Cine y TV

‘El inspector Gadget’: el blues del Doctor Gang

Inspector Gadget. Imagen NBC.
Inspector Gadget. Imagen NBC.

Si Doraemon se empeñaba en dejar claro que, por mucho gato con mil poderes que tuvieras, al final el abusón de la clase iba a acabar pegándote unos mamporros y quedándose con la chica, El inspector Gadget nos enseñó que por muchos artilugios sorprendentes que guardes en tu gabardina o tu sombrero, nunca serás nadie sin la inteligencia de tu perro. Superhéroes de segunda, entrañables pero tremendamente patosos, el reverso del salvador del mundo atormentado, marca Marvel.

Al estilo de un Mortadelo y Filemón, un inspector Clouseau o incluso un Superagente 86, el principal defecto de Gadget era que no conocía sus defectos, como aquel escritor cuyo mayor encanto era no saber que tenía encanto. Gadget y su paternalismo, Gadget y sus conclusiones siempre alocadas, Gadget y su tremenda inocencia, siempre de gris y dispuesto a pisar todos los charcos que se encontrara en el camino. 

Yo creo que esos niños de los primeros ochenta que nos cruzamos con el extraño policía —un Robocop temprano y disparatado— quedamos enganchados por tres razones: la primera, una canción pegadiza y además en francés, algo completamente inhabitual en la época; la segunda, de nuevo a lo Mortadelo, la variedad de dispositivos que aparecían por todas partes y en toda situación más o menos desesperada; la tercera, y pienso que la más atractiva, la tenebrosa figura del Doctor Gang, siempre de espaldas a la cámara, en su cuartel secreto, acariciando a su gato MAD, el mismo nombre de la organización que dirigía. 

La serie sin Gang no tenía sentido. Quizá podría haber aguantado como broma un tiempo, igual que aguantaron, yo qué sé, Los diminutos, pero si treinta años después seguimos hablando de ella es por esa imagen del maligno, del reverso tenebroso acechando a Gadget como Moriarty a Sherlock Holmes. El Doctor Gang y su propia colección de malos inútiles, incapaces de conseguir el objetivo de secuestrar por fin a la pequeña Sophie, quien podía ser el personaje más repelente del mundo y a la vez el más entrañable, con ese empeño infantil en que su tío creyera que había sido él el que había resuelto el caso y recibiera así la felicitación de su desconfiado jefe. 

Los creadores, en especial Bruno Bianchi, el cerebro detrás de todo el invento, bebían de tantas fuentes que es imposible citarlas todas. La más men cionada es Misión: imposible, pero no lo veo tan claro. En cualquier caso, lo que todas esas fuentes tienen en común es la habilidad del héroe para la escapatoria insospechada: Gadget se salva siempre en el último momento igual que Gang consigue escapar de la policía cuando ya parece por fin acorralado. A menudo, con la maldad propia de un niño, deseábamos que por fin el mal venciera, que por fin Gadget recibiera su merecido y ese Darth Vader de andar por casa le quitara de en medio. Coyotes y Correcaminos.

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Un comentario

  1. Entretenidísima serie, con una canción principal adictiva.

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