A que te suelto una hostia

Pocos gestos hay tan honestos, puros y civilizados como soltar una hostia. Sin advertencias ni miramientos. Pertenece a esa clase de actos excepcionales que le proporcionan a uno —el que pega— la satisfacción del deber cumplido. Como salir a correr a las seis de la mañana, cenar una ensaladita de apio o incluso no salir a correr a las seis […]