
Enrique Jardiel Poncela tenía en mente la preparación de su autobiografía, de título provisional Sinfonía en mí, cuando le sobrevino la enfermedad. Murió de forma temprana, a los cincuenta y un años, en la ruina económica y el ostracismo de una generación que se había nutrido de él pero le negaba el saludo. Para ese libro, el escritor estaba recopilando el extenso material que poseía, correspondencia, diarios, material gráfico… con el objeto de conformar lo que sería su «Automoribundia», pero a la jardeliana.
A falta de esa sinfonía, existen multitud de publicaciones sobre la vida y la obra de Jardiel, entre estudios, tesis doctorales y monografías, señal inequívoca de su importancia dentro de la literatura post-generación del 98 y pre-generación del 27; mejor dicho, de la «otra» generación del 27, la de los literatos «no serios». Entre las obras más conocidas, las espléndidas biografías que firmaron dos amigos del autor, Miguel Martín (El hombre que mató a Jardiel Poncela, Planeta, 1997) y Rafael Flórez (Mío Jardiel, Biblioteca Nueva, 1966). Otras han sido escritas por sus familiares. Por ejemplo, tenemos el libro de su hija mayor, Evangelina (Mi padre, Biblioteca Nueva, 1999), donde se incluye mucha de la correspondencia que iba a ir en aquel proyecto malogrado. Su nieto, el también escritor Enrique Gallud Jardiel, ha publicado, además de la reedición de un par de volúmenes con textos poco conocidos (El amor es un microbio, Azimut, y El plano astral y otras novelas cortas, CSIC/Ediciones Ulises, 2017), tres libros sobre don Enrique: La ajetreada vida de un maestro del humor (Espasa, 2001) y dos estudios sobre su obra, El humor inverosímil (Fundamentos, 2011) y La risa inteligente (Doce Robles, 2014).
El personaje de Jardiel ha sido sometido a una batería interminable de juicios gratuitos. En su abundantísima colección de textos se encuentran, paso a paso, las huellas de su biografía, pero ambas, obra y vida, han sido sistemáticamente malentendidas o vilipendiadas, sin tener, además, en la mayoría de las ocasiones, demasiado conocimiento sobre ellas. Ya en vida, el autor tuvo sus más y sus menos con la crítica y algunos compañeros de generación. Es cierto que fue muy popular, cosechó grandes éxitos en el teatro y la prensa, pero, por decirlo de una forma diplomática, no recibió el aprecio del mundo literario ni tuvo de su lado a casi nadie en la academia. Mucho menos en la política. Como si estuviesen apuntando ideas para una comedia suya, el reestreno de 1996 en el Teatro Español de Carlo Monte en Montecarlo provocó un debate en el Parlamento de la Comunidad de Madrid sobre si «era o no pertinente» traer de nuevo a Jardiel a la capital. Su vida, que comenzó de forma plácida, se fue complicando poco a poco, convirtiendo al joven ciclotímico, que combinaba episodios de euforia con momentos de depresión, en un hombre taciturno y lleno de amargura. Su personalidad ambivalente se proyecta en lo que escribió, páginas deslumbrantes de genialidad y desafortunadas declaraciones en los momentos más bajos.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Bravo, Grace. Muy buen y justo perfil de Jardiel.
Me ha encantado el artículo. Es, desde que tenía 15 años (ahora tengo 49, o sea que ha llovido), uno de mis autores favoritos.
Magníficamente redactado y organizado. Enhorabuena.
¡Fantástico e impresionante!. Serio y documentado. Mi enhorabuena.
¡Me gusta!
Pero lo que no dice Ud. y yo le informo, por si no lo sabe, es que a D. Enrique Jardiel se le puede seguir leyendo. Todos los días con algo nuevo, como en sus viejos tiempos.
Tan solo hay que poner en Google su nombre y apellido y añadir, en medio de las dos palabras, una G (de Gallud) y ponerse a leer las Humoradas de su nieto, o comprar alguno de sus muchos libros publicados y comparar con el estilo del abuelo, para saber como escribiría D.Enrique Gallud Jardiel, si hubiera nacido a la vez que su abuelo. O al revés, que tanto monta.
Quede claro que, de momento, no me paga comisión alguna.
Pero si sí que lo dice!
Echo de menos en el artículo una referencia a Miguel Mihura autor con el que mantiene bastantes paralelismos y al que criticó por plagiar su estilo de forma muy poco delicada. Ambos autores practican un humor que emparenta con el absurdo desde la melancolía de sus propias vidas y en ambos hay una tensión entre lo tradicional y lo moderno que no acaba de ser resuelta y que también nutre su peculiar sentido del humor.
Por suerte Jardiel Poncela sigue volviendo de tanto en tanto a los escenarios y es descubierto por otros públicos, más vivo que otros dramaturgos del siglo XX cuya recuperación se antoja imposible, entre otras cosas por su humor castizo y absurdo.
Lo descubrí en la adolescencia; sus novelas, su visión desgarrada, cínica, dura y sin embargo optimista de la vida, su inteligente humor absurdo y su feroz defensa de la libertad personal frente a los ataques desde la derecha y la izquierda, ayudaron a forjar mi personalidad y mi propia visión del mundo.
Más que un escritor de ficción lo he considerado siempre un ensayista; en todas sus obras procuraba desarrollar una tesis, bajo delirantes argumentos y personajes disparatados subyace un mensaje, una lección de vida.
Gracias por recordar a uno de los grandes escritores españoles del pasado siglo.
«Las comedias de Jardiel hablan casi únicamente de sexo» que grande es Jardiel que los hay que solo ven sexo …. sin comentarios.
Ahora estoy leyendo «El libro del convaleciente»,obra casi ignorada de Jardiel Poncela con un humor clásico del genial escritor
Un libro genial, lo leí y releí en mi juventud en muchas ocasiones.
Un maestro del absurdo.
Conocí a D. Enrique, a su esposa Dña. Carmen y a su hija Mariluz -también al perro Boby- Él me regaló una «calculadora» de punzón, una especie de ábaco de bolsillo.
Le conocí porque de niño estuve en su casa -no era exactamente un «altillo»- en Infantas 42. Por aquel entonces yo era un crio de 6, ó 7 años, hijo de su cocinera «Gordita». Era un tío encantador, con duende para los críos o, eso me pareció. A Mariluz y a mi nos leía, por ejemplo, «Los habitantes de la casa deshabitada» o «Los ladrones son gente honrada» y alguna otra que no recuerdo. Era un «tío» fenómeno. Llegué a quererle como a un tío o un abuelo. Ahora, cada vez que releo alguna de sus novelas o comedias, todavía se me hace un nudo en el pecho Pocos saben que era un gran devoto de la Virgen del Pilar y dejó dicho que a su muerte le enterraran con la bandera de España como mortaja. Descanse en paz.
Me alegra saber que conoció usted a mi abuelo, Jardiel. Tendría mucho gusto en conocerle a usted y charlar. Mi tel: 605226280. Enrique Gallud Jardiel.
Nos gustaría contactar directamente con Grace Morales. Les dejamos nuestro correo electrónico. [email protected].
Estamos muy interesados en este artículo en concreto y del autor al que se refiere.
Gracias a vuestro mítico artículo en Mondo Brutto me aficioné a Jardiel, y por ello os estaré por siempre jamás agradecido.
Recomiendo vivamente su relato “El naufragio del Mistinguette”. A los que no lo conozcáis os sorprenderá… mucho
Me pregunto si los que lean Maricones del espacio hablarán tan bien de mí cuando haya muerto, jajaja. Nada, un artículo muy entretenido. Gracias Grace, por amenizarnos la tarde.
Excelente articulo. Gran personaje olvidado, hoy haria falta otra generación de grandes autores como el.
Uno de los mejores escritores españoles, si no el mejor.