Música

Concha Piquer, la folclórica que vino de Broadway

Concha Piquer 1928
Concha Piquer en 1928. (DP)

En su biografía Groucho y yo, donde narra la historia desde la infancia en la más absoluta miseria al gran éxito de los hermanos Marx, Groucho cuenta que, durante los primeros años veinte, él y sus hermanos soñaban con la idea de dar el salto de los teatros de variedades de extrarradio al corazón de Broadway. Según él, en Manhattan había tantos teatros de primer nivel que uno podía pasarse un año entero trabajando sin hacer las maletas; el paraíso para quienes su rutina eran teatros donde la mayor parte del público eran estudiantes y hoteles de mala muerte. Aun así, el único que pensaba que tenían posibilidades de éxito y debían intentarlo era Chico, claro que sus antecedentes —perderlo todo en el juego y las apuestas— no ayudaban a la hora de tomarlo en serio. Groucho y Harpo eran especialmente tímidos y no se atrevían siquiera a pensar en la idea de intentarlo en Broadway, hasta que un día Chico se impacientó, los confrontó a los dos y les espetó: «¿Qué tienen los de Broadway que no tengamos nosotros?».

Entonces Groucho hace un repaso de las grandes estrellas del momento que triunfaban en los teatros del centro de Manhattan: Ed Wynn, Willie Howard, Al Jolson, Eddie Cantor… Por suerte, Chico insistió lo suficiente y esta vez su baza no los llevó a la ruina, sino al éxito absoluto; seguramente ayudó el hecho de que el triunfo no dependió del azar, sino del talento forjado durante años de teatros de tercera. 

Podría parecer que esta anécdota no tiene nada que ver con la historia, pero es que a veces es necesario alejar el objetivo para ver más claras las cosas. En esos años veinte de la Nueva York de los gánsteres, actuando junto a Al Jolson y Eddie Cantor en el corazón de Broadway, la tierra prometida de los artistas que Groucho y Harpo miraban como inalcanzable, estaba Concha Piquer. 

El sueño americano 

El maestro Manuel Penella la vio cantar en el teatro Kursaal de Valencia y habló inmediatamente con su madre para llevarla con él a México, donde iba a representar la ópera El gato montés; antes de eso harían una parada en Nueva York para presentar el espectáculo en inglés. Para que Penella pudiese contratar a la niña, que en aquel momento solo tenía trece años, tuvo que llevarse en su compañía también a la madre. No sabemos si ahí nació el mito de la madre de la artista, pero sí tenemos la certeza, desde nuestra perspectiva histórica, de que una folclórica de pro debe tener una madre como guardia pretoriana, preparada para acompañarla al otro lado del mundo y batirse a muerte por ella, si es necesario. 

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19 comentarios

  1. Cimex Lectularius

    No es cuestión de machismo o feminismo, sino de humanismo.

    https://youtu.be/ay4XUA8JRNY

  2. 17 comentarios y ni uno solo para referirse, ni que fuera en modo peyorativo, a Doña Concha Piquer. ¡A la mierda!

  3. A mí me ha gustado el artículo, gracias.

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