
Gloria Fuertes marcó, nos marcó la infancia a millones de personas. Y como todos saben, fue una especialista en gatos. El gato Pirracas y la gata Timotea, él de los tejados y ella de las azoteas; la gata Chundurata, que no había modo alguno de que se durmiera; o el famoso gato Garabato, ese gato astronauta que echaba de menos que no hubiera colinas en la Luna.
Del mismo modo, y aunque parezca una obviedad de esas que tanto le gustaban a la poeta de los niños, el perro ladra, la vaca muge, el burro rebuzna y el gato… maúlla.
Y esto no es todo. Podríamos continuar: el cerdo es omnívoro, la vaca es herbívora y el gato… carnívoro.
Llegados aquí y agradeciendo al lector que me haya permitido esta licencia para iniciar el texto, la condición fisiológica por la cual los animales se alimentan está directamente vinculada a su condición genética. Además de ser lo que comemos y que los alimentos sean capaces de modular la expresión génica de quienes los ingieren, e incluso dejar una huella para las siguientes generaciones, los genes también determinan qué debemos comer. Si carne, vegetales, frutas, insectos, un poco de todo… En el mundo animal casi todo está determinado. Sabemos que un león es un carnívoro estricto y que una jirafa es una herbívora estricta. Y lo condicionan sus genes, que permiten que, por ejemplo, se pueda digerir, o no, la celulosa.
Lo mismo ocurre con los animales domésticos. Un cerdo, como buen omnívoro, puede comer casi de todo; el perro es un carnívoro no estricto por lo que, además de carne, come otros tipos de alimentos. Y, frente a estos, el gato, como buen felino, es un carnívoro estricto. ¿Qué quiere decir? Pues que su dieta se basa fundamentalmente en el consumo de carne. ¿Significa esto que moriría si come eventualmente otro tipo de alimento? No. Puede consumir en alguna ocasión otro tipo de alimento, pero la base de la dieta debe estar constituida principalmente por carne. La carne le aporta los nutrientes necesarios para su vida, y otro tipo de alimentos no se lo pueden aportar: taurina, vitamina A o ácido araquidónico.
Que la necesidad dietética sea de un tipo u otro responde a la propia naturaleza fisiológica de cada especie, consecuencia de su adaptación durante miles de años. Al tipo de dientes o al movimiento mandibular; a la presencia o ausencia de determinadas enzimas digestivas; a la longitud y característica del aparato digestivo. Los gatos, por ejemplo, no han tenido la adaptación hacia la biología carnívora-omnivora que han tenido los perros tras treinta mil años de domesticación. Ni genética, ni bioquímica ni de comportamiento. Y por esto continúan siendo carnívoros estrictos.
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El veganismo, por ser minoritario, se acabará imponiendo en Europa. Lo mismo que la comida Halal.
En Occidente, salvo en EEUU, no se respeta el principio democrático.
El veganismo se acabará imponiendo porque usted es gilipollas, porque yo soy gilipollas y en definitiva porque los gatos que cohabitan con humanos son gilipollas, dicho esto, lo que nos pase a los tres nos lo tendremos merecido.
He visto herbívoros haciendo cosas más omnivoras : caballos y cabras comiendo pollitos recién salidos del cascarón como si fueran peladillas. Creo que herbívoros puros hay pocos.
Hola:
Soy biólogo y vegano. Tengo a dos compañeras veterinarias que son especialistas desde hace décadas en nutrición animal. Ellas llevan años estudiando de primera los efectos de la alimentación vegetal en perros y gatos. Los resultados indican que, como en humanos, perros y gatos pueden llevar una alimentación vegetal que sea acorde sus requerimientos nutricionales.
Fuente: https://vetyvegan.weebly.com/blog/dietas-veganas-para-animales-mitos-y-realidades-traduccion-articulo
El artículo señala la taurina, principalmente, como obstáculo o impedimento para que los gatos estén sanos con una dieta vegetal. Este hecho real carece de importancia cuando hablamos de animales que viven en un entorno humano. Los piensos cárnicos están enriquecidos con vitaminas, taurina y otros sustancias no presentes originalmente en los animales que fueron asesinados para alimentarlos. De igual forma, los piensos vegetales incluyen taurina, vitamina A y todos los nutrientes que necesitan perros y gatos sin necesidad de que lleven carne.
El autor de este artículo incurre, desde el primer momento, en un disparate científico al afirmar que la alimentación modula nuestro ADN al estilo lamarckiano. Nuestro ADN condiciona nuestro metabolismo, pero éste no es una variable discreta, sino que conforma un espectro de posibilidades que un animal puede desarrollar o no. Así, por ejemplo, los leones no cazan habitualmente focas ni su metabolismo está adaptado a ello. Sin embargo, múltiples manadas de leones que han sido desplazadas por la caza sistemática se han adaptado a cazar focas sin mayores problemas.
En este caso, como en tantos otros, acontece un pensamiento pseudocientífico empañado de la falacia naturalista. Existe una creencia irracional de pensar que cuanto existe en la naturaleza, o que cuanto comen los animales en la naturaleza, está «bien» o es «sano» por el mero hecho de que ocurra. Los humanos y otros animales han adaptado su alimentación a lo largo de miles de años. Alegar que un gato debe comer carne por ser carnívoro no es diferente de decir que un hombre debe aparearse por tener pene.
La carnivoría es una condición biológica que, como otras, puede adaptarse al entorno y no constituye un criterio ético para justificar nuestras acciones. El autor de este artículo olvida que los gatos que viven con humanos no están en la naturaleza. Nosotros somos los responsables de aquellos animales que vivan con nosotros. No tienen sentido rechazar los piensos vegetales apelando a la «naturalidad» al mismo tiempo que el autor y millones de humanos justifican el consumo de animales criados y alimentados de forma artificial como algo natural. Ni los gatos ni los humanos que vivimos en una ciudad nos alimentamos de forma natural.
Los humanos, como agentes morales, tenemos la obligación de que nuestras acciones no vulneren los intereses inalienables de terceros. Sin entendemos que nosotros podemos evitar dañar a los animales por el simple hecho de dejar de comerlos y de participar en su explotación, ¿qué argumento hay acaso para negarlo? No sólo hay animales que se comen a otros en la naturaleza, sino animales que violan a las hembras y que cometen infanticidio. Que algo sea «natural» sólo significa que sucede en la naturaleza, no que sea correcto o deba ser imitable.
De igual forma, si un humano asume el compromiso de tener a un animal, no debe usarlo como recurso en su beneficio ni perjudicar a otros animales. Por ello, dado que un perro y un gato pueden alimentarse con piensos vegetales y ello evita el asesinato sistemático de millones de animales, ¿qué razón hay para no hacerlo? Los prejuicios hacia los veganos y la ignorancia no son argumentos.
Un saludo cordial.