Los hombres no lloran (y una mierda)

Hagan la prueba: peguen ustedes la oreja a una conversación de bar (masculina) y oirán toda clase de mamarrachadas (también podría darse el caso de que conectaran con algo interesante, pero descartemos esa posibilidad por el momento), invectivas territoriales, algún «a ese le parto la cara», tristezas de oficina, puede que alguna historia dramática, pero jamás (jamás) oirán a alguno […]