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Distopías en la literatura latinoamericana

Ilustración Pablo Amargo. Distopías en la literatura latinoamericana
Ilustración: Pablo Amargo. literatura latinoamericana

Siglo XVI. Tomás Moro es un funcionario de la Corona británica. Se encuentra en una misión diplomática en Amberes, Bélgica. Allí le da forma a una obra literaria que lo consagrará para toda la eternidad: Librillo verdaderamente dorado, no menos beneficioso que entretenido, sobre el mejor estado de una república y sobre la nueva isla de Utopía. Moro construye una comunidad ficticia que vive en paz y bajo preceptos basados en la filosofía helénica y el cristianismo. «Cuando miro esas repúblicas que hoy día florecen por todas partes, no veo en ellas sino la conjura de los ricos para procurarse sus propias comodidades», escribe. Años después, en 1535, el rey Enrique VIII crea la Iglesia anglicana y se erige como autoridad máxima. Tomás Moro se niega a aceptarlo, es acusado de alta traición y condenado a morir en la guillotina.

Siglo XX. Luego de dos guerras mundiales y el avance de los totalitarismos, proliferaron relatos que intentaron, también, imaginar un futuro. Esta vez, menos armoniosos y más aterradores que los imaginados por Moro. Escritores como Aldous Huxley (Un mundo feliz), Ray Bradbury (Farenheit 451) y George Orwell (1984) advirtieron del peligro de la censura, de la vigilancia y del control. A esto le sumaron hipotéticos escenarios donde el desarrollo tecnológico intervendría en casi todo ámbito de la vida humana. Surgen nuevos miedos, como las amenazas nucleares o las invasiones extraterrestres, en tiempos de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en plena Guerra Fría, algo que el cine también se encargaría de explotar. Así crecen las distopías, el anverso pesimista de aquel sueño del mártir inglés.

Siglo XXI. Casi todo ámbito se encuentra atravesado por la digitalización. El teletrabajo, la educación a distancia y las reuniones sociales por videollamada dejaron de ser patrimonio de la ciencia ficción y se hicieron cotidianidad. Filósofos como Jean Baudrillard o Gianni Vattimo —que advertían sobre un mundo cada vez más inmaterial, simbólico y simulado— pudieron ver sus profecías hechas realidad. Se habla de posverdad y poshumanismo. Los miedos se actualizaron. Las guerras permanecen y se agregaron otros: pandemias, tecnodependencia, cambio climático. 

Mientras tanto, en una bóveda de la iglesia de San Dunstan, bajo condiciones de preservación cuestionables, reposan los restos de la cabeza de Tomás Moro. 

***

El escenario es perturbador. «Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo», le atribuyen la cita a Slavoj Žižek, otro filósofo muy leído en estos tiempos. El futuro se vislumbra como un cataclismo inminente o una suerte de profecía autocumplida. Aquel arrogante eslogan punk de No Future parecería haberse adelantado unas cuantas décadas. 

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16 comentarios

  1. Los términos correctos son Hispanoamérica o Iberoamérica.
    En América NO se habla latín, ni solo lenguas provenientes del latín.
    «Latinoamérica» fue un término acuñado por intelectuales franceses para justificar la incursión militar del Segundo Imperio Francés de Napoleón III en México (1862-1867) y negar el legado hispano en el continente.

    • Tampoco son todos ibéricos ni hispánicos. El caso es que en la propia América del Sur el término que se utiliza es América Latina, y la gente se percibe como latinoamericana. No encontrarás a nadie que se refiera a sí mismo como iberoamericano, o hispanoamericano. A lo que voy es que el término elegido por el autor es el que se corresponde con la realidad. Y lo que verdaderamente importa es que el artículo es muy interesante.

      • Sí se usan hispanoamericano e iberoamericano, aunque poco. Yo me siento más cómodo con hispanoamericano que con los otros.

      • @Rafa
        Nadie dice que todos sean «ibéricos o hispanos», decimos que los escritores a los que hace referencia el artículo escriben en español, NO escriben en latín.
        Si se usa el término «América Latina» de forma mayoritaria es por intereses geopolíticos concretos, no por casualidades de la vida; usted, no encuentra a «nadie» que se refiera a sí mismo como iberoamericano o hispanoamericano; quizá tenga que buscar más o ampliar el espectro, pero, en este foro ya le han dado muestra de su error…
        Respecto al artículo «muy interesante», un apunte más:
        El autor habla de Eduardo Galenao y su obra «Las venas abiertas de América Latina» (1971), dando pábulo a su gran influencia posterior en el continente; lo que no explica es que el propio Galenao renegó de esta obra años después de su publicación:
        «No sería capaz de leer el libro de nuevo, porque cuando lo escribí no sabía tanto sobre economía y política»
        «No volvería a leer Las venas abiertas de América Latina, porque si lo hiciera me caería desmayado». La confesión realizada durante la II Bienal del libro en Brasilia, en abril de 2014, dejó atónito al auditorio…
        Obviar este hecho, no es algo tampoco casual por parte del autor de este artículo.
        Un saludo.

        • Insisto en que, más allá de su corrección o no, latinoamericano es el término usual. En su momento se habló del “boom” de la literatura latinoamericana, y no de la hispanoamericana, o iberoamericana.

          • Pedro Luis Martínez Cano.

            Soy nacido en España y vivo en Bogotá, y los escritores bogotanos usan el término hispano, no escriben en latín. Saludos cordiales desde Usaquén – Bogotá.

    • joaquinillo

      Jo, como son estos latinos. Ni siquiera saben como se llaman. Menos mal que fuimos los españoles a enseñarles. Y al llegar nos cantaban: «Nos descubrieron, por fin nos descubrieron».???

      • @joaquinillo
        Los americanos enseñaron muchísimas cosas a los españoles, el intercambio fue recíproco; es lo que se reconoce como sincretismo cultural; estamos hablando todo tipo de cultivos, de lenguaje, de plantas medicinales, de tradiciones, de gastronomía, de ritos, de religiones, de arquitectura, de sociabilidad, de leyes, de mestizaje, etc.
        En América NO existía ni homogeneidad de culturas, tribus, imperios, ni conocimiento mutuo entre ellos; es decir, un indio pueblo, apache o comanche, no tenían conocimiento de mexicas o incas, ni de caribes o araucanos; es más, tanto el Imperio Mexica como el Inca tenían al resto de tribus sometidas como tributarias de sacrificios humanos e impuestos en especie, además de estar en constante conflicto militar entre ellas (Guerras Floridas).
        Tampoco había concepto de descubrimiento continental ni de navegación a gran escala; recuerde que los vikingos llegaron antes a las costas de Groenlandia y Canadá, pero, no dieron a conocer sus viajes a nadie, ni tuvieron asentamientos permanentes; por lo tanto, NO descubrieron nada a nadie.
        Y repito, el conocimiento fue mutuo entre hispanos peninsulares e hispanos de ultramar; hay un libro reciente que se lo explica; «El descubrimiento de Europa: Indígenas y mestizos en el Viejo Mundo» (2023).
        Un saludo.

      • Gracias por el humor Joaquinillo, y por recordarnos a Les Luthiers

    • Creo que el término correcto sea Latinoamericana, visto que para cualquier cuestión que se encare es más que oportuno y lógico ir a los orígenes históricos y sociales de la misma, y en este caso el orígen es el latino que abarca al español y al portugués (el vasco es un caso aparte), y no al revés; diciendo hispanoamericano o ibéricoamericano nos quedamos con la mitad de la Historia.

  2. La guillotina es un invento del siglo XVIII.

    • Y en el s. XVI tampoco existían Bélgica o una corona «Británica», ¿no? Es una pesadilla ese párrafo. Por lo demás, me encanta el artículo en lo principal, no conocía la mayoría de obras

  3. Synco existió. Fernando Flores y un informático británico casi inventan internet. La historia real es bastante más sorprendente que la novela de Baradit. Y Sudor no es una distopía de ciencia ficción, es una especie de documental exagerado del ambiente homosexual de clase alta en Santiago después de Grindr.

    Creo que la gran ausente de este artículo es la antología de cuentos Los títeres, del chileno Hugo Correa, que debe ser de 1968 o por ahí: alguien inventa un casco introyector que permite controlar a distancia un «títere» con la apariencia de uno… o no. Las consecuencias sociales, culturales y políticas son las que cabría esperar. The Peripheral se queda muy corta.

    Saludos

  4. Pingback: Jot Down News #45 2023 - Jot Down Cultural Magazine

  5. Falta «Eugenia» de Eduardo Urzaiz Rodriguez, publicada en México en 1919. Primera novela distópica mexicana.

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