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Principio de gravedad

REF BAL0008
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Principio de gravedad no es un ardid para colarnos el enésimo llanto por lo-mal-que-me-trata-la-vida. El hecho de que el lenguaje bascule entre lo coloquial y el léxico culto, y también entre lo prosaico y una jerga científica que obliga a estar alerta, responde a algo más que a una mera cuestión de estilo. La recurrencia de términos como algoritmo, o de otros procedentes de la medicina o la biología, se antoja un astuto parapeto contra la embestida viscosa del confesionalismo desbocado. Y, por otra parte, en lo que se puede advertir como prosaísmo en muchos de estos versos se embosca una notable necesidad de contar, revelar, desvelar, compartir. Si el poeta requiere echar mano del enunciado torrencial, imprecatorio a ratos, lo hará sin melindre alguno. Y si a una extensa filípica conviene acompañarla de una sentencia seca y breve, a veces de una única palabra, también la veremos estampada como se estampa un puñetazo. De hecho, se diría que, con el discurrir del libro, el versículo furioso se fuera adelgazando hasta instalarse en una cierta vecindad con el decir epigramático: «Habla con aquellos que murieron. Habla». (...) Y es que lo que invocan estos poemas de largo aliento no es el orbe ni el orden (nada aquí está completo ni se sabe qué hora es —¿las doce?, ¿por qué?— en el reloj), sino que se celebra con amargura la génesis caótica que procuró toda creación y a la que parece condenada a propender y regresar algún día (... con perdón). No se loa el universo: se lo denuncia. ¿O es que acaso el espacio no está también lleno de basura?

Alberto Chessa, extracto del prólogo


Astronaut Down, decíais, queridos amigos.

Nada podíais hacer. Nada podéis hacer

con vuestras vidas. Nadie os espera aquí fuera.

Estáis solos, muy solos. Y en verdad que solos

deseáis estar. Pude disfrutar del horizonte

como nadie y os pude observar en silencio.

Vuestro ruido no llega aquí arriba. Estúpidos.

A nada le importan vuestros deseos. Aquí

no hay tristeza ni espera y eso es más

de lo que nunca podréis conseguir. Ya sabéis

que desde aquí arriba no se ven las fronteras

ni vuestras casas. Pero sé que vuestra existencia

es una casualidad mientras vosotros os aferráis

a la idea infantil de que vivís una vida repleta

de causalidades que os diferencian de los demás.

Muy fascistas en el fondo, queridos amigos. Aun

así albergo la esperanza. Hay rincones, esquinas,

sótanos, bares que aún recuerdan a la tribu,

hablar y reír, incinerar en la hoguera

lo poco que sabemos del ser humano.

Llorar con un whisky roto en la mano. Sí,

asalariados del capitalismo, explotados

por la sexualidad y la drogadicción,

de la felicidad como resignación. Sí,

fanáticos míos,

aún se toca Jazz en el Gueto

y en todo este tiempo es lo único que he escuchado.

La atonalidad del universo.


Vicente Velasco Montoya (Cartagena, 1976). Licenciado en Historia y Antropología Social y Cultural, ha estado vinculado desde muy temprana edad al marco cultural y poético del sureste español, habiendo cosechado diversos premios de nivel nacional, todos ellos de poesía. Director y cofundador de la ya desaparecida revista literaria Amalgama, la cual alcanzó los siete números en papel (1999-2001). Ha aparecido en diversas publicaciones como Antaria (Fundación Cajamurcia), Hache (Museo de la Ciudad), la revista digital El coloquio de los perros o Manifiesto azul, colaborando esporádicamente en otras. Incluido, a su vez, en diversas antologías poéticas como Antología del Mediterráneo (Nausicaä - Librería Escarabajal, 2000-2004), Las letras (Ayto. Cartagena - Patronato Carmen Conde, 2006) o el homenaje a Serrat Con diez cañones por banda (Huerga y Fierro, 2008).

Este primer capítulo de Principio de gravedad: Nada va a salir bien es su segundo poemario tras Ningún lugar (Diputación Provincial de Jaén, 2012).

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