‘Caricias’ Cudmore, de matón mafioso a ‘bad boy’ del rugby

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Si eres traficante de drogas y buscas un tipo para cobrar tus deudas a base de palizas, necesitas a Jamie Caricias Cudmore. Mentón de mastodonte, 1,98, 118 kilos, brazos como vigas, muy pocos escrúpulos y menos paciencia todavía. Si eres entrenador de rugby y buscas un segunda línea capaz de descoyuntar a un buey en un placaje, sin miedo al contacto en un choque de trenes, capaz de luchar hasta la extenuación y con muy malas pulgas necesitas a Jamie Caricias Cudmore. Hay ocasiones en que el físico prefigura tu vida como un mapa inevitable. 

Cudmore es el tótem de la selección canadiense de rugby. Su sargento Highway. Su jugador más conocido. Y quizá el más temido en todo el Mundial de Nueva Zelanda cuando te topas con él, óvalo en mano, en plena carrera. Algo parecido a lo que ocurría en las calles de Squamish. Un recodo congelado de Canadá, zona de reservas indias, con pocas diversiones y donde pillar droga los fines de semana es tan habitual como esquiar o ver por la tele el hockey sobre hielo. Pagar la marihuana equivalía a olvidarse de que vivías en Squamish hasta el lunes. No pagar equivalía a que te lo recordara Jamie Cudmore.

Dar miedo era y es su trabajo. Pero igual que en el rugby, todos conocían sus métodos en el pueblo. También la policía. Con 17 años pasó una temporada en la cárcel acusado de asalto. La experiencia no le hizo reflexionar. En la Nochevieja de 1997 dio una fiesta en su casa aprovechando que sus padres se habían ido. Se supone que Cudmore se ausentó para comprar cerveza. Se supone que su vecino, Bob McIntosh, fue a quejarse por el ruido. Se supone que dos tipos en la fiesta le dieron una paliza. Se supone que Cudmore no vio nada y se enteró a la vuelta, cuando vio al vecino en el suelo de su jardín. Bob McIntosh estaba muerto. Y eso ya no es suposición.

El suceso fue como un placaje milagroso para Cudmore, que decidió volcarse en el rugby y no levantar la cabeza de la melé para no terminar con una bala en la cabeza. Algún año antes, cuando intentaba hacer valer en el puerto de Squamish su físico, mitad estibador mitad container, un jefe le preguntó: «¿Qué haces el sábado?» Su programa, el de todos los sábados: beber y buscar pelea. «Pues ven a jugar al rugby», le aconsejó el boss: «harás lo mismo y encima la policía no te tocará los cojones».

Del tañido de sus primeros placajes surgió su apodo: cuddles (caricias). De sus peleas de barra de bar, incluso en las narices del árbitro, su fama de bad boy. Ahora es el veterano líder de una selección que disfruta en la trinchera de la defensa y se alimenta de la ciénaga de los rucks. Los canucks batieron a Tonga, cayeron con honor ante Francia y mañana deberían tumbar a los japoneses.  Lo del físico de superhéroe bruto es genético: su herman Daniel Cudmore encarna a Coloso en la serie X-Men.

El juego de Cudmore: intimidar, tumbar y percutir. Un rol parecido al que ejerce en su club, el rocoso AS Clermont, donde ha conseguido convertirse en el jugador más sancionado del top 14 francés: 203 días de suspensión acumulados en 135 partidos. Ciudad industrial, querencia por la melé y el impacto físico, cuna de los neumáticos Michelin, Clermont era el enclave perfecto para un trailer como Caricias Cudmore. Al que han conseguido templar… dentro de lo posible. “Jamie no es tan malo como dicen. Pero si puede hacerte daño placando, se da el gusto”, zanja el medio melé Morgan Parra en L’ÉquipeJulien Bonnaire, tercera línea internacional, lo resume con cariño : «A Jamie es mejor no enfadarlo. Ahora se porta mejor… bueno, depende de qué día”.

Jamie Cudmore tiene otra cualidad: no se engaña sobre sí mismo. Cuando jugaba un partido de béisbol como junior fue expulsado por placar a un jugador que iba a hacer una carrera. “En rugby, ser un tipo duro tiene recompensa. Es lo que busqué toda mi vida: golpeas a la gente y la gente te golpea a ti”. Lo dice un tipo apodado Caricias.

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5 Comentarios

  1. Lo grande del deporte es que te da la oportunidad de comenzar de nuevo. Muy diferente pintaba el futuro para este tipo y al final encuentra un espacio que le enseña un camino diferente en la vida.

  2. El rugby es un deporte que siempre me he arrepentido de no seguir más a menudo. A ver si cambio eso -siempre digo lo mismo y al final nunca lo hago…-

    Gran historia la de Caricias Cudmore, no la conocía.

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