Las amenazas lo atormentaron durante toda su carrera pública, muy especialmente después del asesinato de Kennedy: si el mismísimo Presidente no tenía garantizada su seguridad, cualquiera podría abatirlo a tiros a él en cualquier momento y lugar. No renunció a su agenda de actividades por ello, pero no era la clase de individuo que aceptaba con resignación el constante peligro: la sola idea de resultar asesinado lo atormentaba.
Pero hubo otro asunto que contribuyó a acentuar aún más los sinsabores de su posición como líder del movimiento de los Derechos Civiles: los chantajes y la inminente posibilidad de que algunos aspectos poco conocidos de su vida privada saltasen a los titulares de los periódicos, arruinando su imagen y quizá pulverizando el futuro inmediato de las aspiraciones de dicho movimiento.
Una carta anónima
A principios de los años 60, el director del FBI inició un programa secreto de espionaje destinado a tener bajo control a grupos y sectores políticos que él pudiese considerar radicales, o una amenaza para la estabilidad política de la nación. Sus objetivos fueron variados, eso no se puede negar: desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha y desde grupos reivindicativos negros hasta grupos de racistas blancos, todos ellos fueron objeto de vigilancia y acciones de contrainteligencia. Toda clase de organizaciones fueron espiadas, infiltradas e incluso desestabilizadas: los Panteras Negras, el Ku Klux Klan, el Partido Comunista de EEUU, el Partido Nazi Americano, asociaciones políticas de estudiantes, asambleas de izquierdistas, etc. Aquel programa de espionaje, llamado Cointelpro, recurría a toda clase de tácticas sucias para obtener información de estos grupos, sembrar el caos entre sus miembros y debilitar sus estructuras. Curiosamente —y más teniendo en cuenta lo que vamos a contar aquí— uno de los grupos más perjudicados fue el KKK, que tenía un considerable poder e influencia en diversos estados al comenzar la década de los sesenta, pero que fue boicoteado por el programa Cointelpro hasta casi bordear la desaparición.

Pero la gran preocupación del director del FBI, J. Edgar Hoover, eran los comunistas. Obsesionado con la idea de que los rojos se estaban infiltrando en los más dispares círculos del país, utilizó Cointelpro para rastrear posibles conexiones entre diversos movimientos políticos y sociales con la URSS. Cualquiera podía convertirse en sospechoso de trabajar para los soviéticos y sufrir, por tanto, el espionaje o incluso el acoso de aquella sección secreta —e ilegal— del FBI.
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Hermoso articulo, me gusto mucho.
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Sobrecogedora historia. Enorme persona.
Gracias al autor por su relato.
Impresionante las dos partes del artículo. NO deja de ser curioso que en el supuesto país de la libertad que es EEUU se hiciesen, y probablemente se sigan haciendo, escuchas ilegales a grupos o individuos por el mero hecho de pensar diferente a lo establecido, aunque esto sirviese para desarticular a grupos como el KKK o alguno filo-nazi como se indica en el artículo. No me parece que sea una característica de un país muy democrático y de libertades como siempre nos lo están describiendo. Además también me asombra que en un país, que a pesar de que su prosperidad es bien conocida por todo el mundo, la existencia de grandes desigualdades económicas entre sus ciudadanos no se refleje en la existencia de partidos de izquierda que representen políticamente a los más desfavorecidos de ese país, como si pasa en Europa. Probablemente esto sea debido al uso de prácticas como las que se le aplicaron a MLK desde organismos nacionales para acabar con los que piensan diferente. País de la libertad y de la oportunidades sí, pero para los que piensan de una manera.
Muy interesante artículo, pero es una pena que nadie lo haya revisado antes de publicarlo. Falta alguna tilde, se ha comido letras y tiene redundancias (como «precisamente» 2 veces en un renglón) que impiden disfrutar completamente su lectura.
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A pesar de ser una novela, es muy recomendable «Seis de los Grandes», de James Ellroy, en el que se habla, entre otras cosas de la relación FBI-MLK
E. J. Rodríguez, J. E. Hoover, curioso. Magnífico artículo. De los más recomendables de la web. Últimamente leo demasiados textos de opinión donde la intención del autor/a parece ser la de lucirse en lugar de contar algo. La base del periodismo siempre ha sido esa: contar historias. Está, aunque conocida, está muy bien contada. Gracias.
esta fue la mejor informacian q avia encontrado
Buenismi aporte , exito sigue trabajando en busca de la verdad .