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Retinglar de bosque y cielo: sobre los bolos

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Fotografía: Nacho Cubero / Getty.

Hay un rectángulo de muchos metros, cubierto de arena. Solo que a veces no es exactamente un rectángulo, ni tiene, en realidad, arena, sino tierra pisada, pequeñas piedrecitas, una mezcla más homogénea en la parte central. Hay árboles alrededor, sombra, una leve brisa que se adormece por entre las hojas. Hay unos hombres dentro de ese espacio extraño, hay una frasca de barro apoyada en el suelo y unos vasos llenos de un líquido dorado, casi transparente. Hay unas cuantas bolas, perfecta esfericidad de talla robusta, posadas aquí y allá. Y están ellos. Sobre todo ellos. Nueve erguidos, alineados en filas de tres. Y otro más pequeño, que acaba en punta. De madera, seguramente abedul, por el sonido, que siempre es diferente, que llena el aire, el mundo. Ellos. Están allí. Los bolos.

De qué hablamos

Decía Gottfried Wilhelm von Leibniz (cuando uno tiene un nombre tan rotundo hay que decirlo completo) que quien meditase sobre los juegos hallaría en ellos materia para importantes consideraciones. Y debía saber de lo que hablaba, porque este filósofo alemán se montó toda una teoría ontológica en la que el mismísimo Dios jugaba al ajedrez. Así de trascendente era, para Leibniz, el tema lúdico.

El de los bolos es un juego. Uno que, de una forma u otra, se practica desde la más remota antigüedad en todos los lugares. Impulso primigenio, ese, por derribar a distancia algo que está erguido. Quizá, incluso, un punto deicida, sí, de belicismo humanista, valga el oxímoron. Eso son los bolos.

Solo que en Cantabria son algo más.

Hablamos, claro, del bolo palma. O bolo montañés, porque es la modalidad que se juega en la zona de Cantabria que se conoce como La Montaña. Paradójicamente, la que comprende fundamentalmente valles, porque aquí somos así de chistosos. Las antiguas Asturias de Santillana, para entendernos, un espacio geográfico que se extiende desde el mar hasta la Cordillera Cantábrica y desde Rivadedeva hasta la bahía de Santander. Ese lugar.

Aquí eso tan aparentemente simple de derribar bolos con una bola se ha ido complicando, regulando, hasta extremos absolutamente delirantes.  

Bien, veamos. Cada jugador cuenta con tres bolas. La primera parte del proceso consiste en lanzarlas, una a una, desde el tiro, situado a una distancia de entre catorce y veinte metros de los bolos. Pero ojo, no es solo el asunto derribar los palos, porque debe hacerse de una determinada manera. La bola ha de ir por el aire, tocando el suelo apenas unos centímetros antes de los primeros bolos. Olvídense, pues, de esferas estilo Gran Lebowski, rodando mansamente por un parqué pulido. De hecho, si cae a una distancia inadecuada, la jugada no será válida y no se podrá birlar. Igual que si derriba el primer bolo de unas de las dos filas de fuera. O si lleva un efecto que no sea el previsto para cada momento (al pulgar o a la mano, dependiendo de si la bola se revoluciona, para el jugador diestro, hacia la derecha o hacia la izquierda, respectivamente). Además, el bolo que esté en el centro de la jugada vale, en caso de derribarse en solitario, doble.

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8 comentarios

  1. Precioso artículo. El sonido de los bolos al caer, así como el del picar el dalle, son los sonidos de la felicidad.

  2. Genial! Espero que el autor se anime con esa novela sobre el Zurdo de Bielva. Los bolos están pidiendo a gritos nueva literatura…

  3. Bonito artículo.
    Hay más clases de bolos. Creo que la más `peculiar sería los bolos de Tineo o Celtas. Resumiendo mucho… La bola es de piedra, y se lanza mientras el jugador salta desde un poyo hacia un agujero en el suelo. Los bolos son 20, pequeños, en hilera. Y la mejor jugada es conseguir que alguno de los bolos salte un muro de 6 metros de alto, a 30 metros de distancia…

    • Marcos Pereda

      Ni te imaginas cómo me gustaría ver eso en directo. Y sí, hay tantas clases de bolos como pueblos, casi. Decía Cossío que «quienes juegan a los bolos igual hablan el mismo lenguaje», mezclando distintos elementos etnográficos. Yo tengo estudiadas cosas sobre eso en relación a viejos caminos históricos…
      Ah, gracias por leer

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