El mapa de los tesoros del Museo de Bellas Artes de Bilbao

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Museo de Bellas Artes de Bilbao.

El día 5 de octubre de 1908 la Diputación y el Ayuntamiento de la ciudad firmaron el acta de constitución de una entidad que cumple ciento diez años y cuya historia se ha ido trenzando de concurrencias.

El MBBAA ha vivido en la colaboración desde su nacimiento: una burguesía emergente y culta, unas instituciones públicas dispuestas a erigir los espacios adecuados y un grupo de artistas de potencia extraordinaria confluyeron para dar vida a un proyecto que ha ido creciendo y adaptándose a los tiempos.

Para celebrar la efeméride, el 5 de octubre pasado se inauguró la exposición que presenta sus salas renovadas y una particular visión de sus fondos, a la que se ha bautizado como «ABC, el alfabeto del Museo de Bilbao».

Es una muestra diferente en la que se han dispuesto las obras con un criterio que mezcla lo literario y lo misterioso. Una exposición que invita a descubrir, a cavilar, a bucear en la sorpresa y que es también resultado de la confluencia de fuerzas sensibles y mentes poderosas.

El MBBAA: la historia de una fusión

La ciudad vivía a principios del siglo XX un apogeo tremendo fruto de la industrialización en los sectores siderometalúrgico y naval.

El crecimiento económico proporcionó a sus habitantes unas instituciones fuertes —capaces de establecer nuevos servicios públicos— que se propusieron la creación de un Museo de Bellas Artes que reuniría obras de carácter histórico. El acta fundacional firmada en 1908 fijó como primera sede la Escuela de Artes y Oficios en el antiguo Hospital Civil de Atxurri, cercano al Casco Antiguo.

La vida cultural era muy activa: también en 1908 se fundó la revista El Coitao, de carácter satírico y brevísima existencia (ocho números) y a finales de octubre de 1911 se creó la primera Asociación de Artistas Vascos.

La AAV la formaron autores de diversas áreas: artistas plásticos,  escritores, arquitectos y dibujantes, algunos de ellos muy conocidos en el ámbito internacional como Ignacio Zuloaga, Darío de Regoyos y el escultor Francisco Durrio, que se sumaron al proyecto corporativo.

Aquellos años debieron ser, a juzgar por los relatos, uno de esos momentos en los que las fuerzas convergen: en 1918 se exhibieron en la ciudad unos cuadros  del matrimonio Delaunay y un año más tarde, en 1919, se inauguró la Primera exposición internacional de pintura y escultura que dio la oportunidad de conocer de cerca obras de Cézanne, Gauguin, Van Gogh y Picasso, entre otros.

Esta muestra sería el germen de la colección que daría origen al Museo de Arte Moderno pues la Diputación de Vizcaya adquirió algunos lienzos tan importantes como  Lavanderas en Arlés de Gauguin o Mujer sentada con un niño en brazos de Cassatt.

Es fácil recrear el ambiente entusiasta y participativo: la doble condición de artista y gerente de Manuel Losada, el primer director del Museo de Bellas Artes, el trabajo del arquitecto municipal, Ricardo Bastida, los particulares que donaron sus colecciones o parte de ellas, los depósitos de obras estatales, unido todo a las adquisiciones que se realizaban, dieron lugar a una importante colección para la que el edificio de Atxurri iba quedando pequeño.

(Clic en la imagen para ampliar). San Sebastián, regatas de traineras, Aurelio Arteta, 1930.

En 1924 se abriría otro centro dedicado en exclusiva al arte moderno que se bautizó así: Museo de Arte Moderno. Se nombró director al pintor Aurelio Arteta quien, como Losada, reunía la doble condición de artista y gerente.

El Museo de Bellas Artes se especializaba en obras históricas y el de Arte Moderno en obras contemporáneas pertenecientes, en su mayoría, a los autores vascos que se integraban en la asociación. Ocupaban, en aquellos momentos, dos inmuebles diferentes.

Esta dicotomía perduró hasta el estallido de la Guerra Civil: las colecciones se dispersaron para su preservación y, finalizada la contienda, se recuperaron.

La ocasión era propicia para reunir todos los objetos artísticos en un único edificio. El Ayuntamiento y la Diputación se unieron de nuevo para crear el actual Museo de Bellas Artes, una construcción de estilo neoclásico en piedra y ladrillo, con forma de ele, que se ubicó en el Ensanche y que fue inaugurado en 1945.

Unos años más tarde, cuando el Gobierno Vasco se incorporó a los órganos de dirección, se amplió el espacio con un nuevo edificio, también en forma de ele, que ensamblaba con el anterior y que permitía ofrecer al público todo aquello que los organismos internacionales —ICOM— y los tiempos modernos prescribían para los nuevos museos: exposiciones temporales, adquisición de nuevas obras, talleres pedagógicos, biblioteca, lugares de recreo, etc.

El factor humano

Citoyen, Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Directores que eran artistas, poetas, literatos y conocedores del mundo de la creación han sido fundamentales en el desarrollo del MBBAA.

Aquellos que se han vinculado al museo a lo largo de su existencia han ido  estableciendo un modelo de trabajo que lo caracteriza particularmente: se conoce a los que han encabezado los equipos de gestión, pero nada hubiera sido posible sin el concurso de creadores y de amantes del arte.

La exposición que conmemorara sus ciento diez años «debía ser especial», quizá al modo del Museo Imaginario (1947) de Malraux «que mezcla épocas y estéticas diferentes y donde el hilo conductor de la exposición es el afecto».

No se trataba solo de transmutar estructuras añejas o de proponer nuevas miradas: una obra de arte no participada es como una partitura que, conteniendo la música, no será la música hasta ser interpretada. La participación era clave.

Los responsables de celebrar el aniversario, con Miguel Zugaza (Durango, 1964) a la cabeza, han concebido algo original y muy sugestivo: un encuentro del arte y la literatura de la mano del escritor Kirmen Uribe (Ondarroa, 1970). Estos dos vizcaínos, amantes del arte y buenos conocedores de la colección, han formado el tándem que ha ideado una muestra particularmente interesante con las obras de siempre.

Zugaza, en una entrevista concedida a El Independiente, manifestaba que «Dirigir un museo es saber combinar el arte de la conservación con el de llegar a la sociedad… el objetivo es lograr que ese encuentro entre el arte y los individuos sea memorable y emocionante…», palabras que resumen la filosofía que ya aplicó en su primer periodo al frente del MBBAA y que trasladó al Museo del Prado durante los quince años en los que fue su director antes de volver a Bilbao en 2017.

Uribe fue Premio Nacional de Narrativa en 2009 con su novela Bilbao-Nueva York-Bilbao, en la que recorre su árbol genealógico entretejiéndolo de su amor por la creación artística, lo que le permite —de manera sutil y pudorosa— organizar sus afectos para darles tránsito.

Esa necesidad de ordenar para comprender, en el sentido más íntimo del término, la traslada a la disposición que ha hecho de las obras de arte a través del alfabeto: este es la base de nuestro aprendizaje y la urdimbre que utilizamos para componer las palabras con las que damos sentido al mundo.

El alfabeto tiene sus reglas y aprendemos también a ordenar cuando memorizamos las letras.

Cuenta Uribe en su novela que la escritora neoyorquina Phillis Levin le había regalado la definición más bella de un idioma que había escuchado en su vida cuando le dijo «vuestra lengua (euskera) parece el mapa del tesoro… si desenfocas el resto de las letras y percibes solo las x, parece como si te guiaran por el mapa del tesoro»

Él ofrece un regalo similar: cada letra, cada palabra utilizada, es un hito del mapa que ayuda a descubrir algunos de los tesoros que pertenecen al museo.

El mapa de los tesoros

(Clic en la imagen para ampliar). El rapto de Europa, Martin de Vos, 1590.

Los fondos del MBBAA comprenden unas catorce mil obras de arte; las que se han expuesto con anterioridad lo han sido según los criterios de cada época: cronológicos, temáticos, por movimientos, autores, etc., pero, llegado este momento,  había que facilitar el encuentro entre el arte y los individuos con una selección diferente de lo imprescindible, un recorrido que invitase a la emoción apoyándose en la palabra porque hay palabras que evocan obras y obras que evocan palabras. Un recorrido también literario.

Si las palabras nombran, en esta muestra, además, invitan: cada sala corresponde a una letra del abecedario; cada letra es la inicial de una palabra —o se contiene en ella— que sirve a su vez de argumento a un escrito, exordio del sentido de cada conjunto.

El alfabeto que se ha utilizado es básicamente el castellano al que se han añadido algunos caracteres del euskera; los términos a los que dan lugar son tanto castellanos y euskeras como franceses e ingleses. Una babel armoniosa con una única letra suelta: la X, aquella que Levin consideraba la guía para el mapa del tesoro.

El escenario se ha renovado: se han cubierto los suelos para evitar reflejos incómodos, se han vuelto a abrir algunas ventanas clausuradas con anterioridad, se ha renovado la iluminación y se han pintado las paredes de un color neutro pero no frío. Nada llama la atención por sí mismo, el protagonismo es enteramente de las obras y sus montajes.

Si las palabras evocaron la disposición de las piezas que se han elegido o fueron estas las que sugirieron los textos que introducen cada una de las treinta y una salas es algo irrelevante una vez que se recorren porque los espacios se suceden con naturalidad; son íntimos pero abiertos como ocurre en los palacios dieciochescos, donde se unen unos a otros por medio de un pasillo común. La visita es fluida gracias a esa disposición que permite, al mismo tiempo, detenerse en cada término (sala).

En cualquier caso, es preciso hacerlo de la mano de Uribe porque tiene todas las claves.

Más allá de lo escrito para esta exposición, su sentir sobre el arte ya lo había expresado a través de la poesía: en una partida de ajedrez imaginaria de su libro Mientras tanto cógeme la mano (2004) entre el poeta Aresti y Marcel Duchamp, el artista le dice a su contrincante que no hay arte sin público y… que no hacen falta explicaciones. Aresti le responde que tampoco la poesía necesita explicaciones… el silencio rodea la palabra. Y es en ese silencio donde debes abrir ventanas.

Con ese ánimo hay que entrar: quizá sorprenda la disposición de algunos espacios que contienen obras muy dispares y que no están regidos por la cronología o las escuelas. Unas estancias son monográficas porque así lo determina la palabra que las designa, en algunas se exponen solo esculturas y en otras solo pintura, aunque la mayoría de ellas muestran diferentes objetos unidos con el propósito de componer oraciones visuales.

La estructura dada a toda la exposición consigue de esta manera individualizar cada una de las piezas: no se llenan de cuadros los ojos del visitante y no es una sucesión monocroma de obras en la misma línea. Atrapa el juego sensible de descubrir qué hay detrás de la distribución que se ha hecho y por qué se han elegido las que vemos; si se pasea despacio, es posible incluso que acabemos imaginando para alguna de ellas otra colocación más personal. Tanto da de sí.

Permite asimismo individualizar las salas por las que se puede deambular obedeciendo el orden alfabético o se pueden elegir al azar porque cada una es libre y soberana aunque formen en su conjunto el mapa de los tesoros.

Una muestra de la muestra

Se ha editado un catálogo que contiene los textos en las cuatro lenguas utilizadas: castellano, euskera, francés e inglés. Merece la pena conocer cada espacio de su mano como si de un callejero se tratara.

Resulta inexcusable iniciar el recorrido por la primera sala, ARTE, porque plantea cuál es su significado desde nuestra perspectiva contemporánea y lo hace a través del contraste: se exhibe una de las obras más antiguas encontrada en el territorio vasco, la Plaqueta de Ekain, con inscripciones de hace unos doce mil años junto a Lavanderas en Arlés de Gauguin que, desmontada de su marco, se puede contemplar por las dos caras. El espacio insta a reflexionar sobre qué entendemos por arte, sobre la necesidad creadora de los seres humanos y la propia experiencia artística que, en palabras de Uribe, «no es nada sin receptor, si no se trata de compartir».

Ambos conceptos, arte y creatividad, son, a la postre, el fundamento de toda la muestra.

Desde ahí se hace presente la variedad de estilos, escuelas y periodos de los objetos que se exhiben, siempre guiados por la cuerda del abecedario: es elección personal dejarse llevar por el itinerario establecido —para una primera vez— o decidirse por visitas escogidas, que es otra manera de saborear sin prisas.

La primera sugerencia nos llenará de asombro sin que decaiga en ningún momento la atención sobre lo expuesto, tal es su agilidad, el interés que despierta el recorrido, la inteligencia de su instalación y las expectativas que crea.

Cada sala es una sorpresa o las contiene

(Clic en la imagen para ampliar). Laveuses à Arles (Lavanderas en Arlés), Paul Gauguin, 1888.

Bilbao protagoniza la reflexión sobre su propia forma y la vida que contiene de la mano de pinturas y fotografías de Luis Paret, Manuel Losada, Darío de Regoyos, Arteta, Lagar o Gabriel Basilico. Diferentes visiones para diferentes épocas.

Las ciudades son organismos vivos cuando son habitados: Citoyen es uno de los espacios monográficos dedicados a la escultura con bustos de paseantes firmados por Victorio Macho, Nemesio Mogrobejo, Oteiza o Francisco Durro.

De lo social del ser humano a lo íntimo en Desira, el deseo, una de las pasiones que hacen moverse al mundo, reconocible abiertamente o sugerido en las obras de Martin de Vos, Zuloaga, Gutiérrez Solana, Giuseppe Cesetti o Francis Bacon.

Nos conocemos cuando nos miramos en un espejo, aunque cada vez que lo hacemos veamos a una persona diferente. El espejo tiene su propia entidad: al lado de las obras de Antonio de Guezala, Julián de Tellaeche o M.ª Elena Vieira da Silva se han colocado un Bilbao Mirror, una pieza de coleccionista, y una interpretación muy personal de Manuel Rivera.

Los amigos son nuestra soul family, afirman los Goya, Sorolla, Vázquez Díaz, Olagasti, Arrúe y Ucelay que encontramos en Friendship.

Dos de las joyas del museo, Lot y sus hijas de Orazio Gentileschi y San Francisco del Greco, comparten el espacio con el divertimento preciosista de Vicente Ameztoy en Grotte. La sonrisa que provoca ese lienzo decae en Heriotza, la muerte violenta o dulce en Lucas Cranach, el recuerdo del que se fue en una estela funeraria del siglo II, la particular visión de Oteiza.

Iron es una seña de identidad, la minería, la industria, el carácter en Chillida, Julio González, Mendiburu o Badiola. Lo vasco transformado en escultura.

Japón es otro de los espacios monográficos, en el que se ha reunido parte del legado de José Palacio: piezas que hablan del amor y la fascinación por otros pueblos. Muy cerca encontramos Kirol, el deporte, que es otra de las pasiones de los vascos, como vemos reflejada en carteles y lienzos firmados por Arteta, Losada, Guezala o Chillida.

Letra es un hito importante, una estancia de parada larga: Delauny, Goya, Zubiaurre y Dicksee rodeando la palabra materializada de Andrés Nagel. La sala es un compendio que engaña porque parece llena de evidencias. Lluvia ayuda a descansar el ánimo porque es una sala monográfica dedicada a Juan Carlos Eguillor y a sus populares trazos.

(Clic en la imagen para ampliar). Andrés Nagel, 1982.

La dulzura de las obras de Mabuse, Zurbarán, Cualladó o Cassat componen MOM, la madre, inmediatamente antes de la dureza de Noir en las fotografías de Schommer, y los óleos de Salaverría y Sánchez Coello.

El contraste con Nabar es extraordinario: el color es elemento esencial en el arte, su presencia o su ausencia, como protagonista o como auxiliar, y no solo del dibujo, en muchas ocasiones también de la ideología. La sala responde a la letra Ñ, que no existe en Euskera como grafía pero sí en la pronunciación.

La sociedad es una sola, y no se acepta a los diferentes. ¿Qué ocurre entonces con los que lo son?, ¿existen? Otherness, otredad, es aceptar al otro, a la Gitana de Echeverría y al Grumete de Quintín de la Torre que habitan el mismo mundo que Doña Rosita Gutiérrez de Zuloaga.

La aceptación del otro y la compasión se traducen en Piedad, una palabra que parece en desuso y que se comprende mucho mejor a través de la obra de Ambrosius Benson, Anton van Dyck, Luís Morales «el Divino» o Mengs: la Iglesia predicaba a través de las imágenes.

Quiet, calma, es una sala llena de bodegones: los ingleses los llaman still life, vida tranquila, debe ser porque la contemplación de objetos cotidianos nos trae la paz de lo conocido.

Un bodegón es una obra artística compuesta de elementos reconocibles, de aquellos que nos rodean; un ready-made es un conjunto de piezas de la vida cotidiana sin valor artístico que, una vez reunidas por una intención artística, se convierte en una obra de arte. Duchamp es poco entendido por el público en general, a veces es rechazado: «¿Es arte lo que hace?» es una pregunta habitual ante su obra.

¿Es arte un lienzo que recoge un conjunto de objetos sobre una mesa?

La sala Retrato recuerda las paredes-soporte de algunas pinacotecas como el Kunsthistorisches Museum de Viena. En los primeros museos, los cuadros rellenaban el espacio, se veían amontonados. Engaña la disposición, porque esta tiene su ritmo en el color, la línea y la colocación, hay que desentrañarlo. Como Letra, merece una parada más larga: Zuloaga, Moro y Vázquez Díaz, junto a otros, sin que se hayan jerarquizado sus posiciones.

El mapa de los tesoros parece aquí un poco más complicado pero se puede resolver.

El sueño de la razón produce monstruos o nos puede llenar de alegría contemplando To the Sleeping Part. Goya y Pello Irazu tenían un sueño diferente o quizá el mismo pero expresado de otra manera. Sueños propios o ajenos como los de Francisco Durrio y Genaro Lahuerta. La maternidad de Larroque podría estar en Mom, pero lo importante en ella es la lasitud del adormecimiento por encima del vínculo de madre e hijo.

La tierra se puede pintar o se puede utilizar como hacen Tàpies y Miquel Barceló en sus cuadros materistas. Terre muestra que todos los paisajes son bellos (para los que viven en desiertos, lo bello es verde), sean de Chillida, Alberto Sánchez o Benjamín Palencia.

El desierto es soledad, a veces, vacío. Huts. La palabra en euskera contiene uno de los tres dígrafos —TS— tomados de esa lengua que no existen como tales en castellano. La pista del tesoro oculto es difícil de encontrar, no tanto por la figura de Oteiza que evidencia su característico cerramiento del espacio sino por la relación que se pueda establecer con San Pedro en lágrimas de B. E. Murillo y Caja metafísica por conjunción de dos triedros, cuyos significados conjugan más allá del plano de la realidad y parecen dirigidas exclusivamente al alma.

San Pedro, ¿quedó vacío una vez que negó tres veces a Jesús? El vacío es la nada pero puede ser expresivo.

El segundo dígrafo —TX— se contiene en Etxe, casa, el hogar, el lugar a donde volver, si es que existe y no ha sido derribada. La casa es un espacio hueco pero no vacío y es, como la ciudad, un organismo vivo: si no se habitan se mueren. Se puede convertir en cárcel, como el proyecto de Vicente Larrea, pueden ser urbanas o rurales, pero siempre las imaginamos más allá de una simple construcción.

Double Trouble, Txomin Badiola, 1990.

El tercer dígrafo —TZ— forma parte de Bikoitz, doble, como las partes del cerebro, como los hermanos gemelos, como las piezas idénticas de Ángel Bados. La sala tiene un divertimento de Peter Blake que hace bailar a Montgomery Cliff  (era mellizo) frente a dos piezas de Txomín Badiola, cuyo montaje a cierta altura resulta un punto agresivo.

En el término vasco Urdin, ¿está incluida la palabra ur, mar? Se pregunta Uribe. Urdin es azul, el color que unifica una pieza de cerámica de Manises del siglo XIV con lienzos de Darío de Regoyos o Valentín de Zubiaurre. Es el color tranquilo, a veces melancólico, como lo definiría un inglés.

La Vida es alegría, es fiesta, felicidad, lo es en las pinturas de Arrúe, de Sorolla y de Antonio de Guezala, lo contrario de War, la última de las salas monográficas, que contiene una única obra de John Davies adquirida en 2003 que nos dejaría descorazonados si no diera paso a la X, a la incógnita, la que vuelve a elevarnos la curiosidad por la disposición, por la mezcla del Greco con Hockney, Tàpies,  Sempere o Zóbel.

Yo contiene una de las enigmáticas caras de Jesucristo, la Santa Faz, la Vero-icónica pintada por Zurbarán y los autorretratos de algunos artistas entre los que se incluye una fotografía de Schommer.

Zubi, puente, punto de encuentro de las gentes, de los amantes. Un artista necesita la libertad, cruzar puentes de lado a lado, aunque sean tan inquietantes como el de Oskar Kokoschka, trazado en colores, a pesar de la dureza de su argumento.

Para los románticos alemanes del siglo XIX el museo era el nuevo ámbito del arte —fuera de iglesias y palacios—, el lugar en el que las obras se podían apreciar no solo por su significado o su función. El español Eugenio D’Ors afirmaba que al museo se va a admirar porque esa es su finalidad y su esencia.

Otros intelectuales consideraban, sin embargo, que eran espacios en los que las obras quedaban atrapadas en ambientes postizos y estáticos y allí, apartadas de sus primitivas funciones, se mostraban desalmadas.

Proust fue un firme defensor del concepto de museo como una realidad viva que es capaz de transmitir la idea de movilidad continua y no puede, por tanto, quedar confinado a la simple contemplación.

El MBBAA parece sintetizar, con esta exposición, las ideas de admiración por las obras y de movilidad continua. Se añade la invitación a participar interesándose por su esencia.

Es obligatorio sorprenderse y descubrir que, al final del recorrido, el tesoro era el mapa.

(Clic en la imagen para ampliar). Des potirons (Calabazas), Miquel Barceló, 1998.

11 comentarios

  1. Elvira

    Qué artículo tan sentido, tan lleno de espiritualidad, de amor por el arte, enhorabuena, porque además consigues, no sólo acercarnos la exposición, sino vivirla, sentirla y despertar un enorme interés por visitarla y recorrer sus salas con tus indicaciones.

  2. CarmenT

    Exposición variada y diversa…la facilidad con la que habla Laura de cada una de las salas, artistas y estilos y el entusiasmo que trasmite aviva mis emociones …¿hay arte sin emoción? … hay que verlo y sentirlo. Gracias Laura por tus palabras.

  3. Estoy deseando ir a Bilbao y recorrer esas salas del museo. Enhorabuena

  4. Maribel Santana

    Un articulo muy didactico. Es como si hubiera recorrido el museo yo misma. Me encanta la escritura de Laura. Muy documentado como siempre. Deseando seguir leyendo tus articulos. Felicitaciones.

  5. María Antonia Moreno

    Apetece recorrer el museo, aunque con estas explicaciones es como si ya hubiera estado en él. Gracias por ser tan didáctica, Laura.

  6. Miguel

    Gracias por hacernos ver las cosas desde esta perspectiva tan didáctica a la vez que profunda. Una agradable visita que siguiendo tus indicaciones nos anima al viaje.

  7. Maite González

    Me dan ganas de coger el primer vuelo a Bilbao para ver esta maravilla de exposición. Sin olvidarme de llevar bajo el brazo este exhaustivo y atractivo artículo de Laura Mínguez, aunque llevarla a ella al lado sería ya la perfección de la visita al MBBAA

  8. Lola Almiñana

    Hemos seguido el mapa y el premio ha sido encontrar el tesoro: un magnífico contenido variado, vívido e incomparable en este museo de Bilbao. La pregunta es, ¿ lo habríamos conseguido sin este valioso artículo…?
    Contesten señores, o mejor, edítenlo en forma de catálogo con sus correspondientes comentarios de cada sala. Felicidades.

  9. MLuz Lopez

    Un artículo muy interesante, que te invita a ir a Bilbao y alimentarte de arte. Maravillosa descripción, un placer para los sentidos.

    • María Dolores

      Me ha encantado recorrer con las palabras de Laura el Museo y sus salas.
      Me encantaria aun mas, poderlo recorrer con ella y escuchar en directo sus explicaciones, observaciones y reflexiones ¿a quien no?, pero es complicado que se pueda acompañar a todos los interesados …….
      Si yo fuese la responsable de la exposición contrataría a Laura para elaborar una audioguia con su voz y sus explicaciones, sería todo un éxito. Gracias

  10. Después de leer este artículo, tengo muchísimas ganas de ir un fin de semana a Bilbao para conocer todo en vivo y en directo. MUY interesante!
    Gracias Laura Minguez.

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