Deportes

Árbitro, la profesión de los dos apellidos

Árbitro jot down
Marco Serra rodeado por jugadores del AC Milan, 2022. Fotografía: Marco Luzzani / Getty.

El árbitro.

Figura necesaria. Natural. Es… inevitable, como Thanos con el guantelete de Cadena 100. Profesión jodida, no vayan a pensar. La de árbitro, digo; Thanos tampoco sé muy bien a qué se dedica de lunes a viernes. Igual trincó buena herencia, porque todas esas naves cuestan una pasta. Bueno, a lo que íbamos: los árbitros. Seres vestidos con tonos sobrios y dedicados a impartir justicia dentro del espectro lúdico. O, dicho de otra forma, blanco perfecto para frustraciones, ataques de ira e injusticias varias. Piel dura, primer requisito. Resiliencia, segundo. También capacidad para abstraerse. Y buenas piernas con las que salir rápido del campo, Tercera División, Grupo Cántabro, peligro cierto. 

Acompáñenos por este pequeño recorrido sobre la muy sufrida labor arbitral. Y no se asuste si escucha juramentos.

Respeto ante todo

¿Buscan ustedes diálogo y contención? Pues, entonces, rugby. Salvo que miren en las novelas de Umberto Eco, porque allí también. Pero, para el deporte, rugby.

El rugby es esa cosa llena de tipas y tipos mazados, con algún diente menos y hostias por todas partes. Deporte de brutos practicado por nobles, decían, solo que a saber qué entendía esta gente por brutos, también les digo, que tú puedes ir muy ciclao, pero si entras a la guapa del pueblo durante la verbena, acabas en el pilón. En fin. Adolescencias de estío al margen, lo cierto es que la relación entre árbitro y jugadores en el mundo del rugby sorprende. Sorprende, también es verdad, porque llegas contaminado de otros deportes (tos, tos, fútbol, tos, tos). 

Porque respeto ante todo. Echar una charla, consultar decisiones, acatar bajando la cabeza, entrar después más fuerte. Ese rollo. No hace mucho incluso un árbitro salió a decir que los propios jugadores le advirtieron sobre una decisión inadecuada… que les favorecía. Y, ojo, eran niños, que los niños para esto son fieras sin escrúpulos, bichejos de la peor calaña. Pues mira, aquí no. Tradición y valores que se mantienen a rajatabla, seguramente. Y tiene mérito, no vayan a pensar, porque hablamos de un juego con reglas a ratos endemoniadas y donde el contacto físico es… cómo podríamos decirlo… pródigo. Y severo. Contundencia. Vamos, que hay hostias como panes, ¿eh?, que le cae a cualquiera de ustedes una de esas piñas y se queda en casa asustado durante bastantes meses. Debe de ser complicado no meterte con el del silbato cuando llevas todo el cuerpo hecho trizas.

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2 comentarios

  1. ¿Como que en lo del Rafa no dijo lo que dijo? Lo recuerdo como si hubiera sido esta mañana, y yo ese partido lo vi. Que alguien lo confirmen. Amos no me jodas, mecagoenimadre.

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