El año pasado, Mac Rebennack fue inmortalizado en el Rock & Roll Hall of Fame, una forma como cualquier otra de reconocer a una de las figuras más intrínsecamente consustanciales a la música popular norteamericana de las últimas décadas. O dicho de manera más simple, Dr. John fue “oficialmente” reconocido como lo que ya sabemos que era desde mucho tiempo atrás: una leyenda viviente. Si New Orleans es la ciudad más musical del planeta Tierra, que lo es, nuestro doctor es uno de los nombres que la definen, como Louis Armstrong o Fats Domino. No en vano ha aparecido en esa serie televisiva, Treme, que David Simon ha dedicado a la ciudad con más personalidad propia de los Estados Unidos, desafortunadamente arrasada por el huracán Katrina y la incompetencia de las autoridades de aquel país, que según quiénes insistenen tomar siempre como ejemplo. Dr. John es New Orleans y su música huele a calle, a tugurio con piano de pared, a fiesta, a noches de melancolía alcohólica, a exceso, a bohemia… a su ciudad, en definitiva. Y esa música es seductora, muy seductora. La relación de Dr. John con sus seguidores, o de sus seguidores con él, es verdaderamente estrecha. Y no solamente por sus esfuerzos para recaudar dinero con el que ayudar a reconstruir su New Orleans del alma, algo que lo hace más entrañable, como sucedió con Willie Nelson y su empeño por ayudar a los granjeros norteamericanos. Con Dr. John nos referimos también al hombre que compuso algo tan arrolladoramente maravilloso como Such a night, la canción que siempre le reclama el público en sus conciertos y que siempre se le pide que interprete en sus apariciones televisivas y ocasiones similares. Aunque el propio Dr. John confesó llegar a sentirse hastiado de tener que interpretar siempre ese tema, el cual llevaba encima casi como una cruz, eso es lo que sucede cuando una canción trasciende la voz de quien la canta y se introduce en el corazoncito de sus oyentes. Él mismo, pese a sus quejas, lo sabe y lo siente: basta contemplar su sonrisa extasiada cuando interpretaba su inmortal diamante en forma de canción en aquella The last waltz. La gente menos perspicaz, más susceptible al efectismo rápido, suele ver esa película y quedarse, no sé, con la actuación de Van Morrison… como si el irlandés, con todo mi respeto y admiración hacia él, puediese competir con algo como Such a night. Evidentemente, Dr. John ha grabado unos cuantos discos extraordinarios y ha creado otro buen puñado de canciones mágicas a lo largo de los años, pero alguna canción había que elegir para presentarlo a los lectores que, por uno u otro motivo, aún no se hubiesen topado con este individuo y su emocionante música.
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…y es que Dr. John son palabras mayores. Hablamos de alguien que creció en el mismo lugar que Louie Armstrong, Fats Domino, Proffessor Longhair… Escalofrío. Gran post.
Llevo años adorando la música de este tío. Me alegro de ser el único
gracias por estos reportajes.
La gente se queda entre otras cosas con el tema de Van Morrison porque es IMPONENTE. Qué manía tienen algunos con esa necesidad de para ensalzar a alguien menospreciar a otro, por más respeto que digas que le tienes a Van Morrison.
Por no habla de que taches de menos perspicaces a los que se quedan con la actuación de Van Morrison antes que con la de Dr. John. Hay que ver aquí con el sacerdote supremo de la música, el que nos juzgará a todos.
Por cierto ADORO a Dr. John he mamado todo lo que ha hecho desde Gris Gris.
Dr. John fue es y será uno de los referentes musicales de la música popular. Pero sinceramente no entiendo el comentario de la perspicacia y Van Morrison. Creo que los que escriben de música tendrían que abandonar estas posturas maniqueas. ¿por qué motivo se es menos perspicaz por recordar una actuación tan rebosante de energía y poderío como la de Van Morrison? ¿efectismo? el efectismo es para los músicos que no llegan de otra forma a llamarte la atención. Van Morrison es un artista (y más en aquellos años) que no necesita de artificios ni de efectismo. Creo que te equivocas de lleno con esa valoración.
tengo muy mala memoria y hace muchísimo que no reviso The Last Waltz… pero de lo único que me acuerdo nitidamente es de la intervención de Dr John y su Such A Nigth… por lo demás, no considero Locked Down ese gran disco sancionado unanimemente por la crítica de una forma un tanto panegírica, atendiendo mas al mito que a la verdadera importancia de una obra que no quedará entre sus cimas discográficas
Aunque ya le conocía, su actuación en la película de Scorsese, «The Last Waltz», interpretando «Such a night», me hizo un converso seguidor de su música. Desde entonces, Dr. John es el artista que más veces he visto y escuchado en conciertos; después del número 15, dejé de contar, pero sigo asistiendo a sus actuaciones tan a menudo como puedo, y con el mismo deleite y pasión que la primera vez. Conozco casi toda su discografía, dejando aparte sus numerosas colaboraciones con otros artistas, pero siento especial predilección por 2 álbumes en solitario que grabó en 1989: «Dr. John Plays Mac Rebennack» y «The Brightest Smile in Town», no hace mucho reeditados como «The Legendary Sessions Vols. 1 & 2» respectivamente, con nuevo material añadido a cada uno de ellos. Del resto de sus discografía diría que, aunque en general es muy buena, tiene algún altibajo, como el álbum «Television» publicado en 1994, que no está entre mis favoritos. Es especialmente interesante su autobiografía «Under a Hoodoo Moon. The Life of The Night Tripper», escrita en colaboración con Jack Rummel, que no sólo es una biografía de Dr. John, sino un recorrido por la escena musical de Nueva Orleans desde los años 50.
http://parpayuela.wordpress.com/2009/11/04/dr-john-under-a-hoodoo-moon-the-life-of-the-night-tripper