Manuel de Lorenzo: Salvando a Jordi Évole

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Vivimos dentro de un western. Nuestras vidas se desarrollan en una película de John Ford en la que todos —no podía ser de otro modo— somos vaqueros. Absolutamente todos, sin excepción, estamos del lado de los buenos. L’enfer c’est les autres.

Resulta inquietante cómo toda la coyuntura económica, laboral, política, cultural y social parece haberse reducido a un conflicto entre personas honradas e hijos de perra en el que, como es natural, nadie pertenece a este último bando.

Y es comprensible. No es corriente reconocerse entre los malos. No obstante, esta seguridad inquebrantable en la probidad de nuestros actos acarrea una peligrosa consecuencia: todo lo que hagan los míos está bien. Y viceversa.

La facilidad con la que aplaudimos la opinión aparentemente más acorde con nuestra pretendida posición en el tablero es preocupante. Actualmente es de su origen y no de su sensatez de lo que depende la aceptación de cualquier criterio. El buen juicio ha dejado de tener relevancia como filtro. Se ha extinguido la duda razonable. En resumidas cuentas, si estás de mi lado mereces mi apoyo y si no lo estás, no. Sin medias tintas. Sin embargo las cosas, me temo, casi nunca son blancas o negras.

Hace unos días me llamó la atención lo mucho que había sido compartida en las redes sociales una petición de la asociación Democracia Real Ya cuya finalidad era elevar lo máximo posible la audiencia de Salvados la noche del 2 de diciembre. Al parecer, Jordi Évole y su equipo habían denunciado con anterioridad el oligopolio de las compañías eléctricas en España, lo que habría precipitado la posible cancelación de su programa debido a la presión que Unesa, la asociación española de la industria eléctrica, estaba ejerciendo sobre José Manuel Lara, presidente del Grupo Planeta y por lo tanto accionista mayoritario del Grupo Antena 3, del que depende desde el  1 de octubre de 2012 la Gestora de Inversiones Audiovisuales La Sexta y la cadena de televisión en la que se emite el espacio amenazado. Lo que Democracia Real Ya proponía en su manifiesto era la sintonización de la Sexta el domingo por la noche para que la eventual supresión de Salvados no pudiese justificarse por unos índices de audiencia insuficientes. Y me parece muy bien. Si la coacción del lobby eléctrico derivase en la supresión del programa, el escaso apoyo del público no sería la causa. Nada que objetar.

Lo que escapa a mi entendimiento, sin embargo, fue la reacción de la gente ante tal propuesta. Confundiendo churras con merinas, muchos de los comentarios exigían con vehemencia que Salvados siguiese en antena y se referían al despido de Évole como abusivo e intolerable. Poniendo el grito en el cielo, los usuarios amenazaban con no volver a ver esa cadena, consideraban inadmisible la cancelación del programa y prácticamente veían la claudicación del señor Lara como un atentado contra un ya maltrecho Estado de Derecho que en ningún modo debía permitir semejante injusticia.

Definitivamente, nos hemos vuelto locos. Basta con encender una simple antorcha para hacerse al instante con toda una legión de efusivos y chillones indignados dispuestos a hacer bandera de cualquier causa. Qué barato debe de estar el kilo de militancia, carajo.

Efectivamente, la televisión en este país es un servicio público, pero exceptuando la prestación del mismo que hace la Corporación Radiotelevisón Española, su gestión indirecta por parte del Grupo Antena 3, Mediaset España o la sociedad de comunicación de Perico el de los palotes está en manos de empresas privadas. Lo que, en esencia, viene a ser lo contrario de una empresa pública. Cosas veredes.

Si fuese La 2 Noticias —o cualquier otro programa de la televisión pública— la que viese amenazada su existencia por haber incordiado a quien se suponía que no debía ser incordiado y RTVE sucumbiese a la presión de un grupo determinado de empresas, entendería la irritación popular y estaría de acuerdo con la reprobación de su cancelación. Pero Jordi Évole y el equipo de Salvados trabajan para una sociedad mercantil que, mientras se mantenga dentro de la legalidad, puede hacer lo que le venga en gana. Y además, por si esto no fuese suficiente, es perfectamente comprensible.

Probablemente, Antena 3 —el Grupo Planeta, José Manuel Lara si me apuran— tenga intereses comunes con Endesa, Gas Natural, Iberdrola, etc. Es probable que incluso tengan algún acuerdo comercial o que estas participen de algún modo en la financiación de aquella. A través de la publicidad, sin ir más lejos. Al comprobar que en uno de sus programas se había perjudicado su imagen, exigen a su accionista mayoritario a través de la asociación que las representa la fulminación inmediata de su responsable como compensación —según las sospechas de la asociación Democracia Real Ya; personalmente, dudo mucho que haya sido así porque a nadie le interesa tan mala prensa—. De no acceder a sus exigencias, no sería extraño que se rompiesen los vínculos entre ellas, con las indeseables consecuencias económicas que ello supondría para el Grupo Antena 3. En un plato de la balanza se encontraría Salvados y su público y en el otro un colectivo empresarial cuyo apoyo es posiblemente imprescindible. Si debido a la negativa a suprimir el programa las compañías eléctricas retirasen su patrocinio y por lo tanto fuese económicamente imposible mantener todo un canal del grupo —Neox, la Sexta 3 o Gol Televisión, por ejemplo—, me gustaría a mí ver cuáles serían las consecuencias reales en número de espectadores y cuántos indignados denunciarían a voz en grito los más que probables despidos que ello implicaría. Comparándolo con la desaparición de un solo programa, no me parece tan descabellado evitar esta opción. Porque al fin y al cabo, se trata de una empresa privada y son sus intereses lo único que está verdaderamente en juego para ellos. No nos olvidemos. Si supiesen que emitiendo 24 horas al día un reportaje sobre chimpancés copulando iban a obtener más audiencia, lo harían sin pestañear.

Seamos realistas. Supongan que tienen ustedes una empresa para la que es clave mantener una buena relación con otra —aun siendo esta un dechado de corrupción y tráfico de influencias, lo cual no seré yo quien lo niegue— y uno de sus empleados pone en peligro esa relación haciendo públicas a bombo y platillo las malas artes y prácticas ilegales de esa empresa cuyo padrinazgo ustedes necesitan en un momento dado. ¿Qué harían con su empleado una vez se les haya pasado el pasmo? “Es que yo no tendría negocios con una empresa si supiese que su conducta es censurable”. Venga ya… No me vengan con moralinas.

Entiendo que habrá quien se pregunte qué queda entonces del periodismo. Qué hay de la noble labor de informar objetivamente al ciudadano. Pues muy poco, sinceramente. Hoy en día, la independencia y neutralidad de los medios de comunicación dependen enteramente de su autosuficiencia financiera, y eso es algo que escasea… ¿O alguien se cree aún que leyendo únicamente Publico o La Gaceta —o El Mundo y El País— está perfectamente informado? Los periódicos, las cadenas de televisión y las emisoras de radio se deben a sus principales patrocinadores, que directa o indirectamente sueltan el dinero con la mano que no está apretando la del partido político de turno. La línea editorial es sagrada, y quien la cruza suele exponerse a una amable patada en el culo.

Esto no quiere decir, por supuesto, que estemos condenados a la desinformación. No solamente es eludible mediante la recomendable lectura y consumo de diferentes medios, hijos cada uno de su padre y de su madre, sino que, por fortuna, todavía existen medios independientes, y en los que no lo son, todavía quedan periodistas con cojones. Como Jordi Évole, sin ir más lejos.

Una cosa es que me parezca una barbaridad que la gente prácticamente exija a los poderes públicos la paralización de la posible cancelación de Salvados y otra muy distinta no reconocer que el equipo que hace posible el programa los tiene muy bien puestos. Admito que en alguna ocasión, en relación con algún tema concreto, me ha parecido un tanto tendencioso, pero en general hay que quitarse el sombrero. La labor informativa a la que me refería antes, la que sirve de sustento a ese periodismo valiente, se mantendrá intacta mientras sigan existiendo periodistas dispuestos a informar. Sin ataduras. Aunque el precio sea a veces demasiado alto, desgraciadamente. Sin embargo, la grandeza de esa valentía depende de la coherencia con que sus consecuencias sean asumidas. Los actos heroicos no son admirables por sí mismos, sino por la aceptación de las responsabilidades que acarrean. En el caso de la denuncia del oligopolio de las compañías eléctricas, Évole hizo lo que creyó que debía hacer, pero de igual forma y por las razones expuestas, si eso derivase en la desaparición de Salvados tendría que entenderlo. Todos tendríamos que entenderlo. Ni la Sexta ni el Grupo Antena 3 son medios públicos —en cuyos programas bastante politización y amiguismo hay ya y contra los cuales sí deberíamos levantarnos— y es ilógico pensar que puedan estar de acuerdo con el boicot de sus propios intereses.

No me cabe ninguna duda de que, de ser ese el desenlace de este asunto, esa sería precisamente su reacción. Sin embargo, quiero pensar que Jordi Évole no es tan insensato como para poner en peligro tan alegremente a su equipo y su programa. Su atrevimiento como periodista ha quedado de manifiesto en anteriores ocasiones, pero esta es una cuestión de supervivencia. De haber existido una posibilidad real de que su delación fuese la sentencia de muerte de Salvados —la línea que separa la valentía de la imprudencia es demasiado fina—, estoy convencido de que ese programa no se habría emitido. “Para hacer un programa como el que hacemos necesitas detrás directivos y yo me siento muy respaldado por mi cadena”, ha declarado recientemente. La verdad, creo que Évole sabe de sobra dónde puede y dónde no puede pisar.

No me malinterpreten. Pueden ustedes protestar todo lo que les dé la gana acerca de lo que les dé la gana y en la forma en que les dé la gana. Pero entiendan que me fastidie que hoy en día todos parezcamos estar dispuestos a enfrascarnos en tantísimas batallas insignificantes sin detenernos siquiera a pensar un poco en qué estamos haciendo. Sobre todo con la cantidad de alarmantes tropelías que se están cometiendo y respecto a las cuales sí convendría aunar protestas. Entiendan que me fastidie. Y si no lo entienden, da igual… Al fin y al cabo, yo también puedo protestar todo lo que me dé la gana acerca de lo que me dé la gana y en la forma en que me dé la gana. ¿No es así como funciona?

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58 comentarios

  1. Alex F

    A mí me gusta Salvados, aunque a veces me arrepienta de verlo por la mala sangre que me hago.

    Ahora bien, normalmente dan voz a todas las partes en un determinado tema (“buenos” y “malos” por así decirlo).

    SIn embargo en el caso de las eléctricas el mismo Évole dijo en twitter que no se entrevistó a Unesa. No entiendo: ¿por qué? ¿no queda un poco raro denunciar un presunto oligopolio sin hablar con los “oligopolistas” para que den su visión del asunto?

    • Carlos Vega

      Se descartaron otras 15 entrevistas ya que el programa solo dura 50 minutos.

      La entrevista no sé grabó no es que se grabase y no se emitiese.

    • multikulti

      Eso fue comentado. No quisieron aparecer en el programa. Y no hacía faltar ver Salvados para saber porqué: no sentían ni puñeteras ganas de dar explicaciones a la plebe.

  2. Pingback: Manuel de Lorenzo: Salvando a Jordi Évole

  3. Peter Begwood

    Tu también protestas por los que protestan ;)

  4. La reacción fue excesiva, estoy de acuerdo. Pero también me pareció excesiva con los primeros murmullos de que se cancelaba Carne Cruda, no quise creerlo y ahora mira… Y creo que mucha gente actuó de manera excesiva por esta misma razón. Ya no es por Jordi Évole, es por Ana Pastor, Juan Ramón Lucas, Toni Garrido, Javier Gallego Crudo, etc etc. La diferencia como bien apuntas es que La Sexta es un medio privado, pero ello no deslegitima la protesta ya que se protesta por lo mismo: los lobbys políticos. Porque que UNESA haga presión por el programa es política, la misma política que permite que sea un oligopolio y la misma política que permitió echar a muchos grandes periodistas de los medios “públicos”.

  5. No es que critique la decisión de LaSexta o el Grupo Planeta, o de quién sea, pues por supuesto que tienen total derecho a programar lo que quieran.

    Lo que tengo es miedo de que se cancele Salvados, pues no hay un programa así en toda la parrilla televisiva, de tanta presión para los estamentos -y más desde el adiós de Anita Pastor-.

    El miedo se multiplica todavía más con la certeza de que ningún otro canal aceptaría a Évole para hacer otro programa del mismo estilo.

    Si definitivamente a Jordi Évole le cancelan Salvados -de momento ya ha renovado- me temo que tendrá que volver al humor…

  6. Jeremías

    “Porque al fin y al cabo, se trata de una empresa privada y son sus intereses lo único que está verdaderamente en juego para ellos…”

    Pues, no. O no debería. Según la Ley 10/1988, de 3 de mayo, de Televisión Privada, “la televisión es un servicio público esencial, cuya titularidad corresponde al Estado. La finalidad de la televisión como tal servicio público ha de ser, ante todo, la de satisfacer el interés de los ciudadanos y la de contribuir al pluralismo informativo, a la formación de una opinión pública libre y a la extensión de la cultura. La titularidad estatal del servicio público no implica, sin embargo, un régimen de exclusividad o de monopolio, sino que, por el contrario, la gestión del servicio puede ser realizada en forma directa, por el propio Estado, y de una manera indirecta, por los particulares que obtengan la oportuna concesión administrativa”.

    • Antonio

      Exacto. Tan sencillo como eso, no hay mas que decir.

    • Guille

      Muy bueno ;)

    • Creo que la ley de comunicación audiovisual de 2010 eximía a las televisiones privadas de tener servicio público. Vamos, si me acuerdo algo de la carrera…

      • Jeremías

        De la Ley de 20120: “Los prestadores del servicio de comunicación audiovisual tienen el derecho a fijar la dirección editorial mediante la selección de los contenidos y la determinación de los horarios, (pero) la libertad de prestación del servicio de comunicación audiovisual se ejercerá de acuerdo a las obligaciones que como servicio de interés general son inherentes a la comunicación audiovisual…”

    • Exacto . Esto es algo que a mucha gente se le olvida. El argumento de Vasile de “a mí no me pagan por educar, sino por facturar”. Pues no. Usted tiene una cadena de televisión, que ha sido elegida sobre otras para obtener una licencia. Por tanto tiene usted una responsabilidad implícita que ha de cumplir. En cuanto a rtve, siempre que llega un nuevo boierno , entra gente del bando nuevo y sale la del antiguo. Lo hace el PSOE , lo hace el PP. Así que a Garrido, Lucas, Pastor, etc … quien a hierro mata, a hierro muere. De hecho, Pastor es quien más lo merece, pues su entrada en rtve es un episodio vergonzante. Su marido (o compañero) contrata a Mendizábal, y a esta la sustituye Ana Pastor en prime time en la Primera sin experiencia previa en televisión. Meritocracia a la española.

  7. Es muy interesante su perspectiva don Manuel. Es obvio que hay que ser consciente de una parte -y recalco UNA parte- de los intereses que mueven a una empresa privada, como es La Sexta, Mediaset, Grupo Planeta…, pero me parece que flaquea usted cuando no comenta el otro actor ante el que debe rendir cuentas, en este caso, La Sexta. Ese actor no es otro que cada uno de los cuatro millones de espectadores que cada domingo ve Salvados -y su publicidad, evidentemente-, sin los cuales el margen de beneficio de dicha cadena se vería sustancialmente reducido. Sí, están los intereses de los patronos, de las grandes compañías, pero La Sexta también tiene que mantener un público que le da de comer y ante el que tiene que responder.

  8. Dos apuntes:

    1) Si Salvados se hiciera en un medio público, sería un coñazo soberano, esté en el poder PP o PSOE.

    2) La línea que separa la valentía de la imprudencia se llama éxito.

  9. Por lo visto, toda esta historia ha sido un bulo desmedido que ha surgido por la queja de Unesa. Aquí lo explican muy bien:
    .mcshuibhne.com/es/2012/11/29/desinformacion-y-rumorologia-en-las-redes-sociales-el-caso-salvados-vs-unesa/

  10. Me ha parecido un artículo genial, y comparto en gran parte sus argumentos, lo que resulta mas destacable de este es su mención al periodismo como clave. Como uno de los justos y honrados que me considero, entiéndase la ironía, a mi al menos me parece que, una cita como esta…

    “Porque al fin y al cabo, se trata de una empresa privada y son sus intereses lo único que está verdaderamente en juego para ellos. No nos olvidemos. Si supiesen que emitiendo 24 horas al día un reportaje sobre chimpancés copulando iban a obtener más audiencia, lo harían sin pestañear.”

    … es incompatible con una deontología periodística. Pareciese que por definición, el periodismo no puede ser una actividad privada controlada así, aunque sin embargo lo es. Quizá las críticas de Democracia Real, no las conozco con detalle, tienen que ver en general con la mercantilización de la información. Es muy respetable una pluralidad en función de ideología, pero ¿en función de intereses privados concretos? Es dotar al periodismo de una moral heterónoma, y oye, cada uno puede decir lo que quiera, pero por lo menos que sea porque el piensa así o lo ve así.

  11. Fran Cora

    Estando de acuerdo con el artículo, creo que el movimiento “pro-Salvados” es fruto de la indignación general, del status quo de engaño contínuo y manifiesto por parte de nuestros representantes políticos y del poder que, demasiado tarde, estamos descubriendo que atesoran los bancos y demás lobbys en España y lo que ello produce: ESTADO-OLIGOPOLIO y RABIA DE SUS CIUDADANOS.

  12. Un poco superficial el análisis, no? Lo que yo veo con este caso, con el te telecinco y con alguno más antes (facebook por ejemplo) es que está cambiando la relación entre las empresas privadas y los consumidores. Creo que ya no se puede ir diciendo simplemente eso de “si no te gusta tal, pues cámbiate a la competencia” porque cada vez más los usuarios quieren opinar (y quejarse) sobre los productos que consumen. Y creo que muchas empresas se están dando cuenta ya.

    Y por cierto, siempre me ha causado mucha gracia eso de defender que la censura es horrible y propio de dictaduras cuando la ejerce el estado, pero que si es por parte de una empresa es totalmente lógico y racional.

  13. Anonymous

    Vale, pues como todos los medios dependen de algún banco, eléctrica o grupo empresarial, nos jodemos y nos tragamos las mentiras que difunden, aguantamos la ocultación de noticias que perjudican sus intereses, o directamente apagamos la tele y nos enteramos de lo que ocurre en el mundo por la tertulia del bar de abajo, ¿no?

  14. Tiene razón, nadie puede decir que no haría negocio con una empresa de conducta censurable. Pero, ¿es por ello lo correcto por lógico que nadie se manifieste en contra de que se haga?
    Podemos aceptar que es así la realidad y resignados, dejar de todo siga igual. O podemos trabajar por que cambie esa realidad. Aunque, ¿para qué? si los nuevos que ocupen ese lugar terminarán haciendo lo mismo que a los que derribaron.
    Porque no es culpa del capitalismo, es culpa del ser humano. No creo que exista una persona que teniendo mucho, dé todo. Cuando no se tiene nada, se comparte. Pero cuando se empieza a ganar, todo es egoísmo. Con suerte, habrá alguna persona que regalará las sobras, pero habrá muchas otras que quizá se quejaron de los que tenían y no daban, que se queden con todo lo suyo y lo de los demás.

  15. Estimado Manuel de Lorenzo, ni entiendo tus porques, ni los comparto.
    Además, tu panfleto destila un cuerto tufillo fascistoide que no me gusta ni lo más minimo

  16. Juan José Martínez Jambrina

    Tienes razón, Manuel. Hay que estar muy atentos a estas campañas virales. A la que bajas la guardia ya estás dentro.

  17. Grandioso artículo, por una vez sale a la palestra la honestidad, y no la burda hipocresía constante y atosigante de ese colectivo autodenominado “indignado”.

    La hipocresía de este país es verdaderamente alarmante, y seamos francos, en hipocresía no hay quien venca a los medios y todo en conglomerado “progresista” que abunda y se hace oir con arengas tan vacuas como funestas.

    Los indignados no se indignan de ver un mundo en el que mas de tres cuartas partes del mismo viven peor que el menda, no les importa lo capital, solo las pequeñas minucias, rescollos sin ningun valor real ni práctico.

    Lo importante lo desconocen, no lo necesitna para jugar a eso de ser neomarxistas y utópicos semitizados, absolutamente descalabriados y desorientdos, dando palos de ciego para satisfacer su ansia ociosa.

    Manejar a las masas requiere maquiavelismo, a leer el príncipe protoidealistas.

  18. Anónimo

    Ya está. Mejor borramos todos los demás canales de TV y nos quedamos con Telecino. Sálvame y Gran Hermano las 24 horas del dia.

  19. La patronal de las eléctricas simplemente se quejó por no aparecer en las entrevistas. Dudo mucho que el programa del follonero moleste seriamente a alguien. Que algunos consideren que lo que hace Evole sea el paradigma de periodismo de denuncia en este país dice muy poco de nosotros. El ínclito y omnipresente follonero haciendo unas cuantas entrevistas previsibles y obvias aderezadas con “ostis”y arremangamientos no se aguanta como programa serio. Además tiene la virtud de rebajar al entrevistado al nivel del entrevistador. Era más gracioso como pseudo-humorista. Para algunas almas cándidas es un gurú. Así están los tiempos.

  20. Pues sí, Manuel, hoy las protestas responden más al mercadeo de las representaciones que al valor de los criterios. Pero hay que tener cuidado, ese argumento se puede volver en contra con mucha facilidad.

    Entre otras cosas porque servidor te ha leído por las mismas razones.

  21. Pues no, no te entiendo. No entiendo por qué te molesta tanto que la gente proteste porque quieran eliminar un programa de calidad. Es una injusticia. Cierto que en el mundo hay problemas más importantes, pero no veo qué tiene eso que ver. Existe el derecho a la información, por mucho que los medios sean empresas privadas y estén sujetos a intereses determinados. Y no me vale que existan medios alternativos que no estén sujetos a esas presiones. Hemos dejado que las empresas se apoderen de los medios de comunicación, cuando ellas también dependen de los medios. Se debería establecer entre ellos una relación de negociación, pero no de sumisión y es algo que debe denunciarse.

  22. Absolutamente de acuerdo con tu artículo.

    Sería conveniente que la gente que se lanza a colgar chorradas en facebook exigiendo justicia tuviese un poco de criterio, información y sentido común.
    Algunos parecen borregos actuando sin reflexionar un poco…

  23. Fulgencio Barrado

    No entiendo el sentido del artículo ¿se queja de que la gente salga en apoyo de un periodista supuestamente agredido en su ejercicio de la libertad de prensa?.
    Creo que el periodismo de verdad existe para mostrarnos la verdad (o diversas verdades), e impedir que nos sea hurtada por todo tipo de intereses, grupos de presión, censuras….
    Creo que el artículo únicamente puede entenderse desde la postura personal del autor y su hartazgo con los temas de denuncias, movimientos asambleístas, etc, etc, etc,. Por que en términos objetivos no acabo de entender si está defendiendo la libertad de prensa o lo contrario, o lo único que le parece mal es que esa libertad de prensa la defiendan otros, o si es que le resulta excesiva la “sensibilidad” popular en estos casos.
    “Mequedao” como cuando empecé a leer el artículo. Vamos, que como si no lo hubiese leído.

  24. Gerardp

    Realmente deleznable este artículo. Si no he entendido mal , lo que se deduce de lo que escribes es que el periodismo tiene que estar al servicio de quien paga, no de los lectores o televidentes. Parece que se te olvida que el verdadero sustento de un canal de televisión son sus espectadores y que sin ellos no habría ingresos por publicidad.
    Así que no se si Salvados será el paradigma del periodismo de investigación o no. Ni siquiera voy a entrar en valorar su calidad. Pero creo que perder este programa que de vez en cuando destapa el panorama dantesco de nuestro país sería una verdadera lástima.
    Al igual que es una lástima que dediques esta columna a opinar, como tú mismo dices, de un asunto tan banal como es la cancelación de Salvados en vez de denunciar cualquiera de las injusticias que tan bien conoces y sobre las que apenas te he leído.
    ¡Hasta el siguiente artículo!

  25. Gerardo

    Me parece deleznable este artículo.
    Primero por liberar al periodismo de cualquier posibilidad de denunciar fraudes si por ello se atenta contra los intereses del que paga.
    Segundo por tu falta de desconocimiento. Es posible que las eléctricas financien a La sexta, pero lo hacen debido a los ingresos derivados de que la gente vea sus anuncios. Sin espectadores no hay dinero. Así qué el fin último del director de una cadena son sus televidentes no quien paga.
    Tercero por la soberana memez de que te moleste que la gente se ponga de acuerdo para salvar un programa que no se si será o no el paradigma de la investigación, pero que al menos sirve para informar al ciudadano medio de los atropellos que dia a día sufre sin enterarse.
    Y cuarto por tu demagogia al criticar que la gente proteste ante una posible cancelación del programa por parecerte un tema banal. Por supuesto que apenas tiene relevancia habiendo cosas peores de las que quejarse pero por algo se empieza y hasta que la gente no vaya tomando consciencia de la situación en pequeños detalles no podrá hacer frente a las grandes estafas.
    Pd: Me encantaría que tu siguiente artículo tratase alguna de las grandes tropelías de las que hablas y así tuviese que retirar mis palabras, aunque supongo que es más fácil escribir un post a caballo entre la crítica fácil y la demagogia de saldo.

  26. Alexis Chustas

    Al que si le paso de verdad fue a Javier Gallego “Crudo” , RIP. Pero vamos.. me parece un articulo que no viene a decir nada.Si te fastidia q la gente sea alarmista mira para otro lado,pero eso lleva siendo asi toda la historia.

  27. Es curioso que la gente proteste contra que el que anuncia las tropelías se vaya a la calle y no contra las tropelías en sí mismas.
    Es como que queremos saber cómo nos roban y nos sodomizan pero no haremos nada para evitarlo. Solo queremos saberlo.
    Es un poco “pero usted me va a meter esa bola de plomo por el trasero?” “sí, qué pasa” “ah, nada; meta, meta, solo quería saberlo”.

  28. Bitter-Kas

    Pues sí y pues no.
    Imagino que el objeto de la manifestación era presionar al Grupo Antena 3 sobre las consecuencias que en su audiencia tendría la supresión de Salvados.
    Presión tan legítima, por parte de ciudadanos que consideran importante que se sigan emitiendo programas críticos, como lo pueda ser la de las compañías eléctricas.
    A fin de cuentas se trataba de utilizar el mismo lenguaje de los negocios, el único que parecen entender y el único que les puede convencer. Negocio es dinero y dinero, para un grupo televisivo, es audiencia. Así que eso es lo que hay y lo que cada día habrá más. ¿Quién sabe si sin tanto revuelo las cosas hubieran sucedido de igual forma?
    Al final, pasará con prensa y televisión lo mismo que pasa con todas las empresas, acabarán en manos de muy pocos en un entramado de intereses dispersos que utilizarán únicamente en función de lo que más rentable les resulte económicamente. Bienvenidos al mundo libre del capitalismo desregulado. Es maravilloso ¿verdad?

  29. Galahat

    Puedo entender el posicionamiento del autor en lo que los medios privados y su propia programación se refiere y en que existen cuestiones infinitamente más graves (i.e. desmantelamiento de la Sanidad y Educación pública) por las que indignarse, pero se me escapan demasiadas cosas del planteamiento.

    Los medios privados, dentro de una deontología periodística, pueden programar lo que deseen (faltaría más), pero viven de la publicidad y los anunciantes, a su vez, viven del espectador/consumidor, que es al que dirigen sus productos. Tal y como señala Bitter-Kas, los espectadores de dicho programa están usando el único lenguaje que entienden: el de los negocios. El señor Lara y accionistas tendrán que valorar qué les resulta más rentable: si el dinero que invierten en su medio las compañías eléctricas (entre muchas otras) o los espectadores a los que se dirigen dichas compañías. Estoy dejando conscientemente de lado cualquier otra cuestión que no sea la económica.

    Por otro lado, y es quizá donde me pierdo del todo, el artículo desarrolla una idea que le lleva a caer en su propia trampa. Si las protestas de los espectadores por un programa televisivo de un canal privado son nimias, la protesta por esas protestas aún lo es más. Al final cada uno es muy libre de indignarse por lo que considere (incluido por aquello de lo que se indignan los demás), pero si yo me indigno por lo que se indignan, difícilmente puedo echarles en cara que protesten por esa razón si yo estoy protestando porque ellos protesten por esa razón. No sé si me explico.

  30. Pantagruel

    Resumen del artículo para dummies:
    Danzad, danzad, malditos. Necios, que sois unos necios, no dejéis de autocensuraros (he aquí los criterios de autocensura, a saber: …) o de lo contrario se os rebanarán convenientemente vuestras criadillas para pasto de los puercos.
    Así nos luce el pelo en este país de mierda.

  31. Jason Compson

    Sin entrar en el debate, hay una cosa que me sorprende que nadie haya mencionado. En televisión, las audiencias se miden por audímetros. Da igual la cantidad de gente que vea el canal, solo importa que lo vean los que tienen audímetros.

    Esta frase no tiene mucho sentido ¿no?

    “Lo que Democracia Real Ya proponía en su manifiesto era la sintonización de la Sexta el domingo por la noche para que la eventual supresión de Salvados no pudiese justificarse por unos índices de audiencia insuficientes. Y me parece muy bien. Si la coacción del lobby eléctrico derivase en la supresión del programa, el escaso apoyo del público no sería la causa. Nada que objetar.”

    • Puede tener sentido como hecho simbólico, para que vean que hay espectadores dispuestos a defender el programa. La medición de las audiencias y el asunto de los audímetros es tal tomadura de pelo que supongo que sirve para algo porque todos se han puesto de acuerdo para guiarse por semejante tomadura de pelo.

  32. Daniel Ferradal

    Hola,

    Solo un gilipuertas que no vive pendiente de un hilo o cagado de que si se va al paro se las va a tener y desear puede escribir un artículo con este enfoque.

    Mire usted señorito, sus cuatro primeros párrafos se los resuelvo yo en dos palabras: honestidad, honradez, dos axiomas que no necesitan aclaración o explicación alguna, y todas las demás gilipolleces que habla de bandos, etc. están de sobra.

    Y si, hay unos que somos del bando de los buenos, sin lugar a dudas. Los que nunca hemos estado fuera de la ley, ni hecho trapis de ningún tipo y que se cagan en la madre de hacienda, comunidades y demás cuando les llega la factura del gas, de la luz, pagamos la gasolina a precio de oro, hacemos la declaración de la renta o pagamos el jodido IBI, pero que pagamos sin rechistar.

    Me explico un poco más… Salvados es una de las pocas vías que de una forma única está dando a voz a los que no la tienen. Está de más que lo estén echando en la Sexta o la cadena privada que fuera, aunque parece que a usted es lo único que te preocupa… frialdad y desapego ante todo hombre, ni que fueras “liberal”.

    Salvados no solo está dando voz y expresando con claridad lo que muchos sin voz reclaman/quieren reclamar, es probablemente una de los pocos medios que con meridiana claridad está dando nombres y apellidos de los que han estado y están convirtiendo a España en el país que es con valentía.

    Sin hacer sangre ni ir a al cuello está sacando los colores a muchos, y es lo que hace falta, una voz que con mayor o menor acierto ponga a cada uno en su sitio, porque en el resto de los medios, políticos mientras el país se va a la mierda, siguen con sus bandos a muerte… esos de los que probablemente quería estar hablando al principio del artículo pero que erra el tiro.

    Y al señor que escribe este artículo, simplón y distante, lo que realmente importa y se recrea en este artículo argumentando que la Sexta o cualquier cadena privada puede hacer lo que quiera con sus programas…

    ¿No cree que el motivo por el que la gente (“legión de efusivos y chillones indignados dispuestos a hacer bandera de cualquier causa” como tú les calificas) se escandaliza solo de pensar que puedan cerrar este programa va un poquito varias magnitudes de distancia más allá de lo que expone usted aquí? Piense un poco.

    Lo que no se ni entiendo es como en lugar de escribir de estas gilipolleces haciendo sangre de las opiniones de gente que no se puede defender, no intenta escribir un poco más de las injusticias que hay en este país, país en el que desde hace años ha estado robando “todo quisqui” pero eso sí… vamos a rasgarnos las vestiduras cuando la gente se alarma de que otra voz honesta y bien intencionada puede acabar siendo callada, aquellos que siguen buscando únicamente su propio interés y tapar la mierda que tenemos bajo la alfombra, cuando eso nos va a hundir más y más.

    ¿Qué facil es criticar a la gente verdad?

  33. El autor del artículo en lugar de preguntarse porqué la presunta cancelación de un programa genera tantas adhesiones en la red y no otros, lo que hace es subrayar algo obvio y es que las televisiones son privadas y están para ganar dinero, claro amigo Manuel, como los Bancos, pero eso no les exime de su responsabilidad con los clientes que han confiado sus ahorros bajo unos compromisos, también éticos. De la misma forma, las cadenas de televisión no debieran eximirse de su responsabilidad de informar lo que puede constituir un delito perpetrado por un oligopolio a todos los ciudadanos de este país, por muchas presiones que puedan recibir de parte de Lobbys como el de las eléctricas. La acusación de moralina es por otra parte un lugar común del pensamiento neoliberal, que no es sino otra forma de moral basada en poner en primer plano la lógica del beneficio económico por encima incluso de lo que puede constituir no sólo un delito sino la constatación de un sistema democrático corrupto y oligárquico. La ausencia de compromisos éticos en las interacciones humanas sí que es una forma de moralina, es la moralina del capital. En lo que no cae en la cuenta el amigo Manuel es que bajo el mismo paradigma que defiende su trabajo carece de sentido y se convierte en prescindible. Paradojas del pensamiento débil.

  34. Antonio

    Perfecto artículo. Nada que objetar. Otro día lo mismo puedes escribir sobre la fórmula de desprestigiar un organismo público despidiendo a sus profesionales para después poder argumentar que ante la falta de audiencia es necesario privatizar. ¿Crees que es la estrategia?

  35. Hasta el gorro

    El artículo, ya lo han dicho arriba otros comentaristas, no hay por dónde cogerlo. Podrá no compartir el interés por el programa, podrá cuestionar el valor o los motivos de la campaña que se ha levantado para salvarlo, el problema principal es que, usando este movimiento como excusa, el autor asume que el periodismo esté secuestrado por intereses mercantiles como algo que debamos aceptar y no vea en ello incompatibilidad alguna con sus principios. No me gusta el programa de Évole. Es pura demagogia política, caricaturiza los asuntos que aborda, simplifica las cuestiones para adular a una audiencia que escucha lo que quiere oír (estos son los malos y aquellos los buenos) y lamento que se haya erguido en ejemplo de buen periodismo para tantos espectadores (medida de la polarización en que está embarcada esta sociedad). Creo que no lo es. Pero eso es una cosa y otra muy distinta dar cancha y consentir que el periodismo esté al servicio de los accionistas de los medios más que de la ciudadanía. Algo falla.

  36. Bitter-Kas

    En realidad el artículo nos hace un gran servicio pues pone de manifiesto cómo funcionan las cosas según la lógica implacable del dinero: el que paga, manda.
    Y es lo que hay. Podremos quejarnos, hablar de ética, escribir comentarios, arremeter contra el autor del artículo, pero ¿y qué?
    La realidad es que todo, y digo todo, está sometido a la rentabilidad económica y al dinero. Salta a la vista.
    Qué es verdad, qué mentira, qué es justo o injusto son cosas que prevalecen en función de su rentabilidad económica. El ejemplo más reciente, la amnistía fiscal.
    ¿Qué otra cosa podía esperarse de una sociedad en que la burguesía, entendida esta en los términos históricos de comerciantes y banqueros que surgieron en la Edad Media, ha alcanzado por fin su más absoluta hegemonía social? Son sus valores los que ahora rigen la sociedad con sus muy buenas consecuencias pero también con las malas.
    Así las cosas llegamos hasta Hayek, Friedman… como últimos ideólogos de la burguesía, cuyas tesis están siendo aplicadas con un rigor y fe en ellas dignos del integrismo ideológico más radical.
    Para ellos el mercado lo es todo (no otra cosa se viene a decirnos en este artículo), el mercado, con su orden espontáneo, regula la sociedad mejor que cualquier ley, creando una estabilidad social que nunca conseguirán los Estados. El ciudadano, afirman, desarrolla su libertad en la elección de las mercancías que el mercado le ofrece. En realidad, su voto libre queda mejor expresado por lo que compra que por el político al que elige.
    En una sociedad de mercado, la condición más plena y libre de ciudadano, es considerar a éste como consumidor. Este manifiesta su libertad y su opinión al comprar o consumir y no hay democracia más perfecta. De ahí la importancia de las audiencias, que no son más que el número de consumidores que tiene un programa.
    Dando esto por hecho, por más que no nos guste, que pataleemos, protestemos, nos indignemos y todo eso, lo cierto es que al antiguo ciudadano, en su nueva y se supone que más perfecta naturaleza de consumidor, que es, en definitiva, la única que se tiene en cuenta por el sistema de valores actuales, la única capaz de hacer valer su opinión y la que conforma en última instancia sus derechos ante los que controlan el mercado, a este ciudadano-consumidor sólo le queda ejercer como consumidor para intentar condicionar el mercado. Es lo que ha pasado con el caso de Jordi Évole.
    Si Salvados sigue emitiéndose no es por consideraciones éticas sobre el periodismo sino por su audiencia. Al grupo mediático no le interesan nuestras reivindicaciones como ciudadanos sino nuestras demandas como consumidores. Es lo que hay.
    Por tanto, y mientras las cosas sean como son, habrá que asumir que sólo como consumidores podremos hacer oír nuestra voz y que sea tenida en cuenta.
    No es, por tanto, ridícula la manifestación, sino plena de sentido en esta nueva sociedad regida por los mercados.

    • Hastaelgorro

      Y todo esto que señalas tiene un nombre y se llama… conformismo. Según la Rae: Práctica de quien fácilmente se adapta a cualquier circunstancia de carácter público o privado. Pero bueno, como tú dices, “es lo que hay”. Pues eso. Ahora bien, luego no nos quejemos de las consecuencias, ¿eh?

  37. Galahat

    En este caso, los espectadores de dicho programa no han sido conformistas. Simplemente han intentado utilizar el único lenguaje que los propietarios de los medios de comunicación entienden: el de los negocios. Como audiencia, puedes apelar a cuestiones deontológicas, éticas, morales o de cualquier otra índole, pero cualquier razonamiento que se salga de lo estrictamente económico les importa un carajo.
    ¿Qué les importa? Que les digas que ellos son muy libres de programar o quitar de la programación de su medio privado lo que deseen, de la misma manera que el espectador/consumidor es muy libre de apagar la televisión o cambiar de canal. Y claro, si la audiencia de un programa decide apagar el televisor, cambiar de canal o decirle a los propietarios que se metan dicho canal por el culo, son receptores/consumidores perdidos de cara a que la sacrosanta publicidad pueda venderles sus productos, y los anunciantes también vuelan. Sin audiencia, no hay publicidad.

  38. Observación:
    El articulista, que podría haber titulado el post, “atacando a Jordi Evole y salvando a las eléctricas” viene a decir “no contradigas a tus jefes”, “no muerdas la mano que te da de comer”. Pues bien, respeto tu opinión porque creo en la libertad de expresión y en la diversidad, no como un mal necesario, sino como una riqueza cultural. Ahora bien, me gustaría recordarte que las grandes barbaridades se comenten obedeciendo a unas leyes injustas o a unos jefes déspotas. Sí, voy a poner el ejemplo del nazismo: los que exterminaban en masa decían “solo obededíamos órdenes” … y se quedaban tan tranquilos (?)

    Deberes:
    a los que no les guste Salvados, que me hagan un listado de 10 programas de TV que se estén emitiendo en España y que sean más necesarios en este momento

    Sugerencia:
    para lo que no consideren al programa de Jordi Evole el paradigma del periodismo de investigación, propongo que busquéis otra etiqueta con la que sentiros más cómodos como periodismo de denuncia

  39. Vaya, si la gente, según tú se queda en lo superficial por defender a este individuo, por pura deducción tú te quedas en lo superficial criticando esa actitud. De la gente es perdonable, pero a un articulista se le exige un mínimo de interés.

    Quizás si hubieses estudiado el porqué de esa indignación y lo que representan los programas de este individuo en la población, en fin…

  40. Corleone

    Lo que más me gusta de tu artículo es que haces pensar con argumentos. Como bien dices hoy en día eso no vende. Gracias por hacerme reflexionar

  41. Pingback: Sobre redes sociales y sensatez | Francisco Gallego

  42. tonipauan

    Creo que en este artículo se está escamoteando la cuestión de fondo, a saber: la crisis de credibilidad de unos medios más preocupados por servir a sus propios intereses y el de sus consejos de administración que al interés general de la ciudadanía.

    No es una cuestión de “buenos” y “malos”, sino de poder -el poder de imponer una determinada visión de las cosas-, y afecta a funcionamiento mismo de la democracia.

    Por otra parte, empieza a ser estomagante que los directivos de las cadenas recurran exclusivamente a los indices de audiencia para justificar una programación cada vez más vomitiva en un país donde el consumo de televisión aumenta día a día.

    Ya sé que de alguna forma esos mismos directivos tienen que “salvar el culo” ante los consejos de administración, ¿pero dónde queda entonces la tan traída y llevada responsabilidad corporativa de las empresas? ¿De quién depende?

    Por eso no me parece mal que un grupo de ciudadanos se manifieste -en este caso a través de las redes sociales- para que en un programa de información prime el interés general. Es algo que en última instancia tiene que ver con la DIETA AUDIOVISUAL de la población.

    Como también creo que es muy loable que en A3 sigan manteniendo un programa como Salvados a pesar de las presiones recibidas.

    P.D

    Por cierto, ¿para cuando un post sobre las leyes antimonopolio destinadas a evitar la excesiva concentración en la propiedad de los medios?

    Motivos no faltan: Murdoch, Chávez, Berlusconi…

  43. el personal necesita ‘causas’ que defender, sobre todo si no le compromete a nada

  44. coltrano

    El artículo está bien argumentado y pone el dedo en la llaga. Aunque a Évole le beneficie ese rol de robinhood que la gente se empeña en darle, sigue siendo un profesional que come de salir en la tele. Si la Sexta le cancela el programa, ¿dónde iba a ir? ¿A TV3? JO jo. Cuando eres responsable de unos recursos, te cuidas muy mucho de despilfarrarlo en cruzadas que sirven para bien poco. Aunque el Quijote sigue siendo el referente de tanto y tanto español (y española)

  45. El público, la audiencia, pueden decidir lo que quieren y no quieren ver. Pese a que las eléctricas puedan ser patrocinadores de la Sexta, sin audiencia ni apoyo, estos patrocinios se irían igualmente al garete.

    Lo que ha hecho el público ha sido simplemente exigir que se siga manteniendo algo de lo que ya queda poco. Periodismo crítico, de calidad, y están en su derecho de exigirlo ¿o acaso no estamos en una sociedad democrática?

    No deberías poner tanto el grito en el cielo porque un grupo de gente se organice para esto -igual que se organizan para muchas otras buenas causas- sino de que no haya más programas como este, que apuesten por enseñarnos la verdad sin omisiones, cortapisas e intereses económicos. Al fin y al cabo, la audiencia es la que manda (como ejemplo, los anunciantes de La Noria) y dado que,al igual que por desgracia hay telebasura como Sálvame y demás prensa del corazón, también debe mantenerse programas que promuevan la conciencia crítica. Por ello me parece bien y apoyo la propuesta de todos estos ciudadanos que defienden un modelo de televisión que les ponga lo que quieren ver, pero no al revés.

    En definitiva, una sociedad mercantil sea del tipo que sea, sin clientes, no es nada.

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