Arte y Letras Literatura

La reducción de Mairena

Juan de Mairena
Estatua de Antonio Machado en la plaza mayor de Segovia. Foto: Barcex. (CC)

Cada día, señores, la literatura es más escrita y menos hablada. La consecuencia es que cada día se escriba peor, en una prosa fría, sin gracia, aunque no exenta de corrección, y que la oratoria sea un refrito de la palabra escrita, donde antes se había enterrado la palabra hablada.

Antonio Machado, Juan de Mairena

En el primer capítulo de Juan de Mairena, el profesor apócrifo creado a su imagen y semejanza por Antonio Machado le pide a un alumno que ponga en lenguaje poético la siguiente frase: «Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa». El alumno escribe en la pizarra: «Lo que pasa en la calle», y Mairena comenta: «No está mal».

Toda una declaración de principios: para Machado, precisión y síntesis son condiciones necesarias de la poesía y, en general, de la literatura toda (condiciones necesarias, aunque no suficientes: de ahí el comedido «No está mal»). Una declaración de principios de la que se podría derivar una técnica de eliminación de paja superflua y desenmascaramiento de charlatanes literarios.

Tomemos, por ejemplo, el siguiente párrafo:

El viejo era flaco y desgarbado, con arrugas profundas en la parte posterior del cuello. Las pardas manchas del benigno cáncer de la piel que el sol produce con sus reflejos en el mar tropical estaban en sus mejillas. Esas pecas corrían por los lados de su cara hasta bastante abajo y sus manos mostraban las profundas cicatrices que causa la manipulación de las cuerdas cuando sujetan los grandes peces. Pero ninguna de estas cicatrices era reciente. Eran tan viejas como las erosiones de un árido desierto.

Apliquémosle la reducción de Mairena:

Un viejo pescador flaco, arrugado y pecoso con antiguas cicatrices en las manos.

¿Qué se ha perdido con la reducción? No mucho. Que las pecas corran por los lados de la cara hasta bastante abajo y que las antiguas cicatrices sean tan viejas como las erosiones del árido desierto no añade gran cosa a la descripción, ni en el orden literario ni en el informativo, como no sea advertirnos de que el autor se dispone a atacar nuestras zonas más desprotegidas y menos exigentes.

El tópico de que los escritores siempre escriben sobre sí mismos se queda corto. Aunque no siempre sea consciente de ello, el escritor escribe sobre el sí-mismo que tiene en primer término en el momento de escribir, que es el sí-mismo que está escribiendo. Escribir es entrar en un bucle autorreferencial que se retroalimenta sin fin, invocar —o conjurar— a un ouroboros insaciable. Aunque el escritor hable de algo tan aparentemente lejano como su infancia, no habla del niño que fue, sino del que sigue vivo en él en el momento de hablar de su infancia. Y cuando habla del heroico fracaso de un pescador acabado, habla de su propio fracaso, de su propio acabamiento como escritor.

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20 comentarios

  1. Dado que Mairena es un personaje imaginario, ¿y si le tocamos su propia reducción, lo suprimimos e ignoramos? Ya está ahí Gracián.

    • A eso se refiere el penúltimo párrafo, creo.
      En cualquier caso, lo propio del lenguaje literario es la creación de contextos. Si no comprendes las referencias indirectas de un autor, aunque sean conceptuales a lo Quevedo/Gracián/Mairena, te va a perder. Tenía yo un amigo mexicano que para indicar que un discurso resultaba aburrido decía: «es ligero como la quintaesencia de Venus». Él se refería irónicamente al culo de la «Venus del Espejo» de Rubens, que parece bien pesado. Pero si desconoces el cuadro, te quedas a dos velas acerca de la ironía. Sobre este tema hay un montón de problemas en la exégesis de la «Poética» de Aristóteles, debido a que cita versos de autores que desconocemos (salvo lo que nos cuenta en ese texto).
      Tampoco creo que a los lectores de novelas policíacas les agradase desde un principio conocer quién es el culpable.

      • Efectivamente, sin todas las complejidades -y ambigüedades- del plano connotativo del lenguaje, no habría literatura. Me parece interesante la alusión al desconocimiento (de quién es el asesino, en el caso de una novela policíaca) como fuente de placer. Tiene que ver con lo que dice Jakobson del estilo, que define sintéticamente como «expectativa frustrada».

    • Probablemente, si Gracián estuviera «ahí» (integrado activamente en nuestro contexto cultural) Machado no habría escrito «Juan de Mairena», o lo habría hecho de otra forma; pero Gracián está «allí», en el Siglo de Oro, y no está de más recuperarlo y «versionarlo» (como hizo el propio Nietzsche). Ya nadie lee «El Criticón», y es una pena.

  2. Reducción de Mairena del artículo: Los escritores escriben mucho más de lo necesario.

    • Totalmente de acuerdo. Debería haber (en un futuro próximo lo habrá) un programa que permitiera mairenizar los textos y separar las voces de los ecos, como diría Machado. Es evidente que la autocrítica no basta para moderar al charlatán de feria que hay en cada escritor.

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  3. Pues lo ha dicho usted todo Frabetti. Si Saint Exupery hubira escrito lo del zorro aburrido, Juan Ramón Jiménez que su burro bebía mientras el veía el sol ponerse o Hemingway que un viejo había ido de pesca, no hubieran vendido una escoba. Y hay que comer amigo.
    Por cierto, que le veo muy seguro. ¿Está verficado que Saint Exupery se suicidara?

    • No está verificado; pero le habían prohibido volar por su estado de salud, sabía que corría un grave riesgo y estaba deprimido y decepcionado. Digamos que, más que suicidarse, corrió al encuentro de la muerte.
      En cuanto a lo de vender escobas, ese es precisamente el subtexto del artículo (que merecería un desarrollo propio, creo, y tal vez lo intente): cómo y por qué los escritores, incluso los mejores, sucumben a menudo a la tentación de la comercialidad y el éxito fácil.

  4. Reducción de Mairena del artículo:
    Frabetti en muchas palabras concuerda con Machado en la conveniencia de usar pocas. De paso aprovecha para dar caña a Hemingway y Exupéry, cosa que le place.

    • En realidad no me place: me entristece sobremanera que dos grandes escritores se vean abocados a la autodestrucción. Y no les doy caña a ellos, sino a nuestro degradado mercado cultural.

  5. Yo diría que hay textos en los que la reducción de Mairena podría producir síntesis similares, pero dado que la relación entre texto y reducción no es unívoca, podría darse el caso que utilizando diversas reducciones se pudiese recuperar prácticamente el texto original. Supongo que los detalles importantes de un texto pueden ser muy diferentes en función de la persona que los lea.

    Y aunque el propósito de la reducción de Mairena sea otro, quizá guarde cierta relación con la idea de realizar fichas que pretendan resumir un libro, lo que probablemente no resulte satisfactorio, principalmente por incompleto.

    • Y sin embargo hacemos fichas, resúmenes, sinopsis, y su utilidad es indudable. La clave está, creo, en tener claro qué es cada cosa, en no confundir el mapa con el territorio, como diría Wittgenstein.

  6. Stendhal creo que leía un par de artículos del código civil para coger el «estilo» antes de ponerse a escribir cada día. Me gusta su estilo. Al mismo tiempo me gusta el de Balzac, mucho más poético.

    La nostalgia se definía en Lisboa hacia 1606 como «el recuerdo de una cosa con el deseo de esa mima cosa». Me gusta. Un psicoanalista argentino la define, en cambio, como «la tentativa para contrarrestar la fatalidad irreversible del tiempo invocando la presencia eterna de un absoluto que desandaría la marcha del reloj y permitiría la vuelta al pasado, al verde paraíso de los amores infantiles». También me gusta esta manera de decirlo.

    • Muy interesante el «desesperado» (en el sentido de que él mismo sabía que era imposible) intento de Stendhal de ser objetivo, como un espejo ambulante que refleja lo que ve, según decía. Intentar abolir el estilo personal también es un estilo (soberbio, en el caso de Stendhal).

  7. ¿Qué ejemplos conoce en la literatura de reducción mairenista?

    • Bueno, tenemos las numerosas «versiones abreviadas» (a menudo dirigidas a los jóvenes, pero no siempre) de clásicos como Robinson Crusoe o Los tres mosqueteros. Algunos se oponen a ellas por considerarlas una traición a las obras originales; otros piensan que es una forma de que lleguen a un público que, de lo contrario, no las conocería.

    • Hay casos ilustres y de apreciable calidad literaria. Por ejemplo, Alejandro Casona reunió varias versiones abreviadas (mairenizadas) de grandes temas clásicos en un hermoso libro titulado Flor de leyendas.

  8. Pingback: Por qué no existe la «Spanish Theory» - Jot Down Cultural Magazine

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