La envidia como una de las bellas artes

Los pies de Roxie Druse patalean a unos metros del suelo. A la misma altura en la que deberían flotar tan plácidos como muertos. Y cada uno de sus estertores convertido en patada es una coz en el receptáculo de culpa de los muy respetables señores que han ordenado ahorcarla. Es intolerable lo mucho que tardan algunos condenados en morir. […]