
Es la escena más simpática de la película Indiana Jones y el templo maldito. Cuando un sacerdote le arranca el corazón a un infeliz y se lo brinda al público mientras al desdichado lo churruscan en una parrilla. Nunca pensé que semejante práctica tuviera mucha base histórica. Sería fruto de la calenturienta imaginación de los autores de literatura pulp de aventuras, pensaba. Pero estaba yo leyendo tranquilamente sobre un tema que es de mi interés, la tortura después de la muerte, esto es, la vejación del cuerpo de los muertos, en el libro Cabezas cortadas y cadáveres ultrajados (Desperta Ferro, 2017) del catedrático de Prehistoria de la Universidad de Barcelona Francisco Gracia Alonso, y de repente apareció el tema.
Había muchas razones para arrancarle el corazón a alguien en los tiempos remotos. La más comprensible, sin embargo, era la relativa a la política de los mayas. Servía para preservar la memoria de las victorias militares mediante la religión. Un sacerdote, el ah nacom, junto a unos ayudantes, los «sostenedores« o chaacob, extraía el corazón de la víctima que había sido previamente drogada con balché, una bebida alcohólica tipo hidromiel, «para que acudiera a la muerte relajado y no estropeara la ceremonia». El corazón luego se guardaba en una caja a la que se prendía fuego para, a continuación, comerse entre todos el cuerpo del homenajeado.
La diferencia con la película es que con esto no se encontró un profesor de arqueología estadounidense, sino españolitos de a pie. Me hace gracia este fragmento del libro, donde se detalla por qué se sorprendieron: «Es evidente que, en el momento de la conquista, dicho procedimiento impresionó a los españoles, en especial a los religiosos que acompañaban las expediciones durante el siglo XVI, por su paralelismo con el propio concepto de la comunión expresada en la práctica ritual católica». No había duda de que eran nuestros hermanos.
Curiosamente, con los años, los indígenas asimilaron también la influencia católica. Eran abiertos de mente. Los primeros españoles sacrificados y devorados por estos métodos lo fueron en 1511, eran miembros de la expedición de Juan de Valdivia y Jerónimo de Aguilar. La actividad se prolongó durante todo el siglo XVI, pero «se introdujeron nuevas formas de tortura como resultado de la influencia del cristianismo, como la asimilación entre el símbolo de la cruz y la fertilidad del maíz, por lo que muchos niños murieron atados o clavados a una cruz, imitando los relatos sobre la Pasión de Jesucristo. A estos les arrancaban el corazón mientras permanecían atados».
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







«La escuela de Chicago del momento»
Todo organizadito por un poder estatal omnímodo, pero la culpa es del neoliberalismo ¯\_(ツ)_/¯
Solo un apunte, es imposible que Tito Livio cite a los españoles, ya que en época de los romanos no existía esa denominación para los pueblos de la península ibérica (por favor, para los ofendidos, no va como apunte político en ningún caso). Por lo demás, buen articulo y muy entretenido.
Jota, de eso nada; ¿de dónde lo has sacado?. Se entendían como «españoles»/»hispanos» todos los pueblos que habitaban la Hispania romana (o sea, la península Ibérica).
Tienes razón que en esa cita en concreto no cita a los españoles («En este medio el Cónsul, movido por la rebelión de los Bergistanos, pensando que las otras ciudades harían lo mismo, quitó las armas á todos los que estaban de esta parte del Ebro, de lo qual se enojaron tantos que muchos de ellos se mataron. Gente por cierto feroz, que piensa que sin armas no hay vida.»), pero en la frase siguiente, unas pocas líneas más abajo sí que lo hace: «[…] el no rebelarse más satisfacía á ellos que á los romanos, porque siempre lo habían hecho con mayor daño de los Españoles, que trabajo del ejército Romano […]» y un poco más adelante: «Tenía más dificultad en los sojuzgar que los primeros que fueron a España [Hispania], porque aquellos á los Españoles se pasaban cansados al imperio de los Cartagineses […]». Hay muchos ejemplos más por todo el libro, busca «Decadas de Tito Livio, principe de la historia romana, Volume 4» en Google Books.
Sobre el uso de «españoles» en vez de «hispanos», hay que tener en cuenta que el término hispano tiene un uso y connotación muy diferente en el lenguaje moderno, con lo que no correspondería con lo que se entendía por «Hispano de Hispania» en la época, mucho más cercano al «español» moderno, que en muchas épocas incluía a portugueses también.
Hay amplias referencias de cómo desde el período romano, pasando por la edad media alta y baja, y antes de la centralización estatal borbónica, tanto extranjeros como locales consideraban a los pueblos habitantes de la Península un conjunto diferenciado del resto, por diferentes factores, incluidos a los portugueses. De hecho, hasta en formatos populares (series como «Isabel», por ej.) se ejemplifica bien como la unión dinástica podría (y muchos contendientes así lo querían en la época) haber afectado a todos los reinos peninsulares, o haber dejado a Aragón fuera, uniéndose Castilla y Portugal. Esto era una constante en los andirivienes de las uniones dinásticas medievales, que cuando eran fuertes (o sea, aceptadas por la mayor parte de la nobleza) y duraderas, darían lugar a las bases de los Estados renacentistas/modernos.
No es una consideración política tampoco la mía, simplemente un hecho que se ofusca muchísimo en discusiones interesadas, y al que me costó mucho llegar no siendo mi disciplina la historia (para los historiadores serios esto que digo es obvio, pero no lo trasladan bien a la cultura popular).
Por completitud, en el latín original:
«Consul Interim rebellione Bergistanorum ictus, ceteras quoque civitates ratus per occasionem idem facturas, arma omnibus cis Hiberum Hispanis adimit; quam rem adeo aegre passe ut multi mortem sibimet ipsi consciscerent, ferox genus, nullam vitam rati sine armis esse. […] siquidem id maiore Hispanorum malo quam exercitus Romani labore semprem adhuc factum est.»
No recuerdo si Tito Livio usara el gentilicio. Me parece que sí: Hispanum, pero de lo que estoy seguro es que usaba Hispaniam. Luego había pueblos a los cuales nominaba con términos particulares, como saguntinos, carpetanos, turdetanis. numantinos, etc. etc. Para ellos la península era Hispanum, que muy probablemente derivase de Hiberum, el actual río Ebro. Muy buena lectura. Gracias.
Que se hayan sacrificado 20 mil personas en la inauguración del Templo Mayor es un dato muy discutido. Es una cifra irreal considerando el tiempo estimado que tomaba realizar el ritual del sacrificio.
Por lo demás un estupendo artículo.