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Pekín-París 1907: Mientras un hombre tenga un coche, puede hacer lo que quiera e ir adonde quiera

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Foto: CC.

El anuncio apareció el 31 de enero de 1907 en el diario parisino Le Matin y decía lo siguiente:

Lo que necesita ser probado a fecha de hoy es que, mientras un hombre tenga un coche, puede hacer lo que quiera e ir adonde quiera. ¿Hay alguien que se atreva a viajar este verano desde Pekín hasta París en coche?

Este guante, cabe insistir, fue arrojado en 1907, cuando los coches nada tenían que ver con los actuales más allá de un motor de combustión interna y, por lo general, cuatro ruedas. Apenas veintidós años habían pasado desde que Benz creara su primer Motorwagen, del cual siguiendo este link se puede comprobar que ni siquiera cumplía con el segundo precepto. Aún no había llegado el momento en el que Ford empezara a producir el icónico Ford T que daría inicio a la actual época de la automoción, que cambiaría por siempre jamás nuestra concepción del transporte, del diseño de las poblaciones y, por supuesto, de las vías que las conectan y de muchísimos más factores.

No obstante, y para ser justos con la realidad, los ingenieros y demás alocados que abrazaron el coche como el modo de transporte del futuro, en un entorno en el que su efusividad chocaba contra una general indiferencia cuando no directamente desprecio (algo similar puede estar pasando en la actualidad con la entrada de los coches eléctricos), consiguieron mejorar el rendimiento de las máquinas de una forma vertiginosa. Si bien los primeros coches alcanzaban una velocidad punta de 20 kms/h, en 1907 había ya prototipos, mayormente rodando sobre playas estadounidenses, que lograban acercarse a los 200 kms/h, un crecimiento asombroso en tan poco tiempo. Hay que darles mucho crédito.

Solo que quizá no haya que darles tanto crédito. Quitando estas demostraciones llevadas a cabo por prototipos de muy dudosa fiabilidad y practicismo, el coche era por lo general un engorro. Muy dado a romperse sin preaviso, su alcance era limitado y muy condicionado por la dificultad de encontrar combustible. Lo peor de todo no eran los vehículos; lo peor era todo lo demás. El mundo no había abierto sus brazos aún a los automóviles, entre otras muchas razones porque nunca había hecho falta, con lo cual el presente habitual paisaje dividido por vías asfaltadas de fácil acceso y negociación era entonces difícil de vislumbrar. Hay que sumar a esto que los coches de entonces tenían unas ruedas deficientes, una suspensión abominable, unos frenos suicidas y una potencia ridícula. Un año después, el London Daily Mail lo pondría en letra impresa: «El motor de un coche es la cosa más frágil y caprichosa del mundo». Básicamente, se podía llevar la contraria a Le Matin y decir sin titubear que no, que un hombre con un coche ni puede hacer lo que quiera ni ir adonde quiera.

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10 comentarios

  1. Pekín-París 1907: Mientras un hombre tenga un coche, puede hacer lo que quiera e ir adonde quiera…
    Extraordinaria y fantástica historia.

  2. Maravilloso artículo y epopeya digna de llevarse a la gran pantalla (en mi humilde opinión). El tal Goddard era todo un personaje.
    Muchas gracias por proporcionarme este buen rato.

  3. Precioso relato

  4. muy bueno colega

  5. @sergioquesada

    Lo he leído completico, ¡fantástico! saludos, desde Colombia.

  6. @sergioquesada

    Se me ha pasado, me surge la duda, como se transportaron los coches y ellos en un principio. ¿Por tren?

  7. Buenísimo David. Y sí, se merece una película.

  8. Preciosa historia! Muchas gracias, para los amantes de los coches, esto es un regalo, las fotos que habéis puesto de coches de la época… simplemente impresionantes. Quién pudiera haber disfrutado de aquella época… Saludos!!

  9. Deberían hacer una película sobre esta maravillosa historia. Estoy seguro que los amantes de los coches, que no somos pocos, llenaríamos el cine

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