El corazón de la secta (si lo tiene)

Cuando uno pronuncia la palabra secta sabe de antemano el tipo de reacción que suscitará en su auditorio: sospecha, desconfianza, posible indignación, tal vez incluso miedo. Tales son las connotaciones peyorativas del término que su mero uso supone adentrarse en un territorio minado. Pero de minas chungas y jodidas de verdad, plantadas por iluminados kamikazes y secuaces histéricos, feligreses que […]