Una espina clavada

Fue uno de esos antojos del destino. El último de todos los que habían desfilado sorprendentemente por aquel torneo disputado en la primera semana del mes de noviembre. David Ferrer se arrodilló sobre la pista cubierta de París-Bercy y se llevó las manos a la cara. No lo podía creer. Se levantó, miró al cielo y sus ojos encontraron la […]