
In the early 1930s, at the height of popular fascination with gay culture, literally thousands of (tourists) attended the city’s drag balls to gawk at the drag queens on display there, while newspapers filled their pages with sketches of the most sensational gowns. (George Chauncey)
Si uno se acerca a Christopher Street, en pleno centro del Greenwich Village de Nueva York, se encontrará con un pequeño edificio de ladrillo con una placa conmemorativa. Es el Stonewall Inn, epicentro de las protestas que, como reconoce la placa, dieron comienzo al movimiento de liberación LGTB. En el imaginario popular, gran parte del viaje hacia el reconocimiento de los derechos LGBT empieza aquí. Pero eso sería exagerar. Y la misma placa conmemorativa, aunque discretamente, lo reconoce. En su versión en inglés habla del movimiento de liberación moderno, lo cual deja suficiente espacio para incluir todo lo que ocurrió antes, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.
Es ese tema, el mundo gay anterior a Stonewall —o, para ser más exactos, el mundo gay (masculino) en la Nueva York del primer tercio del siglo XX— el que interesa a George Chauncey, autor del gran Gay New York. Aunque recientemente haya ganado más fama por haber hecho de testigo en varios de los procesos judiciales clave durante los últimos años —entre ellos Hollingsworth v. Perry, que afirmó que el referendo californiano que había prohibido el matrimonio gay era inconstitucional—, Chauncey sigue siendo seguramente el historiador más reconocido sobre temas LGBT en Estados Unidos.
En Gay New York se dedica a investigar concienzudamente cómo era el mundo homosexual anterior a la Segunda Guerra Mundial —pronto sacará un segundo volumen sobre las décadas posteriores—, un periodo que vale la pena recordar porque no es ni tan positivo como los avances conseguidos desde Stonewall ni tan negativo como la represión de las dos décadas que precedieron a las protestas. Es un periodo diferente, lleno de matices y que en cierta manera rompe varios mitos de la visión whig que asume que la historia de los derechos LGBT siguió una trayectoria de menos a más durante todo el siglo XX. Lo cierto es que durante periodos del primer tercio del siglo XX existieron ciertas ventanas de tolerancia que permitieron que surgieran subculturas gais —más o menos reprimidas por los Gobiernos dependiendo de la época—.
Dos de los mitos, dice Chauncey, son los de la invisibilidad y el aislamiento de los gais anteriormente a los años sesenta. El símbolo por antonomasia de esta visión es el armario (closet), que sugiere que los gais llevaban una vida secreta, solitaria, y sin apenas interacción social o pública con el resto del colectivo. Pero lo curioso es que el armario como parte del vocabulario habitual es algo reciente. Solo aparece en los años sesenta, y antes está totalmente ausente del registro historiográfico.
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Ojalá durase todo el año el orgullo gai este en Madrid para que por lo menos nos limpiasen la ciudad todos los días…como lo hacen durante los fastos…
Quisiera aclarar, como gay, que ha sido metalúrgico, y que conozco, desde clase obrera hasta universitaria, que los conceptos de entender que no se es homosexual a través del «rol», activo o del que penetra, están prácticamente intactos hasta hoy. Entre mis compañeros de trabajo heterosexuales casados y solteros jamas se plantearon sobre su orientación sexual al tener sexo con un gay o trans porque para ellos es una especie de diversión o sucedáneo si no hay mujeres, y porque solo penetran. De todos modos entre esos si e detectado algún «reprimido» pero no muchos.
En cuanto a las clases sociales encuentro al revés, que cuanto «mas alto» mas circunspecto y represivo es el ambiente, quizás porque la burguesía del dinero viejo todavía cultiva cierto conservadurismo religioso.
Sobre esta época están muy buenas las investigaciones de Eribon, «La cuestión gay». La primera guerra mundial y la segunda, paradojicamente fue una «liberación» para muchos adolescentes gays hasta entonces reprimidos en sus ambientes que los puso en contacto con hombres como ellos, y descubrir que no estaban solos en el mundo.