Arte Arte y Letras

Balthus, el conde demediado

La calle GRND e1554217691317
La calle, 1933. Click en la imagen para ampliar.

Como el vizconde Medardo de Terralba, el que imaginara Italo Calvino partido en dos por el efecto de una bomba de cañón, Balthus vivió dos vidas paralelas. Mejor dicho, fue el protagonista de dos relatos contradictorios, quizá complementarios: el que narraron los que le conocieron y el que él mismo compuso.  

Balthasar Klossowski de Rola, su nombre real, fue un pintor que vivió con el siglo XX. Su familia, de origen polaco, se había instalado en París, donde nació, segundo hijo de un matrimonio culto y amante del arte, el 29 de febrero de 1908, justo en el día que traen de más los años bisiestos. Esa circunstancia, para él significativa, dio origen a una vida que se fue construyendo ajena pero no extraña a las corrientes en las que discurría.

La exposición

El Museo Thyssen-Bornemisza organiza una retrospectiva de su obra que se puede visitar desde el 19 de febrero hasta el 26 de mayo y que tendrá otras actividades adicionales como una jornada sobre el autor el día 11 de abril y un ciclo de cine con proyecciones relativas a su persona, su obra y su época.

La muestra se ha exhibido de manera similar en la Fundación Beyeler de Basilea (Suiza) y se compone de cuarenta y siete de sus trescientas obras organizadas en siete espacios expositivos, con orden cronológico.

Ha sido comisariada conjuntamente por Raphaël Bouvier, Michiko Kono y Juan Ángel López-Manzanares con la asistencia de la propia familia del pintor.

Llama la atención, en primer lugar, el ambiente casi oscuro en el que se han colgado los cuadros después de que en Suiza se exhibieron en salas con luz cenital y grandes ventanales que los iluminaban: los tonos más oscuros resultaban allí matizados y los más claros se veían algo difuminados. Las pinceladas se apreciaban con más evidencia que en Madrid y en algunas telas se percibía el gesso con el que el autor gustaba de empastarlas.

Las salas del Museo Thyssen-Bornemisza, sin embargo, reciben los lienzos en paredes de colores umbríos donde quedan casi exclusivamente iluminados por focos de luz artificial directa al objeto.

Estas diferencias en el ambiente dan también otro sentido a la exposición, pues en Suiza las obras disfrutaban de la misma luz con la que algunas de ellas fueron concebidas mientras en Madrid la luz natural, que aquí les sería extraña, ha sido suprimida. El resultado es un recorrido intimista que invita a observar con detenimiento y de manera recogida cada una de las pinturas, lejos de sus medios originarios.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

5 comentarios

  1. María Dolores vives

    Es un artículo FANTÁSTICO

  2. Da gusto leerlo. Dan ganas de hacer turismo solo de museos. Un placer

  3. RAE ADAMSON

    Muy interesante!!

  4. Laura Díaz Fuentes

    Absolutamente original. Sin tópicos. Conocemos ahora mejor la figura del autor y su obra.

  5. Maribel Santana

    Un artículo, como siempre, muy pedagógico y elaborado. He descubierto un gran pintor que me ha seducido a emprender un viaje para visitar la exposición en Madrid.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*