
Este artículo está originalmente publicado en inglés, bajo licencia CC BY en la revista Journal of controversial ideas, la primera revista interdisciplinaria de acceso abierto, revisada por pares, creada específicamente para promover la libre indagación sobre temas controvertidos y que desde Jot Down recomendamos a nuestros lectores. Puedes apoyar la revista Journal of controversial ideas aquí.
En la actualidad, en muchos países occidentales (entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Australia y los pertenecientes a la Unión Europea) se están produciendo acalorados debates sobre la cuestión de ¿Quién es una mujer (o una niña)? Muchos de estos desacuerdos surgen de la conjunción de dos cuestiones. Una es la necesidad de contar con definiciones adecuadas de quién es una mujer (o una niña) cuando se trata de políticas que buscan promover la igualdad, la seguridad y/o la privacidad de las niñas y las mujeres excluyendo a los niños y los hombres. El segundo es el aumento de los derechos de autodeterminación de género para las poblaciones transgénero, que también necesitan políticas que busquen promover su igualdad, seguridad y/o privacidad, incluyendo el acceso a espacios a menudo segregados por sexo. Esto ha dado lugar a debates sobre quién debe ser incluido en los espacios y las oportunidades que se ofrecen a las mujeres y las niñas (por ello, los conflictos suelen girar en torno a lo que define ser mujer o ser femenino, en lugar de ser hombre o masculino).
Un contexto general de los países occidentales, que son el escenario principal en el que se centra este debate, es la organización histórica y actual de la sociedad en torno a dos categorías de sexo, masculino y femenino. Las categorías de sexo son una clasificación administrativa clave, y a veces también se utilizan para regular el acceso a los espacios, incluidos muchos que son utilizados por poblaciones vulnerables, o que están destinados a ellas, como los refugios o las prisiones (Spade, 2015). El sexo también es un atributo protegido en la legislación sobre discriminación, lo que permite la acción afirmativa por razón de sexo. Mientras que en algunos contextos hay un acuerdo general de que tales clasificaciones/segregación son necesarias y beneficiosas (y el debate se centra en gran medida en los criterios de inclusión), en otros contextos puede haber desacuerdo sobre si es deseable en absoluto. Sin embargo, en general, los conflictos surgen de dos desarrollos relativamente recientes.
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Me gustaría agradecer a las autoras
y a la revista la publicación de este artículo, que aborda un tema tan espinoso de forma serena y clara, alejada del trazo grueso de todos los partidos políticos
(Lo que sigue es un delirio documentado, por ende plausible). Si nosotros los varones, aceptáramos que “usurpamos” el poder de nuestro sistema binario macho y hembra (sistema que por definición geométrica e intuición son inestables) estos debates no tendrían sentido. Para bien de algunos y para mal de todos (dixit Martín Fierro, pero al revés) tuvimos que aparecer en algún momento de la Historia evolutiva para hacer lo que las primeras (y privilegiadas) células dedicadas a propagar la vida por desdoble no podían llevar a cabo, o sea defenderse, pues no estaban contempladas tales instrucciones en sus dinamismos biológico-evolutivos, ya que inermes y pasivas tenían y tienen que generar nueva vida solamente, o sea que aparecimos para proteger a aquellas a través de la fuerza, la competición y la agresividad, pues el medio ambiente en los orígenes no era para nada benigno, y he aquí nosotros, mutación genética de una fémina, robustos, astutos y vivaces, o sea tortuosos, con senos atrofiados, ovarios y clítoris externos (poco estéticos a decir verdad) y una pérfida próstata que no sabemos para qué diablos sirve, pero se sospecha que sean los restos del útero femenino. Si aceptáramos tales verdades con humildad, lo más sensato sería dejar que las mujeres (que por lo visto fueron “elegidas” por la evolución) lleven a cumplimiento a sus maneras aquello del cual nos apropiamos: la Historia, la Política (y su corolario inevitable, las armas), la Filosofía y la Religión, en definitiva de la cultura, una cultura que desde los inicios huele a “preposterona” averiada, visto que nuestro amado Aristóteles definía a las mujeres como hombres inconclusos y con la Biblia, donde todas las estirpes son masculinas, llegando hasta Freud con su famosa pulsión de muerte o destrucción del hombre en el sistema capitalista (No creo que haya usado esa metonimia, hombre, para referirse a la Humanidad), cuando sabemos que las mujeres ignoran olímpicamente esa posible psico patología. Personalmente pienso que el capitalismo no es el culpable de la “pulsión de muerte”, todo lo contrario, es muy probable que sea el causante de un insano fervor existencial . Entonces, que las mujeres procedan con sus instintos, y nosotros a cuarteles de invierno, a nuestras casas a cuidar la cría, las mascotas y el jardín, a comunicar más y ser menos machos, a tratar de ser más “femeninos” ya que ese determinismo es lo más cercano a las ciencias humanísticas, en definitiva, tratar de cambiar el paradigma familiar y social, para adquirir nuevas sensibilidades de las cuales somos capaces ya que no somos animales aún siéndolos. Probablemente esta estúpida guerra no habría tenido lugar. En este artículo se habla de un fenotipo con propiedades sexuales binarias, particular que me crea no pocas perplejidades ya que Carlo Flamigni, un profesor de la Universidad de Bologna, después de explicar los orígenes y mecanismos de la hemofilia y del síndrome de Morris, termina con estas palabras: “…Y de esta manera he llegado al argumento que deseaba evidenciar: el fenotipo hacia el cual se direcciona el feto es siempre, y en ausencia de “interferencias”, el femenino (Es evidente, ya que lo producen ellas con sus cromosomas X). La testosterona es la “interferencia” necesaria para arrancar al feto de aquel destino, una interferencia que no puede no llegar tarde: Adan que nace de la costilla de Eva”. Confieso que con tantos y difíciles términos científicos de este artículo es probable que yo esté diciendo lo mismo, pero… por las dudas. Gracias por la lectura.