Durante décadas, acercarse al patrimonio significaba acudir a donde él estaba: una sala de museo, una visita guiada, un folleto institucional. El visitante contemplaba, escuchaba, leía —con suerte entendía—, pero rara vez participaba. El acceso era uniforme, la experiencia, estandarizada. La cultura hablaba en bloque, esperando que el público supiera […]


