Ciencias

Adicción al amor

amor
El beso (detalle), Gustav Klimt, 1907-8.

El amor dejó de ser verso de poetas para convertirse en tema de ciencia. Y menos mal. Ya era hora que entendiéramos por qué nos hace tanta falta esa persona de la que estamos enamorados y por qué nos dan tan duro cuando nos rompen el corazón. Somos adictos al amor y la ciencia lo ha demostrado.

Estar enamorado es una gran experiencia. Y es también la peor. Cuando estamos involucrados con una persona, y somos correspondidos, la vida es más liviana a todo nivel. Y en el polo opuesto, cuando sufrimos por culpa de la antipatía, la vida es desastrosa. Y no es para menos.

Cuando estamos enamorados y no tenemos cerca a nuestra pareja, sufrimos de ansiedad, angustia, no nos concentramos, estamos como locos sufriendo los espantosos síntomas de abstinencia. Cuando estamos lejos de nuestra pareja nos comportamos como desesperados fumadores cuando no tienen a la mano un Marlboro. Nos hemos vueltos adictos a esa persona. Y lo que sucede en el cerebro es lo siguiente:

Cada vez que hacemos una actividad que nos gusta como comer costillas de cerdo bajadas con cerveza, o trotamos y sudamos por la ciclovía, leemos un buen libro o nos comemos a besos con nuestra pareja, se activa en nosotros el centro del placer o sistema de recompensas: una parte del cerebro, en el sistema límbico sede de las emociones. Cuando perdemos la noción del tiempo sumergidos en una actividad hondamente placentera, por el cuerpo viajan fluidos de dopamina, la hormona del placer y la motivación, y nos sentimos plenos y creemos que somos felices.

Se ha dicho que la dopamina es una hormona «embaucadora» porque es como un alucinógeno que distorsiona y exagera lo que sentimos. Algo así como el principio activo de la marihuana, que nos hace más sensibles y propensos a los estímulos.

La dopamina entre otras hormonas es la encargada de activarnos el bienestar y la tranquilidad cuando, por ejemplo, por fin, terminamos la tesis de grado o cuando ganamos con un buen negocio.

Lo mismo sucede cuando estamos compartiendo con nuestra pareja. Y hay estudios que lo demuestran. La evidencia queda señalada cuando los científicos escanean los cerebros de personas enamoradas y correspondidas. En las imágenes de estos cerebros se evidencia la activación del centro del placer, sistema de recompensas, el sistema límbico sede de las emociones. Cuando esta parte del cerebro se activa comienza a generar la bribona dopamina, la hormona que nos pone medio locos.

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2 comentarios

  1. Con el tiempo uno se va desintoxicando, racionalizando o envejeciendo jajajajaj. ¡Que buen escrito Andres!

  2. Pingback: Bet365, Champions League y LaLiga: el juego se decide dentro y fuera del campo - Jot Down Sport

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