Deportes

Ferenc Puskás, un cañón con dos vidas (1)

Ferenc Puskás en 1954.
Ferenc Puskás en 1954. (DP)

«A mí el fútbol me gusta casi más que la vida…es una locura». Así habló Ferenc Puskás (Budapest, 1927-2006) en 1999, cuando ya llevaba muchos años retirado; cuando su panza se había curvado hacia fuera de tal forma que le impedía verse los pies, aunque ahí abajo permaneciera su pequeña zurda homicida. El futbolista autor de tan visceral y melancólica afirmación había formado con dos de los equipos que habitaron en la Arcadia feliz futbolera: la mágica selección húngara que se quedó sin corona mundialista, y el intratable Madrid que arrolló en el arranque de la Copa de Europa. Libra por libra, nadie como Puskás acumula méritos para convertirse en objeto de fabulación del aficionado nostálgico, ese que fantasea con un campo de sueños poblado de grandes de épocas pasadas de los que oyó contar historias. Puskás debería aparecerse como solía saltar al campo, siempre engominado, a poder ser en blanco y negro. Y sería inevitable sonreír al ver de nuevo el empeine humeante del futbolista con dos carreras, como explican los clásicos, que fue el «General Galopante» en la Hungría comunista, y que cuando se le hubo dado por retirado, regresó ya mayor y vestido de blanco para que la España franquista le bautizase como «Cañoncito Pum». 

Porque aunque se le recuerde por su juego (y por su tripa), el regate seco y la precisión cartesiana, Puskás, dos rugientes sílabas que siempre resonarán a fútbol, fue el disparo. Por eso es inevitable el lenguaje bélico. Alguno golpeó tan fuerte como él a la pelota, pero ninguno de los que le igualó en potencia pudo hacerlo en exactitud. Y para los que gustan de constreñir el fútbol a cifras, el húngaro las saltó por los aires a cañonazos. FIFA le considera el mejor goleador del siglo XX, con 512 tantos en 528 partidos oficiales, incluidos 84 en 85 encuentros con su selección. Hizo cuatro goles en una final de la máxima competición europea de clubes (en uno de los partidos del siglo, el 7-3 del Madrid al Eintracht en 1960), y no contento con eso, tres más en otra (la que el Madrid perdió con el Benfica 5-3 dos años más tarde). Números inasibles para un futbolista cuya vida merecería ocupar una novela tan gruesa como la barriga que terminó por convertirse en su signo distintivo.

Ocsi, el de Kispest

Y eso aunque Puskás, en realidad, no era Puskás. La familia Purczfeld Biro cambió su primer apellido, de origen alemán, una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial, época en la que convenía poco ser relacionado con el disparatado nazismo. El padre eligió Puskás; y Puskás en húngaro es arma de fuego, escopeta. Un motivo más para que cuando hablemos de él los balones silben como balas de cuero cerca de nuestras orejas…

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4 comentarios

  1. Pedro Pablo Parrado

    Esperando la segunda parte. Solo recordar por enésima vez que la selección inglesa tiene por apodo Three Lions, los del escudo de su federación, y no el consabido pros o pross, que algún iluminado debió popularizar para equivocó del resto. Se non e vero, e ven trovato, ya se sabe…

  2. Orsonwelles

    Puskas es un jugador totalmente infravalorado. En mi opinión está por encima de Di Stefano.
    Hay q tener en cuenta que cuando puskas llegó al real Madrid con 20 kilos de más,mayor y después de casi dos años retirado consiguió ser varios años el máximo goleador del equipo siendo clave en las finales de copa de europa. Si un jugador en decadencia al 20% de su mejor versión era capaz de estar al nivel de un di Stefano en su mejor momento qué no sería capaz con 20/25 años y delgado.

    Además fue subcampeón del mundo y oro en juegos Olímpicos,es decir mucho más de lo que logró di Stefano a nivel de selecciones.

    • Totalmente de acuerdo. Y llegó con 31 palos ya (en una época en la que la mayoría de los jugadores se retiraban no mucho más allá) y después de 2 años sin jugar como bien dice.

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