Sashik Sultanián no respondía al email y tampoco cogía el teléfono. Nos imaginábamos por qué, pero todo nos quedó claro cuando nos plantamos por sorpresa en su oficina a las afueras de Ereván. «¿Cómo han encontrado ustedes este lugar?», nos preguntó sorprendido, mientras meditaba si invitarnos a entrar. En agosto […]


