El hombre que vendió la Torre Eiffel

Delinquir contra la propiedad, cuando se hace bien, de forma limpia y pacífica, con buen gusto y precisión cirujana, es todo un arte. Por eso resulta tan curioso comprobar cómo a veces algunas de las proezas más significativas de esta disciplina se realizan del modo más fortuito. Como si no consistiesen en mucho más que una mera cuestión de azar. […]