrario. Fascinante.

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Escritor británico, confuso y aterrorizado ante la incomprensible ausencia de judías blancas con tomate de bote en su desayuno.

Manuscrito: El escritor inglés que vive en Francia tiene contratada a una empleada de hogar portuguesa. Ella, por error, provoca que las páginas mecanografiadas de la novela que él está escribiendo sean arrastradas por el viento hacia la laguna. La mujer corre hacia el agua para intentar rescatarlas: de todas las excusas inventadas para que un personaje se desvista a cámara lenta hasta quedarse en ropa interior, esta ocupa un lugar elevado en el ranking de gratuidad. Aunque la mujer se ha cargado su novela, el escritor no la despide porque: Love Actually. De hecho, el incidente les une mucho y descubrimos que no hablan el mismo idioma pero dicen lo mismo, cada uno en su lengua y al mismo tiempo, porque piensan lo mismo. Y piensan siempre lo mismo porque: Love Actually. Yo, en cambio, no dejo de pensar en que si la mujer me destrozase un manuscrito, tardaría menos de diez segundos en telefonear a inmigración para que la deporten. Pero es que yo soy mala persona.

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Rick Grimes y Keira Knightley discutiendo sus respectivas técnicas para vomitar después de comer.

Anorexia: Keira Knightley va a visitar a Rick Grimes, el mejor amigo de su marido, para intentar mejorar su distante relación con él. Le lleva un pastel. Le dice que ella no se va a comer el pastel (obvio: eso de comer pasteles es más propio de proletarias «gordas» como la secretaria del primer ministro). Pero Rick Grimes tampoco se lo quiere comer. Un pastel a la basura. Me cabreo con los dos, con la película y con el mundo en general.

Kaira le dice a Rick que quiere ser su amiga y a continuación hace lo que sin duda más te acerca a una persona: ponerse a toquetear sus cosas sin permiso. Rebusca entre las cintas de su colección de video, buscando una que Rick filmó en la boda, pese a las tímidas protestas de Rick. Empezamos a entender que Rick está distante porque, aunque es la mujer de su mejor amigo, se ha enamorado de Keira. Ella encuentra la cinta y, una vez más sin pedir permiso, la pone en el reproductor. Así descubre que durante la boda Rick la estuvo filmando todo el tiempo a ella y a nadie más que a ella, en plan voyeur obsesivo (o, en términos de Love Actually, como detalle muy romántico y con musiquita de piano). Cuando acaba de ver la cinta, en vez de pedir orden de alejamiento o de indignarse como mínimo, Keira dice: «Pero si tú nunca me hablas, ¡si yo no te gusto!». Qué madurez, qué manera tan adulta de afrontar la situación. En cualquier momento sonará el timbre del recreo.

Banda sonora: Suena una canción de Dido, que supongo pasó de moda media hora después de estrenada la película. ¿Qué quién es Dido? Exacto.

Más madurez: El primer ministro quiere deshacerse de la secretaria proletaria porque a) Alberga sentimientos hacia ella, y b) aunque fue acosada por el presidente americano, el ministro parece guardarle resquemor a ella por el hecho de haber sido acosada (¿?). Miro la página de IMDb para comprobar que el guion no ha sido escrito por Ted Bundy.

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Juro que no me lo estoy inventando: esto es lo que Love Actually entiende por pedagogía parental.

Via Crucis: El hijo de Liam Neeson, el niño intensito que habla como un adulto, dice que la niña que le gusta se va a América y que eso supondrá «el fin de mi vida». Liam Neeson, que sin duda es un padre con grandes dotes didácticas, decide consolar a su hijo poniéndole la famosa escena de Titanic en que los protagonistas abren los brazos en cruz en la proa del barco. Esto es demasiado. Detengo momentáneamente la película para tomarme un paracetamol. Después, mientras me mojo la cara ante el espejo del baño, intento asimilar que alguien tiene ese concepto de paternidad.

El beso: El escritor se va a ir de Francia para pasar la Navidad con su familia. La doncella portuguesa a la que no ha despedido pese a destrozarle meses de trabajo le besa como despedida. Él se queda triste.

Videoclip: El viejo rockero que cantaba «Love is All Around» se ha hecho famoso por comportarse como un imbécil en la radio. Estrena un videoclip que es una parodia de los videoclips Robert Palmer, pero en garrulo, porque nada en esta película tiene tanta clase como Robert Palmer.

Gordofobia: Varias veces han llamado «gordita» a la secretaria del primer ministro, lo cual, se nos hace entender, está mal. Pero, poco después, el guion se permite hace un chiste sobre el hecho de que Meat Loaf practicó el acto sexual «por lo menos una vez».

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—Papá, quiero tocar la batería. —De acuerdo, pero será en un grupo de blancos, ¿no? ¿NO?

Groupies: El hijo de Liam Neeson decide que, para conquistar a la niña que le gusta, lo mejor será estar en un grupo de música. Y tiene razón, es ciencia que la música ayuda a ligar. Pero el niño se equivoca y escoge tocar la batería en vez de cantar (primera opción) o tocar la guitarra (segunda opción). Así que estará siempre en la parte trasera del escenario mientras los demás miembros del grupo ligan. Es lo que tiene que tu padre no sepa aconsejar y crea que educar es hacerte ver Titanic.

Celos: Una fiesta. Emma Thompson ve que su marido, Alan Rickman, está bailando con una empleada de su empresa, que es más sexi que Emma Thompson. No sabemos si Emma Thompson está triste, porque, siendo por lo general buena actriz, aquí pone cara de estar bebiendo un cubata como si fuese veneno. No soy yo un experto en rodajes, pero la próxima vez que le pongan agua.

Reflexión: A estas alturas de la la película, veo que se están construyendo historias de amor neurótico que se resolverán, sin duda, de manera feliz. Pero no parece haber un hilo conductor más allá de «tú me gustas, ¿te gusto yo a ti?» (la respuesta es siempre «sí»). Y, a juzgar por lo inane de las interpretaciones incluso de algunos actores y actrices que lo suelen hacer bien en otros títulos, creo que durante el rodaje tampoco ellos tenían muy claro a dónde iba a parar todo esto.

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La empleada de Alan Rickman trata de seducirlo ante la mirada de la mujer de él. Lleva cuernecitos de diablesa para que entendamos que es una pelandrusca.

Sigue la fiesta: El chico que le gusta a Laura Linney le pide bailar. Se cumple de nuevo la teoría de Love Actually (y de Henry Lee Lucas): si alguien te gusta, es siempre mutuo. Justo en ese instante empieza a sonar una lentísima y sensual balada de Norah Jones, porque una balada es el tipo de canción que se pone en el momento álgido de una fiesta sin que el DJ reciba botellazos. Estas cosas las hacían en las películas románticas de los ochenta y el público de entonces ya se lo tomaba a broma. Al terminar el baile, Laura Linney se lleva a su compañero-ligue a su casa. La tiene hecha una cochiquera. Juro que hasta el escritor tiene la casa más limpia… ¡el escritor! Problema: resulta que el hermano de Laura Linney padece un trastorno mental y no para de llamarla por teléfono, arruinando el proyecto de revolcón. Ella deja atrás a su deseado ligue y se va al manicomio para visitar a su hermano. Resulta que su hermano, además de paranoico, es violento y amaga con pegarle. Si la película está intentando hacer apología del confinamiento mental, va por el buen camino. Se supone que todo esto esconde algún tipo de trasfondo emotivo, pero me está quitando las ganas de vivir.

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Rowan Atkinson intentando no contaminarse con el guion de la película.

Cuernos: Alan Rickman está en una encrucijada porque la empleada con la que ha bailado le tira los trastos (aunque, siguiendo la tónica general de las interpretaciones en esta película, no pone cara de encrucijada: no pone cara de nada). A espaldas de su mujer, Emma Thompson, se dispone a comprar una joya para la empleada. El dependiente de la joyería es nada menos que Mr. Bean, que, llenando la bolsita del regalo con flores y esencias, pone a prueba la paciencia de Alan Rickman, en un perfecto paralelismo con lo que hace con mi paciencia el guion de la propia película. Una escena de (creo) comedia en la que Rowan Atkinson parece ser el único que se toma su papel en serio.

Rótulo: «Falta una semana para Navidad». Suponemos que eso es algo importante para el amor. La película, sin duda, conoce a su público.

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Una vez más, momento álgido en la carrera cinematográfica de Martin Freeman.

Timidez: Martin Freeman sigue en su sesión de fotos eróticas y, tímidamente, le pide una cita a la modelo que está simulando hacerle una felación. Ya saben ustedes que la gente tímida es la que más se suele dedicar al porno.

Bombo, caja: Liam Neeson está tan harto de la batería de su hijo como yo de la película. A esto sigue una sucesión de momentos simpáticos y encantadores con pop navideño de fondo, justo lo que necesitaba para afrontar esta recta final de pandemia.

Idiomas: El escritor, ya en Inglaterra, está aprendiendo portugués porque, imagino, quiere arruinar el bonito romance que está iniciando con su empleada doméstica. Con lo bien que se estaban sin hablar.

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January Jones sucumbiendo ante la sofisticación y elegancia de un inglés.

Universo Cinematográfico de Marvel: Un tipo inglés que en su país no se come un rosco porque es un garrulo y además probablemente pobre, quiere irse a Estados Unidos para conseguir ligar gracias a su acento británico. Aterriza en Milwaukee (buena elección: es, con diferencia, la ciudad más glamourosa del país). Nada más entrar en un bar y ponerse a hablar con acento inglés, liga con January Jones (felicitaciones, amigo) y otras dos chicas con pinta de ser guapas actrices. Le ofrecen hacer un quinteto sexual (sí, un quinteto, con otra amiga que no ha llegado aún). Creo que la película está ironizando sobre la sexualización del acento británico, pero no estoy seguro de que no estén llamando estúpidas y superficiales a las mujeres estadounidenses y espero que en cualquier momento aparezca Adam Sandler porque, si esto es parodia, es ese tipo de parodia. El nivel, Juan, el nivel. Al final, el tipo consigue llevarse a la cama, y todas a la vez, a January Jones (glups) y a las otras tres. Por mi parte, ni confirmo ni desmiento que esté practicando el acento inglés.

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Aquí el inglés, con toda su sofisticación y elegancia.

Regalos: Alan Rickman y Emma Thompson abren los regalos navideños junto a sus hijos. Por mi parte, estoy intentando no desmayarme, pero Emma Thompson sale de su letargo y actúa por primera vez en la película cuando vemos que ha descubierto la joya que su marido ha comprado para la empleada. Se pone a llorar, y le sale bastante mejor que a Liam Neeson.

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Love Actually confirma el viejo principio del cine de terror: los niños dan pánico.

Miedo: El niño de Liam Neeson sigue hablando como si tuviese cuarenta años y empieza a recordarme a Damien de La profecía.

Éxito: El viejo rockero punk alcanza el número uno de ventas en Inglaterra. Le llama por teléfono Elton John para invitarlo a su mansión, porque eso es lo que los pijos que han escrito este guion entienden como culmen del éxito en la industria musical. El arco dramático de este personaje ha sido exactamente ninguno.

Pánfilo: Martin Freeman le da un pico a su enamorada y la deja en su casa, marchándose sin aprovechar la ocasión de vivir una noche de pasión. Por fin entiendo que también aquí está interpretando a su personaje de The Office.

Empieza el tercer acto: Suena Otis Redding y deduzco que empieza el acto final de la película porque, leyendo entre líneas los códigos de la comedia romántica noventera, Otis Reddig significa «preparen los pañuelos». Sí, esta película es del 2003, pero es totalmente noventera.

Más periodismo: El escritor llega a casa de su familia, que está toda reunida por Navidad. Acaba de entrar por la puerta y, en cuanto los ve a todos, decide, aún sin quitarse ni la chaqueta, que se va a Portugal. Y los deja tirados. En Navidad. Vaya modales, amigo. Pero así es el amor en Love Actually: no puedes pasar unas horas con tu familia porque te lo impide la obsesión con la empleada doméstica con la que no has intercambiado ni una palabra.

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El amor está en todas partes, excepto cuando tu hermano esquizofrénico te telefonea para que vayas a recibir sus golpes.

Ternura: Laura Linney se despide del compañero de trabajo del que está enamorada y llora. Luego va otra vez a ver a su hermano majara, que, cosas de la Navidad, no la intenta agredirla esta vez. Sigo sin entender esta historia de amor ni el mensaje que pretende transmitir, más allá del «los locos deben estar encerrados».

Soledad: El primer ministro pasa la Nochebuena en soledad, con su maletín de cosas oficiales.

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Qué raro: el niño ya no quiere cenar con su padre después de que este le haya hecho reproducir una secuencia romántica de Titanic.

El menú: El hijo de Liam Neeson no quiere tomar la cena navideña con su padre porque está triste por su amor agónico, o bien porque a su padre se le ha ocurrido que sería buena idea hacer kebabs de pollo en Nochebuena.

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La escena más famosa de Halloween: un psicópata tratando de poner celosa a la mujer de su mejor amigo, mostrándole fotos de modelos, mientras el marido está sentado a pocos metros viendo inocentemente la tele.

El meme: Llega la famosa secuencia en la que Rick Grimes, con cartelitos y radiocasete, intenta levantarle la reciente esposa a su mejor amigo. Este tipo es un psicópata de manual pero, en una pincelada de inquietante realismo, a ella le gusta el despliegue de manipulación pasivo-agresiva, y se la agradece con un beso en la boca. Mientras su marido, ojo, está ahí mismo, dentro de la casa, viendo la tele. Su marido que es negro y que, como los demás personajes negros del film, está de adorno.

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Sabemos que el mánager (izquierda) es proletario, porque está gordo.

Virtue signaling: El viejo rockero abandona la mansión de Elton John porque ha decidido que prefiere pasar la Navidad con su mánager. Qué buen amigo. Aunque podría haberse llevado a su mánager a la mansión de Elton John, lo cual hubiese sido una gran velada para recordar; una velada que podría incluso haber ayudado a la carrera del mánager. Pero claro, entonces no habría valiosa lección moral, ni podrá decirle en el futuro aquello de «yo estuve en la mansión de Elton John y tú no». Le dice al mánager que lo quiere, supongo que como amigo, o quizá como alivio cómico, papel que jugaban los personajes homosexuales en las comedias románticas de los noventa. El mánager es el típico chap proletario que siempre sale como elemento exótico en las películas pijas de la pérfida Albión, y responde a esta muestra de cariño diciéndole al viejo rockero que si por pasar diez minutos con Elton John ya se ha vuelto gay. Se abrazan. Sin dejar de mirar la pantalla, rebusco en el cajón de pastillas de la cómoda.

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Cuando el primer ministro encuentra la casa de su secretaria, descubre que la familia de ella es tan desagradable como era de esperar en una piara de clase obrera. Y esos deprimentes ornamentos navideños…. ¿en qué demonios gastan su dinero los pobres?

Acoso gubernamental: El primer ministro lee una postal de su exsecretaria, esa misma a la que despidió por celos después de que ella sufriese un acoso del que no tenía ninguna culpa. Se va a buscarla con el coche oficial —porque España no es el único país donde se usan coches oficiales para organizar el tema revolcones— y llega a la calle donde vive ella, pero no sabe el portal, así que empieza a llamar a todas las puertas (no veo qué tiene de especial: eso también se ha hecho en España). Al final la encuentra. Ella está pasando Nochebuena con su familia, y resulta que su padre también la llama «gordita». En resumen: a una mujer que tiene bastante buen cuerpo la llevan llamando vaca toda la película. Qué bonita lección: ni un gramo más, so pobre, o te echamos de la urbanización.

Love Actually 19
Los ingleses han entendido mal lo del marisco en Navidad.

Obra navideña del colegio: Varios personajes —el primer ministro, Martin Freeman, Liam Neeson, Emma Thompson, etc.— se juntan en una función escolar porque ya se sabe, Inglaterra es del tamaño de Lobera de Onsella y todo el mundo se conoce y acaba en el mismo sitio. Emma Thompson, que es hermana del primer ministro, ve a la secretaria y le dice: «Eres su tipo», como dejando caer que a Hugh Grant le gustan rellenitas. Solo es la millonésima vez que la película insiste en ello. En cuanto a la función navideña, salen niños disfrazados de gamba, como si estuviese patrocinada por Antonio Recio. Sale una niña a cantar «All I Want for Christmas is You». Aunque no entiendo mucho de música, creo que canta bastante bien y todos la miran arrebatados. En esa actuación, el hijo de Liam Neeson está tocando la batería después de ¿dos semanas practicando con el instrumento?, lo cual termina de demostrar que es un mutante o un monstruito o algo raro le pasa.

Se abre el telón: Mientras los niños actúan, el primer ministro y la secretaria hacen arrumacos entre bastidores. Es lo que en tiempos de la Transición aquí llamábamos «la erótica del poder». Están escondidos detrás del telón y cuando este se abre, todo el público de la función escolar los sorprende besándose. En un detalle de humor que, quizá porque ya estoy desesperado, me hace gracia, Hugh Grant le dice a la secretaria que sonría, se incline y salude. En ese mismo momento temo morir riendo, como Charlie Parker en Bird.

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«¿…que esta película es QUÉ?»

Desamor: Emma Thompson le dice a Rickman que sabe que le ha comprado una joya a su empleada. Rickman pone cara de entender que su matrimonio se rompe. O, más bien, pone cara de darse cuenta repentinamente de en qué clase de película está.

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El hijo de Liam Neeson, escoltado por la policía tras su primer acoso sexual, orgulloso de sí mismo ante la evidente satisfacción de su padre.

Milagro navideño: Liam Neeson felicita a su hijo por la actuación. Está animadísimo: es obvio que ha tomado cocaína. Se tropieza con Claudia Schiffer. La de verdad: por primera vez en más de media hora, abro los dos ojos a la vez para mirar la pantalla. Liam Neeson lleva a su hijo al aeropuerto para que acose a la niña que le gusta, que está a punto de volar hacia América. Como buen batería, el hijo de Liam Neeson es un futuro delincuente y sortea a la policía para colarse en la sala de embarque. Un mensaje edificante: que nada, ni siquiera la ley, te separe de la chica con la que estás obsesionado. Y la niña le da un beso porque, una vez más, entra en acción el misterioso poder de atracción de los psicópatas. Liam Neeson se siente orgulloso al ver que su hijo sale en manos de los policías: se ve que ya por entonces este hombre tenía el tiroteo en la sangre.

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Aborigen portugués luciendo la vestimenta típica de la calurosísima Navidad tropical de Lisboa.

Ayatolás: El escritor llega a Portugal (que, en términos de ficción británica, es el tercer mundo, como España) y va a la casa de su empleada-enamorada. Por supuesto, sin importar que sea Navidad, el padre portugués lo recibe en camiseta de tirantes. Le dice que ella está trabajando en un bar. Los demás portugueses del barrio, como buenos ignaros selváticos, se acercan a cotillear y, en manada, siguen al inglés que se ha presentado allí por Navidad, porque la curiosidad les puede ante la visión de un Hombre Blanco. El escritor llega a una tasca donde todos los camareros portugueses, TODOS, llevan bigote. Así es como los británicos nos ven a los ibéricos (sí, incluidos ustedes, ibéricos de Barcelona). Dado que, según Love Actually, Portugal es una sociedad idéntica a la de Irán o Arabia Saudí, el dueño de la tasca le dice al inglés que no puede casarse con su amada «porque es nuestra camarera». En Portugal, la hostelería se rige por el régimen de esclavitud y servidumbre. Vamos, como en España.

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Camareros portugueses luciendo el Mostacho Oficial requerido por los estatutos del gremio.

El escritor se dirige a la camarera y le pide matrimonio en ¿portugués? Todos los presentes callan y miran en plan «otro inglés borracho dando la nota». Ella asiente a la propuesta, con lo cual, según parece, queda liberada de su contrato de esclavitud con el dueño de la tasca. Algunos portugueses empiezan a besar en la boca al inglés, costumbre exótica de esas desarrapadas tribus de allende los Pirineos. Suena música triunfante. El rubor me ha quemado las pestañas.

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Por favor, admiremos una vez más la intrincada orfebrería del majestuoso mostacho portugués.

Un mes después: Casi todos los personajes se vuelven a encontrar casualmente, esta vez en el aeropuerto. No quiero ni pensar lo delicado que debe de ser tener deudas en Inglaterra, porque te encuentras a todo el mundo hasta en la sopa. ¿Por qué están todos ahí y por qué todos bajan del mismo vuelo? Porque: Love Actually.

Love Actually 13
Love Actually termina como empieza: con un anuncio de móviles.

Fin: La película termina y me invade una inesperada sensación de plenitud. La plenitud de no haber aprendido nada. La reconfortante paz del vacío. He visto acosos, he visto gente llamando gorda a una mujer que no lo está, he visto ignorar a los negros, he visto denigrar a los portugueses, he visto menosprecios a Motörhead, he visto publicidad de cereales. Lo bonita que era mi vida antes de Love Actually. Pero ahora ya la he visto. He perdido la inocencia. La felicidad de antaño ya no volverá. Estoy sumido en un marasmo de desesperanza y autocompasión. He sido roto, masticado y escupido.

Ya no soy persona. Ya no tengo voluntad.

Me están entrando ganas de ver otra comedia romántica del cambio de siglo. Ayúdenme, por el amor de Dios.

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43 Comentarios

  1. Muchísimas gracias por este artículo. Me ha enseñado algo que siempre tuve curiosidad por saber y no conocia hasta ahora: lo que siente una persona que se ve impulsada a insultar a extraños en las redes sociales. Espero que su desprecio le sirva de alimento. Hasta nunca.

  2. 👏🏻👏🏻👏🏻 me he reído hasta las lágrimas, casi que paso de alto la indignación. Gracias por abrirnos los ojos.

  3. Hola Miguel,

    me ha parecido un artículo buenísimo ^_^ .Me he reído bastante y, aunque no soy de dejar comentarios, entiendo que debía darle la enhorabuena. ¡Gracias!.

    Saludos,
    Ofelia

  4. Divertidísimo, qué buen rato he pasado, y cuánta razón tiene en la de bobadas que nos venden… Un desprecio al amor (la peli).

  5. He empezado pensando que no tenía mucho sentido dedicarle tanta atención a un filme menor de hace veinte años, pero me has hecho cambiar de opinión: puede ser muy instructivo analizar a fondo un producto concreto, por banal que parezca, del mismo modo que el examen minucioso de un lunar puede revelar un cáncer. Aunque, por otra parte, la lectura de tu artículo ha tenido un efecto secundario negativo: ahora tendré que ver Love Actually, de la que hui tras sufrir accidentalmente unas secuencias en la tele.

    • Pero si ves la película con los prejuicios de este artículo no la disfrutarás nada, y ¿para qué pasar un mal rato?

      Nuestro amigo López-Neyra se puso las gafas de la mala hostia para verla, y por eso le ha salido este artículo que ni él mismo s se cree (pero logra clickbaits y nos reímos).

      Abrazo

      • Es que, para disfrutarla, tendría que haber conseguido hacerse una lobotomía accidental con una de las patillas de las gafas de mala hostia.

        Es un guión más blando que una mierda de pavo, de la que también toma el olor.

      • El artículo es claramente sarcástico y deliberadamente faltón, y en ese sentido no engaña ni invita al prejuicio. En cuanto a “¿para qué pasar un mal rato?”, yo mismo me lo pregunto muchas veces (y por eso pasé de ver entera Love Actually en su día tras ver unos minutos por accidente); pero si queremos entender nuestra cultura hemos de prestar especial atención a sus productos más tramposos, sobre todo cuando vienen respaldados por un gran plantel actoral, como en este caso. Abrazo.

  6. Claro que sí, es mucho mejor una comedia donde todo es políticamente correcto y tiene muchísimo sentido, dónde va a parar.

  7. El artículo es divertidísimo y no hay ninguna duda sobre el hecho de que Love Actually es una comedia romántica que utiliza todos los clichés del género sin ningún pudor y que va dirigida, sin complejos, a un determinado tipo de público. También es verdad que en esa categoría específica de películas es una de las de mayor éxito.
    En todo caso, es conveniente recordar que podemos escribir un artículo equivalente para cualquier película filmada en la historia. Lo único que hay que hacer es burlarse de las convenciones del género, del público para quien va dirigida y analizar cada secuencia desde la distancia con el máximo sarcasmo posible. Por supuesto utilizar la corrección política del 2021 para juzgar películas antiguas es fundamental (así no se salvan ni John Ford, ni Billy Wilder, ni Hitchcock, ni Scorsese ni el mismísimo Tarkovsky).
    Vamos, que la peli es una comedia romántica navideña (lo peor de lo peor para los lectores de Jot Down) y es bueno mirar hacia atrás y asombrarnos con las burradas que nos hacían gracia hace veinte años. Pero sería más justo
    y valiente hacer ese ejercicio con una película que nos haya gustado, una de esas que tenemos en el olimpo del cine pero que también ignore a los negros, sea clasista y llena de tics machistas. Las hay a montones. Eso seria mucho más divertido (también más polémico, sin duda)

  8. “Love is all around” es una canción de The Troggs versioneada por Wet Wet Wet
    “«Love Is All Around» es una canción compuesta por Reg Presley, grabada originalmente por The Troggs y publicada como sencillo en octubre de 1967”

  9. Gracias, hace mucho no me reía tanto con un artículo.

    Y sí , lo confieso: me gustó la película cuando la ví por primera y por segunda vez.

    Pueden escupirme.

  10. Lo curioso de esta critica es que cae en todos los vicios que está criticando. Además de mostrar un sentido del humor más simplón y forzado que ese del que hace gala la película en cuestión. Y por ende, todas las rom-coms de la historia, que ya se sabe que es un pseudo género cinematográfico creado para un “cierto público”. Sin muchas entendederas ni criterio, por cierto. Pero está de diez el aspecto inclusivo de analizar algo hecho para espectadores con tan poco seso y criterio. ¡Que no se diga que no se nos da nuestro lugar! Y, oye, siempre con respeto y tolerancia. Como hace toda mente superior, capaz de ejercer el revisionismo.

    Como parte de esta cavernícola minoría a la que le gusta Love Actually, le doy las gracias al genio que ha escrito esto.

  11. Este artículo es respetable pero del todo irrelevante puesto que hay centenares de criticas sobre ella desde hace años y no aporta nada nuevo. Pérdida de tiempo en leerla.

  12. Este tipo de críticas supuestamente graciosas se puede hacer de cualquier película. Inténtenlo con “El padrino”, o con “Centauros del desierto”, o con cualquiera de duros detectives que protagonice Humphrey Bogart. Es muy fácil.

  13. Como es sabido, “la mentira es más asquerosa cuanto más se parece a la verdad”. Aunque sea “un artículo más”, siempre es bueno denunciar las estafas cinematográficas. Y hay que reconocer que “Love Actually” es de las mejores. Uno no se da cuenta de qué manera y cuánto rato juegan con sus sentimientos. La prueba es que las legiones de “ofendiditos” que siempre aparecen según alguna película les pisa el callo por motivos de raza, sexo, nacionalidad, aspecto físico, extracción social u otra razón, no han blandido sus espadas frente a una película que se burla:

    -de los negros: pobre Juliet y pobre DJ de su boda, Malcolm-Jamal Warner (cuyo “padre en la ficción” está pasando ahora por horas muy bajas, aunque eso no lo supiéramos en 2003).

    -de los escritores: ¿son todos unos cornudos a los que se les va la novia con un hermano traidor pero más dispuesto que ellos a “hacer trucos con su varita mágica”?

    -de las mujeres gordas: las flacas como Juliet se casan (eso sí, con un negro que, además, no se entera de que le están intentando levantar la novia/mujer); las gordas como Natalie, “con muslos como troncos de árbol”, tienen un affaire con un político de alto nivel: ¿les suena? Que además Natalie padezca algo parecido al síndrome de Tourette ayuda a camuflar la burla. O a amplificarla, según se mire: “pobre, gorda y malhablada: ¿qué más se puede pedir?”.

    -de los proletarios, unos salidos todos y con sueños imposibles (“Soy Colin, dios del sexo. Lo que pasa es que estoy en el continente equivocado”). También Natalie, que vive en “la parte chunga de la calle Wadsworth” y a la que se ha permitido formar parte del personal de Downing Street, 10 (qué sociedad tan tolerante, oyes).

    -de los americanos: ¿todos los americanos son unos chulos imperialistas que toman por la fuerza lo que no se les da por su cara bonita?

    -de los portugueses (y por extensión, de los españoles): ¿todos tienen el bigote a lo Sadam Hussein y viven anclados en el siglo XIX? Por cierto, qué generoso Jamie al condescender a aprender portugués para declararse a su enamorada…

    De los políticos no digo nada porque ya se da por sentado que la burla “va en el sueldo”. Aunque ya que estamos, Curtis no se ahorró la coz a Tony Blair.

    Que Richard Curtis confesara, además, sus propios deslices (retratados en el personaje de Alan Rickman) en la película tiene su aquél, siendo su pareja la bisnieta de Sigmund Freud. Y bueno, ya sería la bomba que la película hubiera sido la guinda que le consiguió el CBE.

    Conclusión: “El amor, en realidad”, NO ES ESO. Y lamento profundamente haberme dejado embaucar por esa película. Al principio yo también defendía que era “una buena película”. La cuestión es saber qué teclas toca esta película en nuestro interior para que, siendo tan mala, “en realidad”, haya pasado por ser una “comedia romántica” durante tanto tiempo.

  14. Creo que el autor del artículo no ha entendido la película. De todas formas yo la seguiré viendo cada año, una tarde de domingo del mes de diciembre, por si soy yo el que no la ha entendido. Pero no creo, me inclino por la primera opción. Le recomiendo al autor del artículo que la vuelva a ver sin prejuicios, a lo mejor así la pilla.

  15. Siempre ha sido (como todas las del ramo) una peli para ver con medio cerebro apagado. Ya lo de ver ofensas a los gordos, a los negros, a la clase trabajadora, a los fans de Motorhead (mi favorita), a los portugueses (encima emigrantes que adonde va el escritor inglés es al sur de Francia) es coger el rábano por las hojas.
    Si peli termina con God only knows qué más queréis….

  16. Para haber hecho una reseña tan profunda es bastante extraño que pienses que Martin Freeman se dedica a hacer fotos eróticas y que la canción es LOVE is all around. ¿De verdad has visto la película?

    • Eso mismo digo yo …no es una sesión de fotos eroticas , la peli será mala o no pero el que escribe esto deberia de ver la peli con al menos algo de atención… antes de hacernos perder el tiempo …por otra parte tiene un problema de clase muy grave.
      Otra cosa hay que ver la de tontos que se creen inteligentes comentando por aquí.

  17. Vaya crítica balurda. Hay que tener mucho tiempo libre para dedicarse en detalle a criticar todo lo que aparece en la película.
    Algo debe estar fallando en la escuela de periodismo.

  18. Alguien está tardando en escribir un tratado socio-filosófico-económico- antropológico de 800 páginas sobre “Love actually”, una típica comedieta ligera sin pretensiones que alguien filmó en su día para que la gente pasara un buen rato, se riera un par de veces y a la salida del cine se tomara una birra y a otra cosa, mariposa. Y todos los que trabajaron en ella, al talego. Qué menos…

  19. Me he reído mucho con el artículo, la verdad. Casi tanto como disfrutado de la película siempre que la he visto.
    También he de decir que leyéndolo, y leyendo alguna opinión he llegado a una conclusión que espero que dirija mi vida para siempre: qué putada es ser cool, culto, listo, crítico y todas esas cosas que intentáis aparentar.

  20. Me he reído mucho con el artículo. Estoy de acuerdo en que los mensajes no son los más adecuados, nunca lo fueron. Y sí, creo que es una película hecha por pijos británicos haciendo burla de los currantes de a pie sin ningún pudor. Pero he de confesar que disfruto de la película y suelto unas lagrimillas con la escena del aeropuerto. Soy pura contradicción.
    Ahora bien, si demonizamos y echamos a la hoguera todo lo que hoy no es políticamente correcto, empezaríamos por la Biblia, la Iliada y todas las obras clásicas y terminaríamos con cuestionar hasta el mismísimo Shakespeare. Debemos aceptar la cultura que hemos heredado y tratar de extraer lecciones. Yo a mi hija, cuando vemos una película con alguna escena de dudoso “ejemplo”, le explico que no es correcto. Sin montar un dramón. Sin ir más lejos, una de mis películas favoritas es “El hombre tranquilo”, y tiene escenas donde humillan a la mujer (física y verbalmente) y le explico que NUNCA debe tolerar que nadie le diga esas cosas ni le ponga la mano encima. Que en aquellos tiempos se aceptaba, pero que hoy somos mejores (eso espero).
    También quería señalar que el articulista ha visto la película con desgana, porque que el niño no es el hijo del personaje de Liam Neeson, sino de su mujer fallecida. El personaje de Colin Firth no se va a Portugal, sino a Francia (zona de Marsella, si no recuerdo mal), donde concoce a la asistenta portuguesa y a donde volverá para declararse en el restaurante.
    Y sí, estoy de acuerdo. El amor, cuando llega, es poderoso y mueve el mundo. Y esa chispa de reciprocidad absoluta también se da. Yo lo he vivido.

  21. MUUUY bueno, habria que seguir haciendo lo mismo con otras pelis de exito… Y al que no le guste que vaya a mirar Gilmore Girls.

  22. El artículo me da igual. Mi pregunta es ¿está seguro el autor del pie de foto de la presunta January Jones? Porque a mí me parece que es Elisha Cuthbert (la hija de Jack Bauer, en 24)

    • Que sí, que es January Jones con esos mofletillos que le aportan los cinco kilos más que luce con respecto a la posterior “Mad Men”. Además, sin el sempiterno cigarrillo en la mano se hace más difícil reconocerla y bueno, es posible confundirla con Elisha Cuthbert, sobre todo si no se es demasiado buen fisonomista. Por otra parte, es fácil aclararlo buscando la ficha de la peli o de la actriz, en IMDB.

  23. Divertidísimo artículo. Ni la he visto ni pienso verla. ¿Una comedia romántica, inglesa, navideña, protagonizada por Hugh Grant? Mátenme por favor

  24. Genial. Love Actually es una de esas películas que tratan al espectador como si tuviera dos neuronas. Nada o casi nada tiene sentido.

  25. Muy divertido el articulo no hay que tomárselo en serio al igual que esas películas…
    las comedias románticas son puro cliché , estereotipos y situaciones prácticamente irreales …
    estoy esperando el próximo articulo saludos !
    Las legiones de ofendidos de hoy en día van a ser victimas de si mismo …
    desde el 1er momento que se enciende la cámara todo es “ficción” …
    pero bueno ahí están disney , netflix etc… haciendo todo políticamente correcto para que nadie se enoje…
    pd: que desperdicio de grandes actores tuvieron jajaja (desaprovechados)
    pd2: recuerdo que las escenas de martin freeman eran muy graciosas… jajaj

  26. La verdad es que no me gusta esta película, pero no le tengo fobia a las comedias románticas. Sí me gusta Notting Hill, sin ir más lejos. Sólo quería comentar un aspecto de esta crítica, muy habitual en la crítica de estos días. Ese que censura las iniciativas sentimentales, tipo la famosa escena de los carteles. Se dice que ese comportamiento es una muestra de acoso, aquí y en otros sitios que he visitado, desde hace unos cuantos años. Yo no estoy de acuerdo con esto para nada. Si hubiera que censurar ese comportamiento por algo sería por cursi, en todo caso. Pero ser cursi nunca fue un crimen, me parece. No entiendo por qué se considera acoso el estar colado por alguien y el intentar algo para conquistarlo. Porque eso es lo que pasa en la dichosa escena. En mi opinión no hay nada más que eso. Podría entender que a la persona que es objeto de deseo una demostración así la incomode, y la haga sentir mal. Pero eso sería porque a nadie le gusta tener que rechazar a alguien, o porque uno podría ser tímido, inseguro, o algo por el estilo, y no saber cómo manejar un momento así. Ahora, considerar el intento como acoso… ¡venga ya! ¿De verdad está acosando el chico a la chica porque hace esos carteles y se presenta en su casa? Como mucho está haciendo el ridículo y, de nuevo, puede incomodar a la chica. Pero es que eso es la vida, manejar situaciones que se le presentan a uno donde no siempre ocurre lo que uno quisiera. Como que alguien que a lo mejor no te gusta se te declare. Y tú tienes que manejarlo. No va a ser todo como a ti te gusta, ¿no? Y a nadie le va a traumatizar una experiencia así, de verdad. Eso NO ES ACOSO. Cualquier día de estos se prohibirá enamorarse de nadie que no esté enamorado de nosotros…

  27. Una curiosidad : el actor que hace de hijo de Liam Neeson (no digo su nombre porque en el artículo siempre se le llama “el hijo de Liam Neeson”), para quien no lo sepa es el que interpreta en “Gámbito de dama” al campeón norteamericano de ajedrez vestido siempre de negro , sin quitarse nunca el sombrero y con un bogotillo rubio. Curiosamente tiene la misma cara que cuando era un crio, pero veinte años después.

  28. ¿Pero qué le pasa a la gente que comenta aquí? El artículo es divertido pero las opiniones del personal lo son mucho más. No cambiéis SIEMPRE.

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