Mira mi huevo.
(Vince Offer vendiendo el Slap Chop al público hispanoparlante que no hable español)
Entendemos que ante un título de semejante capacidad lírica y evocadora, esperarán ustedes, amables lectores, que el presente artículo verse sobre algún tema de arraigadas raíces románticas, de livianos pasos en la ensoñación cultural, quizá un relato de pundonorosa superación deportiva…
Afortunadamente, no. Vamos a hablar de esto:
Este vídeo de los primeros años sesenta es el pionero de lo que nosotros llamamos infomerciales, infocomerciales, o teletienda; si bien los estadounidenses, a la sazón inventores del concepto, denominan Direct-Response Marketing; o sea, Marketing de Respuesta Directa.
Esto es, las ventas del producto son atribuidas directamente al anuncio en sí y no a al posicionamiento que pueda tener el artículo en el mercado gracias a la publicidad.
En él, vemos a un jovencísimo Ron Popeil vendiendo, en el sentido más literal del verbo, las bondades del Chop-O-Matic, artilugio que permite a su afortunado poseedor, y sin ejercer el menor esfuerzo, picar vegetales, frutos secos, hielo, la discografía completa de Bob Dylan y cualquier otro objeto susceptible de ser hecho trizas y posteriormente ingerido. ¿No me digan que no están deseando tener uno?
Es interesante señalar que para el tema de nuestro artículo, al igual que en el precepto constitucional de la arquitectura moderna, la forma es consecuencia de la función.
En este caso, el anuncio del Chop-O-Matic, que es uno de los primeros ejemplos catalogados de infomercial, nace como respuesta a las verdaderas bondades del producto. El aparato era tan eficaz a la hora de realizar su labor de troceado, triturado y desmenuzado que los vendedores ambulantes —y estacionarios, según cuenta el propio Popeil, él mismo pasaba los domingos en el mercado de la calle Maxwell de Chicago expendiendo los artilugios que su padre le vendía a precio de fábrica— no daban abasto a las propiedades picadoras del Chop-O-Matic y a menudo se quedaban faltos de hortalizas, verduras y demás alimentos con los que realizar las demostraciones al público presente.
Es entonces cuando Popeil vio el poder que podría ejercer lo audiovisual dentro de la vertiginosamente creciente cultura televisiva norteamericana. O eso, o pensó que grabando un solo anuncio y aun pagando a las cadenas para que lo emitiesen se ahorraría sus buenos dólares en pepinos, tomates, zanahorias, almendras y hielo de la gasolinera Texaco más cercana.
El resto es historia.
Ronco, la compañía que fundase Popeil, se convertiría en una de las empresas más exitosas de su sector —sector que comprende prácticamente la fabricación y venta de cualquier utensilio manufacturado—; Popeil, Vince Offer o Billy Mays llegarían al estatus de celebridad millonaria y se acusarían mutuamente de plagio de estilo enzarzándose en encarnizadas batallas legales y no legales, (como los raperos gangsta, pero sin dientes de oro ni armas de fuego); y los infomerciales inundarían las televisiones de medio planeta hasta llegar a ser un objeto cultural capaz de ser motivo de artículo propio en Jot Down.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.








Glorioso… Ayyyy que tiempos aquellos.Casi me he emocionado al recordarlos
Que grande el anuncio del Italiano vendiendo joyas. Que risas me pegaba con mi padre viéndolo, en plan ¿pero que ha hecho esta gente para salir en la tele? 10 años que tiene ya ese anuncio con la tontería.
Pingback: Cuando no había magia por las noches
Falta el del rosario electrónico con la voz del papa Woyjtila… Bizarro a más no poder.
Podemos calificar el hecho de miccionar en un palo de golf tapado por un mini tapete como «no embarrasing moment»? no lo creo…
¡CHENTO EURO! ¡CHENTO EURO!… grito mítico dentro de la cuadrilla cuando alguien pregunta por el precio de algo: una camiseta, un coche… cualquier cosa. Y sí, todos éramos de los que aparecían pedo en casa (aún bajo los efectos de la mezcla de combinados con base alcohólica). Si nos llamábamos a los fijos para echar risas y todo, madre mía.
Había otro con un forzudo y una abuela, tratando de hacer un agujero roscado. Evidentemente ganaba la abuela con una especie de molinillo al titán con blackandeker.
ah! y esto me ha hecho aullar de risa: «Lo que no destaca como acierto es el casting para el anuncio, pues para el calvo con melena del 0.50 el único spray que tendría sentido acercarle es uno antiviolaciones.»
Felicidades por el artículo.
Quiero aportar un pequeño granito de arena.
Es un anuncio que cortaba súbitamente las emisiones de pelis porno en las madrugadas de las TV locales.
El anunciante captaba la atención del interlocutor con un mensaje directo y claro:
«Venga tio! deja de pelartela como un mono….»
http://www.youtube.com/watch?gl=ES&hl=es&v=Ym45uJfPXl4
La universidad de Michigan una universidad indeterminada? caramba con el humor intelectual…
Gracias, grandísimas aportaciones, en especial la del jevi que interrumpe las pajas del público para venderles un disco de Judas Priest.
Por desgracia se quedó fuera también el más delirante infocomercial de todos, pues se lanzó justo después de estar finalizado este artículo: http://www.youtube.com/watch?v=7oT27gJIRh8
Cospedal: nacionalismo low cost.
Pingback: Cien razones más por las que vivir
Pingback: ¿A qué monarca le ha hecho un favor mayor el cine o la televisión?