Enric González: Ley y orden
A la izquierda, mayormente a la izquierda revolucionaria, suele atribuírsele un optimismo exagerado. Es gente que no solo confía en cambiar el mundo, sino que espera conseguir a la vez que cambie la condición humana. Eso requiere, es cierto, grandes dosis de optimismo. A la derecha, en cambio, se la considera pesimista. Su gente tiende a pensar que el sistema político vigente es el menos malo de entre todos los posibles y opta por el tópico atribuido (mal) a Goethe: antes la injusticia que el desorden. La persona conservadora sospecha que cualquier cambio será a peor, o, en días rastreros, que si es a mejor su consecución supondrá de todas formas demasiadas molestias para el probo ciudadano.
En ciertos momentos, sin embargo, no existe mayor optimismo que el de los conservadores. Creen en la inmutabilidad de las cosas. Creen que una situación determinada, como la actual, por ejemplo, puede mantenerse por un tiempo indefinido, sin quebrarse por un lado o por el otro. Creen que los desastres no tienen consecuencias, o al menos creen que no deberían tenerlas.
Pensaba en esto leyendo un artículo publicado ayer por Arcadi Espada, un hombre a quien conozco y estimo, con quien a veces estoy de acuerdo y de quien con frecuencia aprendo cosas. Espada comparaba el escrache, esto es, la denuncia pública acompañada de intimidación que practica la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, con la estrella amarilla impuesta a los judíos, con el ricino franquista y con el rapado de las francesas que se habían acostado con invasores alemanes. Es una forma de verlo. Afirmaba también que “el escrache es terrorismo”. Bueno. Da igual. La palabra “terrorismo” murió por desgracia hace ya algún tiempo, víctima de un shock polisémico.
Comprendo a la gente de orden que invoca el respeto escrupuloso a la ley: cuando la ley se evapora pueden pasar cosas muy malas. Comprendo a la gente de orden que siente un rechazo instintivo hacia una huelga o una algarada: han hecho falta muchos siglos para alcanzar el derecho a andar sin miedo por la calle. Comprendo a la gente de orden, en general.
Pero creo que la revolución francesa fue un gran paso para la humanidad, con todo su terror, todas sus tricoteuses y con todo el deplorable escrache que sufrió María Antonieta camino del patíbulo. También aprecio el enorme valor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, aunque para llegar a ella hubiera que soportar que unos rufianes disfrazados arrojaran al mar un cargamento de té, propiedad legal de honrados comerciantes. Hasta siento simpatía por las sufragistas, esas inglesas entrometidas que escrachearon a Winston Churchill, pusieron una bomba en casa de David Lloyd George y quemaron unas cuantas iglesias para exigir el voto femenino.
Vivimos tiempos interesantes, en el sentido de la maldición china. Cosas que creíamos garantizadas están desapareciendo. El gran proyecto europeo del siglo XX podría descarrilar en cualquier momento, llevándose por delante el mundo que hemos conocido. La aparente falta de alternativas ofrece un terrario confortable a los huevos de la serpiente: quizá a la vuelta de la esquina nos espere un populismo irracional, ansioso por escarmentar a unas élites que no solo han fracasado, sino que se regodean en su fracaso (e incluyo entre esas élites al periodismo establecido del que formo parte) y exigen no ser molestadas.
Por supuesto, hay optimistas. Hay gente tranquila, convencida de que basta con reprimir las manifestaciones y esperar a que algún día lo arregle todo Rosa Díez. O Toni Cantó. O incluso Mariano Rajoy. O los tres juntos.
Yo me declaro pesimista. Creo que conviene respetar las protestas callejeras, creo que hace falta sustituir una ley hipotecaria parcial y abstrusa, creo que hay que dar un tajo a los gastos de los partidos, creo que hay que regular los mercados, creo que la Unión Europea debe ser más europea y menos alemana, creo que hay que acometer una reestructuración de las deudas públicas antes de que las deudas públicas nos reestructuren a nosotros.
Soy muy, muy pesimista.








