El futuro entre exclamaciones

Hace poco oí una conversación en la que una trabajadora de una residencia para ancianos decía que ya no hay ancianos. Podríamos ponerlo entre exclamaciones, pues ahí estaba su cara al decirlo, los ojos muy abiertos, de disgusto: ¡Ya no hay ancianos! Yo a cosas así, exclamadas de esa forma, con los ojos casi en blanco, les tengo un respeto. […]