Fotografía: Begoña Rivas

Isabel Villanueva (Pamplona, 1988) cogió su primera viola con nueve años y casi por casualidad; ahora es una de las violistas emergentes más importantes del panorama internacional y toca un instrumento construido por Enrico Catenar en 1670. Ha estudiado con algunos de los maestros más destacados del mundo y ha recibido premios y ganado concursos por toda Europa, desde Madrid hasta San Petersburgo, incluyendo el Prix Albert Lullin de Ginebra al instrumentista más destacado del año 2014. En 2015 recibió el reconocimiento institucional «Marca España» y en 2016 fue la nominada más joven de la historia al Premio Príncipe de Viana de la Cultura. Aún no ha cumplido los treinta y ya componen obras expresamente para ella; algo comprensible, entre otras razones, porque es capaz de llenar salas de conciertos, auditorios y hasta iglesias cristianas en Oriente Medio.
Ahora que nos enseñas la viola, cuéntanos cómo la mantienes.
La cuido como si fuera una persona. Hay que mantener la humedad tanto en invierno como en verano. En verano por el aire acondicionado y en invierno por las calefacciones. Usamos aparatitos como este [del interior de la viola extrae una especie de esponjita alargada]. Se le pone agua. Es una esponja recubierta de plástico alargado que se rellena con agua y se mete dentro para que se mantenga la humedad en el interior del instrumento.
Tú has dicho en alguna ocasión que la viola es un instrumento imperfecto. ¿Por qué?
Durante mucho tiempo, la viola no se consideraba con la importancia suficiente como para componer como solista, entre otras cosas por las dimensiones del instrumento, su forma arquitectónica no es proporcional. Hay muchas violas de distintos tipos, de tamaños diferentes; eso hace que el sonido sea distinto, más difícil de sacar técnicamente. Investigando un poco, nos damos cuenta de que no existe una viola de igual tamaño que otra, en longitud y en anchura. Eso no pasa con el chelo o el violín. El tamaño del violín o el chelo para un adulto es siempre estándar. No se fabrican chelos más pequeños para adultos. En viola sí que pasa y hace que se hagan como las personas: más altas, más bajas, más gruesas, más delgadas. Y, claro, también varían las distancias del instrumento. Y eso hace que tenga esa imperfección; esa complicación y, a la vez, esa magia, porque cada instrumento es único.
El timbre de cada ejemplar también será distinto, ¿no?
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Me da apuro decir que soy paisano de esta artista y que no la conocía…
Al menos puedo leer una entrevista aquí.
Quiero expresar mis felicitaciones por la calidad de los artículos publicados que forman parte de una significativa linea editorial
Impresionante Isabel, que descubrimiento!!! MERCI
¡Gran artículo! El talento hay que valorarlo, apoyarlo y fomentarlo.
Eso de que todos los chelos para adultos tienen un tamaño estándar y que no se fabrican en otros tamaños… bueno, en fin.
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