
Existe un pacto social sobre cómo reflejar el maltrato en el arte: gritos, insultos, violencia física… Lo que más atemoriza de El ser querido es que rompe ese pacto en los primeros veinte minutos, en esa ya famosa escena inicial con los dos protagonistas en un restaurante, frente a frente. Nos deja caer la venda de los ojos y vemos una realidad que siempre tuvimos delante: la del terror cotidiano. La sonrisa vacía de Esteban Martínez, el personaje de Javier Bardem, mientras repite una y otra vez «eso no ha pasado, te lo han contado», me pareció más terrorífica que veinte payasos de It juntos. Sin menospreciar al maestro, al rey King. Pero es que ese terror no lo vimos venir. La risa nerviosa, la autenticidad con la que Victoria Luengo dota a su personaje, que se te cala en los huesos como el rocío a las cinco de la mañana, no te preparan para el cambio de gesto cuando su padre intenta reescribir su infancia. No estábamos preparados para compartir con ella incomodidad y desesperación e incluso poner en duda su versión de la realidad… quiero decir, LA realidad, mientras su padre le dice una y otra vez que lo que ella vivió en primera persona sencillamente no ocurrió.
El cine, para mí, hasta ayer, era ese lugar seguro donde los villanos no te hacían luz de gas; si te manipulaban, lo hacían burdamente para que les vieras venir y manejaban conceptos básicos como el bien, el mal y el poder. Un maltratador pegaba, pero nunca se escuchaban sus excusas ni la «versión de los hechos» que intentaba imponer a sus víctimas. Los villanos eran más simples, más planos. No se hacían pasar por los buenos, no eran capaces de crear obras de arte bellas desde un lugar oscuro y de violencia. Pero desde ayer eso se acabó. Sorogoyen escribe un nuevo capítulo en la historia del cine de terror, en el que los villanos te acarician la espalda con amor, te presentan a sus hijos y te dan buenos consejos. Aunque, realmente, cuando Esteban Martínez le dice a Emilia que deje de beber, lo que está diciéndole en realidad es «no eres mejor que yo».
El cine, para mí, no ha sabido reflejar hasta ahora demasiado bien el tan traído y llevado concepto del narcisismo y el maltrato implícito de las personas que lo convierten en su manera de vida. No paro de mirar, una y otra vez, a Javier Bardem en las entrevistas y me sobrecoge pensar cómo ha sido capaz de representar ese tipo tan concreto de maldad del que hablo con solamente cambiar su mirada. No es una mirada de ira, no son los ojos desencajados que anuncian que algo malo va a hacer. Es la presencia y el porte pasivo-agresivo; es el traspasar los límites de los demás, quieran o no, sin respeto alguno; es el mostrarse siempre como infalible y víctima, pero nunca responsable. Es un villano narcisista que escudriña a sus víctimas, las atrapa en su tela de araña y no las deja escapar, si puede, durante el resto de sus vidas. Alguien que mantiene como confidente a un antiguo «amor», aunque más que amar este villano parasita la vida de sus víctimas, manteniendo a esa persona en una cuerda floja que le impide rehacer su vida emocional. Alguien que destrozó la vida de la madre de su hija, hasta el punto de que tuvo que dejar su profesión y esconderse, hasta el punto de que en su mirada todavía podemos ver el terror. Alguien que sigue el trabajo de su hija durante trece años, que sabe que sufre pero es incapaz de hacer absolutamente nada por evitarle el dolor de su ausencia. Eso sí, cuando lo considera oportuno, pulsa una tecla para que ella baile a su son como una marioneta. Y lo construye Bardem de una manera tan contundente que solo necesita una mirada para que veamos a través de su iris todo eso, para que necesitemos que una de sus líderes de equipo le plante cara con determinación para entender que no, que no era una alucinación nuestra, que ese tipo encarna un tipo muy cruel de maldad. Esa maldad de la que fue acusado Picasso por Françoise Gilot, la única de sus mujeres que escapó de él, que aseguró que atrapaba en su red a mujeres cada vez más jóvenes y las deformaba (psicológicamente) cada vez más en la vida real y en los retratos que les hacía hasta el punto de que algunas de ellas terminaron por suicidarse asegurando no poder escapar de su influjo o no poder soportar su tóxica ausencia.
El cine, para mí, habla demasiado poco de cómo es hacer cine. Supongo que porque es muy complicado contarlo bien. Y viendo El ser querido intuyes que, seguramente, la realidad supere a la ficción y que algún director narcisista ha debido maltratar así a sus equipos. Su fama le precedía, pero, aun así, la gente del oficio se mataba por seguir trabajando con él. Aquí, creo, Sorogoyen tiene la brillantez de decir «así no», de dejar de normalizar que «los rodajes son así», en palabras de su propio personaje. Y nos lleva de la mano para ver esa historia desde todos los ángulos posibles… bueno, realmente hace que nos lleve Victoria Luengo. Victoria nos coge la mano desde que suelta el abrigo a la entrada del bar. Desprendida, confiada, permite que la camarera guarde todas sus pertenencias mientras su padre, quien la espera, no suelta, literalmente, prenda al entrar. A lo largo de la película se protege como puede, incluso con el alcohol. Su Emilia Vera nos deja caer al suelo la venda inocente de que los héroes lo tienen todo claro, siempre, desde el principio, tomando siempre las opciones moralmente más acertadas y elevadas sin un ápice de tribulación. Como ese personaje difuso que en el último momento se redime porque inexplicablemente entiende que debe hacer el bien. El personaje de Luengo coge el trabajo porque quiere tener esa oportunidad, sin medir las consecuencias. Aunque eso implique caminar durante toda la película por el abismo que supone lidiar con la amputación emocional más grave que pueda experimentar una persona: que tu padre o tu madre decidan no quererte. Si Bardem se transforma en el narcisista, Luengo se transforma en lo que cada momento del proceso de su personaje requiera. Sí, creo que es muy difícil hacer cine sobre cómo se hace el cine. Y creo que es porque hay pocas actrices que sean capaces de reflejar, a la vez, el conflicto interior de querer que tu padre te quiera, querer quererle, encajar que te haga creer que la realidad que has vivido no existe… y todo ello mientras tiene que hacer de una actriz que actúa con más o menos brillantez según el momento de la historia en que estemos. Primero, es una timorata novata insegura, luego la actriz relajada y confiada que se deja llevar y saca su potencial… es que incluso, en un ejercicio brillante de casi romper la cuarta pared, interpreta a una actriz interpretando a su padre. Que se noten esos matices de su personaje-actriz actuando sostiene gran parte de la película.
El cine, para mí, nunca debería permitir que el héroe, o en este caso la heroína, pierda. Ni que gane el villano. Pero ni el cine ni la vida son siempre justos. Y sí, en El ser querido, para mí, la heroína pierde. Porque su padre maltratador (porque se puede maltratar desde la distancia y en silencio, como bien prueba la película) ha vuelto a su vida y pretende quedarse para seguir haciéndole daño. Bien lo refleja el personaje de Bardem cuando, con una sonrisa de satisfacción, cuenta que antes de irse ha hablado con ella. Pero un maltratador narcisista no quiere que sus víctimas brillen más que él; quiere mantenerlas con vida, que sobrevivan lo justo para que siempre dependan de él, para anular su existencia al margen de él. Por eso la película no termina con el teléfono sonando y con otro director ofreciéndole a Emilia más trabajo, ni con la concesión de un premio… Cuando parecía que iba a ser así, Sorogoyen nos deja claro que ella sigue atrapada en el bar, mientras que su compañero de rodaje se marcha, libre, a continuar su vida. Porque, por suerte, Esteban Martínez solo era su director, y no su padre.
Así que sí, El ser querido es terror cotidiano porque el malo gana… ¿Y acaso hay algo más terrorífico que la victoria de alguien a quien no le importa hacer daño a sus propios hijos?







Al parecer Bergman nunca existió y debe ser un delirio de nuestra imaginación cinéfila. ¿Será que la nuevos crítica descubre a cada paso grandiosas invenciones sobre las relaciones humanas en el cine actual o que su caudal cinematográfico no está tan lleno de referentes como cabría esperar?
No por el hecho de no hacer referencia a Bergman significa ello que lo desconozca. Es un artículo que simplemente intenta dar conocimiento de una historia. No es necesario, opinión opinable ciertamente, que realice el autor toda una demostración de lo que sabe o sus influencias. Mera opinión, por supuesto.
Hombre…
Creo que este fragmento es revelador de lo que quiero decir.
«El cine, para mí, hasta ayer, era ese lugar seguro donde los villanos no te hacían luz de gas; si te manipulaban, lo hacían burdamente para que les vieras venir y manejaban conceptos básicos como el bien, el mal y el poder.»
Y dije Bergman y podría decir Antonioni, Dreyer o Kaurismaki. »
Lo siento si suena a cinéfilo, pero el cine tiene 120 años y no lo debemos olvidar
Usted lo aprendió de Bergman, ella de Sorogoyen y yo de Lynch.
Me impactó la explicación que dio el director estadounidense del monstruo/mendigo que aparece tras el bar en mulholland drive, al decir que el terror no es lo desconocido y oculto, sino precisamente aquello que sabes que sucede o va a suceder de manera inevitable, y aún así quieres asegurarte de verlo.
Lo importante es aprenderlo, vivirlo.
Cierto es que hay mucho buen y gran cine olvidado, pero es que han pasado muchos años desde que se inventó este arte y tampoco se enseña en los colegios como la pintura o la poesía. Por lo tanto la crítica baja de nivel (no me refiero a la autora del texto, aunque podría).
Y además está Netflix y el resto de morralla.
Un odiador profesional más de Netflix. Y van…
99, 9 % basura.
Pedantuelo
Cierto, estoy anclado. Debo ser más transigente. Disculpe. Lo que ocurre es que no me gusta porque me he criado viendo «Qué grande es el cine», en la 2, y no consigo salir del cánon. En base a lo que he aprehendido reflexiono y considero al final qué hay películas mejores que otras.
Tengo alma de crítico, y claro, los críticos somos egocéntricos.
Tengo miles de horas de vuelo en filmotecas en Chile, Barcelona, Madrid y París, donde hice un curso de cine.
He sido crítico de cine y actualmente sigo escribiendo en el digital cultural de Alicante Lo blanc.net.
Por lo tanto, entiendo su opinión acerca de la N roja.
Estoy de acuerdo con el comentario de Dr. Krapp cuando menciona el fragmento de «ese lugar seguro»: al leerlo, me he preguntado si el hecho de utilizar el término Luz de Gas -que popularizó George Cukor, en su pelicula homónima hace unos 80 años- era un uso intencionado (en el sentido de «hace mucho tiempo que se usa y, ahora, Sorogoyen le da una nueva perspectiva») o el uso estricto de una definición sin conocer su origen.
La respuesta, obviamente, sólo la conoce la autora
Pero sí, me ha chirriado un poco. Debe de ser por mi edad
Terror? Lo de Esteban es terror? Para mi eso no es terror, terror es de otra orden, otro rango… eso es ser abusivo y chungo, pero no percibo terror…
La prueba es que Emilia puede cortar y volver a su vida, que es lo que hace al final de la peli…
Yo, personalmente, no he leido la peli sobre abusos hombre poderoso – mujer en posicion de inferioridad, aunque evidentemente es eso rambien..
La he leido como alegato de como es de lo complicado que es la familia nuclear, que es algo reciente, algo del capitalismo…
En los clanes de la Escocia y Irlanda gaelica, los padres de un hijo se lo daban a una otra familia despues de cierta edad para criar y recibian el hijo de otro para criar a su vez. ..
Asi se creaba el clan… Segun entiendo, era asi en otras sociedades pre-capitalistas tambien… eso era lo normal, no lo nuestro…
La familia nuclear crea expectativas, tensiones y conflictos imposibles de resolver… hay demasiado en juego en cada relacion con una familia tan reducida… hay celos entre hermanos… hay envidias y piques…las figuras de padre y madre cogen dimensiones mitologicas…
En cuanto a la memoria falsa de Esteban, no sabemos si Esteban miente o si realmente cree su propio relato sobre aquel dia en el cine con su hija… como espectador, no dudo que Emilia tenga razon, pero no me queda claro que Estevan mienta con mala fe…mas bien creo que no…
En todo caso, para mi, es un error suponer que es pura mentira. La memoria falsa es muy frecuente, y cuando los padres envejecen, constante…
PD: el ultimo plano de la peli es de Esteban mirando a Emilia en la moviola, sabiendo que la ha perdido para siempre…
No puedo saber las intencionalididad de los autores, pero sospecho que es mucho mas compleja que la de una denuncia de hombres poderosos contra mujeres debiles (y Emilia para nada es una mujer debil; es joven, un tanto vulnerable, y sobre todo un tanto confundido de que quiere hacer con su vida, pero no la veo debil para nada)…
Por eso las derechas se obsesionan con la familia, la importancia de la familia, nuclear me refiero… que es la obsesion realmente? Con la biologia… base del fascismo y el nacionalismo..
Hubo un tiempo hace mucho cuando existia una izquierda que denunciaba la familia nuclear y la dictadura de la biologia….
El gran Edward Said, intelectual palestino-americano, entonces hablaba del concepto de la afiliacion como sustituto para la fanilia biologica….
Por que tengo que considerar la biologia superior en valor a mis afiliaciones politicas / esteticas / sociales?
Asi lo proponia Said…las nuevas familias serian de la afiliacion ( asi eran los comunes de jipis por ejemplo, de los 70)
Hemos ido atras…
Gran pelicula de Sorogoyen. .
Y con lo de la familia nuclear, el tan famoso patriarcado se perpetua…
Nos repetimos, generacion tras generacion, con variaciones, pero somos incapaces de salir del papel de siiiiiiiiglos….ni hombres, ni mujeres..
Es verdad que solo hay una madre. Pero padres, hay muchos en la vida (tampoco mas de una madre seria posible de sobrevivir…)
Creemos que somos libres de mitos, pero son los mitos que vuelven a repetirse a traves de nosotros…
Como creemos que controlamos el lenguage, cuando es el lenguaje que nos controla a nosotros…
Lei una cosa alucinante el otro dia de un critico literario irlandes ( que vale para Escocia): que es nuestro sentido de nacionalidad exactamente? No es realmente no mas que el herido, o cicatriz, de donde antes habia la lengua nuestra (el gaelico)?
No nos conocemos, ni nos podemos conocer… esa seia mi lectura de EL SER QUERIDO…
Está el cine de serie B, el cine que se estrenó directamente en vídeo y ahora ¿el cine que se estrena en los institutos?.