¡Bielsa, carajo!

¡Athleeeeeetic! El grito retumbó en el Bulevard Oroño en una fría noche rosarina calada por la humedad penetrante del río Paraná. Allí, en uno de los apartamentos del edificio más imponente, un escalofrío sobrecogió a Marcelo Alberto Bielsa al escuchar asombrado aquel rugido. Lo confesaría días después a través de una llamada telefónica. A 11.000 kilómetros del Botxo, aquel 7 […]