In BOD we trust - Jot Down Cultural Magazine

In BOD we trust

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Fotografía: Cordon Press.

Warren Gatland se marchó de Irlanda sin dejar muchos amigos. El carácter agrio de este talonador de Waikato con fama de duro (talonador y duro es una redundancia) se topó con la socarronería de los dicharacheros irlandeses durante su etapa como seleccionador irish. Sin embargo, Gatland tuvo tiempo para hacer debutar a un prometedor centro de la histórica factoría del Blackrock College dublinés: un tal Brian Gerald O’Driscoll. El chico se proclamó campeón del mundo sub-19 en el 98 junto a  una generación en la que militaban O’Gara, Earls o Wallace. Pero su estreno con la senior no se produjo hasta junio de 1999. «Es un ganador, un jugador indomable«, advirtieron a Gatland, quien masculló «conozco tantos ganadores que no ganaron nada…».

Una tarde, en el viejo Donnybrook, el partido llegaba al descanso cuando el árbitro señaló golpe a favor de Leinster. O’Driscoll corrió hacia Liam Toland, por entonces capitán, y le pidió patear a palos. Habría sido algo normal salvo por dos detalles: O’Driscoll no era el pateador habitual del equipo y los palos estaban ¡a cincuenta y cinco metros de distancia! Toland accedió ante el entusiasmo del chico y este hizo el ridículo al escurrirse antes de golpear la bola, por lo que acabó desplazando la almendra apenas diez metros. Cuando el entrenador llegó al vestuario dispuesto a abroncar al chico y al capitán por no consultarle la decisión, se encontró con un panorama inquietante. El doctor Tanner retiraba a O’Driscoll la media ensangrentada, topándose con un pie que no tenía buena pinta.

—¿Te has hecho eso al patear?

—No señor. Me lo hice en el minuto 10. Pero sabía que podía pasar la patada. Lo que no contaba es con el resbalón…

La anécdota refleja el carácter del que muchos consideran el mejor jugador de la historia del rugby irlandés. Incluso por encima de la «Santísima Trinidad Verde» que forman el histórico Jack Kyle, apertura de la selección que ganó el primer Grand Slam, allá por 1948; el colosal Willie John McBride, segunda y capitán de los British & Irish Lions en el legendario tour del 74 por Sudáfrica; y el celestial Mike Gibson, centro irlandés en los setenta y ochenta que llegó a ostentar el récord de internacionalidades con ochenta y un caps. Todos irlandeses del norte, a diferencia del republicano O’Driscoll. Para McBride no hay dudas: «Brian es el mejor de los cuatro y el mejor irlandés de todos los tiempos». El escocés sir Ian McGeechan, leyenda viva de los banquillos y entrenador de O’Driscoll con los Lions, es más categórico: «Es el mejor centro que han producido jamás las islas. El jugador más dominante de su era en el hemisferio norte». Algo que siendo contemporáneo de Jonny Wilkinson es mucho decir.

Brian creció en los suburbios de Dublín, en una casa en la que la disciplina impuesta por sus padres, Frank y Geraldine, doctores ambos, dejaba al joven poco tiempo para el esparcimiento. En un principio se vinculó más al fútbol gaélico que al rugby, pero finalmente la tradición familiar acabó pesando más. Su padre y sus tíos Barry y John fueron internacionales con la selección irlandesa. Sus inicios, como apertura, pasaron desapercibidos, por lo que chupó banquillo mientras su equipo se topaba con el Clongowes del que acabaría siendo su pareja de centros en Leinster y en la selección durante más de una década: Gordon D’Arcy. Fue John McClean, su entrenador en la University College of Dublin quien decidió retrasar su posición hasta la de centro, mejorando sus prestaciones exponencialmente.

O’Driscoll debutó antes con Irlanda que con el equipo senior de Leinster. Fue en Lang Park, en Brisbane, el verano del 99, y no pudo evitar una holgada derrota ante los Wallabies (46-10). Semanas después Matt Williams le hacía debutar con los Blues Boys. Ya en esos primeros partidos el chico exhibía una exuberancia física impropia de un tres cuartos. Así lo recordaba el mítico Keith Wood: «Es una roca y le va la marcha. Entra al choque y en los entrenamientos no se acobarda a la hora de participar en los ejercicios con los delanteros«. Por su parte, Paddy Wallace, campeón del mundo sub-19 junto a Brian, recuerda con humor uno de sus secretos mejor guardados: «Lleva gafas y está medio ciego. Pero cuando salta al campo, su sentido del espacio, de dónde están la pelota y los rivales, y su visión periférica, son sencillamente increíbles». En esos meses el australiano Alan Gaffney trabajó la creatividad de O’Driscoll, que en 2000 compareció en París como un jugador más de una Irlanda resignada. La selección de Isla Esmeralda vivía años oscuros y resultados miserables. Hacía veintiocho años que no doblegaban al XV del gallo en su casa y nada hacía presagiar que aquel 19 de marzo, dos días después de la celebración de San Patricio, pudiera obrarse el milagro.

La tensión se masticaba en el vestuario visitante del Parque de los Príncipes. Wood se vendaba litúrgicamente las muñecas mientras Brian dudaba entre unas viejas botas que le sentaban como un guante o el último modelo de la marca que le patrocinaba. Wood, cajero en un banco, masculló:

—Las botas deben llevarte a ti, no tú a ellas.

Francia tomó ventaja ante una Irlanda caótica, pero un oportuno ensayo de Drico mantenía al equipo enganchado al partido al descanso (13-7). Gatland ordenó calentar a David Humpreys para suplir a O’Gara, algo que sucedería mediado el segundo tiempo. Y O’Driscoll aparcó sus flamantes botas nuevas en el vestuario calzándose las de toda la vida. Dos ensayos más del centro de Leinster y una patada final decisiva de Humpreys permitieron el triunfo (25-27) de Irlanda veintiocho años después en París.

Fotografía: Cordon Press.

La deslumbrante aparición del genio de Blackrock (y sus tres ensayos), provocó que en el tercer tiempo se agotase la cerveza negra en un par de pubs de París. A la mañana siguiente un diario irlandés tituló en portada «In BOD we trust», jugando con las iniciales de su nombre y apellido. Desde entonces, ese eslogan abandera los partidos de Irlanda. Aquella actuación le elevó al Olimpo rugbístico, y tras proclamarse campeón de la Celtic League con Leinster ante Munster, fue convocado para la gira de los British & Irish Lions por Australia a las órdenes de Graham Henry, el hombre que llevaría a Nueva Zelanda al título mundial en 2011. O’Driscoll agigantó su leyenda durante la gira sumando un ensayo descomunal ante los Wallabies. «Ellos le llaman Dios. Nosotros tenemos que decir que juega incluso mejor que él«, escribió un diario local entonces.

En 2003 Keith Wood deja la selección y O’Driscoll es nombrado capitán. Tiene veinticuatro años y estrena pareja, la modelo Glenda Gilson. Tampoco en lo rugbístico deja de crecer: Irlanda conquista en 2004 la Triple Corona, trofeo que no ganaba desde 1985. Hito que repetirá en 2006 y 2007. O’Gara recuerda que «Brian era un ganador compulsivo y contagió esa mentalidad a todos. Primero llegaron las victorias, luego la Triple Corona. Pero todo sabíamos, aunque nadie lo decía, que el objetivo era el Grand Slam. Había llovido demasiado desde 1948…».

Su fama se dispara hasta límites insospechados. En cierta ocasión, el papa Juan Pablo II, jugador de rugby en su Polonia natal, recibió a los irlandeses en el Vaticano. O’Driscoll no formaba parte de la comitiva y al finalizar la visita, el sumo pontífice preguntó: «¿No vino O’Driscoll?».

La única mancha de su currículum son los mundiales de rugby. En 2003 Irlanda fue aplastada en cuartos de final por Francia (43-21) y en 2007 quedó varada en la fase de grupos, al ser doblegada por Argentina e Inglaterra, sus dos grandes más odiados en la última década. Decepcionante resultado para un grupo de jugadores acostumbrados a ganar partidos y títulos como la Heineken Cup, que en estos años han conquistado la física escuadra de Munster, la granítica Ulster y la dinámica Leinster. Sin embargo, O’Driscoll sigue acrecentando su leyenda y su palmarés. Testigo directo de ello es su escolta, Gordon D’Arcy, quien presume de «disfrutar del mejor asiento del estadio, justo al lado de Brian. Si tengo que destacar algo de él hablaría de sus contactos descomunales, independientemente de si los rivales son tres cuartos o delanteros, y de la magia que tiene en las manos para ver pases y pasillos que nadie ve».

Así transcurre su carrera hasta que llega el VI Naciones de 2009 y O’Driscoll advierte en la rueda de prensa inicial que «no hay excusas. Ha llegado el momento de este equipo. Somos maduros, competitivos y sumamos dos generaciones con talento. El Grand Slam es un objetivo real».

BOD predica con el ejemplo e Irlanda arranca doblegando a Francia en Croke Park con ensayos de O’Driscoll, D’Arcy y Heaslip, además de un puñado de golpes pasados por O’Gara. Vacunan en Roma a Italia (9-38) y reciben a Inglaterra en Dublín. «Este es el partido. Es hoy o nunca. Para esto llevamos años preparándonos», advierte Drico cuando Declan Kidney abandona el vestuario y les deja unos instantes solos. Irlanda tumba al XV de la Rosa (14-13) y BOD vuelve a ser capital en el triunfo al posar un ensayo y pasar un drop. Escocia da más problemas de los esperados en Edimburgo (15-22), pero Irlanda logra llegar adonde quería. El país pospone los festejos de San Patricio esperando el desenlace del VI Naciones, ante una hipotética victoria que les otorgaría un Grand Slam que persiguen desde 1948. Llega el día, el 21 de marzo de 2009. 

Fotografía: Cordon Press.

Enfrente Gales emerge con sus opciones intactas, después de ganar todos sus partidos bajo las órdenes de un viejo conocido: el inevitable Warren Gatland. El neozelandés, que dirige ahora a los galeses, se ha encargado de calentar el partido con declaraciones altisonantes en los que cuestiona a los irlandeses, «jugadores que se diluyen cuando los partidos reclaman a los hombres». El Millenium se convierte en una caldera.

O’Driscoll repite la consigna: «Este es el partido. Es hoy o nunca. Para esto llevamos años preparándonos». El choque amanece trabado. Las terceras trabajan a destajo y los medio melés no tienen bolas limpias para tensar el juego de sus tres cuartos. Es un duelo nervioso en el que Gales saca partido de un par de indisciplinas rivales. Al descanso, Irlanda va perdiendo (6-0).

Kidney insufla ánimo a sus chicos y realiza un par de apuntes tácticos antes de cerrar la puerta y dejar los jugadores a solas. Se hace el silencio sepulcral durante medio minuto y entonces O’Driscoll toma la palabra.

—¿Habéis visto a Jack Kyle en la grada? He hablado con él esta mañana. Jacky ha venido para cumplir un viejo sueño: ver ganar a Irlanda otro Grand Slam. Tiene setenta y cuatro años y no quiere morirse sin descorchar una botella que guardó hace sesenta y un años para esta ocasión. No sé vosotros, pero a mí un puñado de galeses no me van a impedir probar un sorbo del Borgoña que el viejo Jack esconde en su bodega.

BOD volvió a demostrar que es jugador de partidos grandes y señaló el camino con un ensayo segundos después de pronunciar estas palabras. Otro try de Bowe y tres patadas de Stephen Jones colocaron el partido en un agónico 15-14 para Gales. Pero una vez más un drop, esta vez de O’Gara en lugar del de Humpreys en París en 2000, otorgan el triunfo a la Isla Esmeralda. Irlanda se entrega a la fiesta durante dos días para celebrar el Grand Slam sesenta y un años después.

Corazón de joven y cabeza de veterano. Esa es la receta de este O’Driscoll que ha aparcado la frivolidad juvenil, además de cambiar de pareja. Ahora comparte su vida con la actriz Amy Huberman, con quien se acaba casando, al tiempo que recibe una oferta australiana para jugar el Super 15 en el hemisferio sur. El torneo de los torneos. La NBA del rugby. Pero después de darle muchas vueltas, BOD rechaza la oferta: «Agradezco el interés a esa franquicia australiana (nunca trascendió el nombre), pero tengo una vida junto a mi pareja, que tiene su trabajo en Irlanda, y quiero seguir involucrado en el crecimiento de mi club de siempre, Leinster, con el que estoy muy comprometido».

Si hay algo que nadie pone en duda en O’Driscoll es su nivel de compromiso, que antepone a casi todo. De hecho, BOD protagoniza un hecho que salta a las portadas de los tabloides ingleses. El príncipe Guillermo, al que le une una buena amistad, le invita a su boda, que se celebrará horas antes de un trascendental partido de semifinales de la Heineken Cup ante el todopoderoso Toulouse.

En Buckingham Guillermo recibe la siguiente misiva:

Querido William:

Es un honor recibir la invitación de tu boda. Hace más de doce años que nos conocemos y espero que comprendas que ese mismo día a esa hora tengo que dirigir el Captain’s Run (entrenamiento dirigido por el capitán), y entenderás que la ética del equipo me impide dejar solos a los chicos antes de la semifinal ante Toulouse. Supongo que lo entiendes. En nuestro nombre acudirá Amy, que seguro que nos representa como se merece un evento que seguirán más de dos mil millones de personas. Os deseo la mejor de las suertes.

Cordialmente Brian O’Driscoll

Quien sí se dejó ver por la boda fue Gareth Thomas, excapitán de Gales, con un centenar de internacionalidades, al que su buen amigo Christian Louboutin, el diseñador francés de zapatos, había aconsejado sobre el comentado modelo de chaqué que vistió en la boda. Otro ilustre invitado, el rugbier Martyn Williams, también excusó su presencia al celebrarse el derbi entre Cardiff Blues y Newport Dragons en Rodney Parade.

Ni siquiera faltó a su deber rugbístico el día que nació Sadie, su hija. O’Driscoll recibió una llamada de su mujer a las ocho de la mañana y abandonó el Shelbourne Hotel diez minutos después. Tenía permiso hasta las 13:30, pero al mediodía ya estaba de vuelta, tras comprobar que madre e hija estaban en perfectas condiciones. Horas después capitaneaba a Irlanda en Croke Park ante los temidos ingleses: «Recibí una llamada de Amy, que estaba increíblemente tranquila, mucho más que yo. Llegué al hospital, nació Sadie y pasé una hora con ellas. Luego regresé al hotel y un par de horas después estaba jugando. Ni siquiera me acuerdo del partido. Estaba en mi propio mundo durante gran parte del tiempo. Era el tipo de partido en el que necesitaba mostrar liderazgo, pero no era capaz de entregarme como se esperaba de mí. Todo era muy extraño, aunque no cometí grandes errores. Acabó el partido y tras el tercer tiempo, a eso de las 11 de la noche, me reuní con Shane Horgan y Denis Hickie para celebrar con un par de cervezas la buena noticia. Fue un día muy raro». Inglaterra venció en Dublín (8-12), «en la derrota más dulce» de la carrera de O’Driscoll.

Semanas después del nacimiento de Sadie, Brian anunció que 2014 sería el año de su despedida. Pese a vislumbrar en el horizonte próximo el Mundial de 2015 a escasos metros de casa, en Inglaterra, BOD decidió dar el paso. «Mi vida ha cambiado con el nacimiento de mi hija y mis prioridades probablemente también. No quiero ser un jugador que salga al campo tratando de evitar golpes. Deportivamente me quedan cosas por hacer aún. Es cierto que he ganado un Grand Slam, el Seis Naciones, a Inglaterra en Twickenham en 2006 o a Sudáfrica y Australia. Pero me hubiera gustado doblegar a los All Blacks o llegar a las semifinales de la Copa del Mundo».

El destino tenía reservado a O’Driscoll un par de reveses más en esta recta final. Empezando por lo vivido en la pasada gira de los British & Irish Lions  A finales de abril de 2013, fue convocado para su cuarta gira, algo que solo han logrado tres jugadores en la historia. BOD participó en los dos primeros partidos ante los aussies, pero Gatland, que ya le había negado el brazalete pese a ser la estrella más rutilante del equipo, le dejó fuera en el partido final, que los Lions ganaron 41-16. Una decisión en la que el mundo del rugby se alineó con el irlandés. «Es una falta de respeto a una leyenda como Brian», advirtió David Campese, uno de los apóstoles del rugby.

Superado el disgusto, el 24 de noviembre de 2013 O’Driscoll se preparaba para enfrentarse a los All Blacks por decimotercera vez en su carrera. Doce partidos y doce derrotas. Los kiwis llegaban con el currículum inmaculado en 2013, algo que nadie había logrado en la historia: cuadrar el año perfecto. Irlanda se convertía en el último escollo. Y el partido comenzó de forma sorprendente. Los chicos de la Isla Esmeralda parecían aviones. En el minuto dieciocho el marcador era 19-0 tras los ensayos de Murray, Ross y Kearney. Croke Park se frotaba los ojos. Al descanso la ventaja local seguía siendo solvente: 22-7. Sin embargo, en la segunda mitad Dublín fue asolado por un tsunami, una marea negra en forma de equipo de rugby que anotó un parcial de 0-17 para dejar en 22-24 el marcador en la última jugada. O’Driscoll vio el último lance en el banquillo, al ser sustituido en el minuto sesenta (con 22-10), después de que el médico le impidiera reintegrarse al juego tras una fea contusión. Su salida pesó demasiado a Irlanda, que vio cómo se le escapaba entre los dedos la primera victoria de su historia ante los All Blacks.  

Fotografía: Cordon Press.

Pese a todo, estos dos malos tragos no impedirán que el sábado O’Driscoll salte al campo a cuadrar el círculo y acabar su singladura con la zamarra verde como lo empezó: ganando y deslumbrando en París, otra vez en París. Y cuando el árbitro pite el final, BOD, el centro más fiero, indómito e imprevisible que ha pisado un campo con Irlanda, enfilará el túnel de vestuario como suele hacer. Felicitando al árbitro por su actuación y agradeciendo a los rivales el esfuerzo y a sus compañeros la solidaridad. Porque como le gusta decir a O’Driscoll, «por encima de cualquier cosa, yo soy un jugador de equipo». Por eso los irlandeses se han encomendado a él para librar las últimas ciento cuarenta y una batallas: In BOD we trust

22 comentarios

  1. Hace tiempo que abandoné este deporte, pero cuando leo las historias de Fermín me entra un cosquilleo que solo puede provocar el rugby. Mágnifico jugador y un ejemplo de lo que tiene que ser el deporte: noble.

  2. Magnífico artículo.
    Sólo un detalle, diría que Inglaterra no ha ganado en Croke Park nunca. 43-13 en 2007 y 14-13 en 2009.
    Desde 2010 se juega en el Aviva Stadium.

  3. Sauza, evidentemente fue en el Aviva y no en el templo gaélico de Croke Park. Lapsus de servidor, mil perdones

  4. Errata: En el 2007 les echaron Argentina y Francia, no Inglaterra

  5. Fantástico artículo.
    Creo que Sauza lleva razón, los ingleses no han ganado en Croke Park y en los últimos años el XV del trébol ha jugado en el Aviva Stadium al sur del Liffey, incluyendo el enfrentamiento contra los All Black de noviembre del 2013. Tuve la suerte de estar entre el público en ese encuentro -una pena por los últimos minutos-, pero un partido memorable, sin duda.

  6. Extraordinario artículo. Emocina leer a la gente del Rugby contar estas historias. Crean de un partido una batalla épica

  7. 2013 irlanda v NZ 22-24 en el aviva no croke park

  8. creo q todos los jugadores de rugby cuando soñamos nos parecemos a O’Driscoll

  9. Pingback: www.Periodismo-Rugby.com.ar » Blog Archive » BOD-6

  10. Resultan enternecedores estos intentos de hablar sobre rugby y sus anécdotas, cuando todos sabemos que aquí, en España, hay el mismo interés por él que en Dakota del Norte por el fútbol de Messi…

  11. Fermín : Excelente relato, sobre el gran O’ Driscoll. Saludos desde Argentina.

  12. Gran artículo incluso para los lectores ajenos a este deporte.

  13. Buen artículo de rugby sobre alguien ‘que no es de rugby’, con un punto negro: cuando uno escribe sobre este deporte, debería saber que los exabruptos como el comentario sobre Gareth Thomas, sus amistades y las presuntas diferencias con O’Driscoll o Martyn Williams por haber acudido a la boda real no tienen lugar en la literatura de este gran juego.

    Para quien aún no lo sepa, Gareth Thomas fue el primer jugador de relumbrón (100 caps con Gales, capitán, British & Irish Lion, etc.) en declarar públicamente su homosexualidad.

    De ese párrafo socarrón de Fermín parece extraerse la conclusión -llámame malpensado- que O’Driscoll o Williams no fueron a la boda porque eran grandes jugadores de rugby, mientras que Thomas, maricón y bien asesorado, no tuvo reparos en acudir a los esponsales anteponiendo los fastos al barro (entre otras razones porque su partido -vs. Leeds- se había disputado 4 días antes del convite).

    En tal sentido, y como suele suceder con otro gran periodista español llamado Bruno Lopez (este sí que ha escrito un buen artículo sobre Thomas -El Confesor-) Fermín parece tener un sexto sentido que le permite narrar hechos como si fuese un testigo presencial o tener acceso al flujo de pensamiento de los protagonistas de los grandes artículos que escribe (el párrafo del ‘viejo Jack y su sorbo de Borgoña’ lo envidiaría hasta Don Marcial Lafuente Estefanía).

    Resumiendo, buen artículo con un gran pero. Hay cosas que en ‘rugby’ se obvian. Por aquello de los valores, etc.

  14. Fede creo que pisas tierra por la que yo no he caminado amigo. Si hubiera querido decir algo, lo habría dicho. Lo único que digo es lo que digo, es decir, que ellos se ausentaron excusándose porque tenían partido. Yo soy dueño de mis silencios y tú de tus palabras. Un saludo

  15. Efectivamente… “Pese a todo, estos dos malos tragos no impedirán que el sábado O’Driscoll salte al campo a cuadrar el círculo y acabar su singladura con la zamarra verde como lo empezó: ganando y deslumbrando en París, otra vez en París”…

    …Y ganando su segundo título del 6 Naciones.

  16. Fermín, no pongo en duda tu valentía ni habilidad con la pluma, faltaría más. Tampoco la potestad de tus silencios.

    Sólo hablo de elegancia y de como en este juego -más que en cualquier otro- además de serlo, hay que parecerlo. Y en tal sentido, el ‘excerpt’ sobre Gareth Thomas, sobra.

    Saludos.

  17. Buenas Fermín,

    Soy licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona, y actualmente alumno del Máster en Historia del Mundo de la UPF, también en Barcelona. Además, soy de Sant Boi y tercera generación de jugadores de la U.E.Santboiana.

    Es posible que mi tesina final de Máster, a elaborar durante el próximo año natural, gire entorno al rugby y la creación de identidades (locales, regionales, nacionales), y es por esa razón que agradecería te pusieras en contacto conmigo de forma privada, pues tengo algunas consultas que hacerte.

    Muchísimas gracias de antemano (y… Ferro!) ;)

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